¿Qué nos hace reconocer la originalidad de las cosas? ¿Por qué podemos catalogar a algo o alguien de ‘original’?
Posibles respuestas: ser original es ser diferente, ser original es hacer cosas de manera diferente, es salirse del común, entre otras. Las repuestas son muy relativas.
En principio tiende a ser más fácil definir qué no es ser original: dejarse influenciar por ideas ajenas, cambiar nuestra manera de pensar por presión social, querer encajar en el grupo a costa de nuestra integridad, y otras.
Pero ¿qué es originalidad noájida?
– Es sacar a flote la mezquindad, vulgaridad, medianía de la idolatría.
– Es mostrar a los extraviados que llegaron al mundo siendo únicos pero que morirán siendo imitaciones, remedos, plagios, falsificaciones, a menos que retornen a la senda original.
– Es enseñar que aquello que la abuelita enseñó acerca de ‘dios’ lo aprendió de otros que prefirieron no cuestionar a sus abuelitas.
Finalmente, la originalidad es el regreso al principio, al comienzo, al inicio, al génesis, al albor, al arranque, a la entrada, al germen, a la base, sobran los sinónimos.
Comparable a lo que se siente regresar a la casa donde naciste y pasaste tu infancia. Ese placer, ese bienestar, o esa frustración que te reta a hacer las cosas diferentes. ¿Lo has sentido?
Finalmente, retemonos a hacer algo original, algo que esté bien conectado a nuestros orígines. Tal vez sea el secreto para generar más y mejor cambio en nuestros ambientes.

