¿Formas de vida extraterrestres en la tierra?, ¡asombroso!

Por: Andres Cordoves >> 27 Tishrei, 5767 (2006/10/19)
Tema: Actualidad y sociedad, Varios

El diario El Universal de ayer, 18 de Octubre, reseñaba, con un titular bien particular, la noticia de que “Pequeños arbolitos marcianos viven en una cueva venezolana”. El crédito de este descubrimiento lo tiene el equipo de trabajo que lidera el investigador venezolano Charles Brewer Carias, quien después de aventurarse en una cueva del Aprada Tepuy, en la Selva Amazónica venezolana, encontró esta forma de vida, que han denominado Bioespelotema, cuya raíz etimológica quiere decir minerales vivos. La NASA, agencia espacial norteamericana concluyó, luego de pruebas a la especie que es un microorganismo “exobiológico” que probablemente llegó a través de un meteorito proveniente de Marte.

El microorganismo.

Al parecer el organismo extraterrestre ha vivido por miles de años en las entrañas del planeta tierra, más específicamente en las profundidades de la selva venezolana. Este ser es biológico, como una planta, ya que nace, crece, se reproduce creciendo en "colonias", desafiando la gravedad -de abajo hacia arriba-, con formas similares a ramas de árboles y sin contacto con agua y muere, sin embargo produce ópalo, cual mineral. No existe otra evidencia de un ser vivo que produzca ópalo, material sílice semejante al vidrio, cuyo proceso es mineral. El único en el mundo es el encontrado en Venezuela, dentro de una cueva que, hasta hace dos años, permanecía escondida en la majestuosidad del Aprada Tepui, en la Guayana venezolana, y que es tan grande que por sí misma constituye un suceso.

La Gran Cueva.

Encontrar seres vivos que producen ópalo es el último eslabón de una larga cadena de asombros. El primer magno descubrimiento fue la misma cueva. Brewer-Carías sentencia que es "la caverna de cuarcita más grande del mundo en dimensión y volumen". Dentro de ella podría entrar la Cueva del Guácharo y en uno solo de sus salones, el Karen-Fanny, aterrizar y despegar una avioneta.

Dimensiones tan grandes no se imaginan desde el aire. El único guiño que esta suprema cueva ofrece al mundo exterior es una rendija que se confunde entre las tantas manchas que se observan sobrevolando los tepuyes. En realidad, el tímido dintel es un arco de 120 metros, con un techo de cien metros. Y esa es sólo la entrada, bautizada como Boca del Mamut.

Los Descubridores.

Descubrir la cueva le tomó a Brewer-Carías años de paciencia y estudio. La idea de que existía se fue formando desde los años sesenta a través de vistazos hechos desde el aire y de fotografías tomadas durante diferentes vuelos y observadas con un estetoscopio, para armar una imagen tridimensional. Y fue apenas el sábado 27 de marzo de 2004 cuando un grupo de pioneros, formados por Brewer-Carías, su hijo Charles Brewer-Capriles, Federico Mayoral, Luis Carnicero, Francisco Tamayo, Alberto Tovar, Eduardo Wallis, Alejandro Chumaceiro, Alfredo Chacón y los científicos Francisco Delascio, Ricardo Guerrero y César Barrios-Amorós pisaron la cueva por primera vez en milenios.

Mis conclusiones

Definitivamente la creación es inmensa, y apenas conocemos una infima parte de ella, y este suceso demuestra que los seres humanos, como la Cúspide de la creación, estamos en la capacidad de ir, de a poco, descubriendo cada resquicio de nuestro perfecto entorno, hemos dado un paso más hacia el conocimiento total de lo que D’’s, con su inmensa Sabiduría nos ha dado, en concesión, para mantenimiento, aprovechamiento y deleite saludable.

¡Es asombroso verdad!

 

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