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El delfín que termina con T

Hay un acertijo muy simpático: “Delfín empieza con D y termina con T”.
Vamos, encuentra el sentido.
Adelante, está listo para que tú des una pronta respuesta, no puedes tardar más que pocos segundos.
Está ante ti el acertijo pero también su solución.
Es un desafío a tu inteligencia, ¿o tal vez no? Quizás sea solo una desafío a tu conciencia, o a tu percepción.
Vamos, ¿qué es lo que está oculto pero a la vista?
”Delfín empieza con D y termina con T”.
¿Lo entendiste?

La gente se queda pensando en asociaciones extrañas, en que es un planteo erróneo, en que no hay sentido en las palabras.
Es obvio que delfín empieza con D tal como es obvio que termina con N. D E L F I N. No hay ciencia. ¿Cuál es el truco, si es que lo hay?

Se les repite más lentamente, se acentúa con claridad y muchos siguen con la mirada perdida buscando alguna milagrosa respuesta a este laberinto.
Sus mentes buscan veloces dar orden y significado a lo que sienten como caótico, o directamente falso y engañador.
Pero en verdad, no hay falsedad, está todo a la vista… simplemente hay que aprender a ver, a pensar diferente, a salir de la celdita mental.

Tú ya pudiste, ¿no es cierto?

Pero se sigue viendo al “delfín que empieza con d y termina con t”… ¿¡cómo que termina con t si termina con n!? ¿Dónde está la trampa? ¿Es una locura? ¿Hay algo que me estoy perdiendo? ¿Qué información me están ocultando? Es un chiste, ¿no? En verdad no hay nada que descubrir, es pura trampa, ¿no? O está mal planteado, ¿no? Falta algo, no cierra.
Algunos se quedan en silencio, intentan combinaciones, inventan justificaciones, tratan de no quedar en evidencia en su torpeza mental.

Hasta que se dice solamente “termina con T”, o algo parecido que ilumine el entendimiento.
Sí, delfín empieza con D, pero no es que esa palabra termina con T, sino que se afirma que la palabra “termina” comienza con T.
La gente piensa que se está afirmando que la palabra delfín termina con T, cuando lo que se afirma es que hay una palabra que empieza con D y otra que empieza con T.
Pero no se conecta, no se comprende, se pasa por alto, se ignora.

¿Por qué cuesta entender tanto esta adivinanza cuando todo está a la vista y en verdad no hay nada escondido ni misterioso?
Porque es así, todo está dicho y con claridad definida.
Ninguna trampa, nada dejado al azar, cero confusión.
Es la mente del receptor la que provoca el engaño.

Será porque nos aferramos a la primer idea, a esa creencia que nos hace suponer que tenemos cierto dominio sobre la realidad, que poseemos conocimiento.
Pretendemos controlar aquello que no controlamos, con la ilusión de no ser impotentes. Pero es nuestra falsa fuerza, la prepotencia, la que nos deja desamparados, impotentes.
Si pensáramos realmente, con lucidez, espíritu crítico, sin dejarnos embelesar por apariencias, sin aferrarnos a cadenas, sin miedo a salir de la celdita mental, descubriríamos quizás que todo el tiempo estamos viviendo en el paraíso, solo que no nos damos cuenta y lo llamamos infierno.

Nos pegamos a la idea de que somos el Yo Vivido y dejamos de lado al Yo Esencial, no lo atendemos y desaparece de nuestra conciencia. Al ocurrir esto, estamos dormidos, narcotizados, a merced del EGO que juega con nuestra impotencia.
Recuerda que una de las patas de la impotencia es la ignorancia, también la incapacidad mental para organizar las percepciones e ideas .
Entonces sentimos y afirmamos que aquello que no conocemos suele ser “peligroso”. Algo como “mejor malo conocido que bueno por conocer”. “Lo que funciona no se cambia”. Y cosas por el estilo, que niegan la posibilidad del cambio favorable, de la mudanza a una realidad con mayor conciencia y disfrute.
Creemos que se nos está afirmando que delfín termina con T, cuando en verdad lo que se dijo es que termina empieza con T. Pero somos sordos, ciegos pero parlanchines, y hablamos desde el miedo, desde la manipulación, desde la angustia, desde la soberbia, desde el error… desde el EGO.

Somos Yo Esencial, espíritu, unidad, conexión, serenidad, felicidad, abrazo con el Eterno.
En palabras del salmista:

"Porque Señor Elokim, eres mi esperanza, mi seguridad desde mi juventud.
Por ti he sido sustentado desde el vientre; tú eres quien me sacó del seno de mi madre. Siempre será tuya mi alabanza."
(Tehilim / Salmos 71:5-6)

Pero al nacer, comienza el reino del EGO, el disfrazarse con los parches del Yo Vivido, el temer, el sentir culpa, la ansiedad por lo que vendrá, la falta de confianza, la esperanza vacía, la religión, la fidelidad ciega y necia a dioses y pastores, las creencias, la esclavitud:

"Mis enemigos han hablado contra mí, y los que acechan mi vida consultan unidos diciendo:
‘Elokim lo ha abandonado. Perseguidlo y capturadlo, porque no hay quien lo libre.’"
(Tehilim / Salmos 71:10-11)

Está el Yo Esencial opacado por las creencias, por las imposturas, por las etiquetas, por lo que nos mandan y acatamos.
Se nos hace creer que somos un nombre, una parte de una familia y nación, pertenecientes a una religión y otras asociaciones, que nuestro trabajo o profesión es lo que somos, que nuestras enfermedades y pecados es lo que somos.
Se nos llena de contenidos que vamos admitiendo como identidad.
Cuando lo cierto e incambiable es que seguimos siendo ese espíritu, que no muta, que no se empaña, que no se extingue, pero que está amurallado detrás de las paredes del Yo Vivido, como si hubiera sido abandonado y solamente quedara a la vista y existente la cáscara que es el Yo Vivido.

Sí, también somos el Yo Vivido, pero no es lo único ni lo constante. Más bien es algo pasajero, como una prenda de vestir que se usa y se puede cambiar.
El problema está en que no nos damos cuenta de esto y asumimos que la careta es la cara, la etiqueta es la esencia, lo pasajero es lo trascendente.
Este menudo error nos convierte en exiliados, gente que vive fuera de su hogar. Ese hogar que llevamos dentro, que somos, al cual estamos siempre conectados, pero que nos es lejano, ignoto, desconocido. Vivimos en el exilio cuando podríamos disfrutar aquí y ahora del hogar.

Para que aflore nuestra identidad esencial es necesario desprendernos de la forma, de lo que creemos, de lo que tenemos como cierto.
Unificarnos, dejar de luchar, fluir, no apegarnos a lo externo pero tampoco a lo que consideramos interno.
Despertar y asumir la existencia en su plenitud.

¿Cómo?

Era mesiánica interna

Si nos enseñaran desde la cuna a identificarnos con nuestro Yo Esencial y a vivir en sintonía con él, ¡sería todo muy diferente!
Pero, al ratito de estar en el mundo (e incluso antes) ya se nos imponen etiquetas, nombres, títulos, dogmas, máscaras, elementos que van formando al Yo Vivido y nos van distanciando de nuestro ser espiritual.
Atención: el Yo Vivido no es de por sí contrario u opuesto al Yo Esencial, puede contar con numerosas cualidades que están en armonía y correspondencia con nuestra esencia. Sin embargo, el mundo pretende que se sigan sus dictados, el EGO manipula para silenciar la voz tenue del espíritu, por lo cual los bloques que se apilan y organizan en el Yo Vivido necesariamente forman murallas que aíslan la Luz del espíritu, la enmascaran, la cubren con frases, religiones, creencias, fantasías, deseos, buenas intenciones, ignorancia, superstición, miedos e infinidad de cáscaras opacas.

Sigue enseñándose en los colegios alabanzas a "héroes" de guerras y conquistas, también a competir por glorias huecas y trofeos del EGO, a compartir para obtener beneficios.
Mejor sería ofrecer oportunidades para enseñanzas trascendentes, de vida aquí y en la eternidad.
Priorizar y destacar aprendizajes valiosos en solidaridad, confianza, comunicación auténtica, espiritualidad desprovista de rituales vacíos de contenido, amor, construcción de shalom, fidelidad al Eterno –que no tiene nada que ver con religión-, colaborar con el prójimo, respeto, sentido crítico, a preguntar en lugar de responder mecánicamente, a aprender en vez de memorizar automáticamente, a trabajar en vez de mendigar o decretar (entre otros posibles aprendizajes), entonces, viviríamos en otra realidad, mucho mejor.
Mucho más próximos al Paraíso Terrenal que al caos que nos rodea y nos habita.

Si los padres en vez de "tener" hijos, comprendieran que ayudan a traer hijos a la vida y les acompañaran en el trayecto del crecimiento, estaríamos mucho mejor… ¿no?
Habría personas más saludables, felices, comprensivas, colaborativas, que disfrutan y comparten la bendición que fluye constantemente sobre nosotros.

Pero, el mundo muestra otra cosa, y lo viene haciendo desde Adán y Eva (sino desde antes).
Nos encorsetan en dogmas, nos aferran a etiquetas, nos hacen creer y sentir tal y cual, hasta nos entrenan a sentir o dejar de sentir, se nos encarrila para cargar todo lo que sea necesario para desconocer al espíritu o negarlo.
Entonces, no resulta extraño que adoremos dioses, héroes, próceres, líderes, clérigos, familiares, deportistas… el EGO en diversas manifestaciones externas. En lugar de apreciar al ser en su belleza y simpleza, a nosotros y al prójimo, y al Prójimo celestial, estamos rechazando al ser por quedarnos con la apariencia, con la foto trucada del paisaje para no ver detrás al paisaje en todo su esplendor.
Se nos cosifica, y nos cosificamos para convertirnos en objetos, cosas para otros, cosas para nosotros, bienes de consumo, recursos humanos, “ello” en lugar de “tú”, Yo Vivido que se impone y hace desaparecer al Yo Esencial detrás de cortinas de humo (blanco o negro, da lo mismo).

Al tener esto en claro, podemos comprender la importancia de des-aprender mucho, muchísimo, para de esa forma estar mejor capacitados para aprender.
Des-aprender no implica negar el pasado, borrarlo, hacer de cuenta que no existe, repudiar lo que pensamos o hicimos, censurar la memoria.
Des-aprender es dejar de vivir en piloto automático, sacar al EGO del timón, dejar de tomar las cosas por ciertas, parar de hundirse en la brea del sentimiento de culpa por el pasado o el foso sin fin de la ansiedad por lo que vendrá.
Es un tarea de higiene, o más bien, de reacomodo de la información previa para obtener una conducta y una actitud saludable y eficiente.
Esto que propongo no es un consejo que desde las alturas te comparto, es una sugerencia para mí  al igual que para ti.
Todos tenemos mochilas cargadas, pesadas, llenas de las piedras que desde siempre nos han incorporado y trasladamos como si de tesoros se tratara. Por tanto, tú y yo podemos recorrer el camino de la libertad, hacia la felicidad, hacia el gozo de la bendición que constantemente fluye sobre nosotros.
O podemos justificarnos, dar excusas, inventar teoría, aferrarnos a creencias, seguir en adoración de ídolos, apegarnos a las sectas que nos encarcelan, seguir prisioneros de nuestras celditas mentales.

Cuando iniciamos el camino del des-aprender, de a poco podemos ir descubriendo y haciendo buen uso de ese potencial inmenso que tú y yo tenemos.
Está en nuestro genoma espiritual, es nuestra sagrada conexión con el Eterno, con el todo.
Tenemos un gran poder, desaprovechado, oculto, atrapado detrás de las murallas que ha levantado el EGO.
No es un poder mágico, no haremos milagros, no tendremos al universo trabajando para nosotros, mucho menos al Todopoderoso como siervo; pero es un inmenso poder, que no conocemos, por la sencilla razón que no lo conocemos… nunca nadie nos dejó entrar en contacto con nuestra esencia, adentrarnos a descubrir nuestro Yo Esencial. ¿Recuerdas? Desde el nacimiento o antes ya nos vimos sometidos al EGO, nuestro y de otros, sufrido el trauma de la impotencia. Y nos creemos el cuentito…

Si nos acompañas hace un tiempo, tal vez sepas que en este sagrado hogar vamos dando de a poco pautas para liberar, para construir shalom, para el goce de la felicidad.
Está aquí, disponible para ti. Gratis. Ni te exigimos pagos, ni que te adhieras a una secta, ni que obligatoriamente pasees un libro que muy caro nos compres a nosotros, ni que te conviertas en misionero de nuestras ideas, ni que adores al líder espiritual del hogar, ni que te encierres a meditar en la genialidad del Moré, ni siquiera que nos des un mínimo gracias. Está aquí, lo quieres, te lo llevas. Si lo compartes es mejor que menciones el origen y la fuente. Si lo vives y quieres que otros lo vivan, quizás es bueno que también digas de donde aprendiste. Pero, nadie te persigue para ver que haces o dejas de hacer con el tesoro invaluable de vida y felicidad que te estás llevando ahora mismo de mi caja de los caudales eternos. ¿Quieres contribuir económicamente? ¡Qué bueno, eres un socio realmente! ¿Colaboras con tu presencia y trabajo? ¡Excelente, socio y pico! ¿No haces ni uno ni otro? ¡Bien por ti!
Lo cierto es que aquel que desea y puede va aplicando las enseñanzas de este hogar, obtiene algún resultado positivo visible en lo cotidiano.
Si pareciera que no, es necesario evaluar qué está pasando en su vida. Qué tanto sigue en ilusiones del EGO, cuanto sigue dependiendo de aplausos falaces del afuera, hasta dónde comprende lo que es felicidad y bendición.

¿Te preguntaste alguna vez si no está viviendo ya la era mesiánica?
La redención, la salvación, la era mesiánica está aquí.

Tomemos en cuenta que hay dos eras mesiánicas: la personal y la colectiva. Tal como hay dos exilios: el personal y el colectivo.
Exilio personal: uno vive en el reino del EGO, identificado con el Yo Vivido, ignorando o rechazando al Yo Esencial.
Exilio colectivo: el pueblo judío, como símbolo de la humanidad, está fuera de su tierra patria, sin gobierno autónomo, sin paz con los vecinos, sin la Presencia en el lugar de Su elección.
La era mesiánica, individual o general, son sus contrarios. (Descríbelas si quieres).

Es posible estar personalmente viviendo la era mesiánica aunque se siga en el exilio colectivo.
El despertar de conciencia espiritual, el reconocimiento del Yo Esencial, la liberación del yugo de EGO, la unificación interna y con la creación, la fidelidad sin negociaciones con el Eterno, la concreción de actos de construcción de shalom, es la era mesiánica individual.

Tu trabajo para lograr la redención interna, el diluir el influjo del EGO sobre ti, el andar cada vez más fluidamente por la senda del AMOR, contribuye a que vaya amaneciendo la era mesiánica colectiva.
Debes colaborar con la venida del Mashiaj, y no lo haces en la espera pasiva, sin sentido, desprovista de pasión espiritual, desconectada de la realidad; sino en la tarea activa, concreta, real, verificable de construir shalom.

Entonces, haz lo necesario para cambiar. No quieras cambiar a nadie, sino a ti mismo.
Des-aprende y entonces aprender lo apropiado.
Apártate del mal y haz el bien. Apartarse no es suficiente. Hacer el bien solamente tampoco.
Trabaja por tu redención, pero no de forma egoísta, porque entonces seguirás tan preso y exiliado como siempre. Ayuda al prójimo, se solidario, aporta constantemente en la construcción de shalom interno y externo. Medita, comunícate con el Eterno, repara lo que has dañado, haz el proceso de arrepentimiento para alcanzar la unicidad y el equilibrio. Y todas las otras buenas enseñanzas que compartimos contigo en este hogar.

A pocas horas de que la nación judía celebre nuevamente el Pesaj, tiempo de nuestra libertad, te deseo todo lo mejor, bendición y que puedas disfrutar de ella.

IEADA (primera parte)

Cada problema que atravesamos es un momento o estado de impotencia, real o vivida.
Si tuviéramos potencia, poder, y lo pudiéramos aplicar de manera positiva, entonces no sería en modo alguno un problema.
Problema  = impotencia, real o sentida.

Sabemos que ante el sentimiento de impotencia se dispara automáticamente el EGO con alguna de sus herramientas naturales y/o sus derivados.
Habrá, repito que de forma automática, una o varias de las siguientes conductas: llanto, grito, golpes o desconexión de la realidad,  y/o cualquiera de sus derivados.
No depende del pensamiento, ni de la voluntad, ni de etnia, estado civil, edad, religión, estrato social, cultura, sino simplemente de cómo está organizado el cuerpo y su sistema rudimentario de defensa.

En determinados problemas la respuesta del EGO puede ser la indicada o quizás única posible.
En otras es la que surge espontáneamente, involuntariamente, en una fracción de segundo, pero que tal vez si dejáramos pasar un par de segundos más y no actuáramos en base al instinto, la respuesta y el posterior encadenamiento podrían ser de mejor resolución.
Ambas son normales, naturales, desprovistas de intencionalidad, ninguna pecaminosa en sí misma, nada de demonios y posesiones, tampoco de destinos místicos, simple y llana fisiología.
Pero en una el resultado es el esperable y necesario, en la otra las consecuencias suelen ser un empeoramiento de una situación que podría haber tenido otras derivaciones.

Evalúa tú y considera cuándo es oportuno y necesario que sea el EGO el que responda.
Un bebe con hambre, no va hasta la cocina y se prepara la cena, llora, grita, patalea o se duerme al no recibir los cuidados de un adulto atento y responsable.
Una señora mayor que está siendo arrojada al piso para robarle su cartera, probablemente reaccionará con gritos, algún intento de forcejeo, tal vez llanto y en puede que tenga algún episodio de desconexión de la realidad.
El joven que a la madrugada está volviendo del baile y lo rodean unos patanes para molerlo a palos, por el “placer” de dañar a alguien indefenso o tal vez “diferente”, ¿cuál será su reacción automática?
Y al señor que le comunican que su amada esposa tiene un cáncer terminal, ¿cómo reaccionará al primer momento?
Y alguien que ve salir  de un hotel de alta rotatividad a su cónyuge que está abrazada fuertemente de otra persona, ¿tendrá una respuesta inmediata ecuánime y meditada?
Y al enterarse que la empresa a la cual le ha sido fiel durante 34 años le está por despedir. O cuando llega la edad de la jubilación y no tiene un proyecto para continuar su vida con un propósito.
O cuando su pareja de mediana edad, que no trabaja y se pasa en casa todo el día de malhumor, agrediendo a sus hijos de un anterior matrimonio, y reclamando y demandando su atención y dinero.
O cuando quiere divorciarse, ya está cansada de la vida con su cónyuge, pero no tiene el valor, o la decisión, o el dinero, o lo que sea y sigue en esa prisión.
Y no salvó el último examen que debía para recibirse de su profesión, a pesar de haber estado 100% segura de que estaba más que resuelto.
O alguna persona conocida no te saludo aunque pasó a tu lado y evidentemente te vio.
O el vecino que hace ruidos muy molestos, para usted, a cualquier hora, cualquier día, y no hay pedido o amenaza que le devuelva la tranquilidad.
Y si su auto de repente se queda sin frenos y va a velocidad considerable en una ruta atestada.
Y en la oficina te pasean de una ventanilla a otra, de un formulario a otros dos, de una sección a la siguiente y largas colas de por medio, para no obtener respuesta. Ídem con llamadas telefónicas en donde te recibe una contestadora automática, musiquita espantosa y nadie con quien comunicarte durante horas.
El ascensor que no baja y tú dale que e dale tocando el botoncito y sudando para que de una buena vez se abra la puerta y subas a tu piso.
O la chica jovencita que recién conoce a un muchacho (con el cual ya tuvo relaciones íntimas) y éste se la pasa hablando de ex novias, conversando con ellas por teléfono a cada rato, descuidándola, ignorándola.
O su hija que no quiere comer, y se empecina en no comer, y se niega a comer, y es una guerra campal cada vez que se sientan a la mesa para la comida.
Y cuando su perrita se suelta de la correa y sale corriendo a gran velocidad justo delante de un camión que viene presuroso.
Y su adorado equipo de fútbol está jugando espantoso, el árbitro cobra en contra todo el tiempo, y nada parece salir bien.
O cuando está apasionado por esa chica hermosa, siente que la ama, que es la mujer de sus sueños, que no puede haber otra como ella, que la tiene ahí a su lado, pero no se anima a encararla con una propuesta, ni siquiera con una tímida invitación al cine y no mucho más.
O… podríamos seguir imaginando problemas, grandes o pequeños, reales o imaginarios, vitales o banales, trascendentes o vacíos, del momento o a largo plazo, personales o que involucran a más personas, y encontraríamos que siempre estamos ante el sentimiento de impotencia y el instantáneo brote del EGO como respuesta.

Te pedí que evaluaras cuál situación se resuelve apropiadamente con el EGO y cual pareciera resolverse pero se desmejora y agrava como consecuencia de permitir que sea el EGO quien toma las riendas de tu conducta.

Si ya hiciste este ejercicio, ahora te pido que evalúes un día cualquier de tu vida. Puede ser hoy mismo. Distingue las situaciones o estados de impotencia por las cual pasaste. Descubre tus impotencias, cómo llegaste a ese estado o situación. Percibe el juego del EGO desde las sombras. Date cuenta de si tu reacción fue la más provechosa para la mayoría de los implicados, o si termino por ser peor. Haz una lista para tener los datos a la vista y sin equívocos luego.
Hazlo por favor.

Ahora toca aprender a manejarse de manera más eficiente y efectiva, para dotar a tu vida de propósito, de tranquilidad, de goce de la bendición, de felicidad.
Vamos a ver cómo proceder para salir del bucle, no perpetuarse en círculos viciosos.
¿Estás preparado?

Pero no será ahora.
Este tema, si Dios quiere, lo continuaré ni bien pueda y quiera.

Comprendió, supo, conoció Elokim

Estamos a pocos días para que la nación judía festeje otra vez Pesaj, en el cual se rememora y revive la libertad de los judíos de la esclavitud de Egipto.
Uno de los primeros pasos para la liberación, sino el primero, consideramos que es este:

"Aconteció después de muchos años que el rey de Egipto murió.
Los Hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Elokim, y el clamor de ellos a causa de su esclavitud subió a Elokim.
Elokim oyó el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Avraham [Abraham], con Itzjac [Isaac] y con Iaacov [Jacob].
Elokim miró a los Hijos de Israel y Elokim comprendió."
(Shemot / Éxodo 2:23-25)

Muchas enseñanzas podemos extraer del texto, pero me gustaría concentrarme en las dos últimas palabras.
Elokim comprendió, conoció, supo.

De acuerdo a Rashi “les prestó atención a los judíos y no se desentendió de ellos”.
¿Qué cuestiones “teológicas” deja abiertas este comentario?

Por su parte RambaN explica que debe ser entendido en su sentido literal, que hasta ese momento el Eterno había “ocultado su rostro” de ellos, pero que ahora dejó de hacerlo. Es decir, parecía como si Dios no existiera o no pudiera hacer algo, tenía el “rostro oculto”, pero ahora comenzó a operar manifiestamente.  Añade que, siguiendo la estricta justicia los hebreos no se merecían ser redimidos, pero a causa de que elevaron sinceramente sus clamores y gemidos es que el Eterno les procuró desde la misericordia.
¿Qué podemos aprender acerca del sufrimiento y del rezo?

A su vez Ibn Ezra dice que el Eterno miró lo que los egipcios hacían públicamente a los judíos, al tiempo que comprendió lo que les hacían en privado.
¿En qué se concentra este sabio a la hora de comentar el verso?

Seforno dice que Él conoció las lastimaduras de sus corazones y que sus rezos y gritos eran sinceros.
¿Cómo se puede generalizar este comentario a cualquier otra situación?

El Or haJaim comenta en esta ocasión haciendo uso de una palabra extranjera, textualmente menciona que: “se apiadó”.
¿Cómo vinculas el conocer o comprender íntimamente, profundamente, con la misericordia y la piedad?

En el Midrash se nos cuenta que el Eterno los redimió a causa de cinco factores:

  • su sufrimiento,
  • su arrepentimiento,
  • el mérito de sus antepasados,
  • la misericordia de Hashem,
  • el arribo del tiempo destinado.

¿Alguno de estos parece entrar en contradicción con los comentarios previamente citados?

Todos estas explicaciones que mencionamos, que por supuesto no son las únicas existentes o posibles, ¿tienen algo en común?
¿Se complementan de alguna forma?
¿Se contraponen?
¿Aportan a la comprensión del pasaje y de la historia ocurrida?
¿Tenemos más claro qué fue lo que el Eterno comprendió/conoció/supo en aquel momento?
¿Nos brinda alguna enseñanza práctica para mejorar nuestra vida e incentivarnos en la construcción del Shalom?

Ahora, si dejamos de querer descubrir los modos misteriosos en que opera Dios y nos enfocamos en el hombre, en tú, en el prójimo, en mí, ¿qué te parece que nos quiere enseñar la Torá con estas dos palabras?

Interesante es notar que estas dos palabras aparecen en otro sitio de la Torá, en boca de un amigo poco recomendable, el serpiente, cuando le dice a la mujer:

"Es que Elokim sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Elokim, conocedores del bien y mal."
(Bereshit / Génesis 3:5)

Con este nuevo dato, ¿puedes elaborar alguna nueva idea que te fortalezca en tu camino de bondad y justicia y lealtad?
Por si no advertiste, el verbo saber/conocer/comprender está usado dos veces en este párrafo en relación al Eterno. ¿Será casualidad? ¿Tenemos algo para descubrir allí?

Se viene Pesaj, tiempo de la libertad, y por eso te ayudo con unas modestas preguntas, con el propósito de liberarnos, de quebrar el yugo del Faraón (EGO) y salir de nuestro Egipto personal (celditas mentales).

Ira

La ira, dice el diccionario:

1. f. Pasión del alma, que causa indignación y enojo.

2. f. Apetito o deseo de venganza.

3. f. Furia o violencia de los elementos.

4. f. pl. Repetición de actos de saña, encono o venganza.

La ira.
Por alguna razón la solemos ocultar, reprimir, negar, excusar, justificar, esconder, despreciar, avergonzarnos de sentirla o manifestarla, culpar o culparnos por ella.
Pero también la dejamos explotar, destruir, arrasar, carcomer, lastimar, esclavizar, matar.

Surge del EGO.
En su faceta positiva, es un recurso primitivo, inconsciente, natural, animal, una pasión automática y veloz “del alma” (entendida como configuración natural o energía primordial de vida) con la que contamos para defendernos en casos de extremo peligro, es un mecanismo rudimentario pero puntualmente efectivo para la supervivencia.
Su faceta negativa, es su manifestación (o represión inconsciente) en todo el resto de las circunstancias y situaciones. Por ejemplo, si nos sentimos socialmente  ignorados, lastimados emocionalmente (pero sin daño físico directo), no atendidos, rechazados, frustrados, es normal que el EGO dispare algunos de sus herramientas y que se configure una reacción iracunda, exactamente como si estuviéramos ante un peligro real de vida (como si tuviéramos que batallar para seguir vivos). Esta reacción realmente NO nos ayuda a preservarnos u obtener atención saludable. Por el contrario, aumenta el problema, le añade otros componentes que alegan de la resolución pacífica y constructiva.

Así pues, es necesario reconocer que uno está sumido en ira, admitirlo, saber que eso está pasando en nuestro interior. Darnos cuenta de que algo nos está haciendo sentir impotentes, real o imaginariamente, y que ha provocado la respuesta desde el EGO en forma de ira.

Sí, me siento engañado; sí, esa persona que tanto idealicé me defraudó; aquella amada me rompió el corazón; mis expectativas se marchitaron por inoperancia de otro; sufrí de una evidente injusticia que me imposibilitó alcanzar un propósito anhelado; se burlaron de mí; en fin, tantas circunstancias que nos someten a la sensación de la impotencia y la consiguiente reacción del EGO.
Entonces, mi pecho palpita rápidamente, mi respiración se hace rápida y entrecortada, siento la garganta apretada, me acaloro, la sangre se me sube a la cabeza, siento ganas de romper, de lastimar, de quebrar, de gritar, de insultar, de descalificar, de desparramar mi enojo y sentirme de cierta forma con poder. Sí, quiero controlar aquello que me sometió a la sensación de impotencia, y quiero demostrar que tengo poder, que controlo, que domino, que no soy débil. Quiero rugir, que mi voz haga estremecer al que me deja indefenso con su conducta, quiero hacer sufrir, quiero que el otro deje de demostrar mi pobreza para que yo demuestre cuanto valgo, que tan poderoso soy.
Pero, si exploto, si dejo que el EGO tome el timón, si grito, lloro, golpeo o me desconecto de la realidad, no estoy siendo más poderoso, sino más débil. Ciertamente soy más esclavo de mi impotencia y aumento el problema inicial.
La ira es parte del problema, nunca de la solución.
Pero, ahí está, la siento, no la niego, no la justifico, no la apaciguo con palabras falsamente calmantes. La reconozco, la admito, sé que estoy muy enojado, sé que estoy con ganas de hacer daño, sé que algo me ha llevado a sentir impotencia, pero no la manifiesto, tampoco la reprimo ocultándola y haciendo como si nada pasara.
La admito y la dejo ir sin dañar ni dañarme. Respiro, respiro, me concentro en la respiración. No hablo, no digo, no me quejo, no golpe, nada… respiro y me concentro en la respiración. La reacción automática, desde las zonas primitivas del cerebro, pasa en pocos instantes. Debo dejar que ese canal neuronal deje de tener influencia para que me maneje desde zonas desarrolladas del cerebro.
No lucho contra la ira, tampoco la trato de dominar por medio del engaño o negación/represión.
La dejo ir, no la guardo de mi corazón como si fuera un tesoro, porque es estiércol y no oro. Tampoco la disemino por mi entorno, porque contamina. Ni se la lanzo a mi prójimo, aunque sienta que él tiene la culpa de mi malestar. Sino que la admito y la dejo fluir sin actuarla.
Es una alarma que suena, para que atiendas debidamente a lo que la disparó.
¿Ahora puedo poner un límite y detener la agresión que me llevó a sentirme impotente? ¿Hay algo más “evolucionado” que tengo en mi haber para usar y diluir la “amenaza”? ¿Lo que diré, haré, servirá para calmar la cosa o para echar más gasolina al fuego de las pasiones?

Sí, es fácil aconsejarlo, pero cuesta hacerlo. Lo reconozco. A mí también me cuesta. Por eso, es cuestión de entrenamiento. De preparase en cada oportunidad y trabajar en el control sin controlar.

¿Qué, quieres tener la última palabra en la discusión?
¿No quieres parecer un debilucho?
¿Te parece insoportable que el otro se vaya con la ilusión de que ha triunfado?
¿Quieres limpiar tu honor mancillado a causa de tu impotencia?
¿Crees que te mereces atención y gloria?
¿Sientes que te resignas a ser un perdedor si no ladras, asaltas, insultas, agredes, etc.?
¡Vamos! Piensa bien, no con las tripas, sino desde la multidimensionalidad.
¿Qué ganas cuando es el EGO el que te maneja como títere?
¿De que te vale tener la última palabra cuando es realmente “la última” en una relación que podría ser perdurable?
¿Que tan fuerte eres cuando solamente con el poder falso de la impotencia te levantas sobre otro?
¿Quien maneja tu vida cuando es el EGO el que decide tus acciones?
¡Vamos! Toma un poco de distancia y mírate. Mira tu cara enloquecida por el sufrimiento y el enojo. Mira el papelón que estás haciendo. Defráudate de ti mismo, tan falto de vigor y dominio que necesitas recurrir a los trucos primitivos del EGO para arañar algo de atención y poder.

Y, ¿qué tan fuerte eres cuando te arrastras de dolor a causa de negar que sientes ira?
Si te viven agrediendo, te maltratan, abusan de ti, te ponen en situaciones espantosas, te hostigan, y tú no sientes nada… ¿eso es poder, eso es haber aprendido a someter al EGO, o es una ceguera impresionante a la realidad, una represión grosera de tus emociones, y por tanto mucho, muchísimo EGO?

Una cosa es reconocer al EGO, admitir su injerencia, percibir tus emociones “oscuras” y no permitir que todo esto te lleve a actuar destructivamente.
Otra cosa, muy, pero muy distinta, es creer que no pasa nada, que está todo bien, que no sientes nada cuando estás bullendo por dentro pero te niegas absolutamente a reconocerlo.
¿Comprendes lo que te estoy enseñando?

¿Sientes ira?
Ok, qué bueno que te das cuenta.
No la niegues, no la rechaces.
¿Te das cuenta qué de la situación la ha gatillado?
¿Ves en qué eres o te sientes impotente y por tanto la situación te ha despertado la reacción del EGO?
Sí, ahora tienes la conciencia despierta. Estás en camino de armonizar tu Yo Esencial con las máscaras del Yo Vivido. Tienes una oportunidad refrescante para crecer a través del duro aprendizaje que te propuso “el destino”. ¡No lo eches a perder actuando la ira!

El camino del AMOR no del EGO.

Lo que he aprendido es…

Un joven (omarsanson es su apodo en el sitio) que hace poco ha encontrado la senda del retorno al noajismo estuvo investigando el buen pan espiritual que tenemos gratuitamente en nuestro hogar.
De a poco se va nutriendo con él, y nos ha hecho llegar un breve resumen de lo que ha podido ir aprendiendo hasta ahora.
Comparto con ustedes sus palabras:

Lo que he aprendido es que:

  1. hay que aceptarnos,
  2. hay que hacer lo que nos toca hacer,
  3. no somos solo nosotros, pero no podemos imponernos a la gente,
  4. aunque haya aprendido algo en estos momentos me falta mucho mas que aprender,
  5. para hacer el bien se comienza por apartarse del mal,
  6. para cambiar el mundo hay que empezar con uno mismo,
  7. no hay nada de malo en tener sueños,
  8. un sueño se hace realidad cuando hacemos las cosas reales para que se haga real,
  9. un amigo es alguien que puedes ayudar siempre y cuando sea para buscar la verdad,
  10. para saber quienes somos hay que preguntarnos honestamente,
  11. ante las injusticias no hay que guardar silencio.
  12. eso fue lo que he aprendido, pero lo leeré cuantas veces sea necesario.

¿Tienes tú algo para comentar al respecto?
Quizás tu lista de lo que has aprendido y lo que has ido des-aprendiendo. Tal vez una lista de propósitos. No sé, lo que quieras compartir con nosotros y nos refuerce en nuestro crecimiento integral, desde la multidimensionalidad.
Gracias.

Resp. 1115- ¿Es injusto obtener bienes mediante la desesperacion del projimo por querer vender rapido, a un bajo precio?

frankkk nos consulta:

Hola more, mi pregunta es si es correcto jugar con la desesperacion de la gente por vender, me refiero a que publican algo a tal precio en una pagina, no lo pueden vender y yo cuando veo que no lo vendio y le preguntaron muchas personas, le ofrezco un numero por debajo del que cuesta realmente, y hay ocaciones en que lo consigo, es correcto ? yo lo unico que hago es ofrecer nomas, pero siento que esta mal tener esa intencion !
Franco Farioli,19 años, estudiante, Santa Fe, Argentina

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Resp. 1114 – Los noajidas podemos leer Tanaj y Tora ?

frankkk nos consulta:

Hola more, mi pregunta es si los noajidas podemos leer para aprender y obtener sabiduria para afrontar la vida Tanaj y Tora, le pregunto porque una persona no judia me esta discutiendo que podemos hacerlo y yo siempre lei de aca que es algo que le corresponde a los judios y nosotros no tenemos que leerla, solo nos la puede enseñar un judio.
Franco Farioli, 19 años, estudiante, Santa Fe, Argentina

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La pregunta

Preguntar debiera ser una actividad cotidiana de cada persona.
Preguntas verdaderas, significativas, apropiadas.
Las hay más o menos profundas, con mayor o menor trascendencia, pero si son preguntas ciertas, son preguntas “buenas”.

La función de la pregunta es aumentar la conciencia y/o el conocimiento.

Si no es usada con tal finalidad, entonces no estamos ante una pregunta, sino ante una infidencia, infidelidad, agresión, distracción, molestia, falsedad.
Son “cosas” entre signos de interrogación, pero no realmente preguntas.

Aquel que ama la vida y la libertad, que busca el conocimiento, que predica con palabras y actos la bondad y la justica, es asiduo a la pregunta, para hacerla, para recibirla.
Se pregunta, pregunta a otros, pregunta a la existencia.
Pregunta para ayudar a pensar, para repensar, para quitar obstáculos, para sembrar la duda que florece en bienestar, para erradicar la duda que medra como parásito en las sombras de la inconsciencia.
Pregunta para que nazca la Luz.

Pero el que está sometido a su celdita mental, escapa de la duda. Le teme, la demoniza, la rehúye, intentará cualquier astucia con tal de tener a mano respuestas, aunque sean incoherentes y poco valiosas.

Puedes tomarte un tiempo para observar si has estado preguntando o simplemente disparando “cosas” con signos de interrogación.
Si aprendiste y te entrenas en el arte/ciencia de la pregunta, o si te mantienes adrede bajo la sombra de la ignorancia, la presunción, el prejuicio, el engaño.

Pregunta, sin temer a las respuestas.
Pregunta, sin temer a la pregunta.

Luego verás qué harás con el nuevo conocimiento, con la toma de mayor conciencia.

¿Te parece?