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De la religión y la espiritualidad

"Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatán sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar." – Fragmento de ‘El Mundo y Sus Demonios’ por Carl Sagan.

Es así como el EGO se perpetúa en su apariencia de poder.
Deja de interesarte la búsqueda de la verdad, para afiliarte fanáticamente a lo que tu crees.
Ya no existen más las preguntas, sino las afirmaciones, las repeticiones de lemas, las agresiones, las mentiras, las negaciones, el silencio de la opresión y del miedo.
Cuando se usan signos de interrogación, es para encubrir afirmaciones, para aseverar disimuladamente, para hacer de cuenta que se está buscando el conocimiento, para bloquear el camino a la iluminación, para agredir, para mantener vigente el encierro en la celdita mental del EGO.

El esclavo del EGO no pregunta, no critica, no cuestiona, no piensa.
Pero, repite, memoriza, declama, reclama, protesta contra sus “enemigos” en tanto aclama al EGO y sus representaciones.
Y sé que interroga inquisitivamente a quien supone un adversario, un hereje, un “libre pensador”, dispara supuestas preguntas, que son afiladas armas (aunque vistas desapasionadamente, no son más que cascotes toscos, brutales, insípidos como quien las origina y dispara). Se ponen en campaña despiadada para colgar a los que pueden traer un poco de luz a las vidas de los oprimidos, a los que con su forma de vivir y/o pensar pueden poner en peligro sus armaduras y murallas de falso poder. Allí sí que son activos, hábiles en lanzar sus dardos venenosos, en inventar cuando no tienen otro argumento, en gritar, en hacerse las víctimas, en cualquiera de los recursos que el EGO les capacita a ostentar.

Aparece el EGO y sus representaciones, que se exteriorizan en los símbolos del poder, en los charlatanes, en los mercaderes de la fe, en los líderes religiosos, en los patancitos bravucones que vociferan su “elección” y superioridad por sobre el resto.
Desde el primer creador de religión, que también fue –y no casualmente- el primer asesino de la historia, desde Caín, la cosa es idéntica. La religión ligada a la prepotencia, al orgullo, a la negación de la realidad, a las inquisiciones, a la severidad amarga, a la careta de alegría que esconde la angustia mortal, a la muerte en vida, al celo, a la envidia, a la masacre… siempre se repite, en cada generación.
Tal como el primer organizador de la religión formal, el rey cazador Nimrod, nacido en un pesebre de una supuesta virgen, muerto y renacido, crucificado para redimir a los que tuvieran fe en él, hijo del dios más poderoso, perseguidor de los que se le oponían, desde aquel antiguo momento hace mucho más de dos mil años atrás, la cosa vuelve una y otra vez por el mismo cauce. Cambian los nombres, varían las caras, las religiones toman más o menos rehenes, pero en la base es el mismo EGO, muy poco cambia de su esencia.
La religión como negación de la vida, como prisión, como escollo en el abrazo que Dios tiene a Sus hijos.

Con esto en mente podemos visualizar el gradiente que va desde lo espiritual a lo religioso.
Como ya hemos enseñado en varias ocasiones previas, espiritual es lo que conecta con el Eterno y con el prójimo, se consigue por medio de las acciones correctas (cumplimiento de los mandamientos pertinentes a cada uno).
En la otra punta, esta la religión, que es la externalización del EGO, en dioses, santos, pastores, líderes, ritos, lemas, miedos, sentimientos de culpa, esperanzas banales, amenazas, seducción, inmovilidad, adicción, búsqueda de un re-ligarse a esa deidad que se siente lejana, extraña, cambiante, mucha veces terrible y sádica.

Aquella persona que armoniza su Yo Vivido a su Yo Esencial, que logra reducir al máximo la influencia del EGO, que actúa con bondad, justicia y lealtad, está en el camino espiritual. Si logra concebir al Eterno, su relación será de amor reverencial, de entrega, de confianza, de gratitud, de servicio a Él, de amor al prójimo para cuidar y amar a aquellos que son Sus hijos, de fidelidad, de emociones positivas, desprovisto de manipulaciones o terrores ingratos. Reconoce el valor del arrepentimiento sincero, de la reparación, de asociarse con Dios para perfeccionar al mundo, es un constructor de shalom.

Aquel que ha logrado una relativa libertad, una rajadura en las cáscaras que rodean a su Yo Esencial, que de a ratos se encuentra sintonizado a su esencia espiritual, probablemente llevara una vida de ambivalencia con su dios. Sentirá apego al tiempo que rechazo. Amor al tiempo que terror y espanto. Sufrirá de sentimientos de culpa por errores o presuntos errores que no sabe (o no quiere saber) cómo reparar. Tendrá pesadillas vívidas con el infierno y a veces solaz con fantasías sobre paraísos. Así estará, en una relación de ambivalencia, como tironeado entre el abrazo sagrado con su Yo Esencial y el aferrarse enfermizo al EGO. Entre el amor y el odio a su dios.

Aquella persona que está sometida al EGO, es religiosa, fanática, enceguecida por la fe en lo absurdo, incapaz de preguntar, falto de respeto hacia la diversidad saludable, apelando a la violencia o el sometimiento, difundiendo mentiras y exigiendo cada vez mayor ritualismo, severidad, negación del placer. En su enfermedad es capaz de amar más la muerte que la vida, e incluso proclamar que en la matanza de “infieles” está el camino a su bizarro paraíso. También puede ser que ese paraíso del EGO que tanto anhela sea un sitio poblado de sus deseos más prohibidos, menos confesados. Porque el religioso, el esclavo del EGO, probablemente lleve apariencia de virtud ante el público, pero sea una aberración antagónica al shalom en su fuero íntimo o privado.
Son personas ansiosas, angustiadas, enfermas emocionalmente y con coletazos habitualmente en lo mental, que encuentran en la religión un marco estructurado para contener el desparrame emocional, o también encuentran en ella la maquinaria sanguinaria para someter, dominar, imponer, destruir, abusar, dejarse llevar por el EGO y afectar con ello al prójimo y al ecosistema.
Sobre esta gente el gran seudocientífico Boris Cyrulnik escribió: “Tenemos tanta necesidad de creer que quien nos haga vacilar se nos presentará como un agresor” (“De cuerpo y alma”).

Así es. La religión es la cuna de cruzadas, inquisiciones, talibanes, “guerras santas”, terroristas motivados por sus “libros santos”, matanzas, ateísmo militante, noajismo “guerrero”, y todas las otras manifestaciones del EGO arropado de “santidad”. Hay que acallar al Yo Esencial, hay que extirpar la autenticidad, hay que evitar que se desmorone el poder del EGO, a como dé lugar. Se inventan las peores torturas y estados dictatoriales, se difunden las más alocadas mentiras, se persigue a los que denuncian esta cuestión, porque se siente la imperiosa necesidad emocional de apretujarse en la cárcel del EGO.
Detrás de todo talibán, de todo guerrero santo, de todo misionero, de todo fanático, de todo salvaje instigador de su fe, se encuentra siempre un esclavo del EGO, un emisario del EGO.
Y por supuesto, no podemos dejar de mencionar a los otros religiosos, aquellos que se presentan con más simpatía, que hacen uso de su carisma, que se visten con elegancia, que son elocuentes, que son hábiles estafadores que venden cintitas contra malos de ojo, jabones sanadores, pócimas mágicas, libritos cabalisteros y otras baratijas supersticiosas vendidas a precio de oro, sanación de Jesús o cualquier otro falso dios/redentor, sectarismos, adulación fervorosa a “maestros” consagrados de cualquier denominación, falsas conversiones al judaísmo, supuesta espiritualidad que no es otra cosa que manipulación emocional y todas las otras mercaderías corruptas y deplorables, pero que sirven para engrosar los bolsillos de los líderes, o darles “poder”, que no deja de ser EGO… solo EGO y más EGO en envase de religión, más o menos fetichista, más o menos ritualista, más o menos marketinera, más o menos idolátrica, pero solo EGO.
Y sí, también recordemos que hay monoteístas e incluso creyentes en el Uno y Único, y hasta incluso bastante apegados a los mandamientos que les corresponden, pero que no dejan de ser “religiosos” (en el sentido que usamos nosotros la palabra), que comercian con Dios, que Lo quieren manipular con rezos o donativos, que exigen severidades desquiciadas, que niegan la posibilidad de la felicidad auténtica… bueno, de hecho niegan todo lo que sea auténtico, imponen su molde, y todo ello dentro del monoteísmo e incluso del cumplimiento de algunos de los mandamientos que les corresponden.
Y no, esta religiosidad corrupta (siempre lo es) de los que solo se aferran a su creencia en el Eterno no tiene nada que ver con ser “legalista”, según predican los pastores que son negadores del Eterno y sus mandamientos. El legalismo es parte de la espiritualidad, del camino correcto. La Ley, la Torá (la noájida y la judía), son patrones sanos y necesarios de enriquecimiento y virtud. El problema está en hacer de Dios un ídolo más y de pervertir Su Torá para transformarla del “manual de la buena vida” a un sumario de la manipulación y un cepo para individuos y colectivos.
Atiende: "Y el Eterno dijo a Moshé [Moisés]: ‘Así dirás a los Hijos de Israel: ‘Vosotros habéis visto que he hablado desde los cielos con vosotros. No os hagáis dioses de plata junto a Mí; tampoco os hagáis para vosotros dioses de oro." (Shemot / Éxodo 20:19-20). Según Rabi Akiva esto debe ser entendido en el sentido de no hacer de Dios un ídolo, de no comportarse con Él como se hace con los dioses falsos. Él es Otro, absolutamente otro. No asociarlo a poderes, no rebajarlo en Su poder. No representarlo, no hacer de Dios un ídolo más.
Conectarse a Él directamente, tal como ocurrió en la Revelación en Sinaí, sin dobleces, sin falsedades, sin fanatismos, sin religión.

En el otro extremo, el espíritu es la fuente de la comprensión, bondad, justicia, construcción de shalom, apego al Eterno (cuando se ha podido desbloquear el acceso a Él causado por los mandatos familiares o sociales).

En el medio, los que navegan en la ambivalencia.

Como puedes comprender, no todos los que tienen el conocimiento de estas cuestiones son libres y no vuelven a incurrir en errores y pecados.
Porque la inteligencia y el manejo de conceptos no es la llave para romper con el predominio del EGO, aunque es bastante útil.
Uno puede repetir con acierto frases e ideas liberadoras, pero ser esclavo.
Uno puede entender como funciona el imperio del EGO, y estar encerrado dentro de sus trampas.

Está en ti evaluar en dónde te encuentras, si en la religión o en la senda espiritual, o en un intermedio.
Si te hace feliz, realmente feliz, pleno, dichoso, en paz tu estado religioso, si eso no te impide conectarte contigo, con el prójimo, con Dios (el verdadero), bueno… no sé cómo le haces, pero sigue en esa existencia. Pero que sea auténtica, y no la santidad de apariencias, para llenar el ojo, para calmar a tus amos… que seas realmente una persona íntegra e integrada.

Si te encuentras en el vaivén, en esa ambivalencia con Dios, el Uno y Único, y no sales lesionado de esto, ni lesionas a nadie, ni fracturas tu conexión con el Padre Celestial, si gozas de shalom… no sé cómo le haces, pero sigue así. Pero que sea una existencia auténtica, no colmada de impotencia, de orgullo, de esperanzas huecas, de rencores silenciados.

Si estás frecuentemente andando por la senda espiritual, realmente estás en conexión, unificado, en armonía, avísame porque quisiera tu guía y consejo.

Como sea, espero que estés muy bien y puedas gozar de la plenitud de la bendición que espera por ti a cada instante.
Hasta luego y gracias por permitirme acompañarte en este texto.

Un regalo para ser feliz

Estás a pocos renglones de recibir un gran regalo de mi parte, que espero te sirva para mejorar todas las dimensiones de tu existencia.

Cuando enriqueces –realmente- tu vida, cuando gozas la plenitud, cuando disfrutas del bienestar, comienzas a “vibrar” en una cadencia de armonía muy diferente a la existencia marcada por la esclavitud al EGO.

La cadencia del EGO es pesada, tóxica, perturbadora, estridente hasta el dolor o plagada de silencios represivos, confusa, caótica, enfermiza, limitante hasta la angustia, falsamente liberadora hasta el punto de la falta de límites saludables (que conlleva agresiones, crímenes, delitos, faltas, adicciones, etc.).
Es como un ritmo de marcha militar, rígido, inflexible, severo, en donde cada detalle debe estar inspeccionado y compilado; es como un canto religioso medieval, monocorde, monotemático, extraño a lo bello del mundo, oscuro, frío, tedioso, carente de vitalidad; es como un jolgorio sin gracia, una feria de rarezas sin alegría, risotadas que esconden tristeza, el caos de la impotencia.
Es como esto:

(Recomiendo ver el video que se abre haciendo clic aquí, brinda una secuencia de audio e imagen que es brillante en su dura poesía).

Lo queramos o no, lo sepamos o no, generalmente marchamos según ese ritmo terrible, de miedo, dolor, sentimiento de culpa, enojo, ira, gritos, llantos, golpes, manipulación, creernos impotentes o todopoderosos, perdernos en ilusiones o mentiras. Es la marcha del EGO.

Pero es posible dar pasos alternativos, edificantes, liberadores, refrescantes, gozosos, plenos, con sentido, vitales, eternos.
Está a nuestro alcance danzar, movernos, avanzar de acuerdo a una cadencia diferente.
Uno que armonice nuestros diferentes planos, que nos unifique internamente y con el otro.
Este vibrar armonioso, este cambio interno que retumba y se refleja en lo externo, se puede convertir fácilmente en un generador de una nueva sincronía, que no sea más la del EGO (individual y que se amplifica en lo colectivo), sino la sincronía del AMOR.
Somos nosotros los iniciadores indirectos de un movimiento de sincronización positiva, que es una manera excelente de difundir la construcción del shalom.

En otras ocasiones te he provisto de herramientas y saludables consejos para evaporar el falso poder del EGO sobre ti, que no repetiré ahora, pues hoy tengo un regalo más para sumar a los ya dados gratuitamente.

Este regalo se llama: la risa.

Reír.
Que no es lo mismo que burlarse, ni reírse de cosas desagradables o contrarias a los mandamientos, ni ser sádico ignorando el tiempo del sufrimiento real, ni actuar como tonto (aunque el rabí Najman de Breslov alguna vez aconsejó comportarse tontamente, justamente para encontrar el poder sanador de la risa), ni dejar de ser responsable y comprometido.
Reír, es reír.

Aunque al principio uno lo haga forzadamente, por compromiso, bien pronto se sueltan las restricciones sociales, las prohibiciones familiares, las vergüenzas y sentimientos de falta de adecuación todas ellas probablemente pautadas por el EGO, y surge la risa espontánea, fresca, sincera, sin otro motivo más que el reír.
Se aflojan los músculos, se oxigena el organismo, se llenan los pulmones, la sangre llega con más riqueza nutricia a cada rincón del cuerpo. Se expulsan sustancias tóxicas acumuladas, se relaja la postura, se siente bien.

La risa provee de beneficios multidimensionales, desde la liberación de endorfinas (hormonas del placer y bienestar), reducción de epinefrina y cortisol (hormonas que se vinculan al malestar y estrés), mejorar el sistema cardiovascular y el respiratorio, fortalecimiento del sistema inmune, crear/reforzar lazos afectivos, oxigenar la sangre y mejorar el rendimiento global del organismo, sensibilizar a la presencia del otro, entre varios efectos positivos más.

Pero además, le restamos a su poder (aparente) al EGO, lo que nos da mayor sensación de potencia, vitaliza nuestra auto percepción.
El tema puede ser extenso y esta vez no quiero serlo, por lo que te daré un brevísimo ejemplo para facilitar la comprensión.

Vas a salir a andar en bicicleta con tu hijo el domingo. Ya se vistieron ambos, planificaron el recorrido, comprobaron que el clima era propicio, desayunaron apropiadamente, anunciaron a los otros miembros de la familia que los “hombres” de la casa se irían solos de excursión matinal. Todo listo. Pero, no, todo no estaba listo. Sacaste tu bici a la calle, sacaste la de tu pequeño hijo, luego, y como fueron precavidos y llevaste el inflador, te pones a dar aire a las llantas… es que hace tanto que no usan las bicis.
Las dos del nene se llenan pronto. La tuya delantera tarda un poco más, es un rodado grande, pero lo consigues. Pero la trasera no quiere inflarse, bombeas y bombeas, estás sudando litros, te cansaste ya antes del paseo, y la rueda sigue fláccida. Pruebas ponerte así, de la otra forma, tomar la boquilla de este lado, te agachas, te incorporas, te enojas, pateas el piso, pateas la bici, te doblas el dedito del pie, insultas, tu hijo se ríe, te enojas con él, pateas con el otro pie y te lastimas el otro dedito, tu hijo se ríe pero se reprime para que no le grites, pero tú viste sus ojitos tentados a la risa y le dices cualquier barbaridad, tu boca es lo contrario a una fuente de aguas puras, el corazón late agitado, te duele el pecho, también los dos deditos, tomas la bici entre tus manos y la lanzas contra el piso, con fuerza, con odio, con bravuconería, en tanto insultas y jadeas, la bici se hace pedazos, uno de ellos te atraviesa el ojo, otro corta el brazo de tu hijo, sangras mucho, el niño también, tu esposa viene a auxiliarte pero resbala con unos de los perdigones que se escapó del eje del pedal, se cae y fractura la cadera, tu hija al ver el espectáculo horrendo queda traumatizada emocionalmente de por vida, tu hijo pierde el brazo y la confianza en ti y en él mismo, tu esposa se divorcia, el perro se suicida, tomas para olvidar, como ahora eres tuerto y tu trabajo requería visión de ambos ojos pierdes también el trabajo, entonces robas para conseguir dinero para tu vicio… todo por… ¿todo por?

Mira un pequeño cambio, que hará un enorme cambio.
La llanta trasera no se infla, te das cuenta de que está probablemente pinchada, tú no tienes idea de cómo se arregla, y si la tienes te sientes incompetente para ello, sonríes, te tomas la cabeza en un gesto simpático y le dices a tu hijo: “Campeón, una fuga de aire de medio milímetro es más fuerte que tu papá… jajaja… ¿vamos a invitar a las chicas a tomar un helado? Jajaja… mira que me creía súper fuerte después de las dos tazas de cereales que me desayuné, pero un poquito de airecito tiene más fuerza… jajajaja… Veo en la semana de pasar por la bicicletería, ¿ok? Y de paso, me fijo en internet un curso para reparar pinchazos… jajaja… y si no hay, abrimos uno y nos hacemos ricos con los padres ciclistas de fin de semana… jajaja”.

Pequeña diferencia…
Allí estaba una impotencia, real o sentida, que pudo manejarse desde el humor, desde la honestidad, desde el AMOR, desde otro lugar que no es el EGO.
Y estuvo la risa, sí también ella sirvió para doblegar al EGO.

Por supuesto que este ejemplo es solo eso, y las aplicaciones y metodologías con respecto a la risa son mucho más amplias.

Ahora, tú, recuerda reír.

" [Salmo de acción de gracias] ¡Cantad alegres al Eterno, habitantes de toda la tierra!
Servid al Eterno con alegría; venid ante Él con regocijo.
Reconoced que el Eterno es Elokim; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Dadle gracias; bendecid su nombre,
porque el Eterno es bueno. Para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones."
(Tehilim / Salmos 100:1-5)

EGO colectivo y Era Mesiánica

En su origen, el EGO es una instancia absolutamente individual, pues es la denominación que le damos a una función instintiva de supervivencia que se aloja en la zona “reptiliana” de nuestro cerebro.
Dada su localización y su función, podemos afirmar que no existe un EGO colectivo, una entidad metafísica, satánica, angélica, descarnada que haga las veces del EGO de la masa.
Y sin embargo, vislumbramos que existe (algo así como) un EGO social, o común. Masificado por resonancia.
¿Cómo es posible?

Al ser el EGO primariamente instintivo, que no depende de transmisión cultural, ni de aprendizajes, ni de improntas, sino de la propia naturaleza humana (y probablemente de otras especies), lo encontramos en todos y cada uno de los seres humanos. Su funcionamiento es en todos similar, su presencia es constante, sus formas de manifestarse se replican en cada miembro de la especie.
El EGO primario resuena socialmente, puesto que es el primer “lenguaje” de cada individuo en su lucha por la supervivencia, en su llamado de atención para ser nutrido y cuidado, en su ciega búsqueda por la satisfacción y/o desaparición del sentimiento de angustia por la falta.
El EGO siempre está asociado al sentimiento de impotencia, al miedo, al deseo. Con estos sentires (disparados por percepciones reales o imaginarias) se maneja, es a partir de ellos y por su intermedio que se expresa dentro del individuo, y más tarde se proyecta en el afuera. Sea como figura aterradora y de sometimiento, sea como figura salvadora a la cual también someterse, o sea una mezcla confusa de ambas. Como sea, el EGO deja a la persona en un estado de indefensión, subyugada, impotente.

Las manifestaciones del EGO se complejizan de acuerdo a lo que el sujeto va adquiriendo a través de la relación con otros individuos y el medio.
Entonces, las herramientas originales del EGO se mantienen, pero se ramifican, van tomando cualidades que son propias de cada uno, porque ya no dependen exclusivamente de su carga genética, sino también de lo que ha ido incorporando en las sucesivas interrelaciones, más las modificaciones personales, voluntarias o no.

Entonces, el EGO se podrá encontrar detrás de (¿todos?) los acontecimientos e instituciones sociales.
No la suma de cada EGO individual, sino la sombra del EGO de la especie.
Habrá llanto, grito, pataleo y/o desconexión de la realidad (como raíces, de los cuales sabemos se despliegan conductas y actitudes como ramajes).
Habrá negación de la multidimensionalidad humana, o retaceo de la misma; a cambio se propondrán lemas, dogmas, doctrinas inflexibles, memorización de versos, adicción, afiliación partidaria, fe ciega…más y más desconexión de la realidad (que es el Yo Esencial, éste sí metafísico, universal, impalpable pero muy concreto, unificador, en cierto modo colectivo); más y más violencia física y no-física; más y más engendro de sentimientos de culpa, victimización.
Máscaras, apariencia y poca autenticidad.

Desde este enfoque, comprendemos el poder militar, religioso, político, económico, académico, magufo, de los medios masivos de des-información, de los dioses, de los demonios, de los patrones, de los amos, de… ¿algo queda por fuera?
No veo la necesidad en este momento de detallar más ni de ejemplificar, por el contrario, espero que tú, querido socio lector, te impliques en la tarea de construir el conocimiento y brindes tú aquí mismo, como comentario, las explicaciones y ejemplos que te parezcan ayuden a otros a comprender la idea y convertirla en conocimiento útil para la construcción de shalom. ¿Me acompañas a eso? Claro que sí, por lo que te agradezco.

Ahora, un último y necesario aspecto.
Aburrir con la temática del EGO resulta imprescindible, puesto que hasta que no lo tengamos bien en claro, hasta que no hagamos lo necesario para manejarnos desde el AMOR y no desde el EGO, será difícil desarrollar todo nuestro potencial para el placer, para el bienestar, para la solidaridad, para la construcción de Shalom.
No es una temática accesoria, ni repetida por no tener nada mejor que comentar, ni apartada de lo esencial en lo espiritual; sino todo lo contrario.
Es la piedra fundamental para la edificación de una personalidad saludable y plena, de una sociedad de bienestar y bendición.
El encarrilar al EGO es tarea introductorio para la Era Mesiánica.

—–

Como mérito para mi maestro y padre, Pesaj ben Yehuda Arie, z»l

¿Romper relaciones enfermizas o no?

Como respuesta o ampliación a mi artículo “Tu sentimiento de culpa“, el querido amigo y socio Uriel comentó hace un rato lo siguiente:

Moré , creo que hay relaciones enfermizas que no se deben romper , mas si ser tolerante , habría que ver el caso. Por ejemplo conozco un caso de una madre que manipula a su hijo , esta Sra. estuvo en una clínica de reposo y romper la relación hijo vs madre , llevaría a esta Sra. al suicidio. Gracias.

Mi respuesta es la siguiente:

Uriel, no sé.

Humildemente considero que cada situación debe ser evaluada en sí misma, a cada una de las personas, la relación entre ellas, el contexto en el cual se desarrolla, y proyectar hacia donde está conduciendo. Recordemos que lo que plantamos hoy será cosechado mañana, y lo que parece buena semilla puede terminar resultando en una hidra venenosa, no solo para quien la siembra, sino para el entorno, la familia, los vecinos, la sociedad, el ecosistema.

A veces la extrema indulgencia puede derivar en resultados catastróficos, al igual que la extrema severidad.
Personas criadas en base al rigor fanático, suelen ser personas que demandan rigurosamente, critican amargamente, corroen con su insensibilidad. Quieren la perfección, que es lo que ellos estipulan como tal, y no son capaces de negociar o ceder. Es su palabra o la destrucción. Por supuesto que gente así no es muy agradable de tener como pareja, como padre, como jefe, como subordinado.
O son tan dóciles, tan faltos de ejercicio de su auténtico poder, que obstaculizan los procesos de construcción de shalom.
En el otro extremo de la línea, están las personas criadas con suma condescendencia, los niños “malcriados” o “mal enseñados”, también suelen ser adultos demandantes, que se angustian ante la menor contrariedad, que no soportan el fracaso, que exigen resultados imposibles y fantásticos o se derrumban emocionalmente. Son niños ansiosos y totalmente dependientes en cuerpos de grandes. O son, tan insensibles a las necesidades de los otros, que lastiman, provocan, agreden por estar incapacitados para reconocer la “otredad” del otro. Creen que todos debe estar a su servicio.

Supongo que en su vida ha encontrado ejemplares de una y otra manera de estar en el mundo y ha podido ver los efectos devastadores en las vidas propias y ajenas.
Y ambos tipos son esclavos del EGO.
Manipulan, violentan, pretenden someter al otro a la impotencia. 
Actúan con mayor o menor grado de disimulo.
Con percepción o no de la motivación inconsciente en sus acciones depredadoras
Con más o menos astucia y trampas y mañas.
Serán más evidentes o no sus mentiras, agresiones, teatralización.
Pero siempre usarán las herramientas del EGO para alcanzar sus deseos (que son producto del EGO).

En verdad, no tenemos control sobre los resultados de nuestras acciones, tampoco mucho sobre el contexto, casi nada sobre las otras personas, pero al menos intentemos dominar lo que está a nuestro alcance para provocar cambios favorables en nosotros que lleven a un cambio positivo en el entorno.
Eso que podemos hacer para construir shalom, lo poquito que podamos, saludablemente, sin imposiciones, sin “guerras santas”, sin revoluciones sangrientas, sino como corresponde a los constructores de shalom. Desde dentro hacia fuera, con respeto, con bondad, con justicia, con lealtad.
Por el camino del constructor de Shalom, que es el que deja de lado al EGO y sus herramientas, o al menos trata de hacerlo con la mayor firmeza que le es posible.
Porque ahí está la clave del éxito, de la felicidad, del shalom, el ir quitando poder al EGO.

Tengamos presente que las reglas generales son necesarias e imprescindibles, a la hora de llevarlas a la práctica es necesario adecuarse. Algo así como la “tolerancia” que usted menciona en su comentario.
No podemos ir de forma rígida, inflexible, severa por la vida.
Tampoco podemos desconocer las reglas generales y básicas.
Y tampoco podemos permitir que aquello que no puede ser negociado, se negocie.
Porque, hay límites que no deben ser traspasados, ni tampoco corridos.

En cada caso en particular no está en nosotros, observadores externos, gente que mira de fuera, decidir sobre las acciones ni las actitudes, sino en los que están implicados en la situación.
Sin embargo, cuando tenemos alguna participación, como consejero al que se le solicita intervención; terapeuta; guía espiritual; o similar, está en nosotros procurar que las personas envueltas puedan acceder al reconocimiento de lo que están padeciendo, a las fuerzas e impotencias a las que están siendo sometidos.
No es callando, y de esa forma siendo de cierta forma cómplices, como aportamos a mejorar la vida de nuestro prójimo, ni a la nuestra, ni a la del ecosistema. Tampoco irrumpiendo sin respeto y sin autoridad allí en donde no tenemos cabida. Tampoco manipulando para “liberar” al que está siendo manipulado, ni oponiéndonos agresivamente al manipulador.
Sino señalando aquello que está aconteciendo, alumbrando donde hay oscuridad, haciendo explícito lo implícito, poniendo en palabras lo que se está silenciando, espantando a los fantasmas del miedo, dando ánimos para que la persona camine por sí misma, apoyando. Es mucho y variado lo que podemos hacer de nuestra parte, aunque sea muy escaso en realidad el margen de nuestro accionar. Tan poquito lo que podemos hacer en la práctica, pero mucho en acompañar a los que tienen que romper lazos tóxicos, quebrar yugos, dejar de apoyarse en bastones corruptos, fortalecer a los que se creen y sienten impotentes porque no saben que tan poderosos son en realidad.
Sí, hay cosas que podemos, y debemos hacer. Desde el respeto, como constructores de shalom. Siempre procurando construir shalom.

En este caso en particular que usted comenta, es el hijo quien debe conocer qué está ocurriendo, reconocer lo que siente, darse cuenta de los procesos involucrados, percibir como ha sido conducido hasta donde se encuentra, aprender que tiene opciones, vislumbrar el abanico de posibilidades que se abre ante él, para así poder llegar a una decisión auténtica, real, responsable.
Porque si sigue atado a la relación enfermiza, negando lo que sucede, reprimiendo sus sentimientos, haciendo de cuenta que todo es “normal”, queriendo “matar” a su madre pero temiendo las consecuencias, a punto de estallar y sostenido por sicofármacos o alguna otra droga, manteniéndose en un estado de sufrimiento y sometimiento, peleando con su esposa si es que la tiene, o cosas terribles similares, simplemente para que la madre no haga esto o aquello, realmente no está haciendo lo que pudiera hacer.
Está siendo esclavo y no libre.
Está negando su santidad y su vida.
Tampoco le está haciendo gran favor a su madre, ni al resto de su familia, si es que la tiene.
Claro, no soy yo el que decide, ni debo hacerlo; pero si el muchacho me pidiera mi ayuda profesional, no dudaría en ayudarlo a reconocer lo que está ocurriendo, que se vea en la malla en que está envuelto.

Realmente, ¿hay relaciones familiares enfermizas que no se deben romper?
No lo sé, tampoco lo puedo decidir yo, a no ser que esté implicado en ella y haya tomado consciencia del papel que estoy actuando, de cómo reacciono automáticamente de acuerdo al entrenamiento que me han dado, a lo que me estoy perdiendo por seguir siendo esclavo e ignorante. Sí, si estuviera en esa relación tendría mucho que aprender de mí mismo, de lo que estoy padeciendo y de las posibilidades que tengo, para entonces yo decidir si quiero seguir en eso o hacer cambios valiosos en mi vida.

Que el hijo tome consciencia de lo que pasa, en la medida de lo posible, porque algunos están tan embotados, tan negados, tan sumidos en la ceguera, tan llenos de fe, tan enfermos que no pueden, no quieren despertar.
Si puede  y si decide seguir en esa relación enfermiza, de forma consciente, entonces es SU decisión, y no es efecto de la manipulación por parte de la madre.
Podremos estar de acuerdo o no, pensar que está loco o enfermo por seguir atado y esclavo, pero habrá sido su decisión, y eso será lo que importe.
Siempre y cuando sea decisión y no mera ficción, más trabajo del EGO.

Pensemos un poco, si la madre amenaza con suicidarse en caso de que el hijo rompe la relación, se libere de la atadura enfermiza, entonces, ¿no es esto otra forma de manipular?
¡Por supuesto que sí!
La gente hace cosas muy, muy, muy enfermas para mantenerse en esa apariencia de poder que brinda la manipulación.
Realmente, muy enfermas.
Y, es nuestro deber comprender, que no somos responsables, ni debemos sentirnos culpables, de lo que el manipulador haga con su vida con tal de tenernos atrapados en su letal red.

Repito, ayudemos al hijo a tomar consciencia y que decida desde el AMOR y no a través del EGO.
Ayudemos a la madre a que tome poder y no que siga en apariencia de poder.
Construyamos shalom.

Sería bueno educar más y mejor en noajismo para que estas cosas no sucedan.
Noajismo provee de siete conexiones esenciales con uno mismo, con el prójimo, con el ecosistema, con Dios.
Con el noajismo se reviste la persona de verdadero poder, se unifica, se conecta, crece, madura, cumple su sagrada misión de construir shalom.
A más noajismo, del puro, del auténtico, menos EGO.
Esa es la verdad, y por ello la insistencia en esta temática.

Gracias por el comentario Uriel, que me dio oportunidad para esta aclaración y nos da más material para estudiar, comprender, ayudar, crecer, sanar, construir shalom.

El manipulador impotente

El manipulador usa sus armas para dejarte en situación de impotencia, real o imaginaria.
Lo que le importa conseguir es que
te sientas impotente,
que te creas así,
que no combatas,
que no seas libre,
que tengas la convicción que solamente el manipulador es el que te habilita,
solo él te da algún poder,
sólo él te brinda la capacidad para ser libre,
solo él te salva.

Para lograrlo cuenta con algunas estrategias:
despreciarte;
ridiculizarte;
inhabilitarte;
criticarte;
burlarse;
quejarse;
demandar;
hacerte creer impotente;
hacerte creer más poderoso de lo que eres;
elogiarte en exceso y falsamente ;
esperar de ti más de lo que realmente puedes hacer;
darte un regalo, que seguramente no pediste y tal vez no querías, y no perderá la oportunidad de hacerte pagar una y otra vez por él, con dinero o emocionalmente;
compararte, directa o indirectamente, con otros;
no atender lo que pides;
considerar que no sabes tomar decisiones y tomarlas por ti;
darte su “habilitación” para inhabilitarte ni bien puede;
organizar tu agenda, tu casa, tu vida;
hacerte dependiente;
castigarte;
someterte a privaciones;
gritarte;
humillarte públicamente;
usurpar tus lugares;
entrometerse en tus asuntos;
negarte lo que te pertenece;
obligarte a actuar o dejar de actuar;
violar tus límites;
insultarte;
hacerte sentir culpable;
victimizarse;
mentir con respecto a quien es su relación contigo (se hace pasar por la víctima, o por la bondadosa, o por la madre/amiga/esposa/etc. intachables y geniales, lo que fuera necesario para que todos tengan una imagen de pureza al verla y en cambio tu imagen sea desagradable, irrespetuosa, problemática, demandante, ingrata, loca, etc.);
te lleva con astucia hasta el enojo pero luego te hace sentir que estás enfermo o que no sabes controlar tus emociones;
te hace sentir que no puedes ser responsable, pero sí culpable;
no valora lo que haces, lo que le regalas, lo que proyectas, siempre tiene cómo romper tus sueños y esperanzas;
probablemente te indicará como vestir, qué comer, cómo peinarte, con quien estudiar, dónde vivir, etc.;
limpia sobre lo que limpiaste, como si tu trabajo fuera ineficaz o inexistente;
te elige novio/a, amigos/as, trabajos, carrera profesional;
suele repetirte mil veces las cosas, como si no confiara en ti, como si no fueras capaz de dar respuestas verídicas, como si precisaras que te recordaran las cosas;
no deja pasar oportunidad para corregirte, sea con motivo o sin él;
cuando te pasa alguna desgracia, encontrará la falta en ti para que haya ocurrido;
todos son mejores que tú;
te llamará al celular para preguntarte dónde estás, que tienes que regresar, que esto y aquello, cuando estás con tus amigos, lo que te pondrá en una situación ridícula;
y no solamente está lo que dice, sino cómo lo dice, el tonito, el gesto, la postura, la mueca, todo en tu desmedro, lo verbal y lo paraverbal;
tanto te ha hecho dependiente que cuando tratas de hacer algo por tu cuenta, tomar tu decisión, dar tu paso, sientes que estás en el limbo, perdido, a punto de hacerte añicos.

Por supuesto que su “arte” no se limita a ti, sino que probablemente maneja un discurso pernicioso para conseguir la complicidad (voluntaria o no) del entorno, para que le ayude en su trabajo de quebrarte, privarte de la libertad, someterte, manipularte.
Por ahí hará públicas cosas que te pertenecen, divulgará asuntos privados, para generar opiniones externos que le refuercen en su apariencia de poder sobre ti.

Resumiendo,
quiebra los límites entre el “yo” y el “tú”, haciendo que sea un confuso y letal “nosotros”, indiferenciado.
Hace que dependas en todo y para todo, que sigas siendo un niño pequeñito que precisa de la manipuladora en todo momento, como si tu vida fuera una extensión de la suya.
Estás en una jaula, quizás no con barrotes o paredes, pero una jaula mucho más fuerte y dolorosa, una que no te abandona ni a mil millones de kilómetros de distancia.
Llevas la cárcel en tu interior.

Se forma la idea de que solo existe una verdad, una opinión válida y con autoridad y por supuesto es la que emana del manipulador. así se evitan las posibles fugas.
Entonces, probablemente ya de muy pequeño (en las relaciones de este tipo con un padre o una madre) el manipulado debe consultar todo, no tomar decisiones, posponer hasta obtener el visto bueno o la palabra “sagrada” del manipulador, rechazar cualquier elogio hasta que no sea consagrado por el manipulador, etc.
Para reforzar esto el manipulador suele rodearse de un séquito de “admiradores”, personas débiles, faltos de carácter, manipulados a su vez, que pretenden obtener algo de supuesto poder por estar a la sombra del amo, del EGO personificado en el manipulador.
Veamos un manipulador, un líder tóxico en particular, y a su alrededor habrá alcahuetes, soplones, chismosos, aduladores, cobistas.
En esos peliagudos juegos de falso poder algunas veces el líder termina siendo marioneta de alguno de su camarilla de secuaces.

Advertiste que de pronto pasé del manipulador “casero”, el que se da en relaciones familiares o muy cercana, al líder tóxico, al que pastorea sectas tóxicas.
No fue un error, ni es casualidad.
Sus procedimientos son similares, así como sus objetivos. Y en el fondo está el mismo núcleo enfermo que lleva a esta forma de existencia siniestra.
Al igual que el político artero, el falso pacifista, el estafador, entre otros.

Hasta aquí el comentario que unifica una cosa con otra.
Ahora, volviendo al manipulado.

El día que el que es manipulado despierta un poco su consciencia puede llegar a sentir que está “atado”.
Y ese sentimiento se queda corto en lo que realmente hay detrás.

Es posible que si tienes embotada tu consciencia no admitas que estás en una relación de este estilo, sea como manipulador o manipulado.
O quizás eres afortunado y nunca caíste en estos juegos macabros.
Pero, si has podido despertar un poco tu consciencia y eres capaz de evaluar tu situación, podrías reconocer en este texto una detallada descripción de tu vida, tal como de la de cualquiera que ha sufrido algún tipo de manipulación.
Tal vez al leer estas líneas es cuando irás viendo cómo se parece mucho a lo que te pasa con tu madre, con tu padre, hija, esposa, patrón, empleado, amigo, colega, vecino, aunque por lo general son en las relaciones de dependencia familiares en donde más se despliegan estas situaciones.
Tal vez al leer y reflexionar puedas abrir los ojos, porque lo más común es que cuando una persona está siendo sometida por un manipulador tiene incapacitada la capacidad de conectar los hechos, los sentimientos, los pensamientos, las decisiones, las faltas de ellas.
La víctima seguramente que desde muy pequeña ha sido entrenada a no poder visualizar que es parte de este oscuro juego de muerte.

Pero en el interior del manipulado el conflicto existe.
Su Yo Esencial desea que la persona alcance el máximo de su plenitud, que goce aquello que tiene a mano gozar, que sea libre.
Y, cosa curiosa, el EGO del manipulado puede convertirse en aliado del Yo Esencial, al ejercer su rol natural y original: preservar la vida e integridad de la persona.
Entonces, el manipulado tenderá a mentir, a gritar, a escapar físicamente, a golpear, a insultar, a enojarse, a luchar por subsistir, aunque sea de forma poco madura, aunque no sea muy evolucionada su reacción, al menos habrá intentos de oponerse a la manipulación. A veces estas agresiones se vuelven en contra del propio manipulado, como autolesiones, cortes que se provoca, accidentes poco casuales, pérdidas, fracasos escolares o laborales, etc., como una manera intrincada de romper el yugo del manipulador, o también como una manera de castigarse pero al mismo tiempo castigar al manipulador. Cuestiones sumamente complejas, dolorosas, que merecen ser trabajadas con respeto y comprensión, pero amorosa firmeza, al momento de establecer un trabajo terapéutico.

Lo habitual es que tristemente el EGO del manipulado suele sintonizar con el EGO del manipulador y asociarse en someterlo al sentimiento de impotencia.
Los reclamos se van reprimiendo, los enojos se van achacando a problemas personales, la figura del manipulador se erige como inalcanzable, perfecta, amorosa, y uno como basura, impotente, mal agradecido, enfermo, nada.
Ahí quedó sellada la jaula que mencionamos más arriba, la celdita mental que ha sido trabajada por el “arte” del manipulador.

A todo esto, el manipulador, que parece tan poderoso, tan diestro, tan hábil, tan capaz, tan omnipresente, en verdad es impotente.
La persona que tiene el EGO a raya, y por tanto sabe su poder real y lo emplea con bien y justicia, no cae en juegos de manipulación.
El poderoso no precisa de manipular.

Entonces, ¿qué esconde el manipulador para que se haya convertido en ese oscuro personaje?
¿Cuál es su historia para que su máscara predominante en las relaciones significativas sea la del manipulador?
¿Qué tan profundamente encerrado en su EGO se encuentra como para tener que sobrevivir de esta manera, parasitando a otra persona, por lo general alguien con un gran potencial?
¿Cuán inmensamente impotente se siente el manipulador, pero tan negado a sanar, que recurre a parasitar a otro en lugar de emprender una terapia efectiva?

Las cuestiones pueden seguir, pero quiero dejar ahora solamente unas pocas sugerencias liberadoras/reparadoras:

  • no quieras controlar aquello que no puedes controlar,
  • controla aquello que está en ti controlar,
  • aprende a poner y respetar límites de manera amable, AMABLE, pero firme,
  • aprende a conocer tus potenciales ocultos y no desarrollados,
  • decide sin pedir consejo ni permiso y disfruta del resultado, sea un éxito o un fracaso,
  • a veces tropieza por gusto y date el placer del revolcón, luego tendrás mucho más placer por volver a levantarte y ser mucho más fuerte que antes,
  • no confrontes directamente con el manipulador, en principio llevas las de perder,
  • no quieras tú manipular, no eres experto en ese sucio “arte”.

Este pequeño texto, en su idea original iba a ser muy breve, ya se extendió demasiado, por lo que lo dejó por aquí.
Agradezco a M.B.M. por su colaboración, a la psicóloga Verónica Doño por algunos importantes apuntes y observaciones y a Itzhac Pollack por algunos datos que me permitieron unificar ideas en cuanto al manipulador familiar y al líder tóxico.

Máscaras del Yo Vivido o moléculas del rostro del Yo Esencial

El Yo Esencial es la neshamá, el espíritu, la esencia personal, aquello que no proviene ni de los padres, ni de medio físico, ni de la interacción social.
Es lo que el Eterno determina que sea la identidad espiritual de cada uno. Es el lazo eterno, imposible de cortar, con el Eterno, y por ello con todo lo creado, en cada época y lugar.
Es lo que existía antes de nuestra concepción material y lo que persiste luego de nuestro pasaje por este mundo. 
Es lo que el Eterno implantó en ese feto que fuimos nosotros, a los cuarenta días de la concepción, y que seguimos siendo, y continuará en el mundo venidero.
No se altera con pecados o errores, tampoco se mejora con buenas acciones o pensamientos/sentimientos nobles.
Es lo que es.
Es la chispa divina que nos alienta, que nos da sentido y pertenencia a la eternidad.
Es lo más puro y auténtico de nosotros mismos.
Aunque no se modifica con nada, sirve como receptor de la experiencia durante el transcurso de nuestra existencia, y sirve como el canal de almacenaje de los recuerdos de todo lo sucedido durante nuestra existencia terrenal individual.
Hasta donde sé no se “aloja” en ningún órgano de nuestro cuerpo, no es parte nuestra, aunque es lo más auténtico de cada uno de nosotros.
Es nosotros y es parte del todo.
Está en nosotros, pero no se ubica en ningún lado en particular (hasta donde sé actualmente).
Es esa vocecita que nos habla con amor y paciencia, con respeto y sabiduría, pero que nos empeñamos en no escuchar.

¿Sabemos a ciencia cierta quiénes somos?
¿Podemos señalar con detalle qué es nuestro Yo Esencial?
Creo que la respuesta es: no.
Podemos ir corriendo velos, aproximándonos, tener certezas en algunas cualidades, pero no estamos en poder del conocimiento acerca de nuestro Yo Esencial, en parte a que no pertenece por entero a nuestra realidad formada por espacio/tiempo. Su esencia es espiritual, por tanto bastante difícil de comprender por nuestra mente limitada.
Lo importante no es llegar a la certeza plena, a encasillar nuestro Yo Esencial, a cuadricularlo y etiquetarlo, sino que considero mucho más provechoso y de bendición tener claro lo básico, e ir trabajando en encontrar una manera de expresar nuestra esencia a través del Yo Auténtico, del cual hablaremos brevemente a continuación.

El Yo Auténtico está formado por:

  • el Yo Esencial,
  • nuestra carga genética,
  • y facetas del Yo Vivido que representan aspectos del Yo Esencial.

Del primero, ya hablamos.
El segundo, se aloja en el núcleo de casi todas nuestras células.
El tercero, se ubica en entrelazamientos que se van dando en nuestro cerebro (neuronas y conexiones neuronales), particularmente en el lóbulo frontal y el prefrontal  (mis conocimientos de neurociencias son menos del 0,1%, así que mejor consultar con expertos sobre el tema) y son como huellas, registros de memoria.

Para que se comprenda cómo puede ser que una parte del Yo Vivido sea parte del Yo Auténtico, permítaseme un ejemplo.
La persona es gentil, por tanto su espíritu es noájico.
Por esto, su espíritu (Yo Esencial) desea expresarse a través de llevar una vida acorde al noajismo, por cumplir cabalmente los Siete Mandamientos Universales, por desarrollar una vida de bondad y justicia, siendo leal al Eterno tal y como Él quiere que sea el gentil.
Si el gentil vive noajismo, si el noajismo es su manera de comprender al mundo, de contactarse con él, de mejorarlo, etc., entonces está armonizando las facetas correspondientes de su Yo Vivido con su Yo Esencial y haciendo que estas facetas integren su Yo Auténtico. Por ejemplo, al ser bondadoso sin esperar nada a cambio, esa actitud NO ES una careta ni una impostura, es una parte de su Yo Vivido en armonía con su Yo Esencial. Eso es conectarse consigo mismo, lo que permite la conexión con el prójimo, lo que permite la conexión con el cosmos. Cuanto más integrado estés, más percibes la unidad esencial, más la belleza, más la necesidad de construir shalom para que no sea solamente una vivencia interna sino la Era Mesiánica ya manifiesta.
Pero, si el gentil aparenta ser judío, se imbuye de cuestiones judías que nada aportan a su identidad espiritual (y no está encaminado correctamente en un proceso genuino y legal de conversión al judaísmo); o, aún peor, se considera como miembro de religiones, dogmas religiosos, sectarismo doctrinal, etc., entonces su Yo Vivido está en disonancia con su Yo Esencial. Vive en conflicto. Está en exilio espiritual. Su vida es una fantasía. Por supuesto que algunas conductas serán positivas, serán en consonancia con su Yo Esencial, pero al faltarle la consciencia de su verdadera espiritualidad, igualmente será una consonancia disarmónica. Quizás es un poco complejo de comprender, te pido que releas, analices con calma, sé paciente, no pretendas saber todo para ayer. Pregunta sin miedo, cuestiona, no creas en lo que te digo, sino que permite a tu Yo Esencial confirmar la veracidad de estas palabras y cotéjala con la realidad circundante.

Comprende que, el noajismo no es un “algo” de mandatos religiosos, de imposición externa, sino que el noajismo es la espiritualidad que se construye desde el ser hasta el hacer, y su reconocimiento no se puede dar en un campo de guerra con religiones.
Su reconocimiento solo se puede dar cuando uno deja de perderse en el ruidoso mundo y escucha ese llamado espiritual, siente esa verdadera necesidad de DIOS,de llenar la existencia de paz, de plenitud.
El noajismo, para el gentil, es un retorno a lo que es.
Para muchos, después de tanta búsqueda y andar por el seco desierto, es sentir: “encontré mi lugar en el mundo”. Pero para ello, es necesario desbloquear el canal de conexión entre los Yoes.

El Yo Vivido, son todas aquellas posturas, sostenidas en el tiempo (o no), que empleamos para identificarnos, reconocernos, interactuar con otros, mediar entre lo que somos y lo que estamos siendo.
Son las diferentes máscaras que ocultan nuestro rostro, y que por lo general no están en resonancia con nuestro Yo Esencial, sino con los mandatos externos, con las imposiciones sociales, los juegos del EGO.
Se encriptan en nuestro cerebro. Ahí están inscriptos y codificados.
Algunas veces como recuerdos accesibles, otras veces como huellas no conscientes pero que se percibe su accionar en la vida cotidiana, y otras veces como elementos reprimidos y que fagocitan energías y participan (junto a los mecanismos de represión) en la producción de efectos más o menos perjudiciales y que no son fácilmente abordables por la consciencia.
Según dijimos, en las ocasiones que la máscara representa de alguna forma al rosto, entonces ese Yo Vivido pasa a formar parte del Yo Auténtico.

Esas actitudes, esas personalidades, esas respuestas, esos apegos, esos recuerdos, esos patrones de conducta inscriptos, eso reprimido, eso imposible de hacerse consciente, todo aquello que forma el Yo Vivido se suele usar, casi siempre de modo inconsciente, como máscaras que ocultan la verdadera cara.

Por supuesto que el Yo Vivido no debe ser supuesto como algo maligno, aunque sí muchas (muchísimas) veces falto de autenticidad, sin armonía con el Yo Esencial, e incluso antagónico al mismo.
Cuando la mentira, el engaño, la ignorancia, la falta de sinceridad, la incomunicación, la oscuridad van ganando terreno, entonces la conexión se daña, las relaciones tambalean, la infidelidad, la falta de misericordia, la injusticia, el mal se expande. Es el EGO que actúa para mantener a la persona sujetada y en impotencia (real o sentida) (http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/coherentes-en-verdad).
Tampoco el EGO es un “ser” malvado, su naturaleza original es la de sistema de defensa y supervivencia personal. Pero, cuando se trastoca su función y su finalidad, es que comienza el perjuicio, lo que lleva a más y más inconvenientes y desconexiones.

¿Qué hacer entonces?
Es mucho más fácil hacer lo de las religiones, que se inventan algún ser maligno, un dios malvado, posesiones demoníacas, chivos expiatorios, lo que sea para aparentar pureza y salvación y así retener en sus cárceles a sus fieles.
También resulta mucho más sencillo, a simple vista, dejar de lado las cuestiones, no indagar, desplomarse, derrumbarse ante el EGO y dejarlo ser el amo.
Pero si hacemos cualquiera de las dos cosas (que en realidad son solo una), estamos perdiendo nuestra chance de alcanzar nuestro máximo esplendor, gozar de la vida, disfrutar de la bendición constante que llueve sobre nosotros. Estamos perdiendo la senda a nosotros mismos y a Dios.

Entonces, aprendamos cómo funcionamos, en la medida de lo posible.
No actuemos roles que nos imponen.
Dejemos de ser marionetas manipulados por el EGO, propio o ajeno.
Encontremos aquello que representa a nuestro Yo Esencial dentro de nuestro Yo Vivido.
No queramos controlar lo que no podemos controlar.
Dejemos fluir lo que no tiene forma de ser controlado por nosotros.
Aprendamos a decir no, cuando no es la respuesta; pero sí cuando sí es la respuesta.
Aprendamos a decir no sé, cuando no sabes; y sé, cuando sea verdadero y necesario.
Goza, disfruta, aprovecha el aquí y ahora, sin por ello echar a perder el futuro.

Son pequeñas, enormes, opciones para alcanzar niveles espléndidos de paz, plenitud, felicidad.

Ten presente que del recuerdo rememorado y reescrito, se guarda lo reescrito y no lo que le dio origen.
Esto permite, en cierto sentido, modificar el pasado.
Sí, podemos reinterpretar el pasado, sentirlo como si lo hubiéramos modificado.
Claro que es un poder limitado, porque te hemos dicho que hay cuestiones que jamás podrán ser accedidas por tu conciencia, porque están en un código imposible de develar por tu pensamiento adulto. Pero tienes ejercicios para ir aplacando esas huellas marcadas en lo profundo de tu memoria etológica. Tienes el trabajo de ir corriendo los velos, quitando las cáscaras, desechando máscaras, para que tu Luz interna, tu neshamá alumbre más y más, te permita conectarte mejor y con mayor autenticidad.

Adentrarnos a descubrir quienes somos, es todo un viaje en el que no podemos pasar por alto nuestro transitar por éste mundo.

Crecer implico aprender, repetir, imitar, obedecer lo que nos dijeron, creer lo que otros nos decían que éramos, y en el proceso nacieron las “máscaras” que hicieron en apariencia “potente lo impotente”, las que nos hicieron mostrar “no lo que somos” sino lo que nos dijeron, lo que servía para hacernos parecer grandes, siendo niños.

El EGO se ha presentado como nuestro único salvador, como nuestro dios, como nuestro amo, como la única opción posible para sobrevivir y sobresalir, cuando en verdad está limitándonos y alejándonos de lo que en realidad somos.

Pero reconocerlo nos anima a emprender la marcha para conocernos, entonces aprendemos también a ver a quienes nos rodean de modo diferente, entendemos que muchas de sus desacertadas conductas son producto de otros EGOs y del propio, y que esas personas aún no se conocen en realidad.

Hasta aquí por hoy estas breves reflexiones sobre un tema muy complejo.
Veo que hay cientos de textos que son de utilidad, aprovecha por favor los links que te ido dejando en este artículo.
Veo también que estoy encontrando cientos de buenos textos en este hogar. Creo que tengo escrito material para decenas de libros, creativos, originales, auténticos, propios, compartibles y todos ellos con bases en la Tradición y en la ciencia (hasta donde alcanzo a comprender y unificar en mi corta capacidad).
Ahora me pregunto, con suma humildad y desconcierto: ¿cuando llegará el día que alguien se tome el trabajo serio de organizarlos, ordenarlos, editarlos y publicarlos?
¿Me lo merezco? No lo sé… pero hay tanto, tantísimo que puede ser tan provechoso que me da pena que se pierda en un pequeño sitio en internet. No sé, quizás estoy soñando, ya que es bastante tarde en la noche… o será mi torturador EGO… no lo sé…

Bueno, es hora de encender tus luces internas y celebrar tu Janucá personal.
Hasta luego.

Poderosa voz del silencio

"…he aquí que el Eterno pasaba.
Un grande y poderoso viento destrozaba las montañas y rompía las peñas delante del Eterno, pero el Eterno no estaba en el viento.
Después del viento hubo un terremoto, pero el Eterno no estaba en el terremoto.
Después del terremoto hubo un fuego, pero el Eterno no estaba en el fuego.
Después del fuego hubo un sonido de silencio fino.
Y sucedió que al oírlo Elías, cubrió su cara con su manto, y salió y estuvo de pie a la entrada de la cueva."
(1 Melajim / I Reyes 19:11-13)

¿Dónde estaba el Eterno?

De niños se nos enseña a hablar, aunque dudosamente alguien se dedique a instruirnos en la Comunicación Auténtica.
Los adultos están como ansiosos para que salgan palabras de nuestras bocas, que mencionemos nombres y objetos, que formemos alguna frasecita, aunque solo fuera a media lengua y de dudosa efectividad.
Se nos enseña a hablar, generalmente para ser  responsivos, esto es, a dar respuestas. Cuanto más rápidas y que alegren al adulto, mejores son las reacciones de nuestros “maestros” sin licencia para enseñar.

”¿Cómo se llama la abu? Vamos, repite, aaaabbbuuuu mirrrtttaaaa, aaabbbbuuuu mmmmmmmiiiirrrrtttttaaaa. Vamos… aaa-bbb-uuuu…”.
Y así está horas la abuelita Mirtha enseñando y premiando con sonrisas y festejos cuando su nietito gorgojea algo que quiere parecerse a “abu mirta”.
Y también está el “rrrooojjjooo”, “tommaaattteeee”, “uupppaaa”, “popo” y poco a poco todo aquello que la abuela Mirtha, mamá, papá, la señora que cuida, el hermanito, quien sea, sin olvidarnos de la omnipresente tele, le va enseñando.

Por supuesto que el aprendizaje del idioma materno no requiere, normalmente, del esfuerzo académico de doña Mirtha, sino que se va dando de formal natural, pero bueno, agradezcamos a la abuela por su empeño noble. Ella hace lo que cree es mejor para su nietito, para adaptarlo al mundo, para darle un código compartido de convivencia, para que sea feliz. Que responda según se le demanda, que esté listo para resolver las tareas, que sea eficiente, que sea limpio, que sea educado, que sea un engranaje más en la maquinaria social.

Se enseña a emitir voces, a formar frases más o menos elocuentes, al mismo tiempo se está enseñando a relacionarse con otros, a responder aquello que deja contento a alguien, a hacer lo que obtiene alguna premiación, a decir pero no a comunicar, a repetir pero no a crear.
¿A cuántos se los educa para percibir, reconocer, nombrar y expresar sus emociones?
¿En qué familia se instruye para desarrollar la inteligencia en su multidimensionalidad, que incluye lo emocional?
¿En cuál colegio o liceo se dicta la asignatura “Emociones y su expresión saludable”?
No, creo que no hay aún de esas cosas.

Por el contrario, hay reprimir toscamente, acallar lo que debe ser dicho, negar lo que debiera ser reconocido, esmerarse en obtener créditos sociales merced a la adaptación y al desempeño supuestamente intelectual.
Sí, se adoctrina en el hablar responsivamente pero no a callar responsablemente.

Se nos enseña a callar bajo pena de castigo, para censurar, para reprimir, para reprobar, para esconder la personalidad, para no ser rechazado, para atarse al miedo, para hundirse en la angustia, para esclavizarse al EGO.
No se nos va instruyendo para guardar el silencio que es revelador, que es parte sustancial de la Comunicación Auténtica.
Por el contrario, el silencio es percibido a veces como amenazante, agresivo, invasivo, manipulador, confesor. Se instila temor y odio hacia el silencio, al tiempo que se demanda el silencio cómplice. Pero no se educa en el silencio reflexivo, que permite escuchar y comprender al otro, reconocer y admitir los propios sentimientos, elaborar pacientemente las propias ideas, elaborar una respuesta auténtica y no meramente resolutiva o “políticamente correcta”.
Sí, se nos llena de silencios del EGO, para apartarnos de los silencios comunicativos del AMOR.

Con cada lección que vamos compartiendo podemos ir viendo que es enorme lo que tenemos para desaprender para poder aprender.

El silencio comunicativo nos refuerza en nuestro poder verdadero, en tanto que el silencio ominoso es parte de la manipulación del EGO para asentarnos en la impotencia.
Porque, cuando callamos lo que debe ser dicho, cuando debe ser dicho, del modo que ha de ser dicho, estamos conspirando para someternos al EGO, quedarnos en la impotencia, quebrar el lazo que nos une sanamente con el prójimo.
Ese silencio saludable que es tapado por parloteo ensordecedor, palabrería hueca, plegarias idolátricas, imaginación esquiva, repetición de lemas, vocifero, gritos, insultos, amenazas, burlas, mentiras, engaños, habladurías, corrupción, negocitos, jugarretas, zalamería, silencio enfermo.

Podemos controlar nuestro silencio, porque luego de emitir la voz, ya no la podemos detener o devolver.
La palabra algo modifica, sea sustancial o no, nuestra palabra produce cambios. Pueden ser positivos, pueden ser negativos.
La voz del EGO es casi seguramente negativa, puede que instantáneamente o luego de un tiempo, con efectos que en ocasiones se vislumbran y a veces permanecen ocultos y/o latentes hasta que se manifiestan.
Esa es la voz, la del EGO, la que hay que silenciar, doblegar, acallar (a no ser en el escasísimo número de situaciones en las que el EGO es la reacción natural necesaria y única, pero son realmente casi inexistentes en la vida adulta).

La voz del EGO es la que nos lleva a situaciones de impotencia, de fracaso, de falso éxito, de falta de placer.
En tanto que el silencio reparador, parte esencial de la Comunicación Auténtica, nos fortalece, ahuyenta terrores, reafirma en poder, asegura, acaricia, bendice.

Te pido que leas nuevamente en silencio este texto, no solo el silencio del que no habla, sino en el silencio de opiniones, de réplicas, de creencias. Silencia tu mente para simplemente leer y permitir que lo que quiero expresar llegue a lo más profundo y auténtico en ti.
Luego, elabora un comentario que sea provechoso y quieras compartir con nosotros.
Más tarde, aplica lo aprendido y ejercitado para mejorar tu vida.

Hasta luego y gracias por regalarme unos minutos de tu preciosa vida al leer estas humildes líneas.

Tu sentimiento de culpa

¡Ah, el sentimiento de culpa!
Sí, ese sentimiento oscuro y lóbrego de culpa.
Arma favorita de los manipuladores.
Esos que te instilan sentimientos culposos para usarte y luego arrojarte a un costado.

Ah, el sentimiento de culpa, fuente de dolor y descontento, látigo del EGO para castigarte, para esclavizarte.
Por el cual sientes que no tienes derecho a disfrutar de nada,
por el cual cuando gozas temes que algo malo ocurra,
por el cual eres lastimosamente complaciente,
por el cual rehúsas cualquier placer,
por el cual encuentras formas más o menos macabras para auto-castigarte o llevarte a situaciones de vergüenza y dolor.

No importa realmente qué es lo que usas como excusa para sentirlo, lo que sea sirve para paralizarte, para aterrarte, para atormentarte, para sufrir y huir de tu verdadero ser, del esplendor y la bendición.

Entiende bien la diferencia entre culpa y sentimiento de culpa.
Culpa es uno de los resultados naturales de una acción errónea, o de una omisión que termina en algún perjuicio, cualquiera de ambas situaciones no han sido corregidas, reparadas o se ha transitado el proceso de perdón por ellas. Por lo cual, surge la culpa y se mantiene allí, consciente o no, hasta realizado el necesario proceso de corrección.

El sentimiento de culpa, por el contrario, no nace de una acción u omisión de tu parte, sino de asumir sobre ti la carga de algo que no has hecho y te han (o has) endilgado.

La culpa es saludable, nos avisa que tenemos algo que revisar, algo que corregir, algo que mejorar.
Con la culpa podemos darnos cuenta de lo que está mal por nuestra causa, y entonces hacer lo que está a nuestro alcance para construir shalom, interna y externa.

Pero, el sentimiento de culpa es enfermizo, nos lleva a encadenarnos a fantasías perjudiciales, nos vicia de impotencia, nos priva de la posibilidad de gozar de aquello que es lícito y permitido.
Hasta en ocasiones el sentimiento de culpa se monta sobre una verdadera culpa, para que de ese modo no podamos hacer lo necesario para que retorne el bien.

Sí, el infundir sentimientos de culpa es una de las armas preferidas de los manipuladores, lo sepan ellos o no.
Te hacen sentir culpable, y por lo general son ellos los que tienen la solución para librarte de la pesadilla del remordimiento sin motivo real. Emplean hábilmente el discurso para victimizarse, para hacerte sentir un ogro, para que te percibas como alguien malvado y sin remedio, pero mágicamente ellos te pueden conceder el don de la salvación, claro a cambio de que entregues cosas que son valiosas para ti o codiciadas por ellos.

Te pongo un ejemplo sencillo, muy difundido entre las gentes.
Algún clérigo, una “autoridad” religiosa desde su alto púlpito declara que tú eres pecador, que has nacido pecador, que tu destino es el infierno, que no hay obra o acción que repare tu terrible pecado, que ciertamente tú eres una escoria igual que tus ancestros. Se te niega toda posibilidad de escape, porque no has hecho nada realmente, sino que tu pecado es el “pecado original”, algo misterioso y no muy claro que ha cometido un supuesto antepasado hace milenios y que por cuya causa tú ahora naces pecador, vives pecador y mueres sin redención. No tienes escape, eres de lo peor, simplemente por haber nacido ya estás condenado al peor de los infiernos. Cuando este mensaje espantoso penetra bien profundo en tus huesos, cuando ya ni te preguntas sobre la lógica o autenticidad de esta prédica maligna, cuando ya asumes como un hecho el pesado sentimiento de culpa que te han cargado, cuando reconoces que nada puedes hacer para salvarte, es cuando el mismo predicador te ofrece la panacea, la salvación, el escape tan ansiado. ¿Cuál es? Pues claro… tener fe en lo que él te enseña, no cuestionar, no preguntar, no criticar, no indagar, no investigar, no contradecir, no perder la fe. Solamente tener fe en lo que el clérigo te afirma como cierto y no apartarte de ello. Tener fe en cualquier absurdo, no importa, ya que tienes prohibido cuestionar. Tener fe y entregarte de cuerpo y alma a lo que el predicador te ordene. No importa que sea doloroso, pecaminoso, criminal, antagónico al camino del constructor de shalom, nocivo para ti u otros. Nada importa, solo ser manipulado como una marioneta por aquel que te ha manipulado inyectando en ti el sentimiento de culpa con el consiguiente remedio mágico que te provee, con el cual te esclaviza.
¿Te suena conocido?
¿Te suena improbable?
¿Te suena ridículo?
¿Te suena paranoico?
¿Crees que cosas así se dan en la realidad o es solamente un delirio que estoy compartiendo ahora contigo?

Por supuesto que no solamente a nivel religioso, grupal, masivo, se maneja el sentimiento de culpa.
También en las relaciones individuales, y especialmente en aquellas más cercanas y en las cuales alguno de los participantes está sumergido en su EGO (que es lo mismo que decir: cualquiera de nosotros, de los humanos).

Desde pequeñitos te han dicho que hiciste algo malo, que no colmas las expectativas de tu madre/padre, que no te mereces ser amado, que no eres bueno, que no sirves para nada, que… en resumen, que no somos lo que nuestros padres quieren que seamos. Se nos culpa de lo que no hacemos, se nos inmoviliza por medio del sentimiento de culpa. Se trata de controlarnos con estos mensajes cargados de EGO, para hundirnos en impotencia y que nos entreguemos al dominio de nuestros padres. Ellos son los grandes, los inteligentes, los que saben, los experimentados, los que estudiaron, los que tienen el dinero, los que tienen voz, los que votan, los que pegan, los que anulan, los que califican, los que descalifican, los que premian con amor o indiferencia, etc.; nosotros, los pequeños, somos todo lo contrario, todo lo incapaz y defectuoso; personitas; locos bajitos; personas en desarrollo y otros mensajes demenciales pero que son útiles para doblegar la voluntad y quebrar el espíritu de autenticidad en el niño.
Ellos nos hacen creer que somos impotentes, más de lo que realmente somos, para de esa manera ejercer su control.
Nos hacen sentir culpa, variada, surtida, para luego ofrecernos la panacea: si obedeces entonces eres bueno, eres lindo, eres inteligente, eres amado, eres el mejor hijo.

La manipulación puede ser más o menos evidente, más o menos explícita, más o menos consciente. Pero, ¿dudas de que se dé?
¿Te parece que en tu crianza no la han usado?
Y tú, si eres padre, hermano, tío, maestro… ¿no la has usado alguna vez?
Vamos, revisa tus archivos, examina… ¿o te sientes culpable antes de comenzar a reconocer tus culpas y entonces estar capacitado para enmendarlas?

En la infancia, las respuestas pueden ser variadas, porque no hay reacciones lineales, no hay un determinismo mecánico.
Una respuesta al sentimiento de culpa es la adaptación, ceder, ser un niño “bueno”, conformarse, ser cooperador, dejar de luchar, adoptar la máscara que ofrece el padre manipulador. No sabemos qué ocurre por dentro, el conflicto interno, aquello que se ha reprimido y cuánta energía se está malgastando en mantener la represión. Acatan los mandatos, se someten a los deberes que les imponen, se estresan para alcanzar el aplauso ajeno, se insensibilizan a su identidad, hacen negocitos mentales para obtener algún mimo, buscan la aprobación de otros, se desesperan por controlar aquello que no pueden controlar por medio del ser “buenitos”, “adaptados”, “exitosos”.
No sabemos qué tan profundo y doloroso es el exilio interno, cuánta enfermedad emocional se está causando, cuanta miseria mental se está sembrando, cómo explotará está mascarada el día que lo haga (y si es que lo hace, porque recuerda, no hay determinismo lineal). ¿Cuánto sufren como adultos? ¿Cuánto se sumergen en impotencia, en EGO? ¿Cuánto manipularán a quienes estén en inferioridad de condiciones? ¿Cuántas trapisondas harán cuando crean que nadie los vea? ¿Qué tan éticos serán? En fin… ¿qué tan bueno es un niño bueno a causa del castigo o de la manipulación?
La desdicha es u pan cotidiano, el auto desprecio, el reproche, el vacío, el no saciarse con nada, el autocastigo, las adicciones variadas, la frigidez, el falso orgasmo, la hipocresía, el suicidio… ¿Qué no? Lo que fuera, en tanto alguien les dé atención y les haga sentir parte de algo bueno. Quieren encontrar esa magia que los salve, pero se sienten tan culpables que nada les libera.

Otra respuesta es la del niño rebelde, el pegador, el burlón, el pendenciero, el desajustado, el problemático, el que no aprende, el torpe, el agresivo, el que rompe las reglas. Son los que consiguen atención con sus conductas desalineadas, los que demandan a los demás a través de hacer lo injusto e incorrecto. Si el niño “bueno” obtiene la atención ajustándose, perdiendo su identidad, siendo una marioneta del manipulador; el niño rebelde también es una marioneta, aunque haga lo contrario a lo que se espera. Porque, no es rebelde con causa, ni por conciencia, ni por luchar voluntariamente por su libertad, sino que meramente está en oposición, en rebeldía, en bravuconería. No ha roto la cadena de su EGO, ni la del EGO del que lo manipula. Él está diciendo: “mírame, soy malo, te detesto, pero no puedo vivir sin tu atención, sin tus reproches. Quiéreme, aunque sea a los golpes, porque esas palizas son el único contacto que tengo de alguien que me mira. Sin ti, nadie me miraría. Mírame, quiéreme, muéleme a palos, porque soy malo, me siento muy malo, siento una culpa enorme”. Se rodean de gente como ellos, se envician, se ensucian, o se engalanan por fuera pero por dentro se sienten como ratas inmundas, falsas, estropeadas, dignas del sufrimiento y el maltrato.

(Sí, hay niños y adultos éticos, que han aprendido a romper bloques en la muralla del EGO. Sí, hay niños y adultos perversos, sumergidos completamente en la maldad y que no esperan el cariño de los que lastiman. Solo desean destruir, que su impotencia aparezca como potencia máxima. Pero también están estos otros, los que estamos comentando ahora).

¿Cómo curar esta brecha entre el Yo Esencial, que es puro, bello, armonioso, luminoso, pacífico, saludable, de vida; con estas máscaras espantosas del Yo Vivido?
Por una parte está el tomar conciencia de la manipulación, reconocer lo que ha estado sucediendo y lo que se mantiene actual en este trabajo de sometimiento.
Permitir el darse cuenta, el criticar, el señalar.
Ver como funciona este terrible proceso de manipulación.
Luego, perdonar, dejar ir, no querer controlar aquello que no se puede controlar.
Romper las relaciones enfermizas, no permitir que se siga sometiendo a más manipulación, rechazar actuar los personajes que se les impone, encontrar al Yo Esencial y conectarse con él.
Vivir el aquí y ahora, a pleno, disfrutando lo que es lícito. Sin querer dominar lo indomable, rechazando las jugarretas de los manipuladores.
Desarticulando las trampas del EGO, del propio, y no actuando según sus dictados.
Elevando rezos sinceros y humildes al Eterno, para agradecer, para alabar, para pedir ayuda en el tránsito hacia una identidad más integrada y armónica.
Aceptando quien eres y no actuando lo que otros pretenden que seas.
Sabiendo que no hay magia ni brujería, ni religión salvadora, sino tan solo el camino de la construcción de shalom.

Hay otras cosas para hacer, pero por aquí vamos empezando.

¿Qué pecado borra el bautismo?

Revisando las estadísticas del tráfico online del hogar FULVIDA, he visto que algunas personas formularon la pregunta del título en nuestro buscador integrado.
Por supuesto que yo no se las respondí, ya que no estoy pendiente de lo que la gente busca usando el buscador, ni me llegan notificaciones automáticas, ni las personas me han enviado esa consulta a través del sistema de preguntas que hemos desarrollado para el sitio.
Sin embargo, me pareció una pregunta muy interesante.
¿Por qué?
Realmente, no lo sé muy bien.
Igualmente, me pareció interesante y quise compartirla contigo.
Creo que cada tanto haré algo similar, haré públicas algunas de las consultas que vayan llegando, aquellas que no me son remitidas sino que los visitantes buscan que esté ya publicado en el sitio.
Quizás para dar respuesta, quizás porque me parezca un tema curioso, quizás porque yo suponga que tú querido lector tienes algo para aportar al respecto, quién sabe…

Ahora entonces te dejo para que tú consideres que hacer la pregunta: “¿Qué pecado borra el bautismo?”.
Ayúdame, por favor, a dar una respuesta interesante, instructiva, nutritiva, de bendición, fundada en la santidad, para que cuando vuelvan los visitantes a considerar esta cuestión tengan a mano respuestas basadas en el noajismo, en el judaísmo, en la construcción de shalom.

Un abrazo a la distancia, y a seguir construyendo shalom.

Luz de Januca

Se acostumbra a usar este versículo bastante: "No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi aliento, ha dicho el Eterno de los Ejércitos." (Zejariá / Zacarías 4:6).
Por lo general se pretende que su significado, que su sentido, es el instruir a la persona a no hacer esfuerzo, a no combatir, a no hacer nada, sino simplemente esperar a que el espíritu de Dios sea el que haga las obras.
Basado en esto se dice, se piensa, se impone a otros ideas tales como:

Yo no lucho por la libertad (mi patria, mi hogar, la independencia, la supervivencia de mi nación) con armas ni ejército, la lucha viene por parte de Dios.
Yo no trabajo en cosas “mundanales”, que me mantenga Dios de forma milagrosa o caritativa.
Yo no tengo nada para hacer, porque en todo dependo de Dios, eso me hace más “espiritual” que tú.
Yo no estudiaré ninguna carrera “material”, la universidad y las academias son pérdida de tiempo e insufrible ateísmo, prefiero que sea Dios el que se encargue de perfeccionar su mundo.
Yo no consulto a médicos, mucho menos se me ocurrirá consultar con psicólogos, eso es todo brujería y cosas de superstición, mejor uso amuletos, digo palabras mágicas, y tengo la plena fe en que es Dios mi sanador, el que se va a encargar de curarme, o sanar a mi familiar enfermo.

Sí, he escuchado cosas así, seguramente que tú también. Lo he oído en boca de personas judías, en noájidas convencidos de la nulidad de las religiones, así como en personas de diversas confesiones religiosas. Todos ellos entregándose en manos del “destino”, al que llaman con diferente nombre de deidades, incluso el de Hashem.

Pero, cuando vemos el contexto del versículo del profeta Zejariá, en tanto somos honestos intelectualmente, pronto reconocemos qué alejado está este versículo de esas ideas, preconceptos y modelos erróneos de existencia.
Esta profecía fue pronunciada durante el segundo año de reinado del rey Darío de Persia. Cuando estaban comenzando las obras para la edificación del segundo Templo del Eterno en Ierushalaim.
Cuando el pueblo judío no estaba en condiciones espirituales de construir un templo.
Tal como unos versos antes está representado el Sumo Sacerdote: "vestido con vestiduras sucias." (Zejariá / Zacarías 3:3), en vez de sus ropajes espléndidos, de majestuosidad, de pureza. Allí está el hombre más preparado de Israel, escondido detrás de máscaras de vergüenza, envuelto en cáscaras de suciedad, como representando el estado de debilidad espiritual de Israel en aquel momento.
Allí mismo "estaba delante del enviado del Eterno; y Satán [el acusador] estaba a su mano derecha para acusarle." (Zejariá / Zacarías 2:1).
Sí, es muy claro el panorama, Israel no estaba en una situación de grandeza, de armonía espiritual. Estaba sometido a errores y confusiones, con sus pecados a la vista, acusándoles.
Desde un punto de vista “religioso”, (que recordemos nunca tiene nada que ver con lo espiritual), se podría señalar a Israel, humillarla y decirle que por su condición de “impureza” no debía siquiera acercarse a la santa obra de construir el templo del Eterno. Tal como hacen los religiosos de todas partes, que desde sus alturas eclesiales se dedican a apuntar el dedito acusador y avergonzar a los que no entran mansamente dentro de los establos de sus tinglados de la fe.

Pero, no es así el Eterno y los que trabajan en Su Obra.
No actúan así los que realmente se mueven desde el plano de la Voluntad Espiritual.
No precisan de mentiras, engaños, gritos, amenazas, denuncias, maledicencia, confabulaciones, inquisiciones, y cosas similares los que actúan movidos por los principios espirituales.
Los que están alumbrados por la Luz del Eterno, tienen conductas muy diferentes a los religiosos de cualquier fe.

Como vemos nuevamente en el pasaje del profeta Zejaria, que a pesar del estado calamitoso del pueblo, de la pobreza espiritual de sus líderes, es el propio Eterno quien promueve que sean ELLOS los que edifiquen Su templo.
Es Hashem el que anuncia con Misericordia Divina: "Quitadle esas vestiduras sucias… Mira que he quitado de ti tu iniquidad y te visto con ropa de gala." (Zejariá / Zacarías 3:4).

Sí, es Dios el que limpió a Su pueblo, quien ordenó que el Sumo Sacerdote se engalane con esplendor.
Él perdonó, Él reparó, Él restituyó, pero añadió un compromiso para el hombre: "Si andas en mis caminos y guardas mi ordenanza, tú también gobernarás mi casa y guardarás mis atrios; y Yo te daré libre acceso entre éstos que están de pie." (Zejariá / Zacarías 3:7).
Sí, Dios hizo Su parte, la que incluye ordenar mandamientos (613 para la nación judía y Siete para cada uno de los gentiles). Pero es el hombre, cada uno de nosotros, los que también debemos completar nuestra parte de la tarea, aquello que nos toca cumplir, llegar hasta donde nuestras capacidades y potencialidades nos permitan.

El no estar en estado óptimo no implica que la acción no sea realizada.
Si hoy cumples un mandamiento, y por lo cual dejas de lado muchos de cumplir, no significa que no tiene valor lo que haces, sino simplemente que todavía no estás haciendo todo lo que puedes hacer.
Si hoy diste diez pesos de caridad, no estás siendo todo lo generoso que pudieras, pero diste diez pesos para buenas obras. Mañana verás cuánto puedes compartir con tu prójimo.
Si hoy jugaste y atendiste a tus hijos media hora, porque realmente no tuviste más tiempo o fuerzas, bueno, es lo que pudiste hacer, sinceramente fue el máximo. Tal vez mañana trabajes una hora menos, ganes diez pesos menos, pero puedas compartir una hora más con ellos, dándoles algo mucho más valioso aquí y ahora, para el futuro y para la eternidad.
Si hoy usaste poco la Comunicación Auténtica y dejaste que fuera el EGO quien hablara por ti, bueno, quizás mañana te tomes un poco más en serio el valor de la Comunicación Auténtica como baluarte para la construcción de Shalom.
Haz tu parte, y deja que Dios haga la Suya.

En la profecía de Zejariá nos seguimos encontrando con más detalles: "He aquí, veo un candelabro hecho todo de oro, con un depósito encima, y en la parte superior del candelabro están sus siete lámparas con sus siete conductos para las mechas." (Zejariá / Zacarías 4:2).

El ideal es que la Luz del Templo fuera reflejo de la Luz que exterioriza la nación con sus buenas obras, con su acatamiento de los mandamientos, con sus actos de nobleza y lealtad. Que fuera la Luz de cada uno la que brota desde la neshamá para iluminar el mundo. Que tu luz encienda la luz del prójimo, y la de ambos la de la nación. Y la nación la del concierto de naciones. Ese es el ideal, la tarea que estamos intentando difundir, la de construir shalom.
Pero, si no tenemos la fuerza, si no tenemos el número suficiente de compañeros de tarea, si parece que el mundo es demasiado grande como para perfeccionarlo; entonces recordemos, que tenemos un Socio, que es el que da una mano. Porque no tenemos porqué conquistar el mundo, ni convencer a toda la humanidad, ni estremecer las raíces de los árboles, más bien, todo lo contrario.
Lo que debemos hacer es someter nuestro EGO, limpiar nuestro interior, armonizar nuestros planos de existencia, perfeccionar nuestro mundo interno, hacer que la Luz de la neshamá irradie su paz, su plenitud, en nuestro ser. Para que actuemos en la vida cotidiana con bondad, justicia, lealtad, autenticidad. Que sean quitadas nuestras vestiduras sucias y vistamos nuestra verdadera identidad. Eso es lo que Dios pretende de nosotros. Porque cuando hacemos eso, podemos servir a nuestro prójimo como modelo, como apoyo, como mano que asiste. No por la fuerza, no por el grito, no por la imposición, no por el engaño, no por la amenaza, no con la manipulación, sin EGO, sino con AMOR, SÍ con el espíritu del Eterno.

Podemos decir que el hombre haga su parte, en tanto tiene plena convicción en que Hashem hace la Suya propia.
Que el hombre tome las armas en caso de guerra (por lo general, defensiva), que monte el tractor, que consulte al médico, que estudie una profesión, que aprenda un oficio, que nade para no ahogarse, que haga todo aquello que tiene que hacer en este mundo para alcanzar el verdadero éxito y satisfacción, al tiempo que sigue confiando en que Hashem hace Su propia parte para que el hombre llegue hasta donde tiene que llegar.

No dependamos del milagro para vivir, sino que seamos socios del mismo.
Como hicieron el puñado de héroes de Januca, quienes siendo pocos y débiles, conquistaron grandes victorias.
Un reducido número de personas que estaban conscientes de su identidad y de su misión, que no iban a renunciar a completar su tarea bajo ningún pretexto.
Gente que tomó las armas, cuando fue necesario; que luchó duramente, cuando las condiciones lo requirieron; pero que no eran bravucones, ni pretendían imponer sus ideas a la fuerza, ni usaban las herramientas del EGO para realizar su obra.
Aquellos héroes de Januca que encendieron la chispa de la independencia de Israel, que alumbraron con su ejemplo a los que estaban en derrota pero sintieron que tenían aún la chance de ser victoriosos.

Según comenta la Tradición, la profecía de Zejariá capítulo 9 fue cumplida por los macabeos.
Usemos nosotros esta enseñanza para encontrar nuestro Yo Auténtico, armonizar nuestra multidimensionalidad para que todas nuestras energías estén orientadas hacia la construcción de Shalom.
Podemos hacerlo, tenemos un Maestro y Socio que nos impulsa, que nos da autoridad, que nos fortalece incluso en nuestra debilidad.
Podemos hacerlo.
Vamos, a construir Shalom en la vida cotidiana. Que ese sea el reto constante, la misión, la meta.
No el proclamar reinos mesiánicos ni actuar como misioneros para que el mundo cambie, sino cambiar nosotros, mejorar, perfeccionarnos, permitir que sea la Luz de la neshamá la que nos alumbre dentro y así podamos ayudar a otros a que sean ellos quienes alumbren.

Vamos, a construir shalom.