El malagradecimiento

Recuerdo que hace un tiempo hablaba con mi amigo acerca de ciertas cosas de la vida y hablábamos de que el humor es lo último que se pierde, inclusive después de la esperanza. No obstante que la justicia y la caridad mueven al mundo, existen ocasiones donde los seres humanos en un plano inferior más bajo inclusive que los animales, en vez de agradecer la caridad que algún momento recibieron lejos de agradecerla, muerden la mano de quien los alimenta.

No me voy a extender mucho sino simplemente a condensar las ideas básicas. El que no da caridad ni es justo hace que el mundo retroceda, es decir, involucione. El agradecimiento es el más importante de los valores porque debido a él seguimos los mandamientos gentiles o los mitzvot judíos, cada quien siguiendo su senda , y eso hace que nos abstengamos de transgredirlos o nos abstengamos de no actuar cuando tengamos que hacerlo.

El agradecimiento no solo es el reconocimiento de haber recibido alguna vez caridad sino también de actuar, de ejercer energía cinética en el tiempo y en el espacio hacia un fin que se acerque a la vida, es decir, un fin positivo. Si el humor es lo último que se pierde y los simientos del mundo son la justicia y la caridad, entonces el humor sano es lo último que se pierde porque es el vehículo para sobrellevar la carga que se nos impone injustamente cuando el egoísmo surge y los siervos del Eterno somos puestos en «jaque» por los entes ególatras e idólatras. El humor es pues  una forma de agradecimiento hacia El Eterno porque supone que no desfallecemos y por lo tanto seguimos siendo fieles al Eterno al contrario del malagradecido que cree merecer ciertas cosas por los embates que su propio ego arremete en su contra.

Por eso el agradecimiento es el más importante de los valores, porque nos permite actuar con justicia y con caridad y a través del humor se levanta la bruma espiritual que nos aclara el pensamiento y nos permite ver qué es lo que realmente importa en la vida, lo cual supone un agradecimiento implícito porque lejos de quejarnos y desagradecer, agradecemos cuando sonreímos o al menos reconocemos, aunque de forma leve, la gran Creación del Eterno y Su infinita bondad.

 

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