Los mandamientos que cumplió Avraham

Avraham, el primero de los patriarcas judíos vivió algunos siglos ANTES de que Dios entregará la Torá a Israel.
Por tanto, Avraham, el patriarca de los judíos, era noájida (ya que el judaísmo se conformó con la entrega de la Torá).
Regía su vida con los Siete Mandamientos Universales, tal como deben hacer los noájidas de todas las épocas, incluso en la actualidad.

Empero, él recibió algunas consignas particulares directamente por orden de Dios.
Algunas de ellas para realizar actos puntuales, de una sola ocasión.
Otras eran parte de un Plan divino que irían delineando el emerger de la nación judía, con su correspondiente alianza eterna con Dios.
Distinguimos algunas que sirven como ejemplos: abandonar la tierra y cultura en donde vivía; residir en la tierra de santidad; el deber de circuncidar a los hijos de su familia (esta orden particular mucho tiempo más tarde el Eterno legalizaría como mandamiento perpetuo para los hijos de Israel).

Sin embargo, Avraham no se limitaba a vivir de acuerdo a los mandamientos universales (siete en total) y a las consignas particulares, sino que además era un constructor de Shalom, por lo que su conducta se embellecía con constantes actos y actitudes plenas de justicia y por sobre todo bondad generosa hacia el prójimo.
Ejemplos sobran: litigar con Dios para preservar la integridad de los habitantes de las ciudades perversas; agasajar huéspedes; rescatar prisioneros; enterrar a los difuntos; velar por la paz y el orden; entre otros consignados en la Torá.

Estas no son meras suposiciones, sino que está refrendado en el recuerdo fielmente preservado en la memoria colectiva de la nación judía.
Pero además, está claramente descrito en la perenne letra de la Torá, de acuerdo a lo que el Mismo Dios testimonió:

«Avraham [Abraham] obedeció Mi voz y guardó Mi ordenanza, Mis mandamientos, Mis estatutos y Mis instrucciones«
(Bereshit / Génesis 26:5)

¿No está claro?
Es un testimonio veraz, pleno de realidad, rotunda y firme.
Avraham guardaba los mandamientos del Eterno.

¿Cuáles?
Los que existían en su época, es decir, aquellos sellados en el pacto entre Dios y Noaj (y sus descendientes).
Avraham relucía por tomar sobre sí el compromiso y la responsabilidad de vivir con fidelidad, con justicia y bien.
Yendo más allá de la letra de la ley, para sumarle reglamentos de ética y moral trascendentes.
Pues, con los mandamientos noájicos Avraham era leal a Dios, se apartaba del mal; pero hacía algo más: construía Shalom con sus hechos cotidianos.

Avraham NO estudiaba Torá (no existía, no le correspondía), aunque sí era asiduo estudioso de las leyes y normas jurídicas de su sociedad, para saber cómo actuar dentro de la ley.
Avraham no era un vano seguidor de doctrinas o enceguecido por la fe. Por el contrario, dedicaba tiempo y empeño en el estudio de los reglamentos y formas de aplicación de los mismos. Era un estudioso de la conducta humana, pero en especial, en lo profundo, en lo esencial, era un activo constructor de Shalom

Solamente como corolario, la descripción que hace Dios de Avraham:

«Avraham [Abraham] Mi amigo«
(Ieshaiá / Isaías 41:8)

¿Qué significa esto?
Que la persona que desea ser amiga de Dios, que Dios lo consideré «amigo», tiene la opción al alcance de su mano.
No es complicado, no es arriesgado, no es fatigoso, no es de fanáticos o gente de fe fiera.
Dios da la opción a cada noájida para ser «Su amigo».
¿Cómo?

«Aborrezco, rechazo vuestras festividades, y no me huelen bien vuestras asambleas festivas.
Aunque Me ofrezcáis vuestros holocaustos y ofrendas vegetales, no los aceptaré, ni miraré vuestros sacrificios de paz de animales engordados.
Quita de Mí el bullicio de tus canciones, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos.
Más bien, corra el derecho como agua, y la justicia como arroyo permanente.«
(Amos / Amós 5:21-24)

Tienes un patrimonio inmenso, glorioso, sagrado. Tienes los mandamientos noájicos, una enorme cantidad de reglamentos, un vida para dedicar al servicio del Eterno y como ayudador de tu prójimo.
Tienes un mundo que edificar.
Nunca lo olvides y pregona la vieja-buena-nueva.
No te dejes corromper, ni por religiones, ni por dogmas, ni por los deseos de tu corazón. (Sea que estos deseos te parezcan «terrenales» o «espirituales»).

No te apartes de la Buena Senda que el Padre ha dibujado con amor y sabiduría para tu vida en Este Mundo y en la Eternidad.

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