El Diente Roto

A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.

Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo.

Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.

Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.

—El niño no está bien, Pablo —decía la madre al marido—, hay que llamar al médico.

Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad.

—Señora —terminó por decir el sabio después de un largo examen— la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted…

—¿Qué, señor doctor de mi alma? —interrumpió la angustiada madre.

—Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible —continuó con voz misteriosa— es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez.

En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar.

Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del “niño prodigio”, y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison… etcétera.

Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar.

Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y “profundo”, y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar.

Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua.

Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar.

Enseñanza:

“Aparentar es la llave más próxima a la falsedad y por ende, a la soledad.”

Y

“Más vale parecer tonto y estar callado… que abrir la boca y disipar las dudas.”

 

Puntualidad

El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado.
El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.
El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.
La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?
Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despierta en nosotros una actividad, por ejemplo, es más atractivo para un joven charlar con los amigos que llegar a tiempo a las clases; para otros es preferible hacer una larga sobremesa y retrasar la llegada a la oficina. El resultado de vivir de acuerdo a nuestros gustos, es la pérdida de formalidad en nuestro actuar y poco a poco se reafirma el vicio de llegar tarde.
En este mismo sentido podríamos añadir la importancia que tiene para nosotros un evento, si tenemos una entrevista para solicitar empleo, la reunión para cerrar un negocio o la cita con el director del centro de estudios, hacemos hasta lo imposible para estar a tiempo; pero si es el amigo de siempre, la reunión donde estarán personas que no frecuentamos y conocemos poco, o la persona –según nosotros- representa poca importancia, hacemos lo posible por no estar a tiempo, ¿qué mas da…?
Para ser puntual primeramente debemos ser conscientes que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.Otro factor que obstaculiza la vivencia de este valor, y es poco visible, se da precisamente en nuestro interior: imaginamos, recordamos, recreamos y supuestamente pensamos cosas diversas a la hora del baño, mientras descansamos un poco en el sofá, cuando pasamos al supermercado a comprar “sólo lo que hace falta”, en el pequeño receso que nos damos en la oficina o entre clases… pero en realidad el tiempo pasa tan de prisa, que cuando “despertamos” y por equivocación observamos la hora, es poco lo que se puede hacer para remediar el descuido.
Un aspecto importante de la puntualidad, es concentrarse en la actividad que estamos realizando, procurando mantener nuestra atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo. Para corregir esto, es de gran utilidad programar la alarma de nuestro reloj o computadora (ordenador), pedirle a un familiar o compañero que nos recuerde la hora (algunas veces para no ser molesto y dependiente), etc., porque es necesario poner un remedio inmediato, de otra forma, imposible.
Lo más grave de todo esto, es encontrar a personas que sienten “distinguirse” por su impuntualidad, llegar tarde es una forma de llamar la atención, ¿falta de seguridad y de carácter? Por otra parte algunos lo han dicho: “si quieren, que me esperen”, “para qué llegar a tiempo, si…”, “no pasa nada…”, “es lo mismo siempre”. Estas y otras actitudes son el reflejo del poco respeto, ya no digamos aprecio, que sentimos por las personas, su tiempo y sus actividades
Para la persona impuntual los pretextos y justificaciones están agotados, nadie cree en ellos, ¿no es tiempo de hacer algo para cambiar esta actitud? Por el contrario, cada vez que alguien se retrasa de forma extraordinaria, llama la atención y es sujeto de toda credibilidad por su responsabilidad, constancia y sinceridad, pues seguramente algún contratiempo importante ocurrió..
Podemos pensar que el hacerse de una agenda y solicitar ayuda, basta para corregir nuestra situación y por supuesto que nos facilita un poco la vida, pero además de encontrar las causa que provocan nuestra impuntualidad (los ya mencionados: interés, importancia, distracción), se necesita voluntad para cortar a tiempo nuestras actividades, desde el descanso y el trabajo, hasta la reunión de amigos, lo cual supone un esfuerzo extra -sacrificio si se quiere llamar-, de otra manera poco a poco nos alejamos del objetivo.
La cuestión no es decir “quiero ser puntual desde mañana”, lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, en este momento y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas…
Para crecer y hacer más firme este valor en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:
– Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, irresponsabilidad, olvido, etc.
– Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos…
– Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días. En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.
– Implementa un sistema de “alarmas” que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cámbialas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; pide acompañar al compañero que entra y sale a tiempo; utiliza notas adheribles…
– Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.

Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.

 

El Predicador y tus metas

A veces nos proponemos ciertas metas.

Para algunas nunca comenzamos  a recorrer el camino para alcanzarlas.
Para otras damos unos pasos, y nos quedamos allí. Tal vez nos desviamos, tal vez retrocedemos, tal vez simplemente nos quedamos quietos. Muy comúnmente nos olvidamos de qué queríamos alcanzar, también perdemos conciencia de que habíamos fijado cierto rumbo, simplemente se esfuma.
Para otras damos pasos directamente en la dirección contraria.
A veces, no sé cómo, llegamos a la meta.

Entonces, no bajamos de peso, ni siquiera pisamos el gimnasio, dejamos de fumar 2 minutos, la dieta nos duró del lunes al lunes por la tarde, seguimos aferrados a sentimientos oscuros, mantenemos hirientes disputas con la pareja, nos excusamos para continuar en ese trabajo que detestamos y no reditúa, posponemos rendir aquel examen, apareció un bultito bastante feo pero no concurrimos al médico, sabemos que teneos actitudes para superar y nos quedamos (con suerte) en saberlo, etc.

Estas metas nacen de distintos deseos.
Los cálculos de la mente.
Los mandatos sociales.
Las presiones, manipulaciones, que nos demandan y coaccionan.
Las apetencias sensoriales.
Las pasiones fuera de límite.
Esa vocecita tenue que desde lo profundo nos indica la senda hacia la Luz.
Las punzadas del EGO, con sus miedos, desvalorizaciones, egocentrismo, ceguera, necedad, agresión, disgusto.
Sí, son muchas las fuentes de las que surgen las metas.

En gran cantidad de estas metas encontramos el anhelo de tapar brechas, llenar huecos, huir de la pobreza que sentimos dentro. Dejar de angustiarnos con la impotencia para tener la ilusión de poder.
Sí, las metas son demostraciones de poder.
De poder.
Pero llegados allí, en su inmensa mayoría, descubrimos –si somos conscientes- que el hambre sigue apretando, que la felicidad fue pasajera, que la frustración está a la vuelta de la esquina, que la meta no fue el final. Des-cubrimos, si nos atrevemos, que no tenemos paz.
Entonces, puede que nos hundamos. Puede que nos excitemos y propongamos ya otras metas. Puede que hagamos manifestación de nuestro poder, sonriendo con fuerza, para tapar el dolor. Puede que tomemos distancia. Puede…
Y el impulso sigue vibrante, nos requiere más, y pareciera que no hay océano que apague su ardor.

Así, ni la sabiduría, ni los triunfos, ni el romance, ni los hijos, ni el trabajo, ni el título, ni la batalla vencida, ni la medalla alcanzada, ni los millones de dólares, ni la luhjuria, ni las comilonas, ni el cuerpo perfecto, ni los récords mundiales, ni… nada de ello es suficiente.
Siempre habrá más, otra meta.
Esto es bueno, pero no lo es.

Por más que sigamos luchando, nunca lograremos llenar nuestro vacío.
Porque es la brecha que media entre nuestro Yo Auténtico y la capa del Yo Vivido.
Mientras exista esa separación, esa falta de armonía, ninguna meta, ningún trofeo, ningún “éxito” será el definitivo ni la cura para el malestar existencial. Seguirá habiendo miedo, sentimiento de impotencia, agresión, pobreza…

Sobre esto escribió el inspirado autor de Kohelet/Eclesiastés.
El rey Salomón experimentó todo, pasó por todas las modas, conoció el placer sensual, el lujo, la miseria, el intelecto, lo sagrado y lo profano, las bondades de una vida fácil, el exilio, la desesperación y la calma.
Todo ello lo va reflejando en su maduro y profundísimo Kohelet.
Cada capítulo es otra prueba que el hombre para encontrar sentido a su vida, para hallar la dicha verdadera, para estar en shalom.
Y con cada prueba, con cada meta, con cada trofeo, se eleva nuevamente la decepción.
Sí, el buen rey se acostó con miles de hermosas mujeres, pero no disfrutó del amor. Poseyó bienes incalculables, pero seguía hundido en la pobreza. Alternó con los nobles, poetas, filósofos, estrellas del Hollywood de aquella época, y no tenía momento de verdadera dicha. Rezó, estudió, repitió lemas sagrados pero igual se sentía vacío, en la separatividad del ser. Sin unidad, sin unicidad, sin alegría.
Allí está Kohelet, para quien tiene la clave de su estudio. Lleno de sabiduría, teórica y práctica. Llena de vacío y el hombre haciendo todo lo que tiene a mano para llenarlo, y ver que es insignificante, impotente.

Finalmente la clave para vencer la impotencia, para disipar la separatividad, para sentir dicha, para estar pleno la resume de la siguiente manera:

“(8) Porque si el hombre vive muchos años, que se alegre en todos ellos; pero que recuerde los días de oscuridad, que serán muchos… y que todo lo que vendrá es insignificancia.
(9) Alégrate, joven, en tu adolescencia, y tenga placer tu corazón en los días de tu juventud. Anda según los caminos de tu corazón y según la vista de tus ojos, pero ten presente que por todas estas cosas Elokim te traerá a juicio.
(10) Quita, pues, de tu corazón la ira, y aleja de tu cuerpo el mal; porque la adolescencia y la juventud son insignificancia.”
(Kohelet / Predicador 11:8-10)

“(12) Además de esto, hijo mío, queda advertido: El hacer muchos libros [especulativos] es algo sin fin, y la charlatanería fatiga el cuerpo.
(13) La conclusión de todo el discurso oído es ésta: Sé consciente de Elokim (el Todopoderoso) y guarda Sus mandamientos, pues esto es el todo del hombre.
(14) Porque Elokim traerá a juicio toda acción junto con todo lo escondido, sea bueno o sea malo.”
(Kohelet / Predicador 12:12-14)

No, no está en libros de filosofía, ni en religiones, ni en la charlatanería, ni en repetir palabras estrambóticas, ni en fatigar al cuerpo con rituales. No, allí no se encuentra la dicha, la meta más elevada y eterna del hombre.

Se trata de:

  • vivir a pleno
  • gozar de TODO  lo permitido
  • alejarse de lo prohibido
  • no aferrase a lo que daña
  • aprovechar el aquí y ahora al máximo, porque no hay otro tiempo ni lugar que el aquí y ahora, sin embargo, que los hechos sean responsables, armoniosos
  • tomar conciencia de Dios
  • cumplir los mandamientos que Él ha dado a cada uno

Es un estilo de vida completo, saludable.
Su fortaleza está en admitir todo lo del hombre, lo bueno como lo malo, pero sin derivarse hacia lo malo. Está en nutrir cada dimensión del ser, no parcializarlo, no fracturarlo. Impone un sistema de vida en el cual se reconoce al goce en su dimensión sagrada.
Propone la unidad del ser, la armonía entre sus distintos Yoes.
No dejarse someter por el EGO, sino que estar pendiente del Eterno y hacer de sus mandamientos el código de existencia.

Este método conecta, a ti contigo mismo, con el prójimo, con el cosmos, con Dios.
Te permite abrirte a la bendición que de continuo recibes de lo Alto. Así disfrutarás de abundancia, bienestar, amor, expansión, gratitud, paz.

Recuerda, no permitas a la charlatanería religiosa envolverte con su tela de araña. No precisas de libros sofisticados, ni de filosofías complicadas, ni de religiones.
La clave está en ti, en unificar tu ser. En conectarte. En aceptarte. En amarte. En repararte. En abrir la puerta de la celdita mental y ser libre del EGO y su tiranía.

Estoy seguro que tu mente ya está inventado justificaciones para seguir como antes. Dirás que suena muy lindo pero tienes cuentas que pagar. Que muy “espiritual” pero tu trabajo, tu suegra, tu esposa, tu enfermedad, etc., es insufrible.

Sí, la mente está aliada al EGO, más bien, es su sierva.
Trabaja para someterte, si es que no la tienes entrenada para sintonizar con tu esencia espiritual.

Tómate tu tiempo para ver por qué sigues en relaciones tóxicas, qué te mantiene en lugares que te asfixian, qué temes que no cambias, que no sueltas y te retiene como ancla al naufragio, qué no has querido o podido des-aprender para aprender a ver Luz en ti y hacer que irradie y se difunda.

Hasta ahora tus metas no te han servido para alcanzar la dicha, ¿no?
Sigues enfrascado en el dolor.
Sí, por supuesto, hay días menos malos, otros que parecen bastante bonitos, pero presientes que estás actuando en una mala obra de cabaret, en vez de estar disfrutando a pleno de tu potencial sagrado.

Alcanzar la dicha, es tu meta.
Es lo que Dios quiere para ti.
¿Quieres colaborar con Él y construir shalom para ser dichoso?

Es tu decisión.

La fidelidad…

Es la libre expresión de nuestras aspiraciones, nos colma de alegría e ilumina cotidianamente a las personas. Una buena relación posee una serie de características que la hacen especial y favorecen a la vivencia de la fidelidad, pero deben cuidarse para que no sean el producto de la emoción inicial:

– Existe el interés por estar al lado de la persona, se procuran detalles de cariño y momentos agradables.

– Constantemente se hace un esfuerzo por congeniar y limar las asperezas, procurando que las discusiones sean mínimas para lograr la paz y la concordia lo más pronto posible.

– Se da poca importancia a las fallas y errores de la pareja, hacemos todo lo posible por ayudar a que las supere con comprensión y cariño.

– Somos cada vez más felices en la medida que se “avanza” en el conocimiento de la persona y en la forma en la que corresponde a nuestra ayuda.

– Compartimos alegrías, tristezas, triunfos, fracasos, planes… todo.

– Por el respeto que merece nuestra pareja, cuidamos el trato con personas del sexo opuesto, con naturalidad, cortesía y delicadeza; que a final de cuentas, es el respeto que tenemos por nosotros mismos

La fidelidad no es sólo la emoción y el gusto de estar con la pareja, es la lucha por olvidarnos de pensar únicamente en nuestro beneficio; es encontrar en los defectos y cualidades de ambos la oportunidad de ser mejores y así llevar una vida feliz.

Sin lugar a dudas, cuando somos fieles podemos decir que nuestra persona se perfecciona por la unión de dos voluntades orientadas a un fin común: la felicidad del otro. Cuando este interés es auténtico, la fidelidad es una consecuencia lógica, gratificante y enriquecedora.

Vivir la fidelidad se traduce en la alegría de compartir con alguien la propia vida, procurando la felicidad y la mejora personal de la pareja, generando estabilidad y confianza perdurables, teniendo como resultado el amor verdadero.

¿Judaizamos FULVIDA?

Algunas personas nos piden “judaizar” FULVIDA.
Demandan añadir cuestiones de Torá, de Talmud, meforshim, de Cabalá, de Jasidut, etc.
Hebreo, símbolos judíos, textos y canciones, celebraciones judaicas, etc.
Sermones de rabinos, cuentos de “santos” judíos, historias milagrosas de rebes, etc.
Judaizar FULVIDA.

En la práctica, yo no tengo problema. Podría hacerlo, modestamente conocimientos para ello no me faltan. (Aclaro para el que no me conoce, soy judío con un poco de estudios judaicos encima.)
Pero, tal no es ni la identidad ni la finalidad de FULVIDA.

FULVIDA es EL sitio de noajismo en habla hispana.
Noajismo, que es el camino que Dios marcó para los gentiles.
El judaísmo es el que marcó para los judíos.
Judaizar FULVIDA es quitarle su identidad, es ponerle una máscara falsa al rostro, es engañar, es confundir, es hacer lo contrario a lo que Dios ordenó.

Quien quiere supuesto noajismo plagado de supuesto judaísmo, tiene otros sitios en internet.
Hay muchos payasos y traficantes de la fe que lo hacen. Rabinos o supuestos, morim o supuestos tales, judíos y gentiles que se aprovechan de la ignorancia, de la falta de autoestima, de la pobreza intelectual, de los dogmas con que fueron criados sus seguidores.
Hay mucho bien intencionado que también cae en ello, por no saber hacer otra cosa, por ser “judeo-céntricos” al no conocer o comprender la amplitud del mundo. En definitiva, también llevan a la confusión, a que el noájida no encuentre su propia identidad, a que se crean sucursal pobre del judaísmo, a que no sean independientes en su servicio a Dios.

Nosotros hemos podido dar más contenido de corte judaico, en más de una vez lo pensamos, pero concluimos que no era algo bueno.
Sí, habríamos tenido mucho más “éxito”, gente que vendría y se quedaría feliz aquí, en el engaño del hambriento al que se le da desperdicios y sobras y se piensa que está nutriéndose y gozando de manjares.

Decidimos mantenernos 100% noájidas, con fidelidad a lo que es el camino noájico.
Estaremos en lo cierto, no lo sé. Analizamos que sí.
Tal vez no, pero nadie me ha dado hasta ahora evidencias sustentadas para cambiar en dirección a judaizar el noajismo, FULVIDA.

Por supuesto que habrá líneas que se cruzan, algunos conceptos en hebreo, referencias a libros sagrados del judaísmo, citas de rabinos, etc., porque somos socios no competidores que se ignoran.
Pero no me parece coherente ni de bendición llevar a FULVIDA hacia el éxito material a coste de corromper la belleza espiritual.

¿Qué opinan ustedes?

La berajá del saba

Shalom javerim y javerot.
Que sepan abrirse para recibir en ustedes todas las brajot min hashamaim.
Esta semana es leída la parashá Vaieji, la que finaliza el sefer Bereshit en su ciclo shnatí de keriat haTorá  kehiljatá.

Poco antes de partir a su mundo, Iaacov Abinu les da una berajá a sus nejadim benei Iosef: Efraim y Menashe.
En una de sus partes menciona el tzadik: “Sean ellos llamados por mi nombre y por los nombres de mis padres Avraham e Itzjac” (Bereshit / Génesis 48:16).

Resulta llamativa este jelek de la berajá.
Por lo general esperamos que se desee que la persona sea conocida por SU nombre, que sea reconocida por sus hechos, y no por el nombre del padre, del zeide, o de la mishpoje.
Como cuenta el viejo maise jasídico, aquel en el que ruv llama al bojer y le dice: “Ingale, ¿quién sos vos?” Y el muchacho le dice: “El hijo de Moishe”. El ruv contesta: “No, ingale, te pregunte quien sos vos, no quien es tu tate.” El muchachito dice: “Ah, pero soy el nieto de reb Fischel”. Y el ruv contesta: “Nischt git, tampoco te pregunto quien es tu zeide… te pregunto quien sos vos”. Y el yungel dice: “Ah, entendí… soy carnicero…”. El ruv lo corta y le dice: “Que quién sos vos, no de qué trabajas”. Y así sigue el geschichte tan famoso.
Se espera que se nos conozca a nosotros, por nuestros actos, por quien somos, por lo que hemos logrado en nuestra jaim, llena de emuna, de bitajón, de maasim tovim, de mitzvot. No por los méritos o la fama del aba, o del saba, o la mishpajá. Tampoco por el gelt que hayamos cosechado, o los trofeos acumulados.

Entonces, ¿cómo entender que Iaacov Abinu haya hecho la berajá pidiendo de Boré Olam que los jóvenes sean llamados por el nombre suyo y de los otros Abot Israel? ¿No hubiera sido mejor, más coherente con la mesoret hakodesh, que dijera algo así como “Que sean llamados por vuestros nombres, tal como lo han sido vuestros oirim”?

Una de las teshuvot posibles es la siguiente.
La educación de los hijos debe provenir de dos ramas: la escuela y el hogar.
Ambas, el schole y el eimish, se complementan, se nutren, se coordinan para fortalecer y engrandecer a los niños en su identidad. En todos los planos de existencia. En todos los olamot de su ser.
Cuando una de estas patas falta o renguea, la otra no puede soportar toda la carga y puede ocurrir el descarrío, Rajmana litzlan.

Entonces, lo que estaría diciendo el tzadik en su berajá se puede entender como: Im irtze Hashem ustedes crecerán pero no se apartarán del derej de sus abot. Tendrán broje y haztloje, sus logros y sus éxitos, alcanzarán sus metas, serán ustedes, pero en todo momento se mantendrán unidos y firmes gracias a las enseñanzas de sus melamdim y de sus altren. Habrá ajdut y iejidut, tehilá y netzaj. La gente los verá a ustedes, los reconocerá a ustedes, pero no dejarán de confirmar su pertenencia a la mesorá de Israel, el tener el ijus con sus mayores.

Esa es una gran berajá, sin dudas. Porque le encomienda a los ingelach a no solamente ser “yo”, sino que también encontrar la armonía interna, aquella que los conecta con su neshome y con Boré Olam a través del kibud orim umorim.

Si tú ya tienes banim y banot, ¿estás educándolos para que sean armoniosos, benditos, llenos de dicha, saludables y que además mantengan en alto el kesher pnimí contigo y la shalshelet hazaav de su mesorá?
¿Te encargas de que reciban el jinuj indispensable?

Es una ocasión para el jeshbón hanefesh y hacer tikún en caso necesario.

Queridos javerim, shalom uberajá.
Tizku leshanim rabot y ver al mashiaj bimeerá beiameinu amén.

Ahora, ¿cómo contarás lo que te sucede?

Como cuentas las cosas, tiene su importancia en los resultados.

Según reporta la “Journal of Psychological Science”, un estudio de la Universidad de Columbia, del año 2005, indica que las personas que cuentan sus malas experiencias pasadas en tercera persona, como si le hubiera ocurrido a otro, presentan mayor confianza y optimismo, en contraste con aquellos que las contaron como recuerdos personales.

Es un dato interesante.
Pareciera contradecir a ciertas corrientes de psicología que demandan que se cuente todo en primera persona, como forma de apropiarse de sus conductas, sentimientos, recuerdos, deseos, etc.

Creo que ambas opciones son acertadas, de acuerdo al uso que hagamos.

Veamos un poco lo que quiero enseñarte.
(Es oportuno que leas antes esto: http://fulvida.com/fortalecimiento/feliz-septimo/yo-soy-el-que-soy)

Tú haces, no hay relatos, sino acciones.
Pueden ser acciones internas, de las que ni tienes conciencia (funcionamiento de los órganos, fluir sanguíneo, etc.), o de las que sí tomas conocimiento.
Acciones externas, conscientes (un acto voluntario, por ejemplo) o no (tamborileo de los dedos como tic, movimiento de las piernas al caminar, etc.).
Es el mundo del hacer, sin más.
No hay cuento.

Luego, sientes, percibes y te comunicas.
Allí cuentas TU historia. Eres el personaje. A ti le suceden, a ti te hicieron, tú fuiste y volviste.
Estás envuelto en la narrativa, eres la narrativa, eres el mundo.
Te afectas por tu relato, tu relato te afecta.
Tu cerebro no distingue entre relato y realidad, entre recuerdo y suceso. Se entreveran tus hilos narrativos, te emocionas, actúas el pesar, ya no sabes si estás contando o siendo contado.
Estás en un tobogán, ¡no! Es una montaña rusa.
Todo gira en torno a “yo”, mí, mío. Sí, allí están los demás, pero son títeres, no tienen consistencia real, no son personas.
Hay expresión, hay relato, hay manipulación, pero siempre centrado en el yo.
Hay un cuento en primerísima persona.

Pero entonces subes un peldaño.
Te separas un poco de ti mismo y te duplicas (sin saberlo estás viajando el denso viaje hacia la unificación, hacia la unidad).
Ahora distingues los personajes, ya no eres el único intérprete de la obra. Estás tú, está el otro, estamos nosotros, y ellos.
Está el dar, el recibir, el compartir, el negar, el mendigar, el reclamar, el demandar, el exigir… la relación es lo que prevalece.
Juzgas, perdonas. Eres generoso, retienes. Te relacionas y te ubicas al relacionarte.
Entonces el relato ya no se hace midiendo lo que sientes, lo que haces, sino lo que estás siendo en tu relación con otros.
Hay un cuento ambivalente, en primera persona con participaciones estelares de los invitados a la fiesta.

Y allí subes otro peldaño en la integración de tu personalidad multidimensional, aunque aún está en el mundo de las dualidades, de las polaridades, de la confusión.
En este grado logramos hablar en tercera persona, aún de los sucesos personales.
Porque la mente permite tomar distancia, a la vez que acerca lo lejano.
En este plano analizamos, encasillamos, encuadramos, relacionamos con mayor perspectiva.
Vemos las causas y consecuencias… tomamos distancia, aunque no sé si tomamos conciencia.
Es una herramienta poderosa, porque se involucra la fantasías, la imaginación, la creatividad. Pero al mismo tiempo se inventan excusas, se rebuscan justificativos, se amparan errores, se somete al frío y la lógica aquello que debiera ser cálido y tierno.
Aquí hay un cuento aséptico, impersonal, en tercera persona.

Por último, se alcanza el peldaño de la unificación, de la unidad.
Uno es uno, pero es todo.
Se está en conexión permanente.
Se es consciente, más allá de los pensamientos y las razones.
Se deja de lado el juicio, la manipulación es intolerable, las mentiras son derretidas, las máscaras pierden sustancia.
Es el plano de la verdad absoluta, de la autenticidad plena.
El dolor y el gozo se encuentran, pero no afectan.
Aquí el relato existe como total aceptación.

Con esta breve descripción que proviene de lo más profundo de las enseñanzas cabalísticas, estarías en condiciones para comprender el resultado de la investigación que te mencioné al comienzo, así como los dictados de las corrientes de psicología también señaladas.

De paso, esta enseñanza te podría habilitar a conocerte un poco mejor, por tanto a amarte un poco más, y así acercarte a la meta sagrada de la persona: ser feliz por llevar una vida de servicio al Eterno, por medio del amor a sí mismo y al prójimo.

Ahora, ¿cómo contarás lo que te sucede?

Te propongo que hagas el experimento. Cuenta un suceso “dramático” en primera persona. Luego cuenta el mismo pero como si le hubiera pasado a otro. Observa las diferencias en tus reacciones emocionales.
¿Lo harás y nos contarás?

De paso, recuerdo otra técnica que te he brindado hace un tiempo atrás, la de contar lo dramático pero en tono de humor. Como en un “stand-up”. Pruébalo, te resultará de sanidad.

Gracias por acompañarme en la lectura hasta aquí.

Soy exitoso… si quiero

Perdonen mi candor por lo que compartiré a continuación.

En mi diccionario (basado en la sagrada Tradición), por "éxito" se entiende la medida de cuanto bien y justicia se ha hecho (en el día, el período, la vida, etc.).

El “triunfo” es la lealtad a su esencia eterna (su espíritu), que se alcanza al sintonizar y armonizar todas las dimensiones de nuestra vida con ella.

Lo demás, son LOGROS, cuestiones pasajeras, y muchas veces trofeos del EGO.
La marca del carro, las habitaciones de tu casa, los parajes recorridos, las vacaciones costosas, la esposa modelo publicitaria, el marido musculoso y galante, el dinero en tu cuenta de banco, los adversarios vencidos, las disputas en las que tuviste la última palabra… logros, que te pueden dar un paladeo del placer, pero nunca la alegría.

Pero claro, en este mundo que el éxito se mide por lo económico, por el aplauso social, por el poder sobre otras personas, ¿vale de algo mi inocente idea?

¿A ti q te parece?
¿Cómo definen los “pastores” al éxito, según tu experiencia personal?
Esos que son muy religiosos porque reciben “dones y milagros”, porque su dios muere para salvarlos a ellos de sus propios pecados, ¿qué creen que es ser exitoso?


Real Academia de la Lengua:

éxito.

(Del lat. exĭtus, salida).

1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.

2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.

3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.

 

triunfar.

(Del lat. triumphāre).

1. intr. Quedar victorioso.

2. intr. Tener éxito.

3. intr. En ciertos juegos de naipes, jugar del palo del triunfo.

4. intr. Gastar mucho y aparatosamente.

5. intr. En la Roma antigua, dicho del vencedor de los enemigos de la República: Entrar con gran pompa y acompañamiento.

Inteligencia competitiva

Contra el viento del norte: apliquemos la inteligencia competitiva

Cuando el viento sopla y revuelve las entrañas de nuestro negocio es tiempo de actuar, pero no solo a la ligera, sino seguros y convencidos de que nuestras decisiones están bien fundamentadas.

Y para que esto suceda hay que observar y analizar el entorno en el que nos movemos. Aplicar la inteligencia competitiva ayuda precisamente a cumplir este objetivo, ya que es un proceso en el que las organizaciones recopilan y utilizan la información sobre productos, clientes y competidores, para planear a corto y largo plazo.

Actualmente, las compañías líderes integran esta disciplina en sus organizaciones y confían en ella como una herramienta clave para la toma de decisiones estratégicas.

Conforme las compañías se especializan más en obtener, analizar, y divulgar éticamente la información de sus competidores y el ambiente competitivo, pueden actuar de forma estratégicamente agresiva, en lugar de reaccionar a la defensiva.

La inteligencia competitiva es el proceso por medio del cual las organizaciones recopilan y utilizan la información sobre productos, clientes y competidores, para planear a corto y largo plazo. La inteligencia competitiva como proceso de negocio ha evolucionado. Las compañías líderes, además, integran la disciplina en sus organizaciones y confían en ella como una herramienta clave para la toma de decisiones estratégicas.

 Conforme las compañías se especializan más en obtener, analizar, y divulgar éticamente la información de sus competidores y el ambiente competitivo, pueden actuar de forma estratégicamente agresiva respecto a los movimientos de sus competidores, en lugar de reaccionar a la defensiva. La inteligencia competitiva permite a las compañías identificar rápidamente las tendencias que surgen, a los competidores que las superan en maniobras, y les permiten anticiparse a los nuevos competidores que entran en sus mercados y desarrollan las capacidades para, a su vez, proteger sus propios intereses de la vigilancia de sus competidores.

Al respecto algunas de las mejores prácticas que pueden llevarse a cabo para implementar la inteligencia competitiva son, entre otras, las siguientes:

Desarrollar una operación de inteligencia competitiva a través de la organización

Las compañías que practican la inteligencia competitiva han descubierto que es un importante factor diferenciador del éxito debido a que es uno de los métodos más poderosos para extraer el valor fundamental que está integrado en la información: el conocimiento dentro del contexto.

La riqueza de la información que se obtiene con un monitoreo efectivo incluye las tendencias de la industria, el benchmarking, y el análisis económico, así como una gran cantidad de percepciones sobre lo que los competidores reales están haciendo y planeando. Para aprovechar esto, las compañías líderes idean sistemas, aprovechan la tecnología, configuran departamentos internos, y en ocasiones contratan expertos externos para ayudarles a recopilar y difundir la información. La inteligencia competitiva mejora la toma de decisiones virtualmente de cada función y departamento dentro de una organización, provocando que las compañías desplieguen el proceso a través de su jerarquía e involucren a todos los empleados dentro del proceso.

Fortalecer la estrategia con inteligencia competitiva

Cuando las compañías tienen operaciones efectivas de inteligencia competitiva, pueden anticiparse y actuar en eventos dentro del mercado, son más proactivas que reactivas, y por lo tanto, se mantienen al frente de sus rivales y rara vez se encuentran desprevenidas. Como resultado, la inteligencia competitiva es una parte integral de la planeación estratégica y de la mejora de procesos. Las áreas funcionales de mercadotecnia, investigación y desarrollo, toma de decisiones estratégicas a corto y largo plazo, así como la distribución y administración financiera son golpeadas por las fuerzas del ambiente competitivo. En un mundo de negocios incierto, donde el cambio puede ser repentino e impredecible, las compañías que despliegan y perfeccionan las capacidades de la inteligencia competitiva son más hábiles para forjarse estrategias diferenciadoras.

Sondear las relaciones de negocio con los competidores

Las compañías que aplican las mejores prácticas en inteligencia competitiva prestan atención sistemática a las relaciones que sus competidores reales y potenciales forman con socios externos. Las compañías ya no dependen únicamente de sus propios recursos para crear valor y penetrar en nuevos mercados; en lugar de ello, operan dentro de una red de negocios ampliada de especialistas, otras compañías, y en algunos casos hasta con sus competidores. Para determinar un perfil integral de las fortalezas, debilidades y potencial de asociación de un competidor como una manera para anticipar y atribuir sus estrategias y respuestas, las compañías con mejores prácticas ven a sus rivales como la combinación de estas alianzas y relaciones.

Desplegar la inteligencia competitiva como un sistema de alerta inicial

Uno de los usos más efectivos de un sistema de recopilación de inteligencia es la detección de indicadores de que los cambios en la industria, en el mercado o en el panorama competitivo son inminentes. Al enfocar parte de su operación general de inteligencia competitiva en la búsqueda de señales tempranas de alerta y analizarlas regularmente en los niveles gerenciales más altos, las compañías reducen las sorpresas y la complacencia estratégica. El esfuerzo requiere desarrollar antenas en todos los niveles de la compañía con el apoyo de los altos directivos, quienes no solamente den la bienvenida a los reportes iniciales de alerta, sino que confíen en ellos como un elemento clave en su toma de decisiones.

Neutralizar las tácticas de inteligencia de los competidores

Las compañías con fuertes procesos de inteligencia competitiva entienden un hecho destacado: otras compañías también los pueden tener. Las funciones de la inteligencia competitiva en las compañías líderes, entonces, integran maniobras agresivas y defensivas. Conforme las compañías mejoran sus capacidades de inteligencia competitiva, también mejoran su habilidad para protegerse ellas mismas contra la vigilancia y observación. La protección contra la inteligencia competitiva requiere desarrollar un entendimiento más profundo de lo que los competidores desearían saber sobre una compañía y después idear los medios para proteger y hasta manipular dichos activos para que los competidores se vean frustrados o desviados en sus esfuerzos por descubrirlos. La protección de la inteligencia competitiva es un proceso continuo que es estratégico por naturaleza.

En conclusión desarrollar una operación de inteligencia competitiva a través de la organización, fortalecer la estrategia con inteligencia competitiva, sondear las relaciones de negocio de los competidores, desplegar la inteligencia competitiva como un sistema de alerta inicial, y neutralizar las tácticas de inteligencia de los competidores, son actividades que permiten que la inteligencia competitiva sea:

  • La colección sistemática de la información abierta, que una vez ordenada y analizada proporciona una herramienta fundamental que ayuda a obtener una mejor comprensión de la estructura, de la cultura, del comportamiento, de las capacidades, y de las debilidades de un competidor.
  • Una herramienta clave que ayuda a las empresas a entender mejor cómo funcionan los mercados en los que se desenvuelve; de manera que les permite aprender a ser mejor que sus competidores.
  • Un instrumento que las empresas utilizan para compararse con otras lo que les permite tomar decisiones informadas. La mayoría de las firmas reconocen la importancia de saber lo que están haciendo sus competidores. La información que recopilan ayuda a las organizaciones a identificar sus fortalezas y debilidades.

 

El autor del artículo es Carlos Méndez Socio líder de auditoria de la firma PricewaterhouseCoopers, el artículo fue publicado en la revista electrónica Visión correspondiente al mes de mayo.

El sondeo permanente de las condiciones del mercado permite darse una idea clara de hacia dónde debe dirigirse la compañía, así como la discreción en el manejo de la información vital de la empresa tanto fuera como dentro de ella permite asegurar que sus debilidades y fortalezas no serán aprovechadas por terceros.

La inteligencia competitiva es una práctica de negocios útil si es bien ejecutada más puede convertirse en un obstáculo si no cumple con las condiciones de operación señaladas más arriba, puede utilizarse también en el proceso de mejora continua del negocio que redundara finalmente en un producto o servicio de mayor calidad para el consumidor final, objetivo que debería ser crucial en toda practica de negocios.

Espero que este artículo te permita tomar mejores decisiones para tu negocio y obtener excelentes resultados.

Te envió un abrazo y hasta pronto

Respeto….

Vivir en sociedad nos hace reflexionar sobre el valor del respeto, pero con éste viene la diferencia de ideas y la tolerancia. En pocas palabras ¿Qué hay que saber sobre el Respeto, la Pluralidad y la Tolerancia? Respeto, Pluralismo y Tolerancia

Hablar de respeto es hablar de los demás. Es establecer hasta donde llegan mis posibilidades de hacer o no hacer, y dónde comienzan las posibilidades de los demás. El respeto es la base de toda convivencia en sociedad. Las leyes y reglamentos establecen las reglas básicas de lo que debemos respetar.

Sin embargo, el respeto no es solo hacia las leyes o la actuación de las personas. También tiene que ver con la autoridad como sucede con los hijos y sus padres o los alumnos con sus maestros. El respeto también es una forma de reconocimiento, de aprecio y de valoración de las cualidades de los demás, ya sea por su conocimiento, experiencia o valor como personas.

El respeto también tiene que ver con las creencias religiosas. Ya sea porque en nuestro hogar tuvimos una determinada formación, o porque a lo largo de la vida nos hemos ido formando una convicción, todos tenemos una posición respecto de la religión y de la espiritualidad. Es tan íntima la convicción religiosa, que es una de las fuentes de problemas más comunes en la historia de la humanidad.

Aquí viene, entonces, también el concepto de Pluralidad, es decir, de las diferencias de ideas y posturas respecto de algún tema, o de la vida misma. La pluralidad enriquece en la medida en la que hay más elementos para formar una cultura. La pluralidad cultural nos permite adoptar costumbres y tradiciones de otros pueblos, y hacerlos nuestros. Sin embargo cuando la pluralidad entra en el terreno de las convicciones políticas, sociales y religiosas las cosas se ponen difíciles.

Así es como llegamos al concepto de intolerancia, es decir el no tolerar. Fácilmente, ante alguien que no piensa, no actúa, no vive o no cree como nosotros podemos adoptar una actitud agresiva. Esta actitud, cuando es tomada en contra de nuestras ideas se percibe como un atropello a uno de nuestros valores fundamentales: la libertad. La intolerancia puede ser tan opresiva, que haga prácticamente imposible la convivencia humana.