Cuánto te cuesta?

Ya en publicaciones anteriores se ha estudiado o el Moré, más bien dicho, ha enseñado respecto a la importancia de la humildad. Sobre la diferencia que nuestro ancestro Noaj (Noé) tuvo con Avraham (Abraham). Y es que le costó comprender sus limitaciones y en base a eso, fue muy poco (o nada) lo que pudo hacer por su generación.

Hizo lo que pudo, lo que se le había ordenado. Sin embargo, siendo capaz hacer más que eso, se limitó a enjuiciar a otros, sin intentar dar un paso más allá y comprender el sufrimiento del que iba a ser puesto en los demás.

Es que nos cuesta. Por mi parte, lo admito. Admito que me cuesta dar ese paso. Poco a poco estoy recién comprendiéndolo y de verdad que no quiero dar marcha atrás.

He visto lo maravilloso que puede ser. Sin ponerme en lenguajes místicos, he visto milagros. Aunque no tenía idea de lo que hacía muchas veces.

Si, me equivoqué y, probablemente, siga haciéndolo. Pero admito que he visto más de una sonrisa en aquellos que amo por no haberme detenido en mi proceso de recuperación.

Pero quiero dar un paso más allá y ver esa sonrisa en quien si quiera me conozca. Aunque suene idealista. Poco me cuesta ya que mi personalidad artística se ha ido formando a través de los años con ideales de diversos matices. Algunos puestos en la realidad tuvieron un choque frontal, que  me situó en posiciones desastrosas, en estados denigrantes, en facetas vergonzosas, preocupantes, hasta repulsivas quizás para muchos de ustedes y hasta para mí hoy en día.

Pero siempre hubo una mano. Alguien que quiso dar más de lo que podía, hasta a regañadientes. Seres que sólo tengo en mi memoria y no hallo el día de volver a encontrármelos en alguna situación para tener la oportunidad de dar yo mi mano. Pero mis preocupaciones en estos instantes están puestas en mi familia. Lo que no me permite andar por la vida buscándoles uno a uno.  Algunos hasta han abandonado este6-signos-silenciosos-de-la-depresion-500x360 mundo material de manera triste. Y que lejos de tenderle la mano, fue para ellos sufrimiento en sus cavidades más oscuras. Me refiero  problemas que quizá ellos se fueron construyendo, ahogando, consumiendo. Problemas que fueron más fuertes que ellos.

Otros, de un día para otro, sin aviso alguno.

Entonces me pregunto por qué no estuvo mi mano ahí. Mi palabra o mi sonrisa para entregarles el pan que con tanto agrado me alimenta cada día.  Veo que no estaba preparado. O no supe ser quien realmente quiero ser. O como he aprendido, realmente estuvo fuera de mi control, por tanto mi deber era dejar fluir para controlar lo que realmente (y con suerte) podía, que era mi propia vida.

Quizá yo pude (o podría) ser alguno de ellos. Pero vuelvo a recordar más de una mano que me sacó de algún peligro latente, del que ni siquiera era capaz de medir.

Si no fuese por esos instantes, hoy no tendría la bendición de poder mirar a mi hija y a mis seres amados un día más. De fijarme en lo importante que es hacer por ellos. De poder mirar al cielo y agradecer a Quien me brinda la oportunidad, con tanta misericordia, que a veces no puedo ni aguantar las lágrimas.

Pero nos cuesta tanto.

Las preocupaciones del día, el clima, la corrupción, las elecciones del presidente de turno, las quejas, las rabias, las filosofías, los descontentos, las drogas, los errores de los demás, la impotencia de no tener lo que queremos, son realmente un espejo oscuro en el cual solemos mirarnos.

No digo que sean todos como yo. Dios no permita. Posiblemente busco sentirme identificado con alguno de ustedes. Para que puedan al menos ver la hermosa oportunidad que tiene cada uno. Y no desperdiciarla, así como se nos enseña que no lo hacía aquel hombre que nos menciona la sabiduría de la Torá. Y que está en nuestras manos reparar y brindar el apoyo a quienes nos necesitan, en el sentido que sea. A diario nos son ofrecidas oportunidades ¿o no?

Admito que me cuesta. Que es algo que necesito mejorar. Pero que agradezco cada día que pasa. Alguno más intenso que otros pero si de algo estoy seguro es que seguiré agradeciendo hasta que mi mente y mi corazón me abandonen, para retirarme a otra etapa, quién sabe, en la cual cada paso que dí, fue puesto en la balanza y analizado como yo nunca podré comprender.

Tanto me cuesta y de seguro que me seguirá costando. Pero no me detendré hasta que aquel día me sea alcanzado.

Que puedan ser cada día mejores, cada uno a su paso.

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