TEHILIM / Salmos – Capítulo 84

Reproduzco el Salmo 84, que es el que corresponde, por edad de mi madrecita.


Plegarias y súplicas lamentando con amargura la destrucción del Templo; habla de las bendiciones y promesas para cuando sea restaurado. Dichoso quien confía en que será reconstruido y no desespera por tan largo exilio.


Para el Director del Coro, sobre el guitit, un Salmo por los hijos de Kóraj:

salud completa del cuerpo y del alma

(¡Cuán amadas son Tus moradas, Eterno de las Huestes! Mi alma anhela, de hecho languidece, por los patios de Eterno; mi corazón y mi la carne [anhelan] cantar al Di-s vivo. Hasta el pájaro ha hallado un hogar, y la golondrina un nido para sí, donde coloca sus pichones sobre [las ruinas de] Tus altares, Eterno de las Huestes, mi Rey y mi Dios. Dichosos son aquellos que residen en Tu Casa; ellos aún Te alabarán eternamente. Afortunado es el hombre cuya fortaleza está en Ti; los senderos [al Templo] están en su corazón. Para quienes cruzan el Valle de Espinos, El pone manantiales; su guía se envolverá en bendiciones. Van de fortaleza en fortaleza; aparecerán ante Dios en Tzión. Eterno, Dios de las Huestes, oye mi plegaria; escucha, Di-s de Iaacov, para siempre. Mira nuestro escudo, Di-s, y observa el rostro de Tu ungido. Pues es mejor un día en Tus patios que mil [en otra parte]. Prefiero encontrarme en el umbral de la casa de mi Dios, que morar [cómodo] en las tiendas de maldad. Pues Eterno, Di-s, es sol y escudo; Eterno confiere favor y gloria; El no retiene la bondad de quienes marchan en inocencia. (¡Eterno de las Huestes! Dichoso el hombre que confía en Ti. [Amén].

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