La cuestión del “yo”

Para abordar la cuestión del “yo” debe tenerse en cuenta que éste tiene muchos perfiles y que, dependiendo de en cual de ellos se entre, hablaremos de una cosa u otro. Eso tampoco es sorprendente, en mayor o menor medida toda palabra tiene polisemias y “polisignificados”, esto es, más de un posible sentido o acepción, pero, al margen de mencionar eso, nos centraremos en la cuestión del “yo” en cuanto “yo” personal.

Lo primero que diría es que es más fácil saber quién somos que qué somos ¿por qué? Por lo siguiente, lo primero incumbe a nuestro rol, a nuestro papel, eso es relativamente fácil saberlo; lo segundo es algo más difícil saber, porque nos sitúa ante la esencia y eso nos lleva a lo siguiente ¿tenemos esencia? Y, si la tenemos ¿es propia?

El “yo” personal, de entrada, es transitorio, es el “yo” que depende de nuestra mente, no es incorrecto ni pernicioso que así suceda, la mente -y ese “yo”- son instrumentos, bien empleados dan buenos resultados, mal empleados pueden llevar a la catástrofe -propia y ajena- .

Como cualquiera que usa un instrumento -y por pericia que se tenga en su utilización- en ocasiones se fallará, un proverbio latino reza “errare humanum est” y es bien cierto que de errores todos estamos llenos, pero, a cada error corresponde un aprendizaje y, también, su rectificación -en la medida que sea posible-.

El uso del “yo” personal que depende de la mente podría identificarse con el uso del intelecto, en ese sentido cabe entender que es potencialmente positivo, también cabe entender que tiene sus limitaciones: el “yo” personal, en cuanto intelecto, no puede identificar su propia esencia -aquello que indica el “qué”-, la razón básica es sencilla: no se puede ser juez y parte, pero tal vez se entienda mejor en el siguiente pasaje:

“Toda persona posee una ‘fuente de intelecto’ y los Sabios cabalistas consideran el alma como asidero de la mente. Ahora podemos entender por qué el hombre no puede captar por sí mismo la naturaleza de su alma, porqué ésta se encuentra por encima del nivel perceptible del ser humano, más allá de la mente. No obstante, aunque no podamos comprender su esencia, podemos reconocer su existencia”.

(Rabino Ijiel Bar Lev, “Estudio introductorio del Zohar”, El Zohar, volumen I, Hakdamá – Sección de Bereshit, Ia-29a, página 17, Ediciones Obelisco, Barcelona, 3ª edición, 2010).

La mente puede analizar muchas cosas,  pero otras solo percibir o intuir, tengamos en cuenta otra cosa más: sólo se percibe o intuye… aquello que existe. Porqué la percepción es fenomenológica, es decir, es “atisbar algo fugazmente”, tan fugazmente que no podemos definirlo, pero, queda constancia de que “algo” hemos observado.

Yo sé quién soy, pero no sé qué soy, ahora… sé que hay un “qué” al cual respondo -y es ese “qué” aquello que me hará responsable de lo que haga-.

¿De qué manera podemos definirnos un poco más? Pues al nivel de los hechos -que tampoco podremos juzgar por nosotros mismos, nuevamente, no se puede ser juez y parte, eso sí, se puede y se debe ser autocrítico-. Ahondando un poco más en el proceso intelectivo podemos decir que en vinculado a él está la idea de “voluntad”, pero voluntad entendida como el conjunto de los siguientes pasos: a) el pensamiento-voluntad de hacer, b) el pensamiento-planeamiento de hacerlo, c) el materializar ese hacer (el hacerlo de hecho).

Será el último punto aquello que nos defina y… aquello que contará y de lo que seremos responsables, pues es lo que hacemos no lo que decimos de lo que debemos responder, porque se responde -para bien y para mal-… del pensamiento materializado en acción.

6 pensamientos en “La cuestión del “yo””

  1. Muchas gracias drungario…

    Una de las dificultades del hombre es cambiar aquello que ha aprenido y que cree que le definen, para encontrarse con lo que realmente es,

    pero encontrarlo no es suficiente, debe además vivirlo; mientras se despoja de las viejas cáscaras, que le impedían definirse y ser aunténtico.

    Un abrazo!

  2. Hola a todos,

    Gracias por los comentarios. Es curioso, lo que dice Eli de las cáscaras me recuerda al concepto de “kiplot”, que es tanto una “cáscara” como algo relacionado con la idea de “yo reinaré”, es decir “el yo quiere reinar”, todo va concordando.

    Un saludo

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