La rutina

Mi perrita escucha el sonido “pp” (pé-pé) y se entusiasma, parece que sabe que significa en nuestro código: paseo (calle, playa, hierba, otros perros, correr, olisquear lo que fuera, comer porquería, hacer sus necesidades, recibir golosina de perro por defecar, etc.).

Se alborota y corre hasta donde está su collar.

Levanta primero su patita izquierda, luego la derecha.

Se dirige a la puerta principal, nunca a la de servicio.

Aguarda junto al ascensor de servicio a que se cierre la correa en los lazos del collar.

Entra primero al ascensor y se queda quietita hasta que llegamos al subsuelo, para salir por el garaje. Antes, se sacude, como hacen los perros al salir del agua por ejemplo.

Toma siempre el mismo camino hasta la puerta de servicio. En el medio suele detenerse en un pequeño jardín, cuidado por un vecino, donde inspecciona las nuevas y viejas plantas.

Salimos y allí sigue, con pocas diferencias los rituales habituales. Solemos ser los acompañantes humanos los que tomamos decisiones aleatorias o predeterminadas, todo ello en apariencia, que marcan rutas alternativas o experiencias fuera de las cotidianas en estos paseos casi diarios.

Espero no haberte aburrido con esta pequeña y familiar reseña, intrascendente en grado máximo.

Ahora, te pido que reflexiones y si puedes/quieres respondas.

¿Tienes conciencia de tus patrones de conducta, aquellos que repites una y otra vez por lo general de manera inconsciente?
¿Adviertes los adiestramientos a los que has sido sometido y continúas fortaleciendo cada vez que los reiteras?
¿Entiendes hasta donde te tiene dominado el EGO y te deja carente de poder y alcance?
¿Sabes la ventaja que podrías tener por sobre las conductas instintivas y/o adquiridas de un perrito?
¿Llevas un registro de tus actividades rutinarias y comprendes cuales te limitan y enferman?
¿Quieres desarrollar tus potencialidades?
¿Anhelas cambios positivos que llenen tu vida de sentido, satisfacción, bendición, shalom?

Quedo de ti, hasta luego.

Un pensamiento en “La rutina”

  1. Aunque la perrita espera su collar para tener un rato de esparcimiento , de salir de su cotiniedad……

    Cuando nuestro Ego nos ata su collar , necesariamente no es para que movamos la colita.

    Gracias Morè por esos interrogantes.

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