Plan para ser feliz

Algo te molesta.
Estás disconforme.
Sientes como que algo no encaja.
Te das cuenta que estás perturbado por alguna cuestión, pero no puedes identificarla. Quizás señales varios factores, e incluso crees que estás absolutamente en lo cierto, pero si analizas no lo tienes tan claro.
En resumen, es un algo difuso, confuso, desdibujado y que sin embargo tiene un poder sobre ti, como para dejarte en un estado de impotencia.

¿Cómo podemos mejorar?
Atiende estas ideas.

Situación.
Toma conciencia del instante en el cual te sientes fastidiado.
No lo dejes pasar.
Apunta qué estabas haciendo momentos antes, qué te decían, qué pensaste, que estaba sucediendo alrededor.
Trata de ser preciso en los detalles, porque muchas veces en ellos están las pistas para las respuestas.
Luego, como estarás llevando un registro por escrito, podrás reconocer si hay algún patrón que se esté repitiendo y que pudiera explicar la aparición de tu sensación desagradable. Tal vez no lo haya, podría ser un evento único o primerizo, lo sabremos al tener una memoria anotada para estudiarla.

Reacción.
¿Cómo respondes?
¿Cuáles son tus reacciones?
¿Es efectivo lo que haces?
¿Tienes un patrón habitual?
¿Puedes darte cuenta qué pretendes con tales conductas?
¿Remedia o mitiga tu malestar?
¿Tienes un repertorio de respuestas alternativas?
¿Intentaste otra cosa?
¿Empeora tu desagrado?
¿Qué efectos tiene en la gente que te rodea?
¿Son reacciones emocionales, físicas, mentales?
¿Cuáles resultan ser más efectivas?
¿Alguna de ellas es temprana, es decir, que impide una mayor potencia en el malestar antes de que suceda?
Necesitarás también llevar anotaciones sobre esto, vinculadas a las situaciones que apuntaste anteriormente.

Deseo.
Al haber analizado cuidadosamente los apuntes de las dos anteriores, seguramente tendrás una mayor claridad y entendimiento de lo que está sucediendo, aunque tal vez no puedas especificar cual es el gatillo que dispara tu malestar.
Es hora de desear una experiencia mejor, más placentera, que te refuerce.
¿Cuál preferirías que fuera tu conducta en lugar de la frecuente?
¿Qué podrías hacer para alcanzar lo que deseas?
¿Puedes visualizarte en esa situación diferente a la habitual?
¿Puedes sentir lo que sentirías viviendo tu deseo?
¿Cómo lo podrías describir con detalles?
¿Cómo sería la foto de ese momento?
Escríbelo también. Se cuidadoso en los pormenores.

Prepara.
Llega el momento en el cual debes elegir una opción más provechosa para ti, que te mueva para alcanzar tu deseo y superar así las situaciones de malestar.
¿Qué paso estás dispuesto a dar y lo darás?
¿Cuál es el paso alternativo, si éste parece no funcionar?
¿Cómo seguirás adelante, luego de encontrarte en una nueva situación?
¿Cuáles podrían ser los elementos que te favorezcan a estar más relajado, confiado, calmado, seguro?
¿Estás aprovisionado de lo que precisas para tu aventura?
¿Tomaste en cuenta los consejos y lecciones de los que estuvieron antes en situaciones similares, o tienen conocimientos al respecto?
¿Quitaste peso a las excusas para enfocar tu mente en alcanzar tu meta?
¿Incluiste el rezo en tu plan, pero no para hacerlo la única herramienta a la espera de algún milagro, sino como un aporte más en tu colección de instrumentos?
¿Estás dispuesto a arriesgar, con precaución, para salir de tu zona de confort que termina siendo tan fastidiosa?
¿Adviertes los probables bloqueos y retrasos que pudieran amargar tu avance? ¿Tienes un plan para eludirlos, o mejor aún, para convertir los obstáculos en trampolines y alcanzar mayores logros?
Sí, también es buena idea que escribas la lista de elementos que te ayudarán a actuar, y que repases si estás listo.
Pero, no te quedes en evaluaciones y propuestas, tómate un tiempo limitado para luego obligatoriamente pasar a la acción novedosa. El dejar para luego es una excusa tan corriente que hasta da pena que la sigas usando. Si esperas a que todo esté orquestado como supones debe estar para actuar, seguramente te quedarás en tu celdita o pasarás a una peor.

Acción.
No permitas que las excusas y justificaciones te mantengan encerrado en tu celdita mental.
Haz lo que tengas que hacer, sin dedicarte a juzgarte severamente, pero tampoco te exoneres con facilidad.
Que tus obras sean de construcción de SHALOM, es decir, basadas en la bondad y la justicia.
Seguramente habrá errores, fracasos, logros a medias, retrasos, retrocesos, es decir cualquier cosa que te pone en estado de impotencia, o sentirte así. Lo sabes y por ello no te hundirás en auto reproches, ni en huidas a la celdita que tanto conoces. Tampoco estarás presuroso a señalar culpables ni a abandonar tu tarea. Tomarás los contratiempos como algo obvio, natural, parte de nuestra condición humana y no por ello justificarás vivir en derrota y pereza. Es decir, te caerás de la bici para volver a subirte y seguir pedaleando por la vida. Si te quedes desparramado en el piso, avergonzado por la mirada de otros, por lo que supones que ellos piensan de ti, apenado por tu debilidad, seguirás siendo impotente, inepto, sufridor compulsivo. Ríete, quiérete, respétate, vuelve a reír de ti, levántate y pedalea.

Evaluación.
¿Cómo te sientes con tu nueva estrategia y puesta en práctica?
¿Qué obtienes?
¿Qué evitas?
¿Es lo que imaginaste?
¿Quieres algo diferente también a esto?
¿Estás mejor?
¿Qué harás a continuación?
¿Cómo lo harás?
¿Qué cambiarás de tu planificación?
¿Sientes el poder que dispones?
¿Ya puedes identificar aquello que te mantenía preso en tus estados de malestar?
¿Puedes ayudar a otros, para de esa manera ayudarte poderosamente a ti mismo?
Escribe y analiza.

Comparte y agradece.

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