El arte de preguntar y la ciencia de responder

Muchas de nuestras lecciones han sido acerca de la importancia del preguntar.
Lo seguimos sosteniendo, es imprescindible aprender a preguntar.
Hacerlo con profundidad, sin por ello ahogarse en complejidades innecesarias.
Evidenciar el anhelo por conocer a través de sinceras interrogantes.
No paralizarse ante la fascinación de lo que se cree.
Atreverse a avanzar allí en donde solo se ve una muralla infranqueable.
No quedarse con las “verdades” que son tales solamente por haber sido repetidas innumerables veces.
Preguntar y volver a hacerlo, sin timidez, sin agresión, simplemente deseando aprender.
Des-correr los velos para que atraviese la luz de la sabiduría, por intermedio de la herramienta poderosa de la pregunta.
Sí, es altamente necesario aprender a preguntar, entrenarse en ello, intentar variaciones creativas que intensifiquen la habilidad investigativa.

Pero luego, no basta con quedarse satisfecho consigo mismo, a causa del ingenio demostrado.
Es tiempo de hacer una pausa silenciosa y dejar que las respuestas emerjan, a su debido tiempo, en su apropiado compás.
Que florezca el entendimiento, o se aproveche para reiniciar el trabajo de investigación, pero sin apurar el momento.
Atender, con atención sincera.
Admitir lo que  se obtiene, aunque no se esté de acuerdo ni se comparta, sin embargo admitir que esa es la respuesta recibida.
Luego, ya veremos de continuar analizando, de diseccionar para luego reensamblar, de mantenernos alertas construyendo conocimiento.

Y recuerda, ser simple incluso en los temas complejos. Ser concreto, para no desviarse inútilmente. Ser claro, para evitar confusiones. Estar atento al feedback, e incluso provocarlo para confirmar la recepción. Ser humilde, en su real sentido. Ser agradecido. Evitar las agresiones. Ser respetuoso.

Porque al final, todo esto debe ser parte del instrumental del constructor de SHALOM.

Un pensamiento en “El arte de preguntar y la ciencia de responder”

Deja un comentario