7Q5: LOS ORÍGENES INCÓMODOS DEL NUEVO TESTAMENTO

 

Acabo de leer el artículo -excelente, por cierto- que Jorge Romero Gil (Drungario) subió a este portal, y que trata sobre el papiro 7Q5, uno de los Rollos del Mar Muerto más controvertidos. Al respecto, tengo varias observaciones que hacer, fruto de mi propia investigación, pero por su extensión preferí hacerlas a modo de otro artículo.

No voy a redundar en la historia de la controversia sobre 7Q5, toda vez que Romero Gil ha ofrecido la información de un modo bastante claro y conciso. Solamente mencionaré mis puntos de vista al respecto:

  1. Como bien se ha señalado, el trabajo de O’Callaghan fue, metodológicamente, correcto. Todos los papirólogos importantes de su generación lo respaldaron, y señalaron que el único problema es que el resultado no le había gustado a los biblistas.

  2. La identificación del contenido de un papiro es trabajo de los papirólogos, no de los biblistas. En consecuencia, O’Callaghan estaba más calificado que sus contrincantes para opinar en la materia.

  3. Hasta la fecha, y según entiendo, no se ha podido proponer una mejor alternativa para la identificación de 7Q5. En cambio, los modernos métodos de lectura de fragmentos de manuscritos antiguos dañados han confirmado que las especulaciones de O’Callaghan respecto a las letras que no eran muy claras fueron, en general, correctas. Por lo tanto, se refuerza la idea de que 7Q5 contiene un fragmento del evangelio de Marcos.

¿Por qué la controversia? Como bien señala el artículo de Romero Gil, a los biblistas cristianos les provoca demasiada comezón las posibilidad de que un evangelio esté presente en Qumrán. El problema de la datación es relativo. Romero Gil explica, correctamente, que asumir como fecha de elaboración de 7Q5 los años 50 AEC a 50 EC es poco o nulo problemático, porque si de entrada hay un cierto margen de error, lo cierto es que esa fecha sólo nos da la edad del papiro, y nada nos obliga a asumir que el documento se elaboró al mismo tiempo que el material de escritura.

El análisis grafológico tampoco es determinante, porque -como también aclara Romero Gil- en Qumrán se dieron varios casos de anacronismo en el tipo de letras usados (dicho en otras palabras: escribas que usaron trazos arcaicos que ya estaban en desuso; algo así como si en vez de elaborar el original de este artículo en mi computadora personal, lo hubiera hecho en mi máquina de escribir Olivetti Letera 25, y dentro de dos mil años los arqueólogos hubieran usado ese dato como argumento “contundente” para demostrar que este artículo se escribió entre los años 1970 y 1985).

El meollo del problema está en otro lado, y es simple: hasta el momento, no se ha encontrado absolutamente nada que relacione a Qumrán con el origen del Cristianismo de manera directa. Se han encontrado muchas similitudes temáticas entre los Rollos del Mar Muerto y el Nuevo Testamento, aunque siempre se ha señalado que aunque se trate de los mismos temas, la interpretación que se le da a cada uno es radicalmente diferente (por ejemplo, los baños rituales de Qumrán no son idénticos al bautismo cristiano, aunque ambos son presentados bajo la misma premisa: la expresión de una conversión y arrepentimiento; otro caso es el Sacerdocio universal de los miembros de la Nueva Alianza; aunque es un concepto que aparece en Qumrán y en el Nuevo Testamento, sus implicaciones son radicalmente distintas). Pero lo que no se ha encontrado es que los Qumranitas tuvieran conocimiento de los primeros cristianos, o viceversa. Es decir: en el Nuevo Testamento no existe ninguna referencia que nos dirija hacia el grupo de Qumrán. Para los autores de evangelios y epístolas, esta secta del Judaísmo simplemente no existe. Y sucede lo mismo en los Rollos del Mar Muerto: hay referencias claras hacia los fariseos, hacia los Saduceos, y hacia los helenistas, pero no existe nada en absoluto que podamos identificar como una mención de Jesús de Nazaret y sus seguidores.

Esa es, entonces, la crisis: asumir que 7Q5 es un fragmento del evangelio de Marcos revienta un esquema que resulta bastante claro y bastante lógico. Y, peor aún, lo revienta del peor modo posible, porque no estamos hablando de una mención a los seguidores de Jesús (eso, por sí mismo, ya sería bastante extraño: ¿por qué sólo una mención en una colección de más de 900 textos diferentes?). Se trata de que los que integraron la biblioteca de Qumrán se tomaron la molestia de conservar un ejemplar de un libro hecho por los seguidores de Jesús.

Y volvemos al problema: ¿qué hace un evangelio en Qumrán?

Replanteando el problema

La tradición judía enseña que, muchas veces, el secreto no está en las respuestas, sino en las preguntas. Para resolver un asunto difícil, a veces no hay que buscar la respuesta correcta, sino simplemente plantear la pregunta adecuada.

Mi personal opinión respecto a 7Q5 es que está mal planteado el problema. De hecho, está planteado al revés. La pregunta no es qué hace un evangelio en Qumrán, sino todo lo contrario:

¿Qué hace un documento Qumranita integrado al evangelio de Marcos?

Se trata del caso antagónico: el fragmento encontrado en la Cueva 7 de Qumrán y numerado como 7Q5 NO ES UN FRAGMENTO DEL EVANGELIO DE MARCOS. Es, como todos los demás documentos del Mar Muerto, un documento de la secta Qumranita (el hecho de que esté en papiro y en griego nos sugiere que pudo no ser un documento elaborado por ellos mismos, pero algún interés debieron tener en él, y por ello conservaron una copia).

Por alguna razón, este documento llegó a manos cristianas y fue incorporado a los evangelios de Mateo y Marcos.

Entonces, no estamos ante un ejemplo de “evangelios cristianos en Qumrán”, sino ante uno de “literatura Qumranita en el Nuevo Testamento”. O, para ser más precisos, ante OTRO ejemplo de textos relacionados con Qumrán que, de uno u otro modo, acabaron insertos en el Nuevo Testamento.

Qumrán y el Nuevo Testamento

Es un secreto a voces: las partes más arcaicas del Nuevo Testamento están íntimamente relacionadas con Qumrán. No lo mencionan. Ni siquiera sugieren la existencia o presencia de los Esenios Qumranitas, pero el vínculo es evidente gracias al género literario e ideológico: la Apocalíptica.

Se sabe que entre los siglos II AEC y I EC, las ideas apocalípticas estuvieron fuertemente impregnadas en la sociedad judía.

¿A qué nos referimos con “ideas apocalípticas”? Apocalipsis significa, en griego, “revelación”. La apocalíptica consiste en una ideología basada en una supuesta revelación traída del cielo por un ángel (generalmente, aunque en algunos casos por algún personaje célebre del pasado, o por algún personaje célebre del pasado convertido en un ángel, como en el caso de los libros atribuidos al patriarca Enok). Naturalmente, dicha “revelación” tiene que ver con los acontecimientos del Fin de los Tiempos, y se expresa generalmente de manera simbólica.

Siempre fue claro que el Judaísmo antiguo había generado la tradición apocalíptica, pero hasta antes de 1947, no se había tenido la suficiente información como para saber qué tan importante había sido esta tendencia. En realidad, todo parecía indicar que había sido marginal, debido a que el Tanaj apenas si contenía vestigios de este modo de pensar (el único libro estrictamente apocalíptico es Daniel, y ciertos fragmentos de Isaías, Ezequiel, Joel, Zacarías y Malaquías pueden asociarse con la apocalíptica, pero en una postura muy moderada), y los mejores libros apocalípticos -Enok, Jubileos, el Testamento de los Doce Patriarcas, IV Esdras, la Asunción de Moisés y el Testamento de Abraham- estaban reducidos al extraño nivel de “apócrifos”.

Hoy sabemos que no fue así. En realidad, en el Judaísmo de la etapa persa y helénica (siglos VI AEC a I EC) hubo una importante tendencia ideológica proclive a la apocalíptica, y fue la que elaboró estos textos, concediéndoles el nivel de “sagrados”. Es decir: había un tipo de Judaísmo que tenía un Tanaj diferente, donde los textos proféticos incluían libros que, siglos después, no fueron admitidos como Escritura Sagrada judía.

¿Qué sucedió con esta tendencia del Judaísmo? Hoy, gracias a la evidencia recuperada en los Rollos del Mar Muerto y a lo que sabemos de historia, ya lo podemos contestar: desapareció prácticamente en su totalidad durante la primera guerra contra Roma (66-73 EC). De hecho, ahora nos queda claro que los últimos exponentes de esta tendencia fueron los Esenios Qumranitas, ya que entre los Rollos del Mar Muerto se recuperaron copias en arameo de prácticamente todos los libros apocalípticos importantes (el único que no apareció fue el Testamento de los Doce Patriarcas), e incluso se encontraron textos apocalípticos que no se conocían (como la Regla Mesiánica, tres libros más sobre el profeta Daniel, el llamado Rollo de la Guerra, así como varios textos dedicados a la Nueva Jerusalén y a Malkitzédek).

Esto nos permite dimensionar las diferencias ideológicas en el Judaísmo a partir de la reconstrucción del Reino de Judea (539 AEC): la tradición profética antigua generó dos tendencias, una moderada y una radical. Naturalmente, hubo textos en donde ambas posturas lograron un cierto acercamiento, como en Zacarías o Joel. Sin embargo, está claro que entre los siglos IV y II AEC, ambas tendencias se distanciaron.

La Guerra Macabea fue el parteaguas que generó la exaltación de las tendencias apocalípticas. Convencidos de que esta guerra habría de marcar el Fin de los Tiempos, estos místicos radicales redefinieron este profetismo extremo, y generaron la versión “moderna” de la ideología apocalíptica: D-os había revelado el modo y el tiempo de la llegada del Reino Mesiánico. Naturalmente, sus cálculos fallaron y eso los obligó a un replanteamiento a fondo de sus creencias. Hoy sabemos que es fue el contexto del surgimiento de la secta de Qumrán.

A partir de mediados del siglo II AEC, la militancia en este tipo de grupos se vio notablemente reducida. Hasta donde sabemos, la secta de Qumrán nunca fue numerosa, y no tenemos noticia de que haya existido otra secta semejante. ¿A qué se debió esto? Seguramente, a dos razones: muchos de los partidarios de la apocalíptica debieron morir en la Guerra Macabea. Y otros debieron, simplemente, desertar ante la decepción de que, pese a la victoria judía, el Reino Mesiánico no llegó.

Sin embargo, a partir de la llegada de Herodes al poder, y el consecuente incremento de tropas romanas en el país, provocó que las sociedad judía empezara a radicalizarse otra vez, y en el siglo I EC las ideas apocalípticas volvieron a cundir en la población.

Pero aquí hay que hacer una aclaración: aunque las ideas apocalípticas estaban muy extendidas, una cosa es hablar de “creencias apocalípticas” y otra de “producción de literatura apocalíptica”. Esto último es, en realidad, un fenómeno marginal, debido a su grado de complejidad. Por ello, hasta donde la evidencia documental -que es mucha- demuestra, los únicos en producir literatura apocalíptica en todo este período (casi tres siglos, desde la Guerra Macabea hasta la primera guerra contra Roma), fueron los Esenios Qumranitas.

Está claro que este tipo de literatura no tuvo cabida en las otras tres tendencias del Judaísmo de esa época. De entrada, este tipo de especulaciones mística -e incluso mágicas- eran inaceptables para los Saduceos. Los helenistas, por su parte, estaban comprometidos con la perspectiva filosófica del Judaísmo, no con los cálculos del Fin de los Tiempos. Incluso, había un elemento apocalíptico imposible de asimilar para los helenistas, y era el nacionalismo extremo: la apocalíptica, por definición propia, es una ideología pesimista que asume que el Reino Mesiánico sólo puede llegar después de la destrucción total del sistema político y religioso vigente, y eso implicaba la destrucción del orden romano para la consecuente liberación de Judea. Los helenistas, en contraparte, eran abiertos defensores del orden y la civilización greco-latinas, y su conflicto siempre estuvo marcado por su objetivo de querer “modernizar” al Judaísmo (digamos que jugaron exactamente el mismo rol ideológico que el moderno Judaísmo Reformista en sus versiones más extremas). Finalmente, los Fariseos fueron, desde un principio, anti-apocalípticos por convicción, y está perfectamente claro que los Qumranitas dedicaron sus más duras críticas contra este grupo.

La guerra contra Roma entre los años 66-73 fue el parteaguas de la historia del Judaísmo. Allí acabó el Judaísmo antiguo, ya que la destrucción del Templo de Jerusalén obligó a un replanteamiento especialmente en materia de ejercicio de autoridad: si hasta ese momento el liderazgo había sido sacerdotal y centralizado en Jerusalén, a partir del año 70 la dirección espiritual del Judaísmo se concentró en los maestros locales o rabinos, y por eso a esta etapa se le conoce como Judaísmo Rabínico.

¿Qué sucedió con los partidarios de la apocalíptica? Prácticamente, desaparecieron. En plena coherencia con su radicalismo, se comprometieron hasta el final en la lucha contra Roma, y pagaron con su propia vida. Los sobrevivientes a la catástrofe tuvieron muchas y muy buenas razones para abandonar este tipo de radicalismo, y resulta lógico suponer que se asimilaron al nuevo modo dirigencia del Judaísmo, el rabínico.

Pero la ideología apocalíptica no desapareció. Un siglo más tarde, aparece renovada y reinterpretada de manera radical en el Cristianismo. El mensaje es distinto, porque ya no se trata del levantamiento armado de una nación contra un imperio, pero el enemigo es el mismo: la Roma perseguidora y opresora. Sin embargo, la solución anunciada es otra: al cabo del tiempo, D-os mismo destruirá al Imperio Romano y el Reino de los Cielos se hará presente en la tierra por medio de la Iglesia. Esto le da una nueva dimensión a las expectativas apocalípticas: no se trata de un reino construido por políticos en el marco de la historia terrenal, sino una condición espiritual y eterna, trascendente a toda realidad humana, que se empieza a vivir dentro de la Iglesia o comunidad de seguidores del Cristo.

¿Cómo llegaron a este replanteamiento radical?

Para responder esta pregunta, sólo tenemos dos ideas concisas que parecen fuera de toda duda: en primer lugar, los cristianos del siglo II tuvieron en sus manos textos apocalípticos de donde obtuvieron el temario de estas doctrinas. En segundo, no hubo ningún judío que supiera explicar el contenido original de estos textos, y por eso la reinterpretación fue radical (y eso refuerza la idea de que los judíos partidarios de la apocalíptica desaparecieron).

No es difícil demostrar que textos (o por lo menos fragmentos) apocalípticos llegaron a manos cristianas. De hecho, el propio Jesús de Nazaret es un personaje de ideas claramente apocalípticas, y su discurso escatológico registrado en Mateo 24 (con paralelos en Marcos 13 y Lucas 21) es perfectamente apocalíptico, tanto en contenido como en estilo. Además, hay evidentes fragmentos apocalípticos en I y II Pedro y Judas, y es obvio que el llamado Apocalipsis de Juan (el libro final del Nuevo Testamento) está enteramente basado en fragmentos apocalípticos.

Ahora bien, el punto es este: hasta donde sabemos, en los tres siglos anteriores los únicos en producir este tipo de literatura fueron los Esenios Qumranitas. Por lo tanto, está claro que textos Qumranitas llegaron a manos cristianas, y fueron incorporados a esta incipiente religión. Lo que también parece estar claro es que ningún Qumranita llegó al Cristianismo, y por eso estos textos fueron radicalmente reinterpretados.

Viendo el panorama de este modo, resulta simple explicar lo que sucede con 7Q5: simplemente, se trata de otro de tantos fragmentos originados en Qumrán que llegaron a manos cristianas, y fueron incorporados a alguno de los libros del Nuevo Testamento. En realidad, no sabemos de qué trataba originalmente este relato (o acaso libro entero). Lo único que sabemos es que, por alguna razón, quedó inserto en dos evangelios (Mateo y Marcos, que -por cierto- son de los que más abundan en contenidos y fragmentos apocalípticos).

Así que no hay nada extraño. Lo único que tenemos es un ejemplo más del incómodo origen Qumranita de muchos elementos del Nuevo Testamento. ¿Por qué incómodo?

Porque, tal y como veremos en notas subsiguientes, la aceptación de que material Qumranita llegó a los libros sagrados del Cristianismo demuestran que el Nuevo Testamento es un producto netamente humano, y que Jesús mismo -el apocalíptico y, por lógica, el Qumranita- fue también demasiado humano.

Y más aún: que no tuvo nada que ver con el origen del Cristianismo, lo cual nos lleva a la conclusión de que el Jesús del Nuevo Testamento es, al final de cuentas, sólo un mito.

Irving Gatell

9 pensamientos en “7Q5: LOS ORÍGENES INCÓMODOS DEL NUEVO TESTAMENTO”

  1. Irving, muchas gracias, muy buen artículo.

    tristemente, muchos prefieren seguir mirando al cielo, seguidamente de leer su «biblia»… y creer por fe, aquello que con los ojos el entendido comprende.

    El entendido, lo hace porque hay un deseo profundo a buscar la verdad, y contrario a acallarlo, se esfuerza por alcanzarla.

    Un abrazo!

  2. Hola Irving,

    Primero felicitarle por su fenomenal texto, y segundo felicitarle también por el afortunado cambio de enfoque en relación al tradicional -lo que me lleva a reafirmarme en la idea de que las preguntas son más importantes que las respuestas-.

    Muy cierto todo lo que dice de la tradición apocalíptica, si acaso añadiría que buena parte de este género se despliega a partir de la traumática toma de Jerusalén por Nabucodonosor, creo recordar que era Laconi quién señalaba que las referencias neotestamentarias a la destrucción del Templo podrían derivarse no de la destrucción del Segundo Templo -que en puridad, se podría llamar «tercero» si tenemos en cuenta la remodelación herodiana- sino de la destrucción del salomónico a manos de los babilonios. Digamos que era figura literaria de recurso habitual en el imaginario judío. Eso explica, también las alusiones en el Libro de Daniel al Templo.

    Por cierto, que el Libro de Daniel estuvo a punto de caer del canon, sino sucedió así en gran medida fue por su popularidad en los ambientes nacionalistas de la época, pero es muy significativa su no inclusión entre los escritos proféticos y, además, habría que referirse a las diferentes etapas de creación de este Libro, su parte apocalíptica estaría muy relacionada a los ambientes tradicionalistas macabeos que, por otra parte, no tenían en gran estima a Alejandro Janeo -pese a ser macabeo- debido a su filohelenismo.

  3. Curiosamente Janeo tiene todos los números para ser el «mashíaj» «anunciado» en Daniel, seria entonces una «retroprofecia» de los autores de Daniel.

    Por último, los autores de los evangelios conocían el judaísmo lo suficiente como para integrar en sus textos conceptos vinculados al mismo, me refiero no tanto a las malas citas del Tanaj sino a cosas más sutiles, por ejemplo, las reacciones de los sacerdotes cuando el personaje de Jesús habla de modificar o cumplir la Ley, del Templo como «su» casa o, bien, las diferentes ocasiones en las que nada casualmente utiliza la fórmula «Yo Soy». Curiosamente dichas sutilezas fueron olvidadas por el cristianismo posterior, al punto que solo son discernibles si se conoce algo del judaísmo y las implicaciones de ciertas palabras o acciones.

    Un cordial saludo

  4. Amigo Jorge, ahora que menciona las ‘sutilezas’, recuerdo que estas eran tomadas por un falso rabino de origen cubano, apellido Hernandez para demostrar la supuesta hebraicidad y judeidad del NT. Esto dio pie para que este sujeto se inventara su versión del NT y asi fundamentar su movimiento de seudo judios mesiánicos.

  5. Hola Jonathan, pues no deja de ser curioso que se utilicen claras blasfemias como «prueba» de autenticidad, pero a los fundamentalistas protestantes los creo capaces de buscar cualquier cosa para agarrarse a ellas.

    Los católicos -que también tienen sus fundamentalistas- van por otras vías, igualmente absurdas -en mi opinión- pero a veces algo más ilustradas, de echo, lo suficiente como para evitar puntos como esos en los que, en el fondo, saben que pierden por un lado o por otro, eso un obispo católico lo ve, pero un «pastor pionero y emprendedor» no, así que va y emprende con… el indicio de una blasfemia. Que no es cosa delictiva pero sí significativa.

    Un saludo

  6. Gracias, ahora entiendo por qué las criticas más fuertes las hacian desde el lado católico o las hacian pastories cuyos origenes estaban en el catolicismo. Segun ellos afirmaban que lo que este Hernandez haqia no tenia justificación alguna.

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