Archivo de la categoría: Creencias erroneas

Divina existencia

Quisiera esta vez, en base a una imagen publicada en una red social, plantear algunas dudas para quienes profesan la siguiente frase:
“dios no existe”
A opinión personal, siguiendo con la misma idea, en el caso de que sí “existiese”, pues, sería Su creación o parte de ella, pero no el mismísimo Di-s*. Entonces,
¿se entiende la paradoja?
¿Se podría aceptar que la palabra existencia se refiere a  seres que son de este mundo, para entonces, poco a poco dejar de caer en la falta de criterio para deformar nuestra consciencia y seguir dañando alguno de nuestros planos?
¿Podría ser que esta frase, tan usada hasta el cansancio por unos tantos, en realidad sólo es para justificar ciertos tipos de actitudes o pensamientos licenciosos?
Intentaré complementar con un ejemplo:
Un artista tiene la capacidad transformar lo ininteligible y darle Forma. Así lograr representar sus ideas a través de su arte, con mayor o menor técnica.
¿Podría la “creación” desligarse de su autor, quitando o añadiendo moléculas, con cualquier tipo de método?
o aludiendo a la frase anterior,
¿podría esta “entidad” asumir que nació sin ser creada?
¿Podría negar de su creador original?
 ¿Sería sano?
¿Cómo relacionaría Ud. el ejemplo con la frase que estoy cuestionando?
No pido respuestas, ni menos que sean inmediatas.
Aunque si las tiene “a mano” y se identifica con quienes la utilizan , podría publicarlas en la zona de comentarios más abajo, así también ayuda a ampliar mi consciencia o la de quienes pasen por acá y tengan dudas similares.
Para quienes se formen drama con el sexismo en el lenguaje, entiéndase entonces por  ya que Di-s no tiene sexo. Al respecto, un artículo muy recomendable:
http://serjudio.com/rap1101_1150/rap1113.htm
(En mérito de mi padre Robinson López Rojas. Quieran de Arriba ayudarle a soportar sus penas y salir adelante de sus desdichas)

¿Yom Kippur para noájidas?

gottlieb-jews_praying_in_the_synagogue_on_yom_kippur

El fenómeno del enfoque en los aspectos materiales de los planos existenciales, nos ha llevado a que como sociedad, suplamos nuestros vacíos existenciales con la adquisición de bienes y servicios. En otras palabras, cuando la mayoría de las personas nos sentimos mal, lejos de buscar la introspección y el acercamiento espiritual, acudimos a lo que nos es “más fácil” y cercano, el aspecto material.

Los efectos fenoménicos de la materialización de la existencia se echan de ver en la manera en cómo hemos venido arruinando la naturaleza, bajo un paradigma económico de crecimiento continuo en boga, donde el enfoque se da en trabajar muchas horas a costa de nuestros sueños y de nuestra familia, para así adquirir más bienes y más servicios.

A las personas se les mide por cuánto tienen o cómo se ven, no se les mide por su bondad y su espiritualidad, aspectos que parecieran ser más bien motivo de reproche más que de felicitación, pues nuestro mundo está patas arriba y resulta ser que lo digno de encomio es tenido por oprobio y lo que debería de ser motivo de oprobio es utilizado para encomio.

Te voy a poner un ejemplo práctico, la forma de medir el éxito de las personas en las compañías es con base a la productividad absoluta, no así en cuanto a las relaciones humanas ni cómo su buena disposición haya influido en el buen humor de los trabajadores, los cuales se desempeñaron mejor por esa buena disposición producto del buen trato recibido por parte de ese trabajador de buen talante, el cual, pese a no ser el más productivo directamente, contribuyó a la productividad general del grupo como tal.


Efecto fenoménico de la cuantificación material de los procesos bioquímico-neurológicos y la imposibilidad de la cuantificación de las emociones, aplicado analógicamente al plano de inmanencia espiritual.

Ahora bien, resulta ser que, como el plano de inmanencia espiritual está ahí presente y no ha desaparecido pese a la materialización de la existencia, entonces las personas, como seres con espíritu y alma que somos, nos vemos en una encrucijada: Compramos bienes que no necesitamos, adquirimos servicios innecesarios, pero al final del día nuestro ser sigue estando vacío y esos bienes y servicios adquiridos en pos de suplir nuestras falencias existenciales, no lograron más que disminuir nuestros ahorros o, acaso peor, aumentar nuestro saldo debido en la tarjeta de crédito.

Cuando el origen de una creencia con apariencia espiritual parte de un concepto material, no es posible obtener espiritualidad óntica sino tan solo ontológica de algo engendrado desde el plano material. Te pondré otro ejemplo para entenderlo mejor: Si alguien toma una piedra y la talla y la nombra dios, y consigue a un grupo de personas adoradoras de esa piedra, no porque le hayan dado carácter de deidad a un simple trozo de piedra, ello implique que la piedra vaya a transformarse por arte de magia y volverse dios o generar milagros. ¿Por qué se da esto así? Por un aforismo que dice que “el que puede lo más puede lo menos pero no al revés”.

Es decir, una piedra es un objeto inerte, carece de vida, tiene ojos pero no puede ver, tiene oídos pero no puede oír, tal y como dijera el salmista, por tanto, no se le puede pedir lo imposible a una piedra, no se puede pretender que se vuelva un dios o que adquiera vida, pues para que esa piedra adquiriera vida requeriría de la intervención de Dios, pero la piedra por sí sola no va a adquirir vida, precisamente por ser una piedra.

Como podemos observar, el ejemplo de la piedra puede aplicarse de manera analógica a otros credos basados en leyendas, con semihombres o semidioses, dependiendo desde cuál perspectiva se les quiera ver, pero que al final de cuentas tienen el mismo problema que el culto adorador de la piedra, pues la base óntica del ser supuestamente divino pero producto de la creación humana es un objeto inerte al cual, ontológicamente hablando se le da un valor, una vida artificial, pero esta vida artificial no es más que un atributo ontológico, una adjetivación de la naturaleza inerte del ser, por lo que nunca dejará de ser una piedra, un semidios, una estrella, o cualesquiera formas humanas o materiales sean, por medio de las cuales los seres humanos le han dado el calificativo de dios.

Surge una pregunta por parte del incrédulo:

“¿Por qué no habría un planeta, cosa que es evidentemente no creada por un humano, ser catalogado como una deidad? Evidentemente su lógica argumentativa es falaz, pues no porque un objeto haya dejado de ser creado por un ser humano, ello implique que fue creado por un dios, ya que sigue existiendo en el plano material, producto de las colisiones de distintos elementos en el espacio exterior que le dieron forma de planeta”.

La respuesta sigue siendo la misma, no puede ser una deidad porque la deidad se encuentra en el plano superior de la existencia, o sea, en el espiritual, no en el material, y desde el momento en el que puede ser concebido y comprendido por un ser humano deja de ser Dios, porque la premisa mayor de la creencia monoteísta inmaterial es precisamente que ningún ser humano puede entender la naturaleza de Dios, por tanto, Dios no puede pertenecer al plano material. El hecho de que elementos externos hayan dado forma a ese planeta, no implica que sea un dios, sino la obra de Dios.

Heidegger logró con sumo tino diferenciar lo óntico de lo ontológico, donde lo primero es la sustantividad del ser vista de forma pasiva por el espectador, en tanto que lo segundo es la adjetivación del ser, al cual se le dota de una serie de características para traerlo a la vida.

Los ateos y negadores de la deidad utilizan el argumento de la negación del ser en su absolutez para justificar la inexistencia de Dios, recurren también a las supuestas imperfecciones de la deidad para demostrar sus falencias, las cuales, por tanto, al evidenciarlo como un ser no perfecto, implicna que no puede ser dios, mucho menos Dios.

Los avances científicos y tecnológicos nos han llevado a determinar que en el debate de Nils-Bohr vs. Einstein, con respecto a la casualidad versus la causalidad, han hecho que el primero gane el debate pues la Ciencia ha demostrado la inexistencia del principio de causalidad, por tanto, impera la casualidad, es decir, el alea, y Einstein perdió el debate. Este hecho científico ha tenido profundas repercusiones a nivel filosófico y axiológico, ya que las personas justifican la aleatoriedad del universo como una verdad evidente y manifiesta acerca de la inexistencia de Dios.

Curiosamente, esto lejos de llevar a dar mayor tranquilidad a las personas más bien las ha llevado a un aumento de la zozobra, pues resulta ser que los seres humanos, los cuales somos animales de hábitos, nos encontramos ahora con que la Mecánica Cuántica ha demostrado que el universo es completamente aleatorio y esto implica que cualquier cosa nos puede suceder.

¿Qué sentido tiene la oración y a las buenas acciones si estamos regidos por el alea y no por la certidumbre?

Nuevamente aquí se evidencia otro problema entre el aspecto óntico y ontológico de la confección del pensamiento. Se toma como parámetro absoluto el material, con lo cual se entra en una disyuntiva paradójica, pues los defensores de la tesis de la absolutez material se contradicen a sí mismos ya que niegan la existencia de la causalidad, con base a los estudios subatómicos realizados, pero a la vez aceptan la existencia de las emociones y tratan de encuadrarlas dentro de la actividad neurológica del ser humano, para de esta manera justificar por medio de procesos bioquímico-materiales los estados de ánimo de las personas.

No se puede negar que dependiendo de la combinación bioquímico-material a nivel neurológico central, ello tiene una incidencia sobre las reacciones emocionales de las personas, pero dotar de materialidad a las emociones es un sinsentido, pues una cosa son las emociones y otra los gatillos materiales que las puedan potenciar.

Esto genera dos dudas: En primer lugar, el proceso autonómico generado por agentes alopáticos ha demostrado que las depresiones sentidas por las personas, muchas veces son inducidas y creadas de manera artificial por los medicamentos, con lo cual el ateo y el negador de Dios tendría la posibilidad de decir que las emociones son parte del plano material. En segundo lugar, el proceso decisorio-autonómico de las personas, ejercido por medio de la voluntad de cada quien, lleva muchas veces a que, por medio del libre albedrío, el cual es un proceso material, según los defensores de esta tesis, se den efectos a nivel material y emocional, por tanto, las emociones no pueden ser sino una extensión material de los procesos bioquímico-neurológicos, producto del ejercicio del libre albedrío, el cual también se encuentra en el plano material.

Nuevamente los dos argumentos presentan fallos intrínsecos desde su elaboración por las siguientes razones: La Ciencia no ha logrado tomar una emoción ni cuantificarla como tal, más allá del cálculo bioquímico-neurológico, del cual ni siquiera se han logrado dar con datos o fórmulas exactas, sino con aproximados, debido a las amplias variantes en los procesos de biodisponibilidad de las personas. Si utilizamos el argumento negatorio en la misma manera en que los ateos y negadores de Dios recurren a la ausencia de la absolutez de la causalidad o, en su defecto, de la supuesta perfección divina, comprobada por medio de la aleatoriedad evidenciada por la mecánica cuántica para demostrar la inexistencia de Dios, tenemos entonces que la falta de la cuantificación exacta de una emoción, más allá de los aproximados bioquímico-neurológicos, llevan a que no podamos hablar de una emoción dentro del plano material como tal, es decir, como un cuerpo que ocupa un lugar en el tiempo y en el espacio, por tanto, debe de existir, y de hecho existe, pero en un plano ajeno al material.

De manera analógica y utilizando el símil de las emociones para demostrar que éstas no se encuentran en un plano material, se puede aplicar de manera antonomásica que la existencia de un plano material tampoco puede cuantificar ni el plano intelectual ni el espiritual. Esto nos lleva a la primera conclusión, no porque algo no sea cuantificable a nivel material, ello implica que no exista. Aterricemos este concepto dentro del ámbito del título de este comentario, el cual atañe al Yom Kippur “noájida”.

Del por qué Yom Kippur no es una celebración para los noájidas

Antes de comenzar el abordaje de esta sección, es menester mencionar que las prohibiciones atinentes a Yom Kippur, no implican un desligue total por parte del noájida de la trascendencia de la celebración, sino simplemente la abstención de la celebración de esta fecha a la usanza judía, es decir, el noájida puede entender y apreciar el valor de la celebración, pero sin una participación activa, más allá de instar al judío no observante de cumplir con el mandamiento del respeto a Yom Kippur.

Es innecesario entrar en detalles de cómo celebran los judíos el Yom Kippur, pues dichas formalidades son ajenas al espíritu de este comentario, sin embargo, para dar mayor sustento a la tesis presentada, recurriremos a lo dicho en el acápite anterior.

Las leyes espirituales, tal y como lo dijera Aryeh Kaplan, se rigen por principios distintos a los de las leyes materiales. En tanto que la lógica lineal ha sido nuestra principal herramienta para el desarrollo del plano material, especialmente por medio de los avances científicos y tecnológicos, la lógica espiritual no se basa en conceptos geométricos y lineales como sí lo hace la norma y el pensamiento ingenieril, sea a nivel de construcción de edificios, de medicina o de leyes, tan solo para mencionar unas pocas disciplinas.

He aquí otro de los errores conceptuales en la aplicación y seguimiento de las leyes de la Torá por parte de los no versados en ella, pues la lógica lineal no es el medio idóneo para respetar los principios establecidos de manera espiritual y, como ya mencionamos anteriormente, no porque el plano espiritual no se pueda cuantificar a nivel material, ello implique su inexistencia, sino más bien todo lo contrario, precisamente por no poder darse la cuantificación del plano espiritual es que debemos de ser humildes y aceptar su existencia, pues en tanto no logremos desprobarlo, no podemos tampoco negarlo.

Ahora bien, resulta ser que dentro de la aplicación de la lógica lineal y del pensamiento geométrico del ángulo recto generado por la escuadra, que es, dicho sea de paso, desde donde proviene el concepto de las normas, no es posible para una persona el pensar que si hoy es el Día del Arrepentimiento y hoy se sellan a quienes fueron inscriptos en el libro de la vida y del sustento en Rosh Hashaná, que ahora exista un fuero de exclusividad para que el judío celebre el Yom Kippur pero el noájida no.

Visto desde un punto de vista material con una lógica lineal aplicada en el tiempo y en el espacio tridimensional, ello podría tener cierta validez, aunque inclusive en este plano hay varias falacias argumentativas, sin embargo, en atención al principio de inclinarse por la libertad, podría ser admisible hasta cierto punto la tesis, pues la aplicación exclusiva de la lógica lineal y de la escuadra, darían lugar a la duda y, por tanto, a la absolución.

Sin embargo, el argumento presentado a favor de la permisión de la celebración del Yom Kippur por parte del noájida lleva ínsito otro problema más, el mandamiento es de carácter espiritual y no de carácter material, por ende, encuentra su origen en el plano de inmanencia del espíritu, no así en el físico y, tanto a nivel óntico como ontológico, la lógica a seguirse debe de ser la del espíritu y no la del fuero material.

Es decir, así como el ateo y el negador de Dios no pueden probar la inexistencia de Dios por la no cuantificación de una emoción, y esto en ningún momento implica la negación de su existencia, así tampoco puede negarse la existencia de un plano espiritual, simple y llanamente porque no se puede cuantificar a nivel material.

Por tanto, si la regla emanada desde el plano espiritual dice que la celebración de Yom Kippur es para los judíos, el argumento en contra de este precepto no puede ser combatido con lógica material, pues lo congruente sería debatirlo con lógica espiritual, así llegamos a la segunda conclusión: remedios iguales para situaciones iguales, remedios desiguales para situaciones desiguales. Esto implica que no pueden aplicarse, ni remedios iguales para situaciones desiguales, ni remedios desiguales para situaciones iguales.

Con base a esto, queda claro entonces que la prohibición de la celebración del Yom Kippur para los no judíos, proviene de un plano espiritual, y como a situaciones desiguales remedios desiguales, el hecho de que los judíos celebren el Yom Kippur, producto del mandato divino, de manera exclusiva (aspecto espiritual), implica que, debido a la exclusividad, la cual es excluyente de manera absoluta, el noájida no puede celebrar el Yom Kippur, pues la exclusividad judía separa al no judío de la celebración de esta fecha.
Espero que esto aclare el punto, ya no solo para Yom Kippur sino para el resto de celebraciones de exclusividad judía. Te deseo una excelente semana y un muy próspero año nuevo.

Un breve pensamiento sobre “Irhat Hashem–temor/reverencia del Eterno”

En las ciencias jurídicas, una palabra no siempre expresa su sentido propio.

Por ejemplo, la palabra “alimentos” se interpreta en un sentido tan amplio que incluye ropa, zapatos, medicinas, dinero, comida, diversión, estudios, etc.

El mismo caso encontramos con la palabra “excepciones” que no necesariamente expresa anomalías o rarezas a la regla general, sino que se entiende más como medidas de defensa ante las pretensiones de la contra parte (excepción de pago, prescripción, caducidad, etc).

Pero también, en las ciencias jurídicas se articulan palabras que forman frases cuyos significados no son precisamente según su sentido propio. Tal es el caso de la frase “buen padre de familia” cuyo significado jurídico es el de ser una persona diligente, responsable y cumplidora; aunque sea soltero, sin hijos, sin padres o hermanos.

Y así, en dicha ciencia social se pueden encontrar miles de palabras o frases cuyos significados, a veces, son contrario al sentido propio de sus significados comunes, o bien, muy amplios. “Alimentos”, “excepciones”, “patrimonio”, “bien jurídico”, “servidumbre” “hipoteca”, “cancelación prendaria”, etc son algunos pocos ejemplos.

Pero este fenómeno no es patrimonio exclusivo de las ciencias jurídicas, sino que también lo he notado en algunas enseñanzas que se proporcionan en este sitio, y que tienen relación directa con La Ley Universal, El Código Legal Noájida, o como se quiera ver a las Leyes Universales.

Por ejemplo, en su sentido literal, La Prohibición a la Idolatría no implica adoración, rito o ademán alguno hacia ningún dios, ídolo, o hacia el Creador; sino la abstención completa de la persona de esas acciones, aunque fuesen bien intencionadas, como más adelante expondré.

Y sobre esto, el maestro expone en su artículo “Irhat Hashem–temor/reverencia del Eterno” (1) como puede entender “temor/reverencia” el no-judío al que le está prohibido una acción religiosa.

Es decir, “temor/reverencia” no necesariamente significan el sentido propio de dichas palabras, sino que conllevan sentidos mucho más amplios, que a su vez, no implican violación a la prohibición principal.

Del artículo indicado, así como del que le da origen, personalmente puedo resumir lo que entiendo así:

– no vivir con miedo o temeroso de castigos divinos.
-gozar el placer que otorga la vida mientas se aparta de lo prohibido, falso, equivocado.
-vivir con conciencia.
-tener presente, individual y colectivamente, la Ley Universal para todos los actos humanos.
-Aprender Comunicación Autentica y ejercitarla.
-Construir Shalom con actos de justicia y bondad.

Así, puedo entender que “temor/reverencia”, lejos de lo que religiosa y ritualmente se puede entender, tiene que ver con la forma en que se administra la propia vida y como puede la persona apegarse a una ética superior. Sobre la forma en cómo se construye una sociedad más apegada a valores y principios, y menos a prejuicios arcaicos hartos superados.

De resultar medianamente razonable mi conclusión, las acciones que propone el maestro en su artículo “Irhat Hashem–temor/reverencia del Eterno” no me resultan contradictorias ni a mi propia identidad, ni a mi propia Torá, ni a la Prohibición a la Idolatría; ni incluso me parece que sean contradictorias a los que siguen una posición no teísta, ya que es razonablemente lógico y humanista.

Sin embargo, el problema lo noto en mis amigos creyentes bien intencionados, los que con el gran deseo de realizar un acto de amor hacia El Creador, se inclinan por realizar actos de “temor/reverencia” no requeridos, obviando la prohibición idolátrica. O noto también un problema en mis amigos ateos, los que por su extremismo legalista, se ven imposibilitados en ampliar el significado de la prohibición.

De los primeros quisiera comentar en breves líneas algunas de mis conclusiones. De los segundos, posteriormente en algún otro artículo.

¿Qué le está pasando al noajida creyente bien intencionado?

Juzgando por lo que he visto en mi Facebook, en su buena intención de realizar una acto público de amor para demostrar su “temor/reverencia” hacia El Creador, estan idolatrando su propio concepto de dios, idolatrando a maestros o rabinos, está apartándose de sus amigos noajidas no teístas; cuando la obligación principal debería estar centralizada en mejorarse individualmente, mejorar la sociedad, y estudiar las profundidades abismales que tienen nuestro “simple” Código para descubrir cada día un poco más de La Verdad y aplicarla a nuestra Realidad.

Obvian que para el hombre resulta imposible conoce al Creador.

Resulta imposible para los mortales saber qué es lo que él quiere individualmente para cada quien. Por ende, resulta imposible saber con plena seguridad que el Creador quiere, individualmente, un acto de “temor/reverencia” y amor del creyente bien intencionado.

Aunque SI podemos estar seguros de lo que NO quiere el Creador, pues la propia legislación taxativamente lo expresa. La imposibilidad humana sobre conocer al Creador implica que no lo busquemos, pero SI implica que lo imitemos. “Imitar las acciones de Dios” pareciera ser el deber del hombre, como resultado lógico de la imposibilidad entenderlo. Necesariamente nos obligaría en estudiar con seriedad las Prohibiciones para discernir las acciones correctas. Pero es tema de otro artículo y de maestros, no mío.

Pero volviendo al tema de mis conclusiones sobre el concepto de “temor/reverencia” y su malpraxis en algunos noajidas creyentes bien intencionados:

¿Cuál es el fundamento para una conclusión así?

Pues, apelo a los antecedentes y respondo con preguntas:

¿Quién le dijo al siervo de Abraham que debía, bienintencionadamente, realizar actos religiosos que no le había enseñando su maestro? (2)

¿Paso años sirviendo y educándose a la par de un maestro noajida, aprendiendo sobre las Leyes Universales y sanas conductas, y le gano la buena intención de adoración a dios sin que nadie se la pidiera? (3)

¿Y qué me dicen de Noé? Le pidió el Creador que recogiera animalitos para salvarlos del Diluvio, y lo que hizo fue matarlos para agradar al Creador ¡¡ (4)

Si “de buenas intenciones está construido el infierno” decían los viejos.

Pero ni el El Texto Fundamental, que nos narra la entrega de nuestra legislación, se logra detectar un mandato o una ley que implique un ritual bienintencionado de “temor/reverencia” hacia el Creador ¡¡ (5)

En síntesis, puedo entender que la mejor loa que puede hacerle un mortal al Creador en “temor/reverencia” es desarrollar una existencia, individual y colectiva, que sea evolutiva en dignidad de hombre; en explorar y explotar sus potencialidades y capacidades. En hacer de este mundo un paraíso, un Edén, un lugar santo (no santurrón), un lugar donde el hombre se naturalice y la naturaleza de humanice. No un acto bienintencionado subjetivo.

Muchas gracias por su lectura, comentarios y correcciones; pues la intención es que de los errores aprendamos todos.

identidad

_________________________________

(1) http://fulvida.com/2015/07/06/irhat-hashemtemorreverencia-del-eterno/

(2) http://fulvida.com/2014/12/02/avraham-y-su-siervo-se-inclinaron/#comment-61340

(3) http://fulvida.com/2014/12/07/en-busca-de-sentido-de-la-prohibicion/

(4) http://serjudio.com/shemot/tetzave66.htm

(5) http://fulvida.com/2008/03/27/un-texto-fundamental/

Contaminados por religión

Hemos estudiado en otras ocasiones que la religión, toda religión, es un derivado social del EGO.
Su misión es esclavizar al ser humano, doblegarlo, someterlo, mantenerlo a oscuras y apartado de su Yo Esencial, el cual es la NESHAMÁ (espíritu).
Si bien se presenta como camino a la deidad, cualquiera ella sea, en realidad es un bloqueo a Su LUZ, es la negación de la espiritualidad.
Para peor, al mostrarse como una senda sagrada, perturba la mirada, lleva a confundirse y exiliarse todavía más de la NESHAMÁ, y por tanto del Señor.

Por otra parte, es instrumento de dominación social, lo cual en ciertos aspectos ha servido para reducir conflictos, someter la ferocidad y la violencia, ¿pero a qué costo?
En efecto, hemos visto que al relajarse las cadenas de la religión, por ejemplo en Occidente, muchos se han desviado hacia estilos de vida ofensivos, criminales.
Pero, también podemos comprobar que en otras regiones, así como en otras épocas, fue (y es) precisamente la religión la mayor causante de conflagraciones, destrucción, matanzas, odio, falta completa de paz interna y externa.

Por tanto, debiéramos promover la desaparición de TODA religión, para que aflore lo que realmente debe estar guiando la vida de todo humano, que es la NESHAMÁ.
Que sea la verdadera espiritualidad la que quede al mando, y no esa tortura del EGO llamada religión.
Sabemos que las dos únicas identidades espirituales creadas por el Eterno son la judía y la noájida. La identidad espiritual judía se manifiesta a través del judaísmo, que es el estilo de vida ético que corresponde en exclusiva a las personas judías. En tanto que el resto de las personas, quienes son el 99% de la humanidad, son noájidas, pues tal es su esencia espiritual. Esa espiritualidad se vive a través del noajismo, que se basa en los Siete Mandamientos Universales que el Eterno ha dado a cada gentil, de toda época, lugar, creencia, condición social, para que cumpla y por medio de los cuales se manifiesta a pleno su ética espiritual.

Toda religión es el fracaso del espíritu, pues es el imperio del EGO.
Por lo cual, al querer conocer nuestra verdadera esencia, conectarnos con lo que somos eternamente y así estar conscientes de nuestra conexión perpetua con el Eterno, debemos aprender el camino que nos toca, sea judaísmo o sea noajismo, para experimentarlo plenamente.
Porque con judaísmo, los judíos y noajismo los gentiles, se está en aplicada construcción de SHALOM, que es la obra/palabra/gesto/pensamiento que combina la bondad con la justicia, en la medida apropiada tal y como ordena el Eterno.

Sin embargo, la religión nos ataca por todas partes, pues todos tenemos EGO, y por tanto estamos en habitual riesgo de sumergirnos en las fantasías que nos propone de falso poder, autoridad, trascendencia ficticia, o por el contrario, negación de nuestro ser, desamparo, abandono, sentimiento de pecado y perdición.
Además, la religión ha encontrado mecanismos efectivos y eficientes para colarse hasta los lugares en los que parecen más esterilizados e improbables de contaminación religiosa. Así aparecen rasgos religiosos allí en donde menos se los espera, aunque no tengan la etiqueta religión, incluso si hasta se presentan como anticlericales o carentes de deidad a la cual adorar.
Por doquier esta la contaminación de la religión, y por ello es sumamente importante despertar a la conciencia espiritual y abstenerse por completo de toda superchería, superstición, o acto religioso.

Recordemos, aunque lo hemos dicho incluso unos párrafos más arriba.
Ni judaísmo ni noajismo son religiones, ni se las debe equiparar con ellas.
Lamentablemente, tanto por ignorancia como por falta de cuidado en el pensamiento/lenguaje, se terminan asimilando con el concepto religión, lo cual es una ofensa directa en contra del Hacedor, quien ha puestos estos dos santos caminos para redención de la persona, para perfeccionamiento de la sociedad, para establecimiento de un mundo paradisiaco en esta realidad terrenal.

Es esencial para los gentiles conocer el noajismo, vivir de acuerdo a él, estar precavido para no tropezar con las trampas del EGO. Por supuesto que esto también aplica para los judíos con respecto al judaísmo, sin embargo, al haber muchos más rigores y preceptos que recordar y cumplir, entonces se supone que hay menos chance para le judío de verse arrastrado hacia “el lado oscuro”. Pero, si se carece de la teoría correcta, si no se realiza la práctica apropiada, entonces se está en manos del EGO, ya encerrado en la celdita mental.

Liberarse de la religión, es una necesidad para todo ser humano.
Dar el paso que nos saca de la celdita mental, en la que estamos atrapados. Renegar de esa mentalidad religiosa, que está probablemente en cada uno de nosotros.
Y comprender que el camino del Eterno es llevar una vida de ética plena, la de origen espiritual.
Cumpliendo cada uno sus mandamientos, los Siete para cada gentil; los que correspondan de los 613 para cada judío.
Que se pueden resumir en una constante obra de bondad y justicia, siendo leales al Eterno.

Aprender a callar para escuchar y entender

Personalmente, mis mejores maestros han sido mis propios errores.

Pero para poder aprender de mis yerros, he tenido que hacer cierto esfuerzo para comprometerme a estar consciente; no responder a la incómoda impotencia desde el automático de la inconsciencia.

Pues bien, hace unos días atrás, mi compañera me descubrió mi impulsividad a responder, a contestar, a hablar, a decir, a abrir la boca antes de que otro terminara de decir lo que tenía que decirme.

Dejándome dubitativo me preguntaba si mi compañera tendría razón, si realmente mis propios preconceptos e ideas prefabricadas, o esas “verdades” que yo mismo las tengo por “absolutas”, me impiden escuchar y entender lo que otros tratan de comunicarme.

La razón se la di.

Y el compromiso de callar para escuchar lo que otros tienen que decir para entender, lo acepté.

Pero mi convencimiento no solo fue por mi propia experiencia; sino que encontré un antecedente.

Si bien no soy seguidor del personaje de Noé (1) , éste sí tuvo una actitud de callar para escuchar y aprender que vale la pena estudiar o analizar con calma.

Si se lee detenidamente Un Texto Fundamental (2) , dios habló 4 veces: dos veces con Noé y sus hijos, una tercera vez (pareciera que) habló con él mismo; y una cuarta vez solamente con Noé.

¿Y cuál fue la respuesta de Noé? La Mudez.

¿Curioso, no? No respondió un “amen”, “así sea”, “gracias”, “de acuerdo”, “copiado”, “entendido”; ni sus hijos respondieron “no entiendo muy bien”, “repítalo”, “explíquese por favor”, “a mi me parece que”, “no estoy de acuerdo por”, “replantee la cosa”, “yo opino”…

La inercia en la respuesta de Noé ante una conversación con dios, en algún momento me hizo pensar en las razones que expuse en el artículo La Aceptación Tacita e Implicita (3) , pues el silencio pareciera ser de lo divino, pero ¿de un mortal? ¿De una persona que tiene cosas que decir, opiniones que dar, ideas que compartir, voluntad que expresar?

Lo cierto es que Noé y sus hijos callaron ante lo que escucharon. Y porque ellos callaron, hoy nosotros aprendemos e intentamos entender.

Senda lección querido lector. Callar para escuchar y entender.

Aunque, confieso que las lecciones y las dudas de su silencio no terminan acá.

¿Será que la prohibición a la blasfemia, más que una acción positiva de bendecir, quiere decir que hay que callar? Pero bueno, ya hable mucho, y el tema que quería concentrarme era en el silencio.

Gracias por sus comentarios y lecturas de los artículos que se relacionan.

pajaro_cierra_el_pico

___________________________

(1) Personalmente no considero a Noé alguien a quien imitar por completo. Noé está muerto y por lo tanto, terminado. Nosotros estamos vivos y por lo tanto, no nos hemos terminado de crear.

(2) http://fulvida.com/2008/03/27/un-texto-fundamental/

(3) http://fulvida.com/2014/07/25/la-aceptacion-tacita e-implicita/

Idolo y diosecitos

El concepto que muchos teníamos sobre la idolatría (en definitiva me incluyo) era muy superficial; pensábamos únicamente que la prohibición era centrada contra la religión heredada; en imágenes, cruces, iglesias, santos, fiestas seculares, paganismos, ocultismo, santería entre otros.

El error que cometíamos era no mirarnos hacia adentro para saber si había otras formas de ídolos a los que igual teníamos que enfrentar, que no necesariamente eran materializados en una religión.

Desconocíamos que una función natural se transformó en un ídolo a quien adorar y por quien anularse, y a los deseos pequeños diosecitos.

Hay 3 artículos que quisiera asociar en esta publicación, porque personalmente los considero pilares sobre el origen del ídolo, el culto al ídolo y su servicio. Al final dejaré los links, pero como antesala, y en orden de lectura personalmente recomendada, los artículos son:
-El cuerpo conoce
– Origen de la idolatría
-Terafim, trofeos del EGO

De manera muy sucinta y con las lecturas asociadas se puede comprender que todos tenemos un activo natural, cuya ignición fue la impotencia sufrida corporalmente al nacer. Al crecer física y psíquicamente también creció la sensación de impotencia por la experiencia humana, y se complejizó las rústicas herramientas del activo natural. Al ser nuestro activo el narcótico ante la impotencia experimentada, lo “divinizamos”. Pero la divinización que hacemos no es la rendición de cultos tal cual la religión oficia, sino que consiste en dejar que sea el activo natural el mandarín de nuestros actos.

Esto se puede comprender mejor cuando pensamos en un deseo insatisfecho. Rogamos a dios que nos dé (o que les dé a nuestros conocidos) salud, pareja, hijos, trabajo, dinero, casa, caro, felicidad, paz, justicia, etc, porque se considera justo y bueno el pedido.

Con este ejemplo pareciera que lo que se solicita es el fin y dios es el medio para lograrlo.

Si se obtiene el pedido, el deseo se da por satisfecho. Se aprende entonces que un deseo satisfecho es placentero y da un aparente sentido a la existencia. Si ese fuere el caso y el sentir, entonces se fabrico un ídolo, algo porque vivir: satisfacer el deseo, la necesidad, la demanda.

Pero no solamente es ídolo el fin que se considera necesario, sino que también lo es el medio para lograrlo, el acto ególatra; o mejor, el EGO y sus instrumentos. Al inicio de nuestra existencia, el EGO nos dio buenos resultados, nos salvó la vida. Lo hicimos nuestro dios, a las demandas y deseos diosecitos, y al resto de personas o cosas el medio para lograr el propósito de salvaguardar la existencia. En nuestros inicios la impotencia era real, el peligro de morir no era en broma; carecíamos de herramientas racionales para resolver el dilema de nacer, ni herramientas físicas para enfrentar la propia existencia (garras, dientes, pelaje, fuerza, velocidad, etc). Necesariamente dependíamos del EGO para que otros auxiliaran.

Ahora, nuestro ídolo es el EGO, su culto es ignorarlo para dar rienda suelta a sus herramientas con el propósito de satisfacer el deseo, el anhelo o la demandad, a pesar de que el peligro de muerte no es tan severo como al nacer. Deseo, anhelo o demanda que también pueda llegar a ser ídolos, pues no apreciamos la vida sin ellos.

Personalmente, al descubrir el funcionamiento del EGO, descubrí mis propios ídolos. Esos a los que debo nulificarme para darles vida, y a su vez, que otorguen sentido a la vida. Siempre desee tener descendencia pero hasta la fecha no lo he conseguido. La angustia por la insatisfacción del deseo detonó actos ególatras inimaginables; me rendí al deseo al que divinicé, y  al hecho de tener hijos le llame “dios”

Me concentré tanto en mi carencia y en el no poder concretizar mi deseo que el único motivo de vida que encontré fue conseguir mi aspiración. El concepto de familia lo divinicé, lo hice un ídolo a quien adorar y por quien anularme. Cualquier cosa, cualquier persona, cualquier dios era solamente un medio para alcanzar mi propósito, sea, para mi ídolo.

No resulto sencillo aceptar que había cometido un error; había creado un ídolo inmaterial al cual daba vida con mi propia vida. Ignoraba que mi EGO me había vencido de nuevo porque había respondido la impotencia de la forma infantil, no de la madura, pues mi existencia no estaba en peligro por mi carencia de familia, aunque esa era la sensación sentida.

Si no resultaba sencillo aceptar el hecho de que había creado un ídolo inmaterial, resultaba más doloroso enfrentarlo. Pues no solamente era renunciar a él, sino a su culto, que era el deseo junto con la acción concentrada exclusivamente para conseguir mi propósito.

Renunciar y enfrentar al ídolo creado resultó ser como sacar una espina enquistada, la que se elimina con pinzas y lupa para evitar que queden rastros y no dañar más la carne. De igual forma, tenía que verificar si, en mi conducta y mis acciones, había ese deseo camuflado de alguna manera para no dañar más a las personas ni dañarme a mí mismo.

Lejos esta de la prohibición a la idolatría honrar a dios, lo que me parece un motivo muy superficial y muy light. La prohibición es hacia nosotros para honrarnos y trascender en dignidad; la dignidad que tiene el ser humano.

La libertad y la independencia que otorga la prohibición a la idolatría es hasta de nosotros mismos; pero ambas no garantizan inmunidad a la tendencia a hacerse un ídolo, pues mientras vivamos, estará vivo el EGO y el peligro de que siga imponiéndose sobre la razón.

En síntesis, de la triada idolátrica de la que nos debemos de prohibir en nuestra existencia no es ni el padre, ni el hijo ni el espíritu “santo”; sino del EGO, sus herramientas y nuestro deseo. La mejor forma es la de vigilar nuestras impotencias, lo que consideramos tatamente necesario para nuestra vida o plenitud.

Gracias por su lectura y comentarios. Y mis mayores deseos de cero idolatría para este nuevo año civil.

 

El cuerpo conoce

Origen de la idolatría

Terafim, trofeos del EGO

mini-corpus

Europa, Europa

Europa no fue precisamente el paraíso para los judíos durante siglos, si no al menos milenio y medio fue una cámara de torturas de infinitas ocurrencias malignas. Desde mucho antes de llamarse Europa, cuando era la gran hermandad cristiana, las cosas no estaban bien para los judíos.
A breves períodos de calma lo rodeaban pesadillas y tormentas que parecían no tener fin.
Los judíos eran los culpables de “la muerte de dios”, representada por la fantasía de entrega, juicio y crucifixión del judío Jesús. Eso los condenaba eternamente, a los antiguos, actuales y futuros. Para colmo, se negaban tercamente a aceptar la conversión a Jesús, amistosamente ofrecida a veces, pero generalmente acompañada de la espada y el fuego.
Eran diferentes porque creían diferente, pensaban diferente, comían diferente, llevaban una vida diferente; y aunque el judío abandonara su cultura y modos de vida, aunque tratara de tapar su esencia para asimilarse con el resto; algo hacía que igualmente fuera discriminado, y no precisamente por un tema racial, ya que no hay raza judía.
Y sí, algunas veces se levantaban brillantes judíos que iluminaban los oscuros cielos con su paso triunfal, ministros, filósofos, intelectuales, escritores, científicos, artistas, consejeros de reyes, políticos, periodistas, afables charlatanes, médicos, clérigos cristianos, lo que podía presagiar el fin del drama para la Familia; pero era una ilusión pasajera, Europa seguía con un odio profundo enquistado en contra del judío y lo judío. Los judíos seguían sumergidos en los pantanos, aunque alguno levantara la cabeza. Y luego, cuando a espaldas de Napoleón la cosa pareció realmente cambiar, para bien, otras calamidades ya estaban siendo preparadas y llevadas a cabo, adrede o no.
Por ejemplo, el famoso caso del capitán Dreyfus es solamente una muestra de lo que fuera normal para el judío durante siglos. La justicia inexistente, o inoperante, o abiertamente injusta, en contra de los derechos de los judíos. el tinglado organizado para humillar al judío, abusar de él, negarle su existencia e identidad, mantenerlo en una subclase humana.

Así pues, hay que tenerlo presente, la historia de las amarguras judías no comenzó con el ascenso del inmundo Hitler en los 1930s, más bien, él y su apestosa maquinaria de exterminio judío fue una especie de culminación de un extenso proceso de deshumanización y maltratos.
Algunas de las actuales intrigas, acosos, violación de derechos y otras agresiones que sufren judíos y Estado de Israel en Europa quizás sean menos efusivamente físicas, (y solo quizás); tal vez disminuyó un tanto la inquina y el deseo sanguinario, (y solo tal vez); pero, ¿para qué ocultarlo? Algo en Europa huele a podrido hace muchísimo y sigue provocando la violencia antijudía (israelí).

La idea antijudía, antiisraelí está fuertemente arraigada en el inconsciente europeo, que hasta por medio de la bondadosa asimilación procura eliminar al judío y lo judío.
Y ahora, cuando están a punto de ser sometidos (¿o ya lo son, pero no lo saben?) al imperio árabe-musulmán, en vez de aferrarse a su aliado verdadero, Israel, escogen atarse más fuerte la soga que los arrastra al abismo, allí donde los espera la espada mora para cortarles por siempre la asqueante cabeza.
En lugar de amigarse con el Eterno, aceptar su rol como noájidas y llevar adelante la construcción de SHALOM, están en rebelión y exilio, cada vez más lejos de la LUZ.
Los pocos noájidas, supongo que no la tienen fácil en las próximas tierras del califato; la buena gente gentil europea, que pudo desvestirse del uniforme antisemita, tampoco.
¿Qué podemos hacer por ellos, como ayudarles?

¿Hay futuro luminoso para Europa?
Espero que sí, rezo por ello.

¿Feliz navidad?

Probablemente la navidad tenga alguna cosa bonita, no sé, podría ser el anhelo que haya amor, paz, unidad familiar, buenas intenciones, favorecer al prójimo, esperanza de luz en la oscuridad, todo eso tan lindo que no se cansan de promocionar los que lo hacen.
PERO es una fiesta idolátrica, en su origen, en su finalidad, en su contexto.
Tiene la figura de una falsa deidad como centro, su adoración, su elogio, el ferviente apego de sus seguidores alienados de la verdadera espiritualidad. Eso sin contar con que pretende usurpar el rol de Israel en el Plan Divino, así como falsificar la relación que cada persona tenemos con nuestro Padre Celestial. No son cosas menudas, ni para mirar de costado haciéndose el desentendido.
No hay manera de esquivar ese hecho cierto, la idolatría y por tanto el caos, la oscuridad, la falsedad, la esclavitud, el EGO, la manipulación, la negación, el exilio del ser, el desconocimiento del Señor, entre otras consecuencias.

Por tanto queda absolutamente fuera de todo propósito para el leal al Eterno el inmiscuirse con las cosas navideñas, porque aquello que pudiera tener de positivo queda aplastado por lo que no lo es.
No podemos, no debemos, compartir esa celebración, ni siquiera sería admisible desear “feliz navidad”, porque de cierta forma es seguir promoviendo el error y llenando de más caos, en lugar de ir poniendo orden y atrayendo el SHALOM al mundo.

Sí, la gente que festeja probablemente merece todo nuestro respeto y cariño, pero no su adicción a la esclavitud del EGO en forma de religión.
Detrás de la careta está el ser.
Allá, en lo profundo hay una NESHAMÁ (espíritu) en constante conexión con el Eterno, pero que no puede manifestar su LUZ a causa de estos bloqueos impuestos por el EGO. La religión enmascara el rostro, perturba la conciencia, niega el despliegue de la bendición, falsifica con palabrería y rituales el deleite del espíritu.
Por lo cual, seamos comprensivos, amistosos, afables, cordiales, respetuosos, amorosos, pero sin que ello nos lleve a errar y a aumentar el error del prójimo.
Deseemos bienestar, felicidad, concordia, paz, prosperidad, salud, incluso un buen año, ¿por qué no? Pero, en la medida que seamos dignos de nuestra identidad espiritual, evitemos sumarnos a la oscuridad, incluso con las excusas de las buenas intenciones.

Eventualmente el mundo despertará del letargo del EGO, podremos desprendernos de la religión así como de las otras manifestaciones tóxicas que nos exilian de nuestro ser.
Mientras tanto, a seguir construyendo SHALOM, con acciones/palabras/gestos de bondad y justicia.

Un pequeño pensamiento

Al observar un alba o un ocaso, y estando uno plenamente consciente de que se es un elemento más del reino animal y material , se revela el eterno conflicto en el que estamos.

Observar, por ejemplo, un atardecer en una playa, se puede notar que todos los elementos se sincronizan de tal forma, que dan como resultado un panorama artístico. El sol, a miles de kilómetros terrestres, sincronizado en tiempo con los elementos terrícolas, y todo formando un espectacular horizonte. Las olas, los colores, las luces, el agua… pero…

¿Cuál es el papel del observador en esa sincronización de elementos tan perfecta? ¿Cuál es el papel del observador en tan majestuoso orden? ¿Tenemos algún rol en ese compás ordenado, o algún papel que cumplir para que el orden se dé?

Algunos religiosos pensaran en las maravillas de dios, como separados de los elementos y simples observadores del espectáculo que acaban de ver, y con esa idea podrán dormir tranquilos hoy.

Por otro lado, en otros, las ideas y la conciencia nos traicionaran, e imaginaremos si estando parados en otros astros, el sol por ejemplo, podrá la Tierra crear en el astro rey un espectáculo igual. ¿Podrá la Tierra crear en el Sol un espectacular fenómeno como el que acabamos de ver en la playa? Es decir, ¿podrá darse algo a la inversa?

Y a todo esto, ¿Cuál es entonces nuestro rol en tanto orden? ¿Qué papel jugamos? ¿Por qué nadie no los dice, o ¿por qué no lo sabemos desde el mismo momento del nacimiento en nuestra programación biológica?

¿Por qué, si somos un elemento más del reino natural, no formamos parte de ella a la vez?

pensando en la playa

 

En definitiva, estamos en conflicto. En conflicto con la naturaleza y con nosotros mismos. Desconocemos completamente nuestra función, nuestro papel en la creación, en el reino natural, como se quiera ver.

Ese conflicto en el que estamos nos crea inconformidad. Queremos formar parte de todo, pero ya no podemos. Estamos separados. Intentamos mediante el orden social encontrar sentido a nuestra inconformidad del conflicto; pero lo que hacemos es que perdemos nuestra indentidad e individualidad para confundirnos en el rebaño.

Nos olvidamos de nuestro ser, para ser la etiqueta social impuesta, o la máscara del Yo Vivido experimentado hasta la fecha.

Pero, desnudos ante el imponente orden natural, somos escuálidos elementos pensantes, completamente desubicados en esa gran maquinaria ordenada con precisión espeluznante.

¿Cómo no entender al religioso que con su cuento de Hadas y su mensaje de salvación nos saca de esa realidad? ¿Cómo no comprender esa tendencia oscura en nosotros de desear ídolos a quienes con pasión obedecer y refundirse con ellos, para perdernos en la inconsciencia y así no sufrir con esa realidad?

Desde mi punto de vista, comprendo (y con cierto amor) al creyente y al religioso. No resulta sencillo aceptar que las personas estamos en serio conflicto con el reino natural y con nosotros mismos; y que estamos desubicados, desarmonizados, en caos.

De alguna forma tenemos que regresar a la armonía y al orden natural, pero sin perder nuestra identidad; sin sacrificar o anular nuestro YO, o sin perder la libertad que por derecho natural se nos garantiza.

Es decir, emprender nuestro “camino a casa”, si se me permite la metáfora, y unirnos con todo y con todos, sin perder nuestra individualidad entre las cosas y las masas. Que el sentido de nuestra existencia no sea especulativo sino real, para que al fin, estemos en armonía con el compás y la orquesta del universo.

Pero me despido acá; no sin antes recomendar el artículo El Mesías de tu Vida.

El MESÍAS de tu vida

Perversión central de un sitio de “Kabbalah” (?)

Hace un rato alguien me compartió esto: “Sé amable contigo mismo y deja ir el juicio. Confía en que donde estás en tu vida es exactamente donde tienes que estar.”
Decía que era de un sitio de Cabalá, lo cual realmente dudo en grado extremo. Más bien será de ideología facilista New Age, del neo escapismo, o de algún paganismo que se quiere hacer pasar por judaísmo. Pero ciertamente, el mensaje es terrible, anti vida, grotesco, enfermo y mortal.

¿Por qué?
Porque con estos argumentos ramplones las personas que están en situación de víctimas reales, seguirán estándolo, y para colmo sintiéndose brutalmente culpables si sueñan con un poco de justicia, si anhelan vivir sin degradación, si desean ser tratadas con dignidad y respeto.
¡No! El lugar en el cual estás, no necesariamente es el que debes estar.
Porque si eres un niño abusado por tus mayores, no estás ahí porque un dios perverso lo quiere y tú obligación es aceptar tu maltrato.
Porque si eres una mujer golpeada y violentada por su marido, no tienes el deber de guardar silencio y sufrir la pesadilla.
Porque si te hostigan en el estudio o el trabajo, si eres objeto de bullying, no debes disculpar la tremenda injusticia y decir que estás allí porque es tu lugar.
Porque si tu gobierno es despótico y cancela tus derechos, no es con pasividad y humillante aceptación que las cosas cambiarán.

Ciertamente el mensaje verdadero de la Torá, y por tanto de toda corriente realmente cabalística, es que debemos buscar el juicio, hacer actuar a la justicia, promover el bien para quien es merecedor de tal y ser duros en la medida exacta con el malvado.

No todo es bueno en todo momento, aunque pudiéramos ver cómo de cierta forma quizás lo podemos transformar en bien a futuro; aunque no comprendamos los vericuetos de la existencia, el hecho cierto es que debemos hacer nuestra parte para que sea establecido el verdadero SHALOM, que no se basa en mentiras, ni en negar la realidad, ni en mantenernos como impotentes miserables cuando es otra la opción válida.

Por tanto, no confíes que estás donde debes estar.
Porque tal vez eso es un justificativo para seguir siendo violado; porque eso es el arma que tiene el pervertido para manipularte.
Porque, aunque no estés en una situación dramática, es un mensaje erróneo que te niega tu derecho a ser libre, a crecer, a cambiar, a trabajar por un mayor bienestar.

Y sí, debes ser amable contigo mismo, obviamente que sí.
Pero no, no tienes derecho a dejar ir el juicio sobre tus actos, porque esa es una excusa típica del que hace cualquier disparate para seguir en el camino del error. Sean pecados voluntarios o no, sea porque deseas hacer el mal o no, es imprescindible realizar un auto juicio de manera habitual. Es la evaluación de la conciencia que nos permite hacer TESHUVÁ, y nos acerca más a nuestra identidad espiritual, a Dios.

Por tanto, por favor, no confíes en esos sitios de “KABBALAH” que son venenos mortales pero con sabor y aroma a deleite.
Son maquinarias para entorpecer el pensamiento, paralizar el sentimiento, y aunque se quieran vender como finos perfumes espirituales, realmente son hediondas fauces de la idolatría supersticiosa.

Es mi humilde consejo, puedes tomarlo o dejarlo, obviamente, porque no precisas de mi autorización para hacerlo.
Sin embargo, yo sería atento y lo tomaría en cuenta. Dejaría de perder mi vida adorando doctrinas mortales. No gastaría un centavo más en engrosar las millonarias arcas de los centros de falsa espiritualidad, sea KABBALAH o la que fuera. No permitiría a familia o amigos contaminarse con la enfermedad que estas fábricas de muerte producen. No compartiría alegremente los mensajes distorsionados, falsamente positivos, amargamente desfigurados como judaísmo. No haría más caso al malvado, para entonces poder ser feliz y estar en paz.

Para finalizar, palabras de un profeta de la Verdad:

Estas son las cosas que debéis hacer: decid la verdad unos a otros, juzgad con verdad y con juicio de paz en vuestras puertas, no traméis en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni améis el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio, declara el Eterno
(Zejariá/Zacarías 8:16-17)