Ciego, sordo, en eso te has convertido…

«No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego; sino que tendrás temor de tu Elohim. Yo soy Hashem.»
(Vaikrá / Levítico 19:14)

Mucho se ha escrito y codificado a partir de estas palabras, bueno es estudiarlo, aprenderlo y aplicarlo en la medida de lo posible.
Quisiera, humildemente, aportar una perspectiva que nos sirva para crecer como personas.

¿No hubiera sido suficiente si se ordenara “no maldecirás”, o “no maldecirás a otra persona”?
¿Era necesario hacer particular énfasis en aquella persona que no se ve afectada por nuestras palabras, ni siquiera se entera de lo que hemos dicho acerca de ella?

¿No bastaba con expresar “no pondrás tropiezo delante de ninguna persona”?
¿Cuál es la importancia de remarcar que el que está en peligro de tropezar por nuestra causa es un ciego, sea que no puede ver con sus ojos o que está nublado en su conocimiento?

¿Es tan grave esto que es necesario hacer especial hincapié en recordarnos que debemos temer/reverenciar al Eterno?
¿O acaso hay alguna otra enseñanza detrás de la exhortación a temer/reverenciar al Eterno, precisamente en este punto, cuando se nos advierte de no causar malestar o daños a los vulnerables y que no tienen cómo advertir nuestra perversa intención?

La idea que te propongo ahora, y que no intenta eludir lo codificado como reglamentario ni enseñado como apropiado por los maestros, es lo siguiente.

Trata de darte cuenta de que tú eres ese sordo al que estás maldiciendo, como también eres ese ciego al cual estás poniendo un obstáculo ante sus pies.
Porque, cada vez que te aprovechas de una supuesta superioridad sobre otro, haciendo uso de un aparente poder para manipular, generar malestar, oprimir, herir a alguien inocente en situación de vulnerabilidad; en realidad, en esencia, tú eres el débil, tú eres el estropeado, tú eres el impotente, tú estás en problemas. Tú te aprovechas de trampas y ventajas impropias para tener un poquito de aparente poder; pero, sigues siendo impotente, esclavo del EGO, atrapado en una telaraña de creencias y sentimientos que te mantienen apabullado, pasajero de una vida sin sentido y vacía.

¿Crees que te estás burlando del sordo?
¡En verdad tú eres el objeto y sujeto de la burla!
Tú eres quien deberá pagar los platos rotos a la hora en que se pase factura y se exija abonar la cuenta.

¿Crees que estás maltratando al ciego?
¡En verdad tú eres el que recibe el daño y deberá hacerse cargo y responsable de lo que acontece!

Y no, no solamente en el Juicio tras el pasaje por esta vida; sino también aquí mismo.
Porque, la voz de la NESHAMÁ, que es tu Yo Esencial, tu espíritu, no se calla nunca. No deja de observar y enmendar, no para de aconsejar y orientar, y cuando es oportuno denunciar. Constantemente esa vocecita está clamando en silencio en tu interior. Algunos le llaman la voz la conciencia, otros pueden llamarle el instinto ético natural. Como sea, ahí está el fiscal que señala y pide restitución por tus malas acciones, por tu desvío del buen camino.
Y, por supuesto también queda debilitando tu estructura la mancha provocada por el mal hacer. Esa mancha que se va acumulando y engrosando, tapando la LUZ de la NESHAMÁ para que no alcance a alumbrar a tu ser. Entonces, te sientes confundido, angustiado, vacío, abandonado, podrido, sin valor, desplomado. Como desesperado recurrirás a cualquier subterfugio para tapar ese sufrimiento, en lugar de admitirlo, reconocerlo, corregirlo para limpiar la mancha y permitir que la LUZ te vivifique. Pero no, seguirás terco por la senda desviada, apartando el bienestar y la bendición, hundido en la impotencia, en el exilio de tu personalidad, disfrazado de lo que no eres, mostrando un rostro que es solamente una máscara.
Seguirás siendo ciego y sordo, tonto y aburrido, aunque te creas superior, fuerte, hábil, sagrado, iluminado, liberado o cualquier otro adjetivo que tu EGO te invite a usar como anteojera que te oculte la realidad oscura en la que te encuentras.

El fuerte encuentra la manera para no ser marioneta de su EGO.
Entonces, en lugar de ser ventajero, construye SHALOM; es decir, actúa con bondad y justicia.
El constructor de SHALOM podrá parecer tonto a ojos de esos “vivos” que se creen que con maltrato y bravuconería, con estafas y corrupción, con violencia y atropellos, con religión y palabrería, con engaños y manipulación se obtienen beneficios, trofeos y éxito. Y, puede que sí, que el constructor de SHALOM no alcance esa gloria tan aplaudida por los títeres del EGO, puede pasar que no se disfrute de holgura y un gran aparente poder. Pero, se vive feliz, pleno, satisfecho, aceptando lo que se tiene sin por ello resignarse tristemente a la miseria o al conformismo apático. El constructor de SHALOM, justamente está rodeado por paz, tranquilidad, armonía, y para él eso vale mucho más que fortunas mal habidas, amistades adquiridas con dinero, un buen pasar material alcanzado por maltratar y arruinar a los inocentes.

Mejor, ten presente al Eterno, venéralo, permite que tu esencia espiritual alumbre tu ser, en vez de interponer más y más manchas alrededor de su LUZ.
Deja la religión con su apariencia de espiritualidad y poder, que es solamente enfermedad y muerte.
Abandona las conductas que no construyen SHALOM, porque no conjugan la bondad y la justicia.
Haz TESHUVÁ, entonces ya no serás ni ciego ni sordo, y entenderás qué quiere decir “Yo soy Hashem”, con lo que concluye el párrafo que estamos estudiando.

Será un placer y un honor si compartes conmigo tus ideas y reflexiones a partir de la lectura y estudio de este texto.
Hasta luego.

(Texto originalmente publicado en serjudio.com y compartido aquí por su valor para los noájidas).

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