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El regreso del Alma

flor sombra

La muerte, nos plantea varias ideas acerca de lo humano, entre ellas la  brevedad de nuestros días, lo pasajero del trayecto, y curiosamente lo valioso de la VIDA.   Porque sólo en ella somos potentes para aunar los recuerdos y aprendizajes que acompañarán a nuestra alma en la eternidad.

En vida por tanto pese a la brevedad, construimos, sembramos, y hacemos “eso” que el alma  no puede hacer en su estado etéreo, pero que una vez ha arribado al plano físico le es posible.

Luego de la concepción,  lo eterno abraza y se amalgama con lo pasajero, lo sublime y etéreo del alma se une a lo físico, a ese  cuerpo temporal y no perenne,  “hasta que la muerte los separa”, porque llegado ése instante el alma parte de regreso a su fuente.

El polvo retorna a la tierra, como era; y el Espíritu retorna a Dios. Quien la entregó.  Kohelet (Eclesiastés)  12:7

 

Desde el arribo del alma al plano físico y por ése “tiempo limitado”; cada acto, cada palabra, cada acción suman para eso que llamamos la vida eterna.

Somos impotentes para tener control sobre la vida y la muerte, estamos destinados a ver partir a nuestros seres queridos y sabemos también que ése es un día nuestro camino,  mientras tanto somos espectadores en vida de “la muerte”.   De ése proceso que hace parte inherente del mundo físico,  y que percibimos en lo que nos rodea, en las plantas, en los animales, en lo inanimado, porque ello también es perecedero aun cuando el tiempo marque  diferencias, lo físico no es eterno.

Pero aspiramos a que nuestras huellas en el mundo no hayan sido en vano pese a que un día desaparezcan, sino que por el contrario el transito haya tenido sentido y trascendencia.

Mientras estamos con vida hay oportunidades increíbles para reconocer la conexión con lo Eterno, y saber a dónde queremos volver; en vida es posible e imprescindible  vivir a plenitud y con sentido, para hacer de nuestro paso algo valioso para nosotros y para aquellos que nos acompañan por la ruta.

¡Sepamos aprovechar en vida cada instante!

 

En memoria de Miguel Ángel Rodríguez hijo de Hernando Rodríguez.  Quiera el Eterno enviar consuelo a nuestros amigos y socios noájidas en Colombia William Rodríguez y Ricardo Rodríguez, al igual que a sus familiares y amigos.

Ideal de vida

NESHAMÁ: espíritu, Yo Esencial, conexión constante con el Eterno, nuestra identidad perpetua, nuestra chispa de Divinidad. Su idioma es el AMOR, el deseo de dar.

EGO: sistema automático, con un altísimo componente biológico/natural y otro aprendido, que se dispara en situaciones de impotencia (real o sentida) con la finalidad de preservar la vida. Su idioma es la manipulación, el deseo de recibir.

Nuestra existencia en Este Mundo debiera estar entre ambos focos, ni en un polo, ni en el otro.
Tendiendo hacia la NESHAMÁ, siendo leales a ella, organizando las reacciones del EGO, cuando ello sea posible.

¿Cómo se logra?
Construyendo SHALOM, con acciones de bondad Y justicia.

El destino energético

La NESHAMÁ que somos, probablemente cuenta con una inagotable provisión de energía que la sostiene indefinidamente y sin alteraciones (no tengo exacto conocimiento).
Pero, nuestro Yo Auténtico y Yo Vivido, esta persona que estamos siendo en el mundo, tiene una limitada cantidad de recursos, entre los que se incluye la energía con la cual realizamos todos los procesos vitales.
Debemos ser conscientes de nuestra limitación y actuar a favor de emplear la energía en acciones que provean beneficios, que aporten al bienestar, que conduzcan a un mejor nivel y disfrute de la existencia.
Si derrochamos alocadamente, de manera inconsciente, nuestros recursos, pronto estaremos fatigados, debilitados, extenuados, aletargados, oscurecidos, atontados, adoloridos, extraviados, exiliada nuestra personalidad de nuestro espíritu, en displacer y en camino a la desconexión vital (muerte).

Sentimos impotencia a cada rato, por las grandes o pequeñas cosas, sabiéndolo o sin darnos cuenta.
Nuestra limitación, que no es solo energética, pesa. Su presencia asusta y remite a la pesadilla terrible del nacimiento, que ha quedado inscrita en lo más profundo de nuestra memoria somática.
La falta de control, así como sentirse sin poder, disparan el mecanismo automático del EGO, cuya única finalidad es mantenernos con vida en situaciones de real impotencia.
Cuando estas reacciones sobreabundan y se precipitan a causa de sentirse en impotencia, y no por verdaderas amenazas a la subsistencia, son las que generan eso que se denomina “estrés malo”.

Al estar atormentados por este constante estrés, reaccionando desde el EGO a los sentimientos de impotencia, indudablemente estamos desperdiciando enormes cantidades de nuestra energía torpemente.
¿Te imaginas la cantidad de poder que estás desperdiciando al no poner orden y serenidad en tus pensamientos?
¡La vitalidad que se escurre en una lucha incoherente y sin sentido!
Peleando contra gigantes monstruosos, o escapando precipitadamente y sin razón de ellos, cuando ni siquiera son pequeños molinos de viento.
En eso se pierde el vigor, en cosas sin valor y que dañan. Porque, el malgasto de energía conlleva al menos tres perjuicios evidentes.

Primero, la energía disponible para procesos edificantes, placenteros, constructivos se ve mermada, puesto que se dirige hacia otra parte. Lo que se usa en X no está para servir en Y.
Por tanto, cuanto más estresado, al ritmo del EGO, menos pensamiento creativo, más lentitud en el procesamiento de los datos, peor capacidad de resolución, mayor desgaste sin obtener resultados alentadores.
Esto a su vez aporta al detrimento de la tranquilidad, del goce de SHALOM, pues se siente y razona bajo el manto del EGO, percibiendo amenazas e impotencias y confirmándolas en la realidad en muchas ocasiones.
Así el ciclo perverso se retroalimenta y aumenta el desperdicio de energía, la alteración del orden, la pobreza del pensamiento y de posibilidades de autorrealización.

Segundo, al estar activándose señales de amenaza permanentes la atención se enfoca en ello, dejando de atender aquello que pudiera resultar provechoso. Entonces, se podría estar ante resoluciones, claves de mejoramiento, instancias de empoderamiento, pero lamentablemente todo esto se deja de lado. La energía corre sin obtenerse con ello resultados positivos, lo cual debilita aun más: porque el recurso se malgasta y porque se aumenta la confirmación de la impotencia y la incapacidad para salir de ella.

Tercero, al estar en estado de agresión/defensa, se generan situaciones en las cuales se incrementa la problemática, porque no hemos respondido de manera eficiente y apropiada.
Pero también, porque el estado agresión/defensa provoca que se perciban las situaciones desde una perspectiva atrevida, que no busca la resolución efectiva y pacífica, sino las señales que demuestren que se debe agredir/defender. Por ejemplo, tu esposo entró y pasó de largo saludando sin mucha efusividad. Tu EGO se dispara, porque te sientes ofendida por esa conducta. Entonces lanzas una palabrota, o pones cara de amargada/enojada, o te largas a llorar infantilmente, o te niegas a hablarle durante tres días. Si te hubieras detenido a averiguar, empleando la Comunicación Auténtica, quizás hubieras descubierto que fue tan poco cortés porque se sentía muy mal y debía ir al baño a vomitar. ¿Hubieras reaccionado desde el EGO sabiéndolo? ¿Valió la pena agrandar una situación, inocua en sí misma, porque no tuviste la precaución de actuar desde el AMOR en lugar desde el EGO?
Todos los altercados generados por el EGO, resultan en un mayor consumo de energía, puesta en evitar potenciales riesgos e impotencia, en lugar de ocuparla en realizarse en la vida.
Cuando lo oportuno y saludable sería parar la máquina automática, enfocar el poder en aquello que puede ser dominado, y entonces ejercer la fuerza justa para obtener el óptimo resultado.

Recuerda que cuando una conducta se repite se termina formando un hábito, que es una segunda naturaleza.
El hábito no te pide permiso para actuar, simplemente lo hace.
Es, entre otras cosas, una manera natural que Dios ha diseñado para usar con mayor eficiencia la energía vital. PERO, cuando el hábito se creó a partir de conductas negativas, derrochonas de energía, entonces se transforma en una terrible espada, consumista, agobiante, mortal.

Por ello, entrénate para que tus respuestas sean desde el AMOR y no desde el EGO.
Aprende a bajar el poder del EGO en tus conductas (pensamientos/palabras/acciones), para que seas tú quien goce de mayor poder.
Sé consciente de tu poder y empléalo saludablemente.

Sintoniza tu Yo Vivido con tu Yo Esencial, lo que experimentas en esta vida con lo que eres espiritualmente, para que entonces el gran poder te restituya e incrementes tu bienestar.

Construye SHALOM, con acciones de bondad Y justicia.

El profeta Jeremías y la CabalaTerapia

El humano nace impotente, con una pequeñísima dosis de independencia.
Está a merced de los acontecimientos y los padece a más no poder.
El nacimiento es un completo desastre, una pesadilla sin registro y de la cual no hay memoria ni elementos para contenerla dentro de un sentido y término.
Las pocas herramientas que disponemos son automáticas, las del EGO, para proveernos sustento y auxilio por medio de llamar la atención, alertando y alterando al universo circundante y por medio de esa inconsciente e involuntaria manipulación obtener algo de satisfacción y mitigar como sea el padecimiento.
Gritar, patalear, llorar son esos instrumentos primitivos de alteración del orden, para que desde el caos que sufre el bebe se provoque el caos alrededor, entonces se dispararán reacciones en el medio que de alguna manera resolverán sus tormentos. Todo esto, por supuesto, no es planificado por el sufriente bebé, es parte de nuestra naturaleza.
Cuando el auxilio no viene, o es insuficiente, el sistema tiene un mecanismo para reservar energías y sostener la vida en niveles de bajo consumo, por lo cual nos desconectamos de la realidad. Esto también mitiga la avalancha de sensaciones acuciantes que agreden al infante sin fin imaginable.
Al repetirse las conductas y conseguir manipular al entorno, se van estableciendo redes cerebrales que se van solidificando y formando hábitos. Por ello, desde el fondo de los tiempos, desde un espacio sin nombre, desde una historia sin registro, cuando nos sentimos amenazados por la impotencia se desencadena en nosotros el reinado del EGO, con sus toscas herramientas y las que se fueron derivando en tanto el niño crecía y aprendía nuevos recursos a partir de los anteriores heredados naturalmente. A lo cual se suma lo cosificado como hábito.
Entonces, no es de extrañar que ante la sensación de impotencia, real o sentida, el EGO haga presencia, que irreflexivamente reacciones de manera espontánea.

El niño requiere ayuda y la obtiene, si no hubiera perecido al poco tiempo.
El niño la obtuvo y con ello aprendió a “solicitarla” con sus arranques caóticos, sembrando turbulencias para cosechar satisfacción, o al menos reducir el displacer.
El niño formó el hábito, también de estar pendiente de la ayuda de alguien poderoso.
De alguna parte deberá surgir la salvación.
El EGO se impone como el primer dios, que se siente operando y reclama obediencia y adoración.
El EGO se fortalece en tanto la persona sigue sometida a la impotencia, real o sentida, para aparecer de pronto y resolver con su magia las situaciones. Y de no hacerlo, tiene la herramienta pasiva, aquella de desconectar a la persona de la realidad. Dormir, drogarse, mentir, auto engaño, estafa, olvidos, disonancia cognitiva, negación de los hechos, excusas, enfermedades, intento de autoeliminación son parte de las expresiones de la desconexión de la realidad que mencionamos.

El niño aguarda su salvación y se deja caer en brazos de aquellos que adora como poderosos.
Las ocasiones para sentirse impotente no escasean, de hecho podrían ser miles en un simple día cotidiano.
El niño está a la espera, esperanzado, de sus milagros habituales que le solucionan sus inconvenientes.
Al mismo tiempo va comprendiendo su propio falso poder, el que proviene de la manipulación.
Se da cuenta de que si hace un berrinche, obtiene la golosina, paseo, juguete y lo más importante: la atención de aquellos seres poderosos que están a su servicio.

El niño provoca el caos para quitarse de encima el malestar y para obtener su pequeña felicidad, gratificación lo más inmediata posible.
Y el niño crece, pero su hábito arraigado al EGO permanece como indestructible e inseparable.
Es cierto que aprende otros mecanismos, más amables, menos agresivos, más “civilizados” para adquirir beneficios; pero, desde la oscuridad de la impotencia, el EGO sigue adoctrinando a su esbirro. Es el esclavo que reina; cuando solamente debiera ser el servidor necesario en los momentos puntuales de verdadera situación de impotencia.

A veces se obtiene sorbos de poder, se disfruta de felicidad y puede parecer que la impotencia es un hecho olvidado.
Pero, que triste nuestra realidad limitada, lo cierto es que seguiremos siendo por siempre impotentes.
Y a veces por escurrinos plácidos en la pequeña felicidad, dejamos de lado el esfuerzo por alcanzar la Gran Felicidad.

Así andamos, a la espera de la Gran Felicidad, esquivando los pozos de oscuridad, esperanzados de no ser tragados por la desesperación, luchando para no sufrir más.
Engañados por la esperanza, enojados con los dioses (o Dios), porque no zafamos de todo contratiempo, porque no somos los amos ilimitados de todo poder.
Y nos engañamos, nos estafamos, con aires religiosos pretendiendo manipular a los dioses (o Dios) con plegarias, promesas, pactos, rituales y todo otro tipo de negociación religiosa. Como si tuviéramos el control, como si a nuestro alcance estuvieran los botones que nos brinden los paraísos terrenales y supraterrenos.

¡Cuánto tenemos para aprender, y para desaprender!
¡Cuánto daño nos hace la religión y nos aparta de la espiritualidad!

Por ello la CabalaTerapia, que estudia estos fenómenos e intenta brindar herramientas para nuestro crecimiento integral, es tan necesaria.
Para dotarnos de alas espirituales, las que nos corresponden por derecho de ser humanos; para darnos un poquito de dominio sobre el reinado del EGO.
Para enseñarnos a vivir en construcción de SHALOM, interna y externa, por medio de acciones (pensamientos/palabras/actos) de bondad Y justicia, siendo leales a nuestro patrimonio espiritual.
Para hacernos comprender cabalmente, y experimentar, las palabras sabias y eterna del profeta del Todopoderoso:

“Así ha dicho el Eterno: ‘No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas.
Más bien, alábese en esto el que se alabe: en entenderMe y conocerMe que Yo soy el Eterno, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra.
Porque estas cosas Me agradan, dice el Eterno.”

(Irmiá / Jeremías 9:23-24)

De cuentos maravillosos, teologías y filosofías

Una de esas historias fantásticas, que se comparten con gran admiración y fascinación, afirmando con fe ciega que es de la vida real.
Que se rodea de detalles y guiños al lector/escucha, como ofreciendo así evidencias de su veracidad y verdad.
Que además se adorna de conclusiones metafísicas maravillosas, generalmente alabando hasta el infinito a algún rabino (o cualquier otro clérigo o similar), afirmando como verdad suprema que “todo es para bien”,  “nada es casualidad pero todo es causalidad”, y cuestiones parecidas que endulzan el ánimo del lector/escucha y lo reafirman en sus creencias fervientes y de apego a determinada facción o sistema de creencias.
Esta historia en particular la leí en Facebook hace un par de días y es más o menos así.

Una persona ortodoxa descubre que su vecino de asiento en el vuelo tiene un apellido “judío”, como si ellos existieran. Un apellido de los muy frecuentes, estilo “Rodríguez” entre los descendientes de la cultura española. Para su sorpresa al anciano vecino le sirven el menú corriente y no la vianda “kosher”. Lo cual motiva al ortodoxo a entrometerse en la vida del vecino, suponiéndolo judío y pasible de ser encuestado.
Con reticencias el anciano saca a la luz que es un sobreviviente de la Shoá, el genocidio perpetrado por nazis y sus cómplices en contra de la familia judía alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Él es el único sobreviviente de una amplia, alegre y ortodoxa familia, la cual fuera arrancada de la vida por el odio asesino del malvado. Pero, el buen hombre no estaba rencoroso contra el Hombre y sus flaquezas, aparentemente, sino hacia Dios, el cual había tolerado y hasta quizás alentado la masacre y el sufrimiento infinito de tantos buenos inocentes. Y, seguía diciendo el anciano, lo que más quebró su “fe” fue cuando se enteró que su último hijo había sido asesinado de manera cruel y vil allá fuera, en el campamento de exterminio que ambos compartían.
Eso fue la gota que rebalsó su vaso de sufrimiento, porque él había depositado la esperanza en que el niño se salvará y fuera quien continuara la estirpe familiar.
Ahora Dios, y no los nazis, le había arrancado su último aliento de vida, por tanto él escogía repudiar a Dios y negar su vínculo con el judaísmo y lo judaico.
Así el buen hombre rehízo su vida.
El ortodoxo no pudo, no supo, no quiso, vaya uno a saber qué, pero quedó así la triste historia, que se cuenta como real y fantástica en esta historia que te estoy repitiendo, y que supuestamente pasó y por ello se publica en libros, y se repite en redes sociales, y la gente la cuenta con placer y veneración de unos a otros.
Unos pocos años más tarde el ortodoxo pasaría las Grandes Fiestas en Ierushalaim, en el barrio “Mea Shearim”,  que en esta narrativa popular e inexacta es catalogada como “un lugar sumamente sagrado”, vaya uno a saber el porqué.
Iba camino a la sinagoga en Iom Kipur cuando vio a un anciano sentado en la parada del ómnibus, fumando, bebiendo, haciendo todo lo que no se debería en este día especial. Esa actitud despectiva le fastidió, pero de alguna manera reconoció al viejo sobreviviente de la Shoá, aquel que acusaba a Dios de los crímenes del hombre, el pobre hombre sin futuro y que amargado penaba por el terrible y verídico dolor que le había acontecido a él y los suyos. Se acercó y le saludó, obviamente que lo invitó a que le acompañara a la sinagoga. Porque, el ortodoxo se sentía sumamente culpable de no haber tratado de traerlo al redil aquella ocasión en el avión. Entonces ahora aprovecharía el momento, porque no hay casualidades, ¿no?
El anciano no quería saber nada de eso, ¿o acaso él no estaba aún iracundo en contra de Dios, y por ello descartó el judaísmo y sus cosas, a causa de la maldad del Hombre?
Pero el ortodoxo insistió, haciéndole ver que se rezaría el Izcor, un rito en el cual se recuerda de manera sentida y solemne a los difuntos de la familia, allegados y santos mártires de la gran familia.
Tanto machacó que al final el sobreviviente aceptó acompañarlo, aunque a regañadientes.
El oficiante entonaba con reverencia y encanto los cánticos del ritual tradicional ashkenazita del Izcor, y entonces el ortodoxo pidió al anciano el nombre del hijo fallecido, aquel que fue la culminación de su tormento en medio de la noche oscura. El anciano lo dijo débilmente, pero luego con mayor fuerza, hasta que llegó a oídos del cantor quien dijo ese nombre, pero de pronto se interrumpió, giró y miró detenidamente al viejo sobreviviente y gritó: “papá”.
¡Sí era el hijo, aquel que supuestamente había fallecido brutalmente pero nunca fue confirmado!
Estaba vivo y era feliz y pleno en Ierushalaim, adoctrinando a su familia en los encantos de Mea Shearim.
El viejo revivió en aquel instante, alabó al Eterno, rearmó su vida ahora como plenamente ortodoxo, extremadamente fanatizado, lleno de fe en Dios y alegría por la vida, rodeado de sus nietos, bisnietos y la nueva comunidad que le albergó en su despertar actual.

Esa era más o menos la historia, presuntamente real y verdadera.
Que, como te mencioné más arriba esta narración es decorada con todo tipo de conclusiones, alabanzas, maravilladas admiraciones, comentarios laudatorios, y es compartido fervientemente con gran fe y esperanza por las buenas gentes, llenas de inocente y cándida simpleza.

De manera herética, con tus disculpas, me planteó unas pocas observaciones.
Espero no ofenderte por usar un ratito ese don maravilloso que nos brinda Dios, el raciocinio y la intención de ser críticamente objetivos.

1- ¿Se puede proveer de datos exactos para identificar a las personas en cuestión?
2- ¿Se puede brindar maneras de comunicarse con ellos, para conversar directamente con los implicados?
3- ¿Se podría obtener la historia narrada de primera mano por el anciano?
4- Es bonito y produce felicidad el reencuentro del padre con el hijo, emociona y gratifica a toda persona de bien, sin dudas. Ahora, ¿eso hace olvidar la matanza del resto de la familia y de los otros millones de inocentes?
5- ¿Solo por volver a encontrar a su último hijo, de repente regresa la fe del buen hombre?
6- ¿Y todos los años, décadas, sumergido en angustia, deseos de muerte, rencor, se borraron mágicamente?
7- ¿Todo es para bien? ¿Se le puede explicar eso a los millones de inocentes muertos y a los otros millones que sufrieron y sufren las consecuencias de la maldad del Hombre?
8- ¿Todo es para bien? Y las cinco, o más, décadas que el hombre sobrevivió a su propia tortura emocional/mental, ¿fueron para bien?
9- Que el hijo se críe alejado de su sobreviviente padre, aunque haya llevado una vida estupenda anteriormente, ¿disculpa la desgracia del pobre viejo de no saber de su hijo y penar hasta el infinito por creerlo muerto?
10- ¿Culpar a Dios y rechazar Sus cosas en lugar de acusar al verdadero culpable y tratar de hacer algo al respecto?
11- Supongamos que en verdad no existen las casualidades, entonces podemos concluir que Dios es un malvado que permite y alienta y produce genocidios y roturas de familias, los nazis, árabes y otros asesinos son meros inocentes en manos de un despiadado Dios.
12- Hagamos de cuenta que la maravillosa historia es verdadera, cosa de que te habrás dado cuenta dudo, entonces ¡cómo no indignarse con Dios! Deja que un pobre viejo enloquezca de dolor durante décadas y no es capaz de producir el no casual encuentro muchos años antes. ¿Era necesarias tantas décadas de miseria y terror, solo para que se puede contar esta historia?
13- ¿No hubiera sido maravilloso que el ortodoxo sentado junto al viejo en el avión fuera el hijo?
14- ¿No hubiera sido aún más “mágico” que la Shoá no hubiera acaecido, si de últimas nada es casualidad y todo es para bien?
15- ¿Cómo disculpar el dolor y la amargura con la fórmula mágica “todo es para bien”? ¿Acaso eso cancela la posibilidad de que el mal se padezca de forma muy real?
16- Si se quiere convencer a la gente de cuestiones místicas, ¿por qué recurrir a estos golpes bajos sentimentales, en lugar de apelar a la inteligencia, al pensamiento crítico, a la creatividad encaminada por los preceptos?
17- ¿Qué obliga a la gente a aferrarse con tanta fuerza a estos cuentos y venerar a los “santos” que imparten su luz metafísica? ¿Es un apego que proviene de la NESHAMÁ o del EGO?
18- ¿Por qué hay gente que en verdad padeció terriblemente y escogen dejar el judaísmo, y a Dios, cuando a primera (y segunda) vista es el Hombre, o causas naturales, los que causaron su sufrimiento?
19- Si se lo hace culpable, o responsable, a Dios de todos los males, incluso de aquellos que evidentemente son obra del Hombre; ¿por qué no se lo hace “culpable” de todo lo bueno, que supera infinitamente a lo malo que sucede?
20 – ¿Cómo puede haber gente que sigue pidiendo explicaciones a Dios por la Shá, o atrocidades similares; y preguntando dónde estaba; como si eso fuera de inteligente y ético? Cuando no es de Dios la pregunta, ni tampoco la respuesta; sino que se debería cuestionar de principio a fin al Hombre.
21- ¿Qué otras cosas podemos criticar de esta fábula con apariencia de realidad?
22- ¿Qué opinas tú?
23- ¿Qué sientes?

Entre Moshé y Aarón

En la parashá Vaikrá se trató de korbanot, ofrendas al Eterno.
Muy parecido en Tzav, la parashá siguiente en el orden del libro Vaikrá.

La primera está expresada de acuerdo al código de ética mosaico (Torat Moshé).
La segunda al código de ética aarónico (Tora Aarón).

El mosaico parte de la asunción de que el ser humano es bueno, que su chispa divina, la NESHAMÁ encuentra caminos para manifestarse y que de algún modo prevalecerá su LUZ por sobre las penumbras.
En tanto que el aarónico parte de la creencia de que el hombre tiene a pecar, que su EGO reina y lleva a la persona al exilio, a la separatividad de su Yo Vivido de su Yo Esencial.

Por esto mismo, el tono del código mosaico es de apertura, de bondad, de confianza en que el hombre actuará de acuerdo a su Yo Esencial, que quizás tarde y se complique pero finalmente prevalecerá el reinado del Eterno. La TESHUVÁ es la opción obvia, la cual espera a la puerta a que el hombre le abra y la deje entrar. Porque el hombre es en esencia bueno y el EGO es por descuido el promotor del caos, no una entidad perversa y que arruina adrede la paz y armonía.
Pero, el tono en el código de su hermano imperan las ordenanzas, las órdenes, los mandamientos, las reglas y los rituales. Se codifica para marcar los límites, para que el hombre no los traspase. Para que el hombre se sienta en falta y como si pendiera una amenaza a causa de sus desvíos.

En consecuencia, a veces encontramos un Moshé iracundo, a causa de la decepción, frustrado, golpeándose con la realidad que muestra que el EGO se extiende y parece ser el amo.
Y se nos relata a Aarón como el perseguidor de la paz, el que hace todo tipo de esfuerzos para alcanzarla. Precisamente porque sabe que el hombre está dominado por la oscuridad y que si no se le obliga difícilmente escape al mal, al caos.

Ambas posturas son necesarias, aunque la ideal y recomendable sería la de Moshé, pero sin que llegue a sentirse en fracaso, para que no caiga en la desesperanza y se altere su bonhomía.

Por otra parte, es casi imposible que el hombre adquiera hábitos positivos a través de amenazas, de miedo, de castigos, de obligaciones asfixiantes. Con estos el hombre puede comportarse dentro de la moral, pero difícilmente haga un cambio positivo y mantenido en el tiempo. Cuando se cancela el motivo castigador o acechante, el hombre retorna (probablemente) a la deriva del caos.
Por ello, es necesario conocer la presencia de la NESHAMÁ y encontrar la manera que los cambios sean realizados por amor, por deseo de crecimiento, con voluntad, para beneficio y bendición.
Claro, es un ideal para el cual es imprescindible entrenarse, trabajar, esforzarse, aprender, tomar conciencia, desaprender, dejar de depender de los látigos para sostener la LUZ.

¿Dónde estás tú?

Luz y fuego del santuario

En la parashá TZAV se ordena que: “El fuego sobre el altar, encendido en él, no será apagado” (Vaikrá / Levítico 6:5), instrucción que es repetida en otras instancias.
Pero, si revisamos en el Talmud (Iumá 21b), la lista de los diez milagros que acontecían en el Beit HaMikdash, nos encontramos que había un fuego del cielo que caía sobre el altar, manteniéndolo encendido sin importar las variaciones del clima. Recordemos que este altar se encontraba fuera del edificio del Santuario, en el patio que formaba parte sustancial del complejo del Templo, a merced del viento, la lluvia, la nieve, cualquier elemento de la naturaleza que pudiera afectar la llama prendida.
Pareciera haber aquí un conflicto, porque por una parte es deber del hombre laborar para que la llama no sea apagada y siga encendida, al tiempo que se nos dice que es Elohim quien se ocupa de eso.
¿Cómo explicarlo?

Para complicar más la cuestión, el mismo versículo que antes citamos indica que: “El sacerdote hará arder leña en él cada mañana” (Vaikrá / Levítico 6:5).
¿Qué significa esto? ¿Acaso que el fuego se apagaba y había que iniciar el proceso nuevamente cada mañana?
Por ahora, no sabemos, lo que sí podemos advertir es que la actividad del hombre es requerida y esencial en mantener el fuego ardiendo y alumbrando en el sagrado recinto.

Pero, además había otra llama que debía preservar su presencia dentro del Templo, la de la Menorá, según leemos en la parashá EMOR: “Manda a los Hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas” (Vaikrá / Levítico 24:2). Así cada noche eran reencendidas todas las lámparas de la Menorá, cuidándose de que la “occidental” nunca se apagara.

Y había otra luz, en el Santo de los Santos.
La que provenía de las Lujot haBerit, Tablas de la Alianza. La que deslumbraba de entre medio de los querubines y manifestaba la constante Presencia del Eterno.
Luz que se podía percibir, cuando las telas eran corridas; luz que simbolizaba la LUZ de la Torá, por tanto, del Eterno alumbrando y energizando la totalidad.

Luz fuera, luz dentro.
Con la llama exterior, la del altar, se quemaba las ofrendas. Por eso era necesaria la actividad del hombre, quien estaba dispuesto a sacrificar sus partes oscuras, rindiéndolas ante la LUZ del Eterno.
Con la luz más interior se manifestaba la conexión del Eterno con Su creación, la energía vivificante que permite la existencia.
Con la intermedia, la del candelabro, se ponía en evidencia que somos NESHAMÁ, espíritu, chispa del Eterno, perpetuo vínculo que nos une a Él y a todas las otras neshamot.

Esa LUZ que somos, nuestro Yo Esencial, está presente, conectándonos a cada instante con el Eterno y con el resto de los humanos (de toda época y lugar).
Pero, se encuentra rodeada por la densidad de la oscuridad de experimentar Este Mundo.
Además, con cada pecado sumamos una mancha alrededor de esa pura LUZ, haciendo más dificultoso que la podamos percibir.
Y sin embargo, allí está.
Nada la cambia, nada la marchita, nada la apaga.
Ni el peor de los pecados erradica nuestra esencia, corta nuestro lazo.
Pero, sí sentimos la lejanía, nos hundimos en oscuridad. Pareciera que estamos en penumbras, por dentro y por fuera. Como si la religión, re-ligarse, tuviera que ser necesaria, ya que aparentemente no existe más conexión con la Divinidad.
Pero, seguimos siendo seres de LUZ. Aún en la peor de las miserias que podamos incurrir. Ninguna acción del Yo Vivido extingue la llama sagrada.
Es imprescindible que tengamos consciencia de ello, que lo sepamos y no permitamos ser confundidos.
Porque, cuando ignoramos nuestra esencia pura y sagrada, nos dejamos resbalar hacia peores estados del ser, exilándonos aún más, rechazando más y más el camino de la TESHUVÁ.
¡Sepamos que somos de LUZ y como tal debemos brillar!
Para lo cual, sea grande o pequeño el pecado, estemos cercanos o lejanos a la Fuente, tenemos a disposición la TESHUVÁ.
¡No la desaprovechemos!

Ofrendemos aquello que nos aliena, que nos perturba, que nos hace vivir una existencia separada de nuestra verdadera identidad.
Tomemos conocimiento de nuestra sagrada personalidad, para así poder estar en armonía con ella.
Obviando las religiones, apartando las sectas, despojándonos de rituales, repudiando todo lo que se nos apila para que desconozcamos nuestra NESHAMÁ.
¡No demos lugar al EGO y sus trampas!

De arriba nos alumbran constantemente, nos llaman sin pausa, la silenciosa  y persistente voz nos conduce hacia el SHALOM.
Pero no es por milagro que lograremos el ascenso de la existencia hacia la LUZ. Ni por atajos religiosos, ni con salmodias petrificadas, ni repitiendo lemas, ni adorando hombres, o actuando fuera del camino de los mandamientos que nos corresponden (los Siete Universales paralos gentiles, los que sean apropiados de los 613 para el judío).

Encendamos nuestro fuego, borremos las manchas que estorban la LUZ.
Limpiemos nuestros pensamientos/palabras/actos, para adecuarlos a la Presencia.
Sacrifiquemos lo que nos entorpece el gozo de la felicidad verdadera, que es el disfrute de Su Gloria.

Está en ti que vivas construyendo SHALOM, con acciones leales de bondad Y justicia; para que tu luz desenmascare la LUZ.
Para que Su LUZ sea tu luz.

(Escrito y publicado originalmente en SERJUDIO.com, con alto valor para la identidad noájica, por eso copiado aquí)

De falacias estamos cargados

Hay algunas falacias que la gente, con muy buena intención, difunde como si se trataran de fundamentos del judaísmo (y/o noajismo) y aportaran a una vida realmente espiritual.
A veces son atribuidas a fuentes rabínicas, de mayor o menor alcance, sea esto cierto o no; lo cual no le brinda ni quita un gramo de valor.
En otras oportunidades se expresan con una convicción tal, que atreverse a pensar y expresar algo diferente es tratado como una herejía.
En otras ocasiones, son frases tan lindas, tan llenas de emotividad manipulativa, que resulta difícil levantar una voz de cordura espiritual.
Y sí, está también la posibilidad de que uno quiera creer en esas cosas maravillosas, tan llenas de magia, de supuesto poder, de “fe”, porque son una especie de bálsamo para las penurias reales, o una fantasía de alcanzar un estado de felicidad que en el fondo se sabe lejano.

Es común que mezclen a Dios en esas cuestiones, como para reivindicar la validez y el alcance.
Es habitual que sean de carácter optimista, esperanzador, aunque choquen directamente con las evidencias empíricas y el estudio racional y fundamentado.
A primera vista, son atractivas, y no invitan a reflexionar ni a profundizar; sino meramente a introducir en los esquemas de pensamiento, hacerlas parte de las creencias irracionales que nos manejan.

Es triste ver que se repiten, se comparten, se difunden, hasta por gente inteligente y preparada; ¡vaya uno a saber la motivación para ello! No creo que sea algo consciente y negativo, sino más bien una forma de encontrar orden donde hay caos, habilitar imaginación de poder allí en donde hay impotencia.
Es penoso que sean más admiradas y aprobadas que citas reales, cuerdas, coherentes, que provienen de fuentes valiosas y que brindan el poder certero.
Pero bueno, así es la vida, el reinado del EGO, cuando es la NESHAMÁ la que permanece oculta e ignorada.

Algunas de estas creencias erróneas, pero adoradas como caminos dorados al Señor son:

1- Todo viene de Dios.

2- Todo es para bien.

3- Cada situación en la vida contiene una enseñanza vital.

Podría dar largas demostraciones para traer luz ante tanta oscuridad, pero escojo ser breve y directo; aquel que quiera y pueda, comprenderá y compartirá.

1- Sí, es evidente que toda la creación es obra del Eterno.
Pero, no todo lo que ocurre es hecho por Él.
Porque si así fuera, entonces no hay libre albedrío.
Y sabemos, con absoluta seguridad, que éste sí es un principio fundamental e irrenunciable dentro del judaísmo.
Existe la libertad para que el hombre escoja entre el bien y el mal, por tanto, no todo lo que ocurre es obra de Dios, ni viene de Él.
Porque si todo viene de Dios, entonces sería ridículo que Él haga al hombre responsable por sus conductas.

2- No, no todo es para bien.
Si así fuera, entonces Dios no habría decretado leyes que castigan las malas (o erróneas) acciones; ni hubiera dado alternativas para aquel que quisiera reparar lo dañado.
Si todo fuera para bien, entonces Dios habría dicho algo así como: “Soporta lo que sea con estoicismo, hasta que seas iluminado con la conciencia de que todo lo que te ocurre es para bien”.
Sin embargo, Él ha dicho que sea castigada la mala acción, y/o brindó mecanismos para rectificar la conducta y recomponer el mal.
Sí, a veces uno puede rebuscar en lo negativo y encontrar cómo luego se produjo algo positivo, y entonces vincular como causal ambas cosas. Puede que lo sea, puede que no.

3- Es evidente que sí, hasta de la peor catástrofe uno puede filosofar y descubrir asuntos muy interesantes y que incluso pudiera aplicarse para beneficiar a sí mismo y/o al prójimo.
Por supuesto que es admirable mitigar la pena de la impotencia descubriendo algo provechoso.
Pero, reitero, esto no disculpa la desgracia, ni hace que el trago amargo sea dulce y deseado.
A veces se puede aprender de maneras más agradables la misma o mejor lección; eso no quiere decir que haciendo un gran esfuerzo se pueda extraer moralejas de todo.

¿Qué preferimos creer, que en el mundo existen espacios que el Eterno deja para que ocurran las coincidencias; o que todo está digitado obsesivamente desde Arriba?
¿Qué nos consuela y da mayor esperanza, suponer que de alguna forma hasta lo espantoso tiene algo finalmente que será bueno; o que el mal opera en el universo y a veces no se encuentra mucho para rescatar luego de su paso?
¿Qué nos da una palmadita en la espalda, adoctrinarnos para actuar con ridículo optimismo, allí en donde no lo amerita; o sufrir lo que es necesario, para también crecer a pesar de ello (o gracias a ello) en la construcción de SHALOM?

Con humildad te digo que me parece mejor dejar de lado el malabarismo teológico y metafísico, y aprender a construir SHALOM en todo momento.
Dentro y fuera.
En las emociones, en los pensamientos, en las palabras, en las acciones.
Hablar menos DE Dios, y más a Él, pero especialmente hacer lo que Él nos pide, que es llevar una existencia de bondad y justicia, con lealtad a Sus mandatos (aquellos que nos corresponden).

Entonces, podremos vivir en un mundo más justo, más bueno, con mayor sentido y poder real.
Comparte si estás de acuerdo, piénsalo si no.

Caos y LUZ

De pronto, te ves envuelto en una situación de impotencia.
Algo no sale como quieres, o sientes el caos que te rodea, o provocaste un incidente negativo, o cualquiera de las otras ocasiones que a cada instante te generan sentimiento de impotencia.

No es fácil mantener la paciencia, la calma, la firmeza, el sentido de poder.
De hecho, de manera automática brota el impulso a gritar, a llorar, a golpear, a escapar de la situación.
Como un repentino remolino que nos envuelve y trata de arrastranos, es la irrupción espontanea del caos violento.

Sin embargo, en un espacio y tiempo dentro de ti existe la LUZ,
una LUZ poderosa,
que está unida al Todopoderoso,
que es de vida y plenitud.
Puedes permitir que esa LUZ fluya y alumbre,
que las sombras se corran y que sientas fuerza, bienestar, orden inspirador.

No viene de fuera el bálsamo redentor,
sino de aquello más auténtico que eres.
De esa porción intocada e intachable que eres.

Confía en el Todopoderoso,
abrázate a Él,
despliega tus alas de LUZ,
no te dejes atrapar por las redes del caos,
permite que lo que no puedes controlar fluya sin arrastrarte al fango,
en tanto haces tu parte, aquella que realmente está en tu dominio.

La impotencia seguirá existiendo,
atravesarás males tormentosos,
el mal te golpeará,
seguirás padeciendo de las injusticias provocadas por los desviados,
cometerás errores,
sí, la impotencia se mantendrá presente.
Pero tu respuesta será de vida, de LUZ,
en tanto recuerdes que eres de LUZ.

La culpa es de la culpa

Echar culpas, es algo tan común, tan usado.
Puede ser a uno mismo, a alguien cercano, a individuos o colectivos lejanos, a Dios, a la vida, a factores intangibles varios, a quien sea con tal de echar culpas como algo corriente y habitual.
Y muchas veces se recurre a hacer sentir culpable, sin que exista una real culpa detrás, como factor determinante para conseguir manipular, doblegar, someter, presionar, victimizarse, inducir al chantaje emocional.

Desde muy pequeños se nos introduce al mundo del sentimiento de culpa.
Si no somos o hacemos aquello que el adulto espera de nosotros, pronto aparecen las maquinaciones culposas. Sea a través de palabras o silencios, gestos o indicios, castigos o amenazas, abandonos o atosigamiento, cualquiera sea el instrumento empleado, se nos hace sentir y creer que somos inútiles, indignos de amor, incapaces, no merecedores de respeto, malos, o cualquier otra imagen distorsionada que nos derrumba y esclaviza.
Aprendemos a sentirnos y creernos culpables, pero también a usar esas herramientas destructivas en los otros.
Y aprendemos a estar a las órdenes del EGO, aún más. A ser serviciales a los mandados que nos perjudican, con promesas de obtener alguna satisfacción ilusoria. Porque se nos adoctrina con el mensaje: “si eres como yo quiero, entonces serás feliz”. Y en ese mismo sentido las religiones también adoctrinan, con sus constantes proclamas de que eres pecador, que estás fallado, que estás perdido y sin salvación; aunque, si eres dócil y renuncias a tu independencia y pensamiento, para ser un fiel sin conciencia, entonces obtendrás todo tipo de recompensas mágicas, en este mundo o en alguno ilusorio por venir.  (Recordemos que ni judaísmo ni noajismo son religiones, aunque hay muchos que los consideran así y los viven de esa manera).
El truco de la religión, de toda religión, es hacerte sentir impotente, culpable, falto de sentido, incapaz de ser por ti mismo y en intimidad con el Eterno; por todo ellos eres merecedor de castigos, dolores, males, exilios, tormentos, torturas; para luego ofrecerte la pócima mágica que es exclusiva de la religión, te dejas adoctrinar, te sometes, te conviertes en un siervo lleno de fe irracional, actúas de acuerdo a las órdenes de tus líderes religiosos, y entonces, solamente así todos los problemas se resuelven para ti. Sea con promesas aquí o en mundo fantásticos de los cuales no existen evidencias ni prueba alguna.

Ya estudiamos que no es lo mismo ser culpable de algo que sentirse culpable.
Cuando existe real culpa, entonces es posible realizar algún procedimiento reparatorio o de reintegro, es decir ser responsable en mejorar la existencia.
Pero, cuando lo que hay es sentimiento de culpa, entonces no hay forma de corregir aquello que no tiene substancia; por tanto, cuando lo que impera es el sentimiento de culpa se entra en un círculo vicioso en el cual se va cayendo más y más bajo el peso de esa irreal culpa, a no ser que se advierta la trampa y se enfrente la falsedad para erradicarla.

Y esto, precisamente, es el punto.
Sea con culpa real o con sentimiento de culpa, lo necesario es despertar, tomar consciencia, no dejarse atormentar por el EGO (propio o ajeno) en su tarea de someternos a la impotencia.
Para, ser responsables.
Para hacernos cargo de nuestra parte y no cargar las mochilas de otros.
Para andar la senda de la TESHUVÁ, en vez de girar en impotencia, atrapado en celditas mentales, siendo ineficientes e ineficaces.

Despertar y no ser más víctima, o no tomar el papel de una sin serlo.

Pero, pareciera que se siente más simple seguir acumulando desperdicios en vez de emprender una tarea constructiva, de limpieza.
Porque, tomarse las cosas responsablemente, actuar construyendo SHALOM, asumir las reales consecuencias y corregir lo equivocado implica trabajo, esfuerzo, desistir, ser consciente de la propia impotencia y no hundirse por ello; en cambio, con recriminaciones, quejas, insultos, prejuicios, rebeldías, abusos, agresiones, no se precisa elaborar nada. Solamente malgastar la energía en esas cosas enfermizas y agobiantes, pero que aparentan brindar una cierta dosis de poder.

No permitas que eso siga ocurriendo.
Deja de echar culpas, a ti o a otros.
Deja de criticar irracionalmente.
Deja las torturas.
Deja los mecanismos manipulativos.
Deja de lado todo rastro de religión y sus métodos.
Acéptate, con tus luces y sombras.
Reconoce aquello que realmente es erróneo y si es posible mejorarlo, emprende la tarea de hacerlo.
Conversa íntimamente con el Eterno.
Descubre Su LUZ en ti, que es la NESHAMÁ.
Construye SHALOM por medio de acciones de bondad y justicia.
Estudia aquello que te corresponde y edifica.
Desaprende lo que te abruma.
Aprende nuevas maneras de comportarte.
No pretendas dominar lo que está fuera de tu control.
Quiérete, pero no por ello encuentres pretextos para hacer lo que sigues haciendo y está mal.
Ayuda a otros a despertar, pero sin forzar, sin obligar, sin violentar y por supuesto que sin recurrir a la manipulación emocional (echando culpas, por ejemplo).
Conoce más de ti, ten presente los mandamientos que te corresponde cumplir y hazlo, pues es el modo de manifestar la NESHAMÁ en este mundo.
Habla con compasión, pero sé estricto con el mal.

Podrás estar mejor, más libre, más feliz.
¡Te lo debes!