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La corrección del mundo

Tres tremendas desdichas acontecieron a la humanidad en los inicios de la misma, todas ellas como consecuencia de sus conductas erradas. La generación del diluvio tuvo la oportunidad de recibir la Torá de los Cielos, pero en lugar de ser receptores dignos se convirtieron en gente repulsiva, que rechazó el don maravilloso; desoyeron los mandamientos […]

Libro de Daniel-primera parte

El libro de Daniel-una vista general ¿Dónde ubicamos históricamente el libro de Daniel? El libro de Daniel comienza su relato en los tiempos del exilio de Babilonia (1) año 600 A.E.C. aproximadamente, en los días del Rey Ioiajín(2) por manos del Rey Nabucodonosor  hasta Dariavesh/Dario (3) rey de Persia, es decir comienzos del segundo Bet […]

Noaj 5776-“Safá”, ¿idioma o al límite?

Dos son los relatos famosos de esta parashá: el Diluvio universal y la confusión de las ideas en la Torre de Babel.
Probablemente no conocemos exactamente los detalles de ambas historias e ignoramos la vastísima literatura de antiguos sabios y reconocidos exégetas al respecto; aunque son narraciones que forman parte de la memoria colectiva e identidad de las naciones.

En ambas encontramos algunas cuestiones en común, como por ejemplo, personas que creían controlar lo que en verdad no dominaban (ni podían o debían hacerlo) y por ello terminaron destruyendo sus vidas, las de otros, el entorno.
En la base de esta conducta estaba la rebelión contra Dios, de modo más o menos manifiesto, con excusas mejor elaboradas o abiertamente torpes; cada uno a su nivel destilaba desprecio hacia Dios. Por ello, faltaban a las reglas que Él había ordenado a Adam y sus descendientes; y que tras del Diluvio Elohim reiteró a Noaj y a todos sus sucesores. Mandamientos que están actualmente vigentes y conforman el llamado Pacto Noájico, o de las Naciones, que se suele simbolizar con el arcoíris. Siete mandamientos simples, pero al mismo tiempo profundos y trascendentes, que permiten llevar una vida armónica al ser orientada por la ética de origen espiritual. Son claves para la conexión con Dios y el prójimo y, por tanto, con uno mismo.
Esto era lo que rechazaban, por estar consumidos por el egoísmo, la pedantería, fantasías de grandeza y finalmente la nada.

Pero también hay puntos en las dos historias que son esencialmente diferentes.
La gente antediluviana se comportaba con violencia constante: robaban, mentían, agredían, asesinaban, calumniaban, eran inmorales, servían a ídolos, maldecían a Dios, corrompieron la justicia, en resumen un caos tremendo y sin indicio de que fuera a mejorar. Por sus acciones el ecosistema llegó a un extremo del cual no pudo recuperarse “por las buenas”, solamente un desastre de proporciones inimaginables equilibró la situación.

En la época de la construcción de la Torre las relaciones humanas eran por completo diferentes, porque tras mucho sufrimiento se forzaron a abstenerse de emplear la violencia. Se horrorizaban por la controversia, al punto que entre ellos se obligaban a sentir, creer, pensar de forma monolítica, sin admitir divergencias que fisuran la aparente unidad. Las ideas y las acciones siempre estaban subordinados al capricho de su líder, el astuto y violento emperador Nimrod, quien fue el creador de la primera religión organizada de la humanidad. Él gobernaba con mano de ardiente metal y demandaba obediencia ciega a sus deseos en rebeldía directa al Eterno. Detrás de tanta organización y máscaras de paz, abundaba el materialismo exagerado, el enojo, la ira, la violencia, que no tardaron en manifestarse en burlas, apatía, fanatismos y otras conductas que no mencionaremos ahora. Su catástrofe no fue otro cataclismo natural, sino la separación emocional e incomprensión entre los hombres. Las consecuencias de sus actos las seguimos sufriendo todavía.

¿Qué podemos aprender de todo lo que hemos expuesto aquí?

¿Yo tengo fe?

Nacemos tremendamente necesitados y en casi total impotencia. Por si fuera poco, todo el ambiente y modo de funcionamiento ha variado de un momento al siguiente.
El terror es sentido intensamente y no tenemos como mitigarlo, pues no contamos con elementos de comparación previa, ni un raciocinio que nos ubique en lo pasajero de nuestro malestar, ni palabras que identifiquen lo que nos sucede y nos brinden alguna orientación.
Estamos a merced del espanto y apenas provistos de unas muy básicas y primitivas herramientas para la supervivencia.
Esa pesadilla terrible queda grabada en lo más recóndito de nuestra memoria orgánica, en un lugar inaccesible al lenguaje, sin códigos compartidos socialmente para representarlo y mitigarlo, y por tanto con un poder destructivo inmenso y que apenas puede brota de una u otra forma.

Nuestra forma natural de supervivencia es llamar la atención, por medio del llanto, especialmente del grito, y el pataleo; para así obtener así satisfacción a nuestras necesidades. Si por algún motivo no funciona el llamado, entramos en estado de desconexión con la realidad, como una forma de preservar la energía, y fantasear que estamos protegidos y calmar un poco el terror; para luego volver a sentirlo y reiniciar el alboroto reclamando ser atendido.
Además. tenemos un limitado pero útil repertorio de movimiento reflejos; todo encarado a la misma finalidad, sobrellevar la impotencia y mantenerse con vida.
Es tan maravilloso, en su simpleza. Es espantoso, en su sumisión.
Estas herramientas dependen de porciones profundas de nuestro cerebro, que compartimos con otras especies animales.
Nosotros le hemos dado el nombre de EGO, aunque en las neurociencias este vocablo no tiene cabida.
En la Tradición se le denomina comúnmente como IETZER HARÁ.

Las reacciones nacidas del EGO a la necesidad e impotencia se va repitiendo sucesivamente, creando así por encima del reflejo del instinto también un hábito, una conducta que de tanto repetirse se automatiza.
Entonces, de forma natural nos vamos entrenando para obtener un sorbo de satisfacción, de poder, de seguridad cuando hacemos uso de estas herramientas toscas pero efectivas.
Aprendemos a “controlar la realidad” sin siquiera darnos cuenta.
En verdad, no es más que una ilusión de poder, puesto que es la debilidad que usamos para que alguien con “poder” nos resguarde de nuestros sufrimientos.

De este modo, quedan inscriptos en lugares profundos y míticos de nuestra inconsciencia los patrones de conducta que nos movilizarán y serán también la base sobre la que se sostendrán las creencias por medio de las cuales modelamos nuestra realidad.

En una síntesis muy esquemática:
sentir impotencia –> reacción automática de manipulación –> obtención de cierta satisfacción –> creencia de control.

Pero, podría ser también:
sentir impotencia –> reacción automática de manipulación –> no hay satisfacción –> aumento del sentir impotencia –> reacción automática de manipulación aumentada –> etc.

Cuando crecemos, no varía sustancialmente este cuadro.
Podemos añadir conductas, que son ramificaciones de las herramientas básicas del EGO.
Podemos actuar con mayor uso de la inteligencia, pero si en la base se encuentra el EGO, se repite una y otra vez el modelo infantil, primitivo, que a esta altura ya es enfemizo.

Pero, podemos aprender modos alternativos, que no dependen del EGO, sino de otras fuentes en nuestro interior. Pero, como sobre esto ya hemos trabajado en demasía, ahora seguiremos por otra lado.

Toda religión surge como adhesión sumisa al EGO.
Tal vez de manera difusa la religión sea un camino entreverado y complicado para encontrar al verdadero Uno; pero en su origen y desarrollo podemos afirmar que no hay orientación espiritual en la religión, sino solamente adoración al EGO; el cual es sentido como un salvador milagroso, la fuente misteriosa de vida, la figura mágica que todo lo puede y rescata de la muerte y del dolor. El EGO, quien controla la realidad y mueve los elementos para que se orquesten a satisfacer las necesidades y deseos del siervo del EGO.
Cambia la palabra EGO por el nombre de cualquier dios, y verás que es una descripción fiel de la religión.
Recordemos, ni el judaísmo ni el noajismo son religiones, aunque tristemente muchas personas las vivan como tales, y lleven a sí mismos y a otros a espantosas confusiones. Es que, ser judío y noájida no quiere decir estar libre del influjo del EGO.

Así surge la fe irracional, aquella de creer incluso en absurdos. Como dice el diccionario: “Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia”. (¡Ojo! La voz hebra “emuná”, aunque a veces lo traduzcan fe y lo confundan con ella, ¡no lo es!).
Desde la profunda oscuridad del EGO nace la fe.
Es el deseo de seguridad, de control, de satisfacción, a través de  manipular a la deidad (cualquiera fuera la fuerza sobrenatural).
”Piensa bien y te saldrá bien”, aunque la realidad no se deja manipular por nuestra ridícula pretensión. Entonces, se elaboran excusas, a la cual más malabarista y llamativa, para pretender justificar la evidencia en contra.
“Todo es para bien”, cuando es más que cierto que no todo lo es. Pero, no tardan en hilvanar frases, conminar al apego a la voz de “la autoridad”, para de esa manera adormecer el pensamiento, secuestrar a la mente y dejar la fe absurda como valor central.
Recuerda un dato esencial: el EGO secuestra el intelecto, por tanto, suele haber pintorescas elucubraciones para justificar lo que no tiene razón de ser, ni existencia real. Se arman inmensas catedrales teológicas, filosóficas, de supuesto pensamiento, con la única finalidad de seguir desprovistos de libertad de pensamiento.
Con la fe se recibe un letargo de la conciencia, que alivia momentáneamente el sentimiento de culpa, para luego agravarlo.
La fe entontece, por lo que quita temporalmente el miedo, pero al rato resurge con mayor ferocidad y descontrol.
(Revisa nuevamente la síntesis esquemática que puse más arriba).
Es un falso paliativo, cuando en verdad es la enfermedad y jamás la cura.
Es la bota de plomo, cuando ya estamos sumergidos y ahogados en el océano de impotencia.

La fe, en lugar de madurar el intelecto, la razón, la construcción de SHALOM por medio de acciones de bondad Y justicia, la aceptación, el agradecimiento, el análisis, etc.; la fe mantiene a la persona encerrada en su celdita mental.
La fe no construye conciencia, ni tiende lazos de entendimiento, ni ayuda en la edificación de un paraíso terrenal.
Por el contrario, embota, confunde, destruye.

Ciertamente hay gente llena de fe que actúa con bondad y es justa, pero esto es ¡a pesar de su fe! Si se libraran de la fe, y siguieran limpiando su hogar interno para quitar en la mayor medida de lo posible el mandato del EGO, seguramente que construirían infinitamente mucho más y mejor SHALOM.

Entonces, tengamos firme una simple propuesta, que a la vez es poderosa y nos dará fuerza, bendición y cercanía con el Uno.
Dejemos de pretender que seguimos y sabemos las cosas de Dios, cuando tan solo repetimos las cosas de nuestro EGO, al que endiosamos y llamamos con el nombre del dios de moda.
Abandonemos la pretensión de bailotear en asuntos teológicos, rebuscando en extrañas conjeturas para apaciguar nuestra impotencia y angustia.
Soltemos la droga que nos perturba la conciencia, intentemos conectarnos a nuestra NESHAMÁ y no a nuestras caretas que representan la nada misma.
Desentendámonos de la fe, de la superstición, de las palabrerías y creencias banales; no son dignas de hijos de Dios.
Al Uno no se llega con la convicción en lo que no se ve, ni en adorar cosas muertas o de muerte.

No miremos a otros con superioridad, creyéndonos mejores y libres, cuando probablemente somos esclavos esclavizados de otros esclavos.
Mejor, atendamos con humildad y no desde arriba de un falso pedestal, para crecer y elevarnos junto a otros, no por medio de fe, sino de la verdad y la construcción de SHALOM.

La blasfemia de Palestina

israel El origen del término Palestina se remonta al año 130 después de la era común. Palestina es una región denominada como tal por los romanos. Era una provincia Romana que sometía o tapaba al reino de Israel o de Judea.

Palestina, es un recurso más de Roma por querer imponerse en la historia para confrontar la voluntad de Dios, aniquilar, y someter a la humanidad a un imperio universal. A los ciudadanos nacidos en tal región se los  llamó palestinos como toponimia de la región.

Haciendo una analogía, cuando no existía Argentina, existían los pueblos  precolombinos, luego con la llegada de Colon a estas tierras y posteriormente con el arribo de los imperios o corona de los reinos catolicos españoles en conjunción con las misiones eclesiásticas que dan el poder a tales reinados, muchas zonas geográficas fueron nombradas por los dichos reinados. Antes de la existencia de las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis del actual pais de Argentina, dicha región era la región de Cuyo, a los habitantes de tal región se los llamaba cuyanos. Antiguamente Cuyo estaba habitada por los aborígenes huarpes, quienes fueron exterminados con la llegada del reinado católico de España. Cabe destacar que nuestras tierras fueron literalmente conquistadas y lo que sucedió en esta región del mundo fue sanguinario. No solo en los comienzos de la conquista sino también refiriéndonos a la esclavitud a la que fueron sometidos muchos habitantes o etnias nativas o lo que hoy se conoce como latinoamérica.

gobernacion de cuyo

Es decir, antes del establecimiento de la jurisdicción de las provincias de San Luis, San Juan y Mendoza, existía Cuyo. Mendoza, su capital fue una ciudad donde el principal motivo de implantación fue la de servir de tránsito entre el actual Chile. Muchos esclavos nativos eran utilizados por los gobiernos criollos españoles y sus representantes, ya sea los virreyes, gobernantes y demás cargos dentro de la  jerarquía real de la corona española para realizar tareas forzadas. Mendoza ciudad en la antigua región de Cuyo funcionaba como lugar de estadía de los esclavos que eran llevados a las minas a extraer  minerales.

Volviendo a palestina, los palestinos son como lo eran los cuyanos de estas zonas. Los palestinos no son un pueblo o nación es decir, palestina era una provincia, una región conquistada por el imperio romano. La confrontación  se acrecentó cuando se difundió la llegada del falso profeta Mahoma, hecho ocurrido 400 años y tantos años más después de la era común. Con ello Palestina fue transformándose en una zona de convergencia de intereses romanos y del imperio de los árabes musulmanes y es hoy por hoy utilizada como una doble embestida contra la voluntad de Dios.

Palestina fue una región, una provincia, no un pueblo, su identidad se liga al nombre impuesto por un emperador romano, no por los habitantes de tal región en si misma, conservan el mismo nombre, ni siquiera hubo un renombramiento para proclamar la independencia de tales ciudadanos.

Palestina sigue siendo un recurso más del Imperio Universal Romano y de los extremistas Musulmanes para robar, arrebatar y aniquilar la voluntad de Dios.

Palestina es una blasfemia que la ONU y de muchas organizaciones que la  utilizan como una forma más de oponerse a Dios, a su voluntad. Es el producto de una organización de poder que se  rebela contra Dios y denota su perversión y transgresión a su autoridad y sus leyes.

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Abraham el buen hombre de acción divina

Lot, el pariente de Abraham fue tomado como prisionero de guerra.
El patriarca de los judíos, un ejemplo para todos, ni lento ni perezoso, armó un pequeño ejército entre la gente de su confianza y salió inmediatamente al rescate.

Sabía que su vida estaba especialmente en peligro, pues Amrafel (también llamado Nimrod), el rey que lideraba el bando agresor tenía cuentas pendientes con él, estaba en su mira. Igualmente, Abraham no se detuvo en su cometido salvador, tenía una sagrada misión y no la pospondría ni daría excusas de ninguna especie. No se detendría para sacrificar animales al Eterno, ni se escudaría en malabarismos filosóficos, ni argüiría que como “hombre de Dios” no estaba destinado a empuñar armas para salir a la guerra defensiva. Por el contrario, precisamente por ser leal al Eterno y amar Sus caminos, es que emprendió rápidamente su tarea de rescatar al secuestrado, devolver la libertad al oprimido. ESA era la única tarea sagrada en ese momento, ESA y no otra.
Tal vez podría haber recurrido a palabrería mágica, esperando que cayera un milagro inesperado que hiciera el trabajo, o que un escudo protector metafísico alcanzara a los agresores y devolviera con bien a los secuestrados. Quizás pensaba en esas cosas, yo no lo sé, lo que si sé es que actuó como debía hacerse con la mirada puesta en restablecer el bien, aun a riesgo de su vida e integridad.

La guerra fue desigual  feroz, sin embargo el poder estuvo del lado de Abraham quien obtuvo una sobresaliente victoria militar y también política, pues fue reconocido como líder y dignatario para los habitantes de Canaan, que es la que conocemos desde hace milenios como tierra de Israel.
Por supuesto rescató a su pariente, así como a los otros que habían sido apresados, recogió pertenencias como botín de guerra, pero no para él, sino para quienes le ayudaron en su corta pero efectiva campaña. Abraham no pretendía ganancias, ni que de alguna manera la obtención de ventajas materiales le dejara en estado de sumisión o dependencia respecto a personas de baja moralidad.
Él quería restablecer el bien y que el nombre del Eterno sea alabado a través de su conducta digna y ejemplar.

¿Cuáles son las enseñanzas para tu vida cotidiana que obtienes (y puedes compartir con nosotros) de este sencillo pero profundo y eterno relato?

Kedoshim קְדֹשִׁים 5774

Texto escrito originalmente para SERJUDIO.com pero que guarda enseñanzas éticas y espirituales de valor para los noájidas.

La parashá presenta importantes enseñanzas (ama a tu prójimo, no te vengues, no guardes rencor, no mientas, no engañes, paga cuando debes, actúa con decencia siempre, entre otras varias más), pero quisiera detenerme en ésta: "Como a un natural de vosotros consideraréis al extranjero que resida entre vosotros. Lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Yo soy el Eterno, vuestro Elokim." (Vaikrá / Levítico 19:34).

Nos recuerda que la terrible experiencia de ser esclavos debe ayudarnos a mejorar nuestra conducta en los hechos cotidianos. Tenemos la obligación de considerar y ayudar, amar al diferente en su diferencia, precisamente porque hemos padecido la segregación, la actitud discriminatoria, persecuciones, maltratos, entre otras cosas adversas; sin olvidar que también disfrutamos de positivas. Como sabrás, la Familia judía, ha morado en diversas tierras, por variadas causas y circunstancias. Nuestro destino en estos más de 33 siglos de existencia ha sido cambiante. A veces fuimos bienvenidos, otras no tanto. Se nos ha perseguido; también se nos ha protegido. Construimos países a la par de nuestros hermanos gentiles; pero también se nos trató como extranjeros, diferentes, parias, imposibilitados de acceder a los derechos básicos por el mero hecho de pertenecer a la familia judía. Como en el antiguo Egipto, en donde al principio se nos recibió con honores, pero al mismo tiempo excluyéndonos. Pudimos crecer y encontrar la abundancia, pero también se nos esclavizó, martirizó, apenó con numerosas fatigas. País que nos encerró con tormentos de todo tipo, al punto de llevarnos a la desesperación. Por intervención divina fuimos rescatados, y, a pesar del sufrimiento y de los amargos recuerdos, la Torá ordena que NO tengamos rencor hacia los egipcios, según leemos: “no aborrecerás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra.” (Devarim / Deuteronomio 23:8).
Podemos tener diferencias. Aprendamos a que no obstaculicen la convivencia en paz, sin descuidar de nuestra identidad. Ser firmes y leales no significa ser fanáticos ni necios, ni prohibirse cambios favorables. Pero, nuestra lealtad no es excusa para negar al otro que mantenga su otredad, con sus propias cualidades positivas que lo identifican.

Sabemos qué y quién nos liberó, pero ¿sabemos qué nos llevó a ser esclavos?
Una respuesta la brinda el midrash, la sabiduría de nuestros Sabios, que cuenta que los hijos de Lea y Rajel molestaban a sus medio hermanos, los hijos de Bilhá y Zilpá, por ser ellas concubinas de Iaacov y no esposas. No había unidad, ni respeto, ni amor (tal como lo que motiva el duelo en el período de Sefirat haOmer, cuestión que queda para conversar en otra ocasión). Este irrespeto culminó con todos los hijos de Israel siendo esclavos en Egipto, para que en el momento de su liberación todos pudieran decir: “esclavos fuimos”. La penuria vivida los obligaría a encontrar el respeto que no supieron tener cuando eran libres y soberanos.
Es una lección terrible, ¿la hemos aprendido?

Esta explicación me recordó el testimonio de un sobreviviente de la Shoá, que parafraseo: "Cuando a un judío lo hacían entrar a un campo de exterminio no le preguntaban a que corriente del judaísmo pertenecía, les bastaba que fuera judío. ¿Por qué nosotros nos diferenciamos si los enemigos no lo hacían?".
Excelente pregunta, ¿tú qué opinas?

En 1959, la Kneset decidió que el 27 de Nisán se conmemorara anualmente el Iom haZikarón lashoá vehaGuevurá, el Día del Recuerdo por el Holocausto y sus Héroes. Ellos habían manejado como primera opción la fecha del 14 de Nisán, día que comenzó la sublevación de un grupo heróico de judíos del Gueto de Varsovia, sin embargo, por coincidir con el inicio de Pesaj decidieron posponerla para el 27, que además es ocho días antes de Iom HaAtzmaut, el Día de la Independencia del moderno Estado de Israel. Misma cifra que separa el nacimiento del niño judío de su circuncisión. (Cuando cae en domingo, como en este año, se pospone la conmemoración para el lunes).

Es nuestro deber no olvidar y trabajar para que no se repita nunca más.
¿Puedes aportar ideas de cómo hacerlo?

Como vimos, la Torá propone una vida de bondad y justicia que permiten el SHALOM, con uno mismo y con el otro. Cada una de las enseñanzas es para apartarnos de odio, de la injusticia, de la indiferencia, de la burla, de la venganza, de la inmoralidad, de las máscaras engañosas, de todas las cosas negativas que perturban; y así poder acercarnos a la vida, al bien, a la bendición. Una buena manera de lograrlo es cuando los mayores (padres, maestros, etc.) narran (en palabras y especialmente en hechos) con amor a sus menores (hijos, alumnos, etc.) y por consiguiente éstos querrán las tradiciones y aprenderán a interrogar con alegría y sed de acercarse a sus mayores y su identidad.

Quiera el Eterno que no precisemos más experiencias oscuras para encontrar esa LUZ que brilla constantemente en nosotros y para nosotros.