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Luz de JANUCA

Te diré ahora uno de los motivos por los cuales la Tradición ha dado preponderancia al recuerdo del milagro de las lumbreras de JANUCA y no a la mucho más grandiosa y poderosa victoria militar, también milagrosa. ¿Qué hubiera pasado si los judíos ganábamos las guerras, reconquistábamos nuestra patria, rearmábamos nuestro Estado, pero nos mantuviéramos […]

Janucá para tu vida

Anoche comenzó la festividad judía de JANUCA, que se extiende por 8 días. Su principal tarea espiritual consiste en encender la llama que recuerda los milagros acontecidos para el pueblo judío durante su esfuerzo liberador del dominio Seléucida, de la cultura helénica. No repetiré la historia aquí, miles de textos en la Red te la […]

La tercera columna

El pueblo judío ha debido padecer, soportar y enfrentar dos estrategias de enemigos externos que buscaban su aniquilación. Una era la del ataque físico, queriendo así acabar con la estirpe de los patriarcas. El ejemplo clásico es el programa de exterminio ideado por el perverso Amán, el cual se encuentra narrado en la Meguilat Ester […]

No tan poquito

El pequeño jarrito de aceite que motiva la festividad de Januca,eres tú, soy yo,con nuestras limitaciones,nuestra pequeñez,nuestra impotencia a cuestas;pero incluso desde allí hacer nuestra parte,la que es nuestra y nos corresponde,entonces podemos motivar a que más luces se enciendan  y alumbren,reflejando cada vez más la LUZ de la NESHAMÁ.

A la luz de la vela

Lo siguiente es un relato netamente personal, una experiencia vivida en nuestro hogar junto a nuestra hija, por lo cual no debe ser tomada en modo alguno como regla, ejemplo o pautas determinantes para la vida de cualquier noájida consciente de su identidad.

Comencemos…

Milca, una niña de tres años que nació en el seno de una familia noájida, está expuesta a decenas y cientos de mensajes publicitarios que son caracteristicos de la épòca decembrina.

Ella, por su edad, se deja vislumbrar facilmente por lo «bonito» que la mercadotecnia hace ver a la idolatria. Nuestra responsabilidad como padres es enseñarle a ella a distinguir entre la verdad y la mentira, hasta que ella tenga la suficiente edad y madurez para evaluar por si misma los principios que iremos enseñándole a lo largo de la vida.

Logramos enseñarle que la navidad es un acto esencialmente idolátrico. Cuando Milca entró a la casa de su abuela y vio aqué arbol lleno de luces y bambalinas dijo: «La navidad es idolatria, yo celebro januca!»

Esa fue su declaración todos los dias previos a januca. Cada vez que veia (y ve) algún mensaje navideño en la televisión, pide que cambien el canal o que apaguen el televisor. Y asi mismo actua si escucha algo en la radio que suene a navidad.

«Yo celebro Januca…» fue su frase para contrarestar la influencia decembrina.

A todas estas, sabia que en algún momento debia ayudar a mi hija a celebrar Janucá PERO sin celebrar Janucá.

¿Qué hicimos?

Junto con mi esposa, acordamos preparar postres, los mismos que preparamos durante todo el año. No vimos necesario buscarnos un recetario judio.

Compramos regalos. Nada ostentosos. Sencillos.

Nos vestimos de manera especial pero sin estrenar.

Cuando se hizo oscuro, ya entrada la noche, servimos la mesa con la cena habitual y los postres. Y en el medio de todo una vela apagada.

Decidimos dejar el intercambio de regalos luego de asegurarnos que le enseñariamos a Milca algo que marcara su alma. Es fácil caer en competencias del tipo: «Si los demas dan a sus hijos regalos de navidad, pues yo le doy regalos de januca».

Comencé apagando las luces de la casa, y preguntándole a Milca: «Qué pasó con la luz?»

Su respuesta fue: «No hay luz papi, se fue»

«Y qué podemos hacer», pregunté.

Ella dijo: «prender el bombillo, él nos da luz».

Con la vela aun apagada le pregunté a Milca:

«Hija, qué tenemos que hacer con la oscuridad?, darle palo?, pegarle?, decirle que se vaya?»

Su respuesta: «no papi, tenemos que prender luz»

Procedimos a encender la vela y la invitamos a jugar con las sombras que podian hacerse acercando un poco las manos.

Luego le dijimos que podiamos usar la luz para alumbrar todos los lugares de la casa.

A medida que fuimos explorando las habitaciones, la ayudamos a descubrir los regalos ocultos en la oscuridad. Le enseñamos que en medio de la oscuridad podiamos conseguir cosas lindas con ayuda de la luz.

Está de sobra decir que su regalo le encantó. Aunque para ella fue muy importante descubrir lo que papá y mamá tenian para ella, procuramos que no fuese el centro de la experiencia.

Luego le preguntamos qué le habia parecido la fiesta de januca.

«Me gustó papi»

Ahora a todos los que conoce les dice: «yo celebré januca»

Finalmente,

Sin ritos, sin religión, sin falsas espiritualidades, sin noajizar lo judío, le enseñamos a nuestra hija la importancia de la luz en su vida. Ella (y nosotros) participamos de Janucá sin echar mano de lo ajeno.

Más adelante, Milca podrá entender que ella realmente no celebra Januca, mientras tanto su alma sigue limpia, su corazón libre de mentiras en nombre de niños dioses o gordos vestidos de rojo.

Además, como noájidas responsables por nuestra identidad, pudimos participar en el tiempo, en el momento, junto a nuestros hermanos mayores, deseándoles lo mejor en su celebración de la fiesta de las luces.

Y uds, ¿qué hicieron?

Oración para Jánuca

Hola amigos noájidas.Tanto tiempo sin escribir por acá.Bueno, quisiera compartir con ustedes la traduicción de una oración del libro «Communal prayers» de la Sociedad Noájida de Oklahoma que traduje.Espero les sea útil.Bendiciones y paz para todos.Aquí va:

En  Janucá agregar…    

Nosotros, junto a Tu pueblo Israel, deseamos expresar nuestro agradec imiento  por  los milagros, la redención, los actos poderosos y las victorias en la batalla, que llevasTe a cabo en aquellos días durante esta época.

Que  por medio de este recuerdo, los enemigos de Israel  sean alertados de que cualquier esfuerzo por  destruir  a Tu pueblo traerá la destrucción sobre ellos mismos.

En este día, el malvado reino griego se levantó contra  Israel para hacerlos olvidar Tu Ley  y violar los decretos de Tu voluntad.

Hcieron decretos perversos conforme a   la arrogancia de sus corazones, intentando poner  su raciocinio humano en oposición con  Tu Sabiduría revelada, la Torá de Israel y las Siete Leyes que les mandaste observar.

Pero auxiliaste  a Matatías, el Sacerdote,  y sus hijos,  y los sostuviste  en el tiempo de su aflicción, librasTe sus batallas y vengaste  las injusticias cometidas contra ellos.

EntregasTe  al poderoso en las manos del débil, a muchos en manos de pocos; al impuro en las manos del puro, y  a los pecadores licenciosos en las manos de aquellos que se ocupan en Tu Ley.

HicisTe para ti  un nombre grandioso y santo en Tu mundo, y   llevaste a cabo liberación y redención  en este mismo día, para que Tus hijos entraran entonces  al santuario de Tu Templo  y lo limpiaran; purificaran Tu Santuario y encendieran velas en Tu santo atrio.

DIOS  Todopoderoso, los griegos pecaron debido a que no tenían temor de Ti en sus corazones, pero quienes conocemos  Tus Siete Leyes estamos listos para caminar conTigo y comprender Tu sabiduría.

De la misma manera   que diste  fuerzas a Israel para ser sacerdocio  para nosotros y todo el mundo, y llenar los corazones de todos los justos de las naciones que se apartaron de sus hábitos pecaminosos, que el dominio de la maldad  sea abolido de la tierra porque  en ese día serás revelado como el único Dios y Tu nombre será uno para todas las naciones.

Amén, que sea esta Tu voluntad.

Jánuca y los Noajidas

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Januca, la fiesta de las luminarias, es de origen judío y por lo tanto una fiesta netamente judía. Pero con un mensaje que no solo parte para el pueblo de Israel sino también para los gentiles, los hijos de Noaj.

La historia de Januca.

Jánuca es una celebración que se lleva a cabo por un hecho que aconteció en épocas del segundo Templo Sagrado, cuando el reinado se encontraba en poder de los griegos. Ellos decretaron severos decretos sobre Israel, entre los cuales constaba la prohibición de ejercer el judaísmo. Sumado a ello, los griegos robaron el dinero y los bienes de los Hijos de Israel, y echaron mano a las hijas de ellos. También ingresaron al Templo Sagrado y lo profanaron, impurificando todo lo que estaba puro. Después de esto, los hijos de Jashmonai enfrentaron al enemigo, y lo derrotaron, volviendo de este modo el reinado a estar bajo el poder de Israel.

Cuando los Hijos de Israel derrotaron a los invasores, era el día 25 de Kislev. Luego de la rotunda victoria, ingresaron al Templo Sagrado, y no encontraron la cantidad de aceite puro necesario para encender el candelabro durante los días que se requerían hasta que sea elaborado nuevo aceite puro. Sólo hallaron un único frasco que estaba intacto, y sellado por el Sumo Sacerdote, lo cual constataba que ese aceite estaba puro. Este aceite hallado alcanzaba para encender la Menorá por espacio de un sólo día. Sin embargo, aconteció un milagro, y con el aceite de ese frasco encendieron la Menorá durante ocho días, hasta que prensaron nuevas aceitunas, y elaboraron aceite puro. Por este motivo decretaron los sabios de aquella época, que sean esos días que comienzan el 25 de Kislev, días de alegría y alabanza a Dios.

Januca y los gentiles.

La historia de Januca nos enseña como Dios ayuda a quienes depositan su confianza en El y en nadie más. Fueron pocos al principio los que despertaron voluntad en los demás para que  sirvan a Dios con respeto, voluntad y luchen por Su causa por el solo hecho de que el Pacto  así lo establece. Y así lucharon contra los idolatras y malintencionados rufianes e ignorantes de los griegos y vencieron. Cada uno de ellos fue una luz para la humanidad y mucho más para el Pueblo de Israel.

En la actualidad una minoría esta despertando y tratando de seguir la tradición pérdida y cumplir el Pacto Noajico, así influenciar y despertar la voluntad en los demás para que cada uno se esfuerce al máximo en servir a Dios.

Cada uno de nosotros, los gentiles o hijos de Noaj, funcionamos como un frasco de aceite puro que sirve para iluminar muchas personas y compartir de la luz que cada uno en sí contiene. Así como una vela puede encender muchas otras sin perder de su llama ni un poquito de luz, de igual manera cada uno de los hijos de Noaj tiene el potencial para iluminar y dar de su luz para crear muchas más luces y mantener la causa de Hashem.

El frasco de aceite puro refleja la sabiduría, la astucia e inteligencia, el ejemplo que uno debe tener para funcionar como el emisor que no solo logra mantener encendida algunas velas. Sino que sumando la confianza en Hashem, el regocijo y la alegría al aceptar y luchar por el Pacto Noajico, la identidad espiritual que Dios otorgo a las naciones, entonces uno logra mantener encendida la llama Noajida por largos días. Y así se van sumando nuevos aceites, nuevas personas que logran vivificar y hacer del Noajismo una luz que irradie por la eternidad.

¿A quien le compartirás de tu luz en este día?

Saludos!




Kislev: Rayos de Luz

Época tenebrosa
Ubiquémonos en el Hemisferio Norte.
La época es ésta, el mes de Kislev
Cuando ocurre anualmente el solsticio de invierno, cuando los dí­­as son cortos y las noches extensas.
Época de oscuridad, de sombras, de penumbras, de frí­­os, de soledad.
Época tenebrosa, de recogimiento, de apatí­­a.
Época de desolación, de encierro.
Época en la cual parece que el sol desaparece de a poco para no volver, engullido por un manto de noche.
Época de silencio, de monotoní­­a, de quietud, de muerte.

Pero, lo noájidas y los judí­­os tenemos nuestras armas para traer Luz al mundo, para evaporar las sombras de terror, para quitar el miedo y la desesperanza.
Los fieles al Eterno, noájidas y judí­­os, hemos sido provistos de instrumentos para alumbrar, corregir y edificar.
Para convertir el desierto en un tupido vergel, para dar agua al sediento, calma al angustiado, vida al exánime.

¿Cuáles son estas herramientas de liberación?

Siete Luces de Una Luz
El Diluvio asoló la tierra.
El pecado de la humanidad habí­­a provocado la mayor devastación de la Historia.
Un gentl justo con su familia fue salvado por la Misericordia divina, y sirvió como salvador de la vida en la tierra: Noaj / Noé era su nombre.
El 27 de Jeshvan, un par de dí­­as antes del comienzo del mes de Kislev, abrió las puertas del arca de la salvación.
Y su mirada vagó por un mundo destruí­­do, por la desolación, por el desierto, por el dolor que le hizo brotar lagrimones de sus ojos.
Hací­­a un año aquel mundo era prolí­­fico, gastado por la contaminación, herido por el pecado, manchado por la corrupción, pero lleno de vidas, de diversidad, de colores, de fauna y flora.
Ahora el vací­­o, la nada, la desesperación, la soledad.
La noche del Diluvio habí­­a terminado, pero se extendí­­an aún sus efectos destructivos.
Noaj, en medio de su angustia existencial, de su desesperación, ofrendó animales como sacrificio al Eterno.
Era su precaria manera de simbolizar su quebrantamiento interno, su angustia, su dolor de muerte emocional.
Pero también, como pudo, como supo, quiso demostrar al Creador que él, Noaj, estaba dispuesto a trabajar para construir el Shalom, que estaba listo para sacrificarse si era necesario con tal de que el mundo no conociera nuevamente la destrucción total.
Así­­ pues, al comenzar el mes de Kislev el Eterno selló un Pacto eterno con los noájidas.
Él les instruyó los siete mandamientos unviersales, que son fundamento de la vida de edificación.
Y como señal de ese pacto eterno tomó al Arcoiris.
Hasta ese momento el arcoiris no tení­­a ningún simbolismo particular, era un efecto óptico de la refracción y dispersión de luz solar y gotas de agua en suspensión.
Pero, a partir de se momento ya no serí­­a solamente un efecto óptico, sino que serí­­a también un sí­­mbolo, y una señal perenne del pacto entre Dios y la humanidad.
Ese arco que consiste en siete colores diferentes, pero que todos proceden del mismo haz de luz.
Es una clara simbologí­­a de la Luz de la Verdad que proviene de lo Alto, que luego es dispersada entre las personas, para que cada cual la manifiesta de acuerdo a su carácter y forma de ser.
Están los menos refractarios, los más próximos a la Luz original, que son los «rojos». Y en el otro extremo de esa gama están los violetas, que son los más lejanos, los más refractarios. Sin embargo, todos ellos forman parte del mismo sistema, de la misma realidad. Todos ellos son hijos, derivados, criaturas del mismo haz de Luz original.
Lo lejanos, los medios y los cercanos, todos hijos; aunque algunos no quieran reconocerse como tales, aunque opten por servir y adorar a la oscuridad, su alma impoluta sigue estando vinculada a la pura Luz que le da vida.
Así­­ pues, el mundo estaba en oscuridad, destruí­­do, pero el Eterno enví­­o Su rayo de Luz, Su hálito de vida que se dividió en siete ramales, en los siete mandamientos universales y sus derivados.
Para enseñarnos que solamente la Luz de la Verdad, la Luz de la Vida, es la que tiene el poder de extirpar la soledad, la muerte, la miseria, la injusticia, la podredumbre, la idolatrí­­a.
Tú, hermano noájida, levanta con orgullo tu estandarte noájico, ese que lleva los siete colores del Arcoiris, pues es manifestación de la unidad dentro de la diversidad, de la fidelidad al Uno y Único a través del variado repertorio de acciones edificantes que puedes y debes hacer.
Tenlo presente.

Siete Luces para Ocho Dí­­as
Y en la Historia, encontramos otro fogonazo esplendoroso de Luz en mitad de la tétrica oscuridad.
La cultura helenista se habí­­a instalado en el mundo.
Amenazaba la integridad espiritual, y luego la fí­­sica de los judí­­os.
La destrucción del judaí­­smo era un hecho casi consumado, pues muchos eran los que se asimilaban a esa cultura tan atractiva pero tan falta de espiritualidad.
Muchos eran los tormentos y privaciones que debí­­an sufrir los nobles y fieles del Eterno a manos de los esbirros de la oscuridad disfrazada de luminaria.
Como sí­­mbolo, el imperio habí­­a quitado la Menorá del Santo Templo de Jerusalén, habí­­a hecho desaparacer la llama que debiera ser perenne en el Templo, que representa la divina Presencia en nuestras vidas.
No habí­­a luz en el Templo, para simbolizar que no habí­­a Luz en el Mundo.
Pero los pocos y débiles vencieron a los muchos y poderosos.
Un puñado de fieles del Eterno combatió en contra de la tiraní­­a, en contra de la idoaltrí­­a, en contra de la falsedad, en contra de la muerte, en contra de la oscuridad, hasta que finalmente vencieron.
Un triunfo impensable se proclamó.
Y ocurrió otro milagro cuando los judí­­os gloriosamente vencedores encendieron nuevamente las siete luces puras en el Templo. El aceite que usaron como combustible serví­­a para mantener encendida las lámparas por un dí­­a, pero milagrosamente perduraron por ocho dí­­as, hasta que llegó nuevo aceite, nuevas energí­­as para expandir el mensaje de salvación por el mundo.
Nuevamente, en Kislev, en el perí­­odo de opresión, de lóbrego pesimismo, de aniquilación, es cuando la Luz resplandece con mayor potencia.
No en vano la Menorá se constituyó en el sí­­mbolo nacional judí­­o.
Esa lámpara bruñida en un solo bloque de oro macizo, que se divide en siete brazos para sostener las llamas de la luz que representan la Luz de la Torá y los mandamientos, la Luz del Eterno, que vivifica y salva.
No en vano es en Kislev que celebramos Januca, la festividad de las luces.
Lo hacemos como sí­­mbolo de que en la vida tendremos que afrontar momentos oscuros, que la noche es parte integrante de la existencia, pero que incluso allí­­ la Luz del Eterno es lo que prevalece.
Esa Luz que se simboliza en el Arcoiris noájico o en la Menorá de los judí­­os.
Esa Luz que toma distintas tonalidades y se manifiesta de diversas maneras, pero que siempre se vincula a la unidad, al Uno y Único que es Dios.

Tenemos ante nosotros un mundo con mucha oscuridad.
El dolor, la idolatrí­­a, la corrupción, la miseria, la injustiia, el mal, la mentira abundan.
Pareciera como si la noche fuera a imperar.
Los imperios del mal se muestran orgullosos con todas sus posesiones.
Pero, nosotros podemos estar confiados de que tenemos una Luz que nos alumbra en toda ocasión, que tenemos un Padre que no nos desampara, que tenemos una misión para llevar a cabo y nadie nos podrá detener.

Festejemos Januca los judí­­os, celebremos junto a nuestros hermanos noájidas la resurrección del mundo en estos dí­­as.
Trabajemos juntos para construir Shalom, por medio de los mandamientos que nos iluminan.
Todos unidos en nuestra diversidad, todos unidos a la raí­­z común, en unidad para conseguir que la Luz brille sin manchas.

Feliz Januca, feliz compromiso a traer más Luz a este mundo.

(Publicado originalmente 2/12/06)