El castigo de la oscuridad

«El Eterno dijo a Moshé [Moisés]: -Extiende tu mano hacia el cielo para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tinieblas que hasta puedan ser palpadas.
Moshé [Moisés] extendió su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas por toda la tierra de Egipto, durante tres días.
No se podían ver unos a otros, ni nadie se movió de su lugar durante tres días. Pero todos los Hijos de Israel tenían luz en sus moradas.»
(Shemot / Éxodo 10:21-23)

¿Oscuridad, densa oscuridad?
¿Ese es uno de los tremendos castigos con los cuales Dios encaminaba a Egipto para que liberara a Israel?
Porque, agua convertida en sangre, ranas, piojos/moscas, bichos, peste, úlceras, granizo destructor, langostas y muerte de primogénitos se comprenden como plagas que infunden terror y dolor, ocasionan pérdidas materiales y algunas de ellas muerte o afecciones y padecimientos.
Pero, ¿penumbras espesas?
¿Ese es el peor azote, el que da término a la serie de nueve eventos que pueden ser clasificados hasta como naturales, previo al de la muerte de los primogénitos?
Porque, no, en verdad que no parece ser algo tan amargo cuando lo comparamos con los otros.
¿Entonces?

Algunas ideas, que no quiere decir que sean “la verdad”.
Nosotros sabemos que la noche extendida, palpable, duró tres días completos.
Los egipcios no tenían remota idea de cuánto duraría, y si es que terminaría.
Para peor, en esa negrura ni siquiera podían calcular el tiempo transcurrido, puesto que no contaban con el sol para marcarles el paso del tiempo.
Estaban en la completa ignorancia, ni siquiera eran amos de sus minutos, los cuales habían perdido toda existencia.
Ahora eran presos, rodeados de oscuridad, ellos mismos convertidos en penumbras.
Ellos eran sombras en las tinieblas.
Su vida estaba vacía, completamente sumergida en la angustia del no ser aunque siguieran vivos.
La esperanza era otro fantasma.
Ellos no se podían ver, ellos no se movían, ellos estaban muertos en vida.
Encerrados con sus pensamientos, con sus fantasías, a merced de sus terrores, impotentes y sin ningún control.
Ni aun su dios principal, el sol RA, podía algo en contra de esa opacidad que estaba consumiendo todo.

Sí, era un sufrimiento mucho peor que todo lo anterior en la larga lista de plagas torturantes.
Ahora no había filos atravesándolos, ni hambre o sed, ni tampoco llagas al rojo vivo, ni siquiera el bombardeo de misiles alocados.
Ahora el dolor provenía de su interior.
Era la impotencia que los ahogaba.
Nada podían, solamente dejarse morir, faltos de todo control.
Aterrorizados por sus delirios, perseguidos por sus pesadillas, llenos de violencia la cual explotaba en su interior.

Además, estaban incomunicados, en una espesura que no conocemos, aunque quizás podamos rememorar al cerrar nuestros ojos en una habitación tapiada, llena de arena oscura que penetra hasta los átomos, y abandonados en medio de la nada.
En soledad, en un mundo en donde todos eran ciegos y no había siquiera un tuerto para ungir como rey.
Faltos de toda esperanza, abandonados a la miseria, despojados de sus máscaras de autoridad.
Ahora el esclavo era lo mismo que el príncipe, arropados por la nulidad del ser.

Sí, Dios mostró una feroz cualidad cuando sumergió a los egipcios en esa oscuridad intensa.
Era el paso necesario para terminar por quebrarlos… entonces, ¿por qué la muerte de los primogénitos? Una duda que no será respondida ahora.
¿Era castigo, o muestra de una inabarcable misericordia divina, incomprensible pero llena de Amor?

Oscuridad, caos, confusión, negación de la LUZ.
Como lo que provoca el pecado, como el resultado del imperio del EGO apoderado del sitial que no le corresponde.
Noche sin límites, como la que acompañó el comienzo del universo, antes de la explosión de la LUZ.
Una noche donde nada alumbraba, ni una partícula subatómica emitía su energía, todo absorbido por la nada caótica.

Penumbras palpables, donde todo está confundido, en caos, carente de la definición que otorga la NESHAMÁ (espíritu).
La oscuridad que esconde enemigos, obstáculos, temores.
La ignorancia que se apodera del ser y lo perturba doblegándolo.
La noche que dibuja fantasías que se elevan y dominan, esclavizando al hombre en su impotencia.

Y ahí, a unos pasos, había gente alumbrada, que ni se enteró de la muerte tragando a sus vecinos desde dentro.

Sí, hay tanto para aprender de unos escasos versículos que son leídos y olvidados al correr de los segundos.
¿Será que harás uso comprensivo de este texto para mejorar tu vida y la de tu comunidad?

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