Un mundo de fantasía

Paseamos por cualquier lugar, cualquier ciudad, cualquier pueblo o aldea.

Por doquier batallan trasgos contra elfos, a cada esquina te sobresalta un mago oscuro, o gris o blanco. En cada bosque se cobijan enanos y gnomos.

Cada viejo caserón o cortijo tiene sus fantasmas vagando sus ruinas y mientras andas, puedes encontrarte sin quererlo encima de un antiguo cruce de caminos donde el alma de un suicida deambula sin rumbo, sin saber que sendero escoger.

Los rayos de luna conforman la silueta de una dama a través de unos vetustos ventanales y cada cosa que ves, desde una herradura hasta una estrella, tiene un significado oculto. 

La fantasía; que magnífica herramienta a veces y que sutil presidio otras.

“Sin fantasía no existirían delincuentes ni poetas” decía Curt Goetz (1888- 1960).

Gracias a ella, podemos imaginar distintas posibilidades, podemos suponer acontecimientos, predecir consecuencias, resolver dudas.

Nos permite componer melodías, proyectar edificios, crear obras de arte.

Por otra parte, también deja que nos manipulen y nos engañen cuando ésta trabaja al servicio de la superstición y la mentira o de intereses espurios. .

La fantasía no es mala, pero cuando nos sumergimos en un mundo imaginario como alternativa al real, cuando dejamos que la “magia” distorsione nuestra visión, entonces tenemos un problema.

Hay una tendencia creciente en nuestra sociedad que lleva a muchas personas, especialmente jóvenes, a vivir creyéndose personajes de ficción, a ¿vivir? sumergidos en juegos, en un entorno de “realidad virtual”, o cinematográfico  o de forma similar en juegos de rol.

En esta forma de “no vida”, se diluyen las responsabilidades y creamos un medio “ad hoc”, exclusivo para nosotros, excluyente para los ajenos a nuestros códigos. Con valores propios y significados comunes para los que forman parte de nuestro “no mundo”.

Un rato de juego es algo bueno en general, sociabiliza y te saca de la rutina.

Lo malo es cuando crees que tu vida es un juego y tú un personaje de ficción.

Lo que haces con ese comportamiento es en realidad huir; escapar de las inseguridades, de las cargas, de los compromisos, de la verdad.

Cuando consumes las horas, los días, los años en un mundo imaginario, cuando el “humo” te alimenta, cuando te dejas apresar sin necesidad de cadenas, cuando crees tener muchos amigos por tener 500 “amigos” en alguna red social, cuando solo existes a través del monitor de tu ordenador,…realmente ¿Qué haces?

La realidad puede ser tan sencilla como tu quieras vivirla, tanto como quieras verla y mucho más hermosa de lo que puedas llegar a imaginar,  pero si además quieres magia de la de verdad, solo tienes que pararte un instante y mirar a tu alrededor, da igual a donde.

 Observa las maravillosas relaciones que hay entre cada elemento, entre cada objeto. Cada planta, cada flor, cada persona.

Piensa en la infinidad de reacciones químicas que se producen en un segundo en una sola célula, piensa que cada color es el efecto de un cambio de posición de una diminuta partícula en el interior de un átomo.

 Mira el cielo en una noche despejada y verás el pasado de estrellas que ya ni siquiera existen desde hace millones de años.

Podría seguir poniendo ejemplos pero no acabaría nunca porque es algo que supera lo humano.

Si quieres magia, solo tienes que echar un vistazo y admirar que inmensa y bella creación. Pero tan pronto lo hayas hecho, no te olvides de vivir.

Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.

Gregorio Marañón (1887- 1960), médico y escritor español.

 

 

 

3 pensamientos en “Un mundo de fantasía”

  1. Definitivamente es un desiderátum. Hay tanta gente que viven en el Wii, Facebook y Apple; lo que más increíble me pareció es que se crean ciudades virtuales ¡y la gente paga con dinero de verdad por bienes y servicios! Bueno, de todo hay, pero todo tiene también el mismo origen, EGO.

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