¿Alcanza con apartarse del mal?

El libro de los Salmos comienza con una descripción acertada del hombre de bien:

«Bienaventurado el hombre que no anda según el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los burladores.«
(Tehilim / Salmos 1:1)

Diríamos que es una actitud pasiva hacia lo malo, pues no anda de acuerdo a los patrones de conducta o ideología de los perversos, no sigue la senda de los errados ni descansa en el sitial de los perdidos.
Se abstiene de contacto con actitudes, conductas, ideas malignas.
Pero falta algo, ¿no?

Entonces, más adelante añade:

«Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela.«
(Tehilim / Salmos 34:15)

Ya no alcanza con apartarse del mal, de abstenerse, de ser un bueno pasivamente, sino que se requiere una conducta activa o proactiva: hacer el bien.
No basta con ser un mediocre buenito que se contenta con no hacer lo malo, sino que la pujanza del constructor de shalom es necesaria, alguien que hace el bien, que busca la paz que persigue su santa finalidad en la vida y no solamente se queda al costado de la senda oscura.

Es decir, no basta con que hayas reconocido, por ejemplo, que la religión (cristianismo, falsos judíos mesiánicos, por decir algunos) es algo malo y que no te corresponde ni quieres seguir perteneciendo a ella.
Está bien ese reconocimiento y ese apartarse de los antros del mal.
Pero no es suficiente, es tu deber hacer el bien, construir shalom como le decimos nosotros.
No precisas ser judío para ello, ni disfrazarte de «espiritual» por vivir repitiendo frases hebraicas, ni haz de enclaustrarte en congregaciones de gentiles lectores de Torá… no es lo que dice el santo salmista ni lo que Dios ha codificado para ti.
Él te dice, por inspiración divina que tu tarea es buscar shalom, perseguirlo con todo tu ser, hacer lo bueno además de apartarte de lo malo.

Así pues, no me vengas con que te has alejado de esos fantoches estafadores de la, relamidos seguidores del colgado en el madero, porque está muy pero no llena tu alcancia para la vida futura.
Es tu deber, impuesto por la divina Voluntad, que te dediques con constancia, pujanza, esfuerzo a construir shalom en todo momento y ocasión.

¿Con quién construyes shalom?
Pues, primero contigo mismo.
Haces las paces con tu ser, encuentras tu Yo Auténtico, lo vives como corresponder.
Haces las paces con tu prójimo, aquel que está próximo a ti. No tienes que casarte con él, ni convivir, ni amarlo, pero sí construir shalom.
Haces las paces con el vecino, con el lejano, con aquel que ni siquiera conoces pero puedes comportarte con él con amabilidad, por ejemplo en la cola del super, o en el tránsito.
Y también haces las paces con el enemigo.

Pero, atención, hay q apartarse de la senda siniestra del enemigo, hay que alejarse de aquel que es un arma filosa y puede dañarte física, emocional, moral o espiritualmente. Pues, debes apartarte del mal.
No debes hacer como los torpes que dicen que hay que dar la otra mejilla, porque eso no es amar shalom ni vivir con justicia, sino fomentar la lujuria, indecensia, maldad.
Así pues, sé cauteloso para no ser dañado por el malvado.

Pero NO te alejes del ingenuo que anda errado, no te apartes del que profesa idolatría por ignorancia o pereza, sino que a este hay que atraerlo con amor, sinceridad, sencillez, verdad.
Sé amable con el que está en duda o incluso con aquel que sigue apresado de la esclavitud de la religión pero no pretende dañarte.
Acércate a él, aunque deplores su actitud y sus doctrinas podridas.
Ayúdalo a construir shalom junto a ti, para que él también se aparte del mal y abrace la causa del bien.

No es tarea sencilla, pero hay que hacerla.

Hay algo que debemos aprender y adoptar de la conducta del venerable Abaham (patriarca de los judíos).
Podemos aprender a sonreír al recién llegado, a convidarlo con algo para su paladar, a decirle palabras agradables, a hacerlo sentir como en su casa, a fortalecerlo en su vínculo con nosotros y con Dios, a hacerlo estar en su casa estando en la nuestra.
No solamente en FULVIDA.com, sino en cada lugar en el que estés.
Es algo que los malvados misioneros mesiánicos hacen… ellos actúan así como parte de una estrategia (consciente o no) para manipular, lavar el cerebro, aturdir el pensamiento… y les da buenos resultados para sus planes macabros.
¿Por qué no puedes tú seguir el ejemplo del patriarca, pero con las nobles finalidades y santas metas que tienen los leales noájidas?

Tienes tanto bueno para hacer y para recibir.
No es tan pesado el trabajo que te toca, ni tan difícil.
No tienes más excusas para dar.
Es cuestión de vivir con bien, verdadero bienestar para ti y para quienes te rodean.

¿Seguirás cerrando tu recipiente para no recibir la lluvia de bendición que proviene ahora mismo del Cielo?

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