No me aceptan en los círculos sociales

Séneca decía que lo que realmente importa no es el dinero ni la posición social sino cómo esté uno consigo mismo. No se trata entonces de un tema de acciones externas que nos satisfagan sino de vivir con principios, que es una idea que Steven Covey esbozó muy bien en su libro “Siete Hábitos de las Personas Altamente Efectivas”.

De hecho Steven Covey presentaba una propuesta muy interesante de cómo las personas nos comportamos, pues los hay quienes son dependientes, bien sea para que les den lo que quieren, para que lloriqueen porque no tienen X o Y o porque necesitan de la adulación de las personas. De otra parte, pero siempre dentro de la dependencia están los que son los famosos san nicolases que andan queriendo salvar al mundo y luego los que se creen independientes de todos los demás, desconectados de la realidad.

Todos hemos pasado por esa situación que es EGO puro, Steven Covey lo llama dependencia e independencia, pero es lo mismo: lloriqueo, pataleo, griterío y desconexión de la realidad. Hay una tercera vía que es la interdependencia, es la facultad de saberse parte de un sistema social de interacción pero viviendo con principios que nos permiten ser autónomos pero no creernos todopoderosos o liberadores de los que dicen estar oprimidos.

La interdependencia nos permite ser industriosos y tener iniciativa para llevar a cabo nuestros proyectos. Si no me dieron determinado trabajo, vuelvo a intentar, sino me aceptan en el círculo social de los ricos, intento pero si no me aceptan del todo, no me echo a morir, sino que salgo y busco alternativas.
El problema está en que entre dependientes, unos quieren que les hagan todo y los otros quieren hacerlo todo, al final de cuentas ninguno vive con principios sino con un culto a la personalidad, que es el paradigma que nos caracteriza actualmente. Si no me aceptan en determinado lugar, por qué no fundo el mío propio? O mejor aun, por qué no hago algo por alguien más sin esperar nada a cambio?

Los principios no son lo mismo que los valores, los principios engendran valores pero los valores no engendran principios. Tal y como la palabra lo dice, un principio es algo que da origen, es la génesis de algo nuevo. El principio es el manantial, el valor es el río. Nuestra vida puede guiarse por valores pero debe de tener principios. Steven Covey lo resume muy bien, él dice que los valores son el mapa que compramos para caminar por la ciudad, pero la ciudad en sí es donde estamos, la ciudad es los principios, los valores son el mapa, pero ocurre muchas veces que vamos por la vida con un mapa de Tokyo para caminar por Hamburgo.
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Si tu vida gira en torno a hacer todo lo posible para que te acepten en determinado lugar, no estás siendo auténtico sino que estás viviendo bajo el paradigma del culto a la personalidad, si ese es el caso, no estás caminando con el mapa adecuado. Para conocerte a ti mismo, Steve Covey recomienda que hagas un ejercicio que te invito a que lo practiques ahora que estás leyendo esto, imagínate que estás en tu funeral y ahí yaces dentro de un féretro con todos tus seres queridos a tu lado, llorando tu partida, cómo te gustaría que te recordaran, como una persona auténtica o como un exhibicionista? Recuerda que hay un dicho muy sabio que reza que la alcancía con pocas monedas es la que suena? Se referirá solamente al dinero? Ahora es tu turno, comparte tus pensamientos en la sección de comentarios para que nos enriquezcamos mutuamente.

2 pensamientos en “No me aceptan en los círculos sociales”

  1. Ayer se me olvidó en casa el kindle donde había descargado «Luz de Vida para el Alma» iba a leerlo en el trayecto hacia el trabajo, como no tenía nada para leer comencé a darle vueltas a todo esto que es nuevo para mí y no sé porqué recordé una anécdota en la que un amigo me brindó una enseñanza (creo que él no lo pretendía).
    Era joven y me sentía bien ayudando, a veces sin que me lo pidieran, pasé una época mala y nadie me apoyó y le estaba comentado esto a mi amigo bueno más que comentar me estaba quejando y el tranquilamente me cortó y preguntó ¿por qué lo haces?¿lo haces de corazón? ¡Claro! contesté yo algo ofendida por que dudase de mis buenas acciones.
    Y me respondió «entonces, por qué esperas algo a cambio».
    Fue como recibir un golpe y el derribo de algo que me permitió sentir tranquilidad y le respondí «tienes razón», a partir de ese momento mi forma de ayudar fue más autentica.
    Muchas gracias por el artículo.

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