Gracias a D’

La vida es efimera, el paso por este mundo no tiene un tiempo definido; algunos se van antes y otros después, unos ven más cosas que otros, unos viven más experiencias que otros, nacemos iguales, pero no morimos de la misma manera; el desarrollo de nuestra personalidad, de nuestra individualidad determinará eso.
A diferencia del león que muere por defender su territorio de una manada invasora nuestra supervivencia se basa en saber asimilarnos al invasor, en saber eliminarlo con astucias, con argucias, en saber manipular las situaciones, en definitivas, a nuestra capacidad intelectual de afrontar la situación, adquirida ésta con la madurez.
Madurez, madurez, bendita y tan mentada virtud que pocos hombres poseen; estado de consciencia en el que sabemos darle su justo valor a cada etapa de nuestra vida, estado de sapiencia en el que no priva la emocionalidad, ni la racionalidad, sino esa armónica substanciación de ambas en cada decisión que tomamos; momento de nuestra vida donde no vemos nuestros logros sino los beneficios de éstos en el entorno… La Madurez es aquella cualidad en la que la prioridad no es mi comodidad, no es mi querencia, no son mis logros adquiridos, más bien no sólo son estas cosas, pues el estado de madurez en el hombre le permite no verlo de esa manera, pues se siente cómodo siendo útil, útil a si mismo y útil a quien lo necesita sin esperar retribuciones ni agradecimientos; se siente comprometido y puede dejar de ir al cine si considera prioritario pagar una deuda, pues no mira el ya, el ahora, ve más allá del instante y considera el momento “no-lineal” “atemporal”… guarda sus energías y centra sus fuerzas en solucionar su instante para gozar lo venidero, sabe esperar, sabe ser como el bambú, suficientemente flexible para que la brisa no lo rompa, pero no tanto para mantenerse erguido… La madurez, bendita cualidad que algunos intentan alcanzar y muuy pocos logran al final de sus dias, pues su construcción lleva toda la vida, no es estática, como nada en la vida lo es, como nada en nuestras existencias lo es… No ver tus logros, sino apreciar los tangibles beneficios es propio de la madurez, ¿cuántos titulos puedo tener si no ejerzo alguno de ellos? ¿cuánto dinero puedo manejar sino con él no soy productivo? ¿cuántas personas me quieren si yo no quiero a ninguno?… ¿cuánto puedo gastar si lo voy a sacar, lo voy a vociferar y me voy a ufanar de eso en algún momento de mi vida? ¿cuánto he de disfrutar el sexo, y otros placeres del Id si sólo será un gusto efímero?, la madurez es amor propio, es amor por el otro, es amor a la vida, es desconexión total con los prejuicios, con las formas de discriminación, es enajenación de tu libertad en pro de la del colectivo; es el momento en el cual dejamos de ser uno, o una pareja, o una familia, o un determinado grupo y nos sentimos lo que somos, un minúsculo pero imprescindible grano de arena en Este Mundo, una tuerca en el gigantezco engranaje de la humanidad…
El Hombre se sostiene gracias a la madurez, el ser humano es bello y es prudente cuando es maduro, cuando no ve el lado oscuro de las cosas sino que construye sobre el lado iluminado de lo que ve; sin ser esto un impedimento para ver lo ciertamente oculto…
Cuando pierde la calma tan rápido como la retoma, cuando cede ante la angustia tan de prisa como es capaz de volver en si, cuando siente tristeza y no se sumerge más de lo que debería en ella, cuando la nostalgia lo hace llorar, pero el recuerdo lo hace feliz, cuando se molesta pero es valiente para pedir disculpas, para pedir perdón y para saber perdonar, para olvidar, para borrar en la medida de sus posibilidades aquello que le ha hecho daño, o más bien, cuando entiende que nada nos hace daño, sino que muchas son las veces que así lo percibimos, pero nos permiten entender que detrás de aquella situación nosotros tuvimos un papel importante que jugar, que en aquella situación nuestra responsabilidad fue tanta como la del otro; que no somos más que otros, que no somos menos que otros, que alguno, por más menesteroso que parezca tiene algo que ofrecernos, algo valioso, pues la valía de las cosas no está determinada sino por la intención, no por el tiempo ni el espacio/lugar/momento…
Muchas son las disertaciones a las que podemos llegar a través de este tema tan necesario, muchos serían los argumentos que se expondrían y seguramente y para bien nuestro habría miles de diferencias y posturas acerca de… pero por encima de todo aquello una verdad absoluta es inmutable, es luz y es que el sostén de nuestra vida, el medio a través del cual se logra nuestra supervivencia es la madurez, es el cultivo de la justicia y de la armonía, de la búsqueda del equilibrio, de la búsqueda de lo trascendente y productivo… sin menospreciar cada segundo, cada detalle de lo que nos ocurre… Pues como se ha dicho antes, hasta el que nos parece más necesitado tiene algo que ofrecernos, algo valioso, y ahí se encuentra el secreto de nuestra superación, en no ver sólo nuestro punto de vista, en no ver de adentro hacia afuera, sino de construir adentro con lo que vemos afuera…
“No contamina aquello que entra por la boca, pues todo lo que sale de la boca, del corazón proviene”… Pero es claro que lo que del corazón proviene entra por los ojos, pues estos son el espejo del alma…
Veamos las buenas virtudes, los valores humanos, las cualidades humanas y seamos pues alegres al contemplarnos y humildes al crecernos, al hacernos merecedores de aquella tierra de promisión de la que habló Moisés, de aquella corona que promete el Talmud, de aquel estado de sinergia con la totalidad llamado Nirvana, seamos pues “humanos”, seamos pues “humildes”, seamos pues “maduros”…
ff

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