Estuve ahi – Un dia común en la seudo yeshiva – Parte IV

El día comenzaba al estilo militar, pero en lugar del sonido de la diana, se hacía con el sonido del shofar. Uno de nosotros era asignado para hacerlo a las 5 am en punto. 

Si alguno de ustedes tiene la oportunidad de conseguir un shofar (de los grandes) y pedirle que alguien entre a su habitación y los despierte a esa hora  haciéndolo sonar repetidas veces, verán lo incomodo que se siente. Ese fue otro de los grandes inventos del que se hacía llamar “el shaliaj”. Fue así durante dos años. No sé si usar el shofar como despertador sea lo más correcto.

Luego comenzaba un periodo de rezos hasta las 6:30 am, el cual estaba lleno de pereza, sueño, cansancio, rutina, aburrimiento. El único que se emocionaba con esos rezos era el que le correspondía dirigir la oración. Recuerdo que se usaban cantos evangélicos para amenizar la oración, claro que en aquellas partes del canto donde decía “Jesús” se cambiaba por Ieshu-a, donde decía “dios” se decía Eloah, en lugar de “espíritu santo” se usaba ruaj hakodesh. Y así se creaba un hibrido entre judaísmo y evangelismo. 

Además se alteraba el contenido del Sidur en un 90%, puesto que los seudo líderes afirmaban que esas oraciones fueron creadas por judíos “ciegos” que no tenían el espíritu de Ieshu-a. En este preciso momento sé que nada de lo que allí se hizo fue rezo judío, sino un burdo y acéfalo remedo. Y que la comunión con Dios fue nula, al igual que lo es ahora para aquellos que se hacen llamar judíos pero no lo son.

Luego de terminar los rezos debíamos ejercitarnos. Estaba supuesto que corriéramos alrededor de 8 kilómetros por una vía cuya primera parte era de tierra y la otra parte de cemento. En la primera parte, la de tierra, cada vez que pasaba un auto se levantaba una cortina de polvo que, sí o sí, tocaba tragarse.

Como era de esperar todos nos aburrimos de salir a correr, y optábamos por salir a caminar, sin afanes, pero con miedo a ser descubiertos caminando. Y cuando llegábamos a la seudo yeshiva se nos preguntaba si habíamos corrido, y sin mucha vergüenza respondíamos “sí”. Sabíamos que estábamos mintiendo, pero de haber dicho “no”, hubiésemos sido tildados de desobedientes, rebeldes y engañadores. También muchas veces no salíamos a correr, con tal de dormir por lo menos media hora más. En lo personal, durante la segunda mitad del segundo año dejé de correr, prefería quedarme durmiendo y levantarme cuando fuese la hora del desayuno.

El desayuno…

Como estábamos divididos en parejas, cuando correspondía el día asignado, debíamos cocinar el desayuno para 10 personas, además de “el shaliaj” y cuatro familiares suyos, es decir, 15 en total. Y por supuesto, los platos no se lavaban solos, teníamos que apurarnos para llegar a tiempo a la primera clase so pena de ser regañados y etiquetados de contumaces y perezosos.

Al principio los desayunos, almuerzos y cenas eran buenos, luego se volvieron paupérrimos. Fue a raíz de depender de la mensualidad de un compañero, el colombiano, quien  indirectamente era el responsable del mercado. Digo indirectamente porque si la mensualidad de él no se pagaba a tiempo, entonces, el mercado no se hacía  a tiempo.

Paupérrimo llamo a desayunos, almuerzos y cenas que incluían comidas recalentadas hasta 5 veces. Así como cuando en las casas queda alguna comida sin tocar y las mamás las recalientan para la cena o el almuerzo, bueno, la diferencia es que si no tocábamos esa comida, debíamos recalentarla cuantas veces fuera necesario. Un día fuimos regañados porque según “el shaliaj” estábamos despreciando lo que Dios nos había dado. Claro amigo lector, ¿se comería usted un pollo que estuvo enfermo y que además fue recalentado 5 veces? Seguramente no. Muchas veces optamos por darles esas comidas a los perros. Ahora mismo me rio, porque en una ocasión le dimos el pollo enfermo y recalentado a los perros, y ni siquiera ellos se lo comieron.

Bien, después de desayunar debíamos entrar a la casa de estudio para la primera clase, la de “Torá”. Se hacía con los libros de Rashi, más el Nuevo Testamento. La técnica era leer el texto del pentateuco según la versión del anteriormente mencionado, luego la explicación que ofrecía, luego confrontar dicha explicación con los textos e interpretaciones del Nuevo Testamento, eso sí, según el parecer de “el shaliaj”. Frases como “no estoy de acuerdo con Rashi”, “Rashi se equivoca”, “eso de Rashi no es correcto”, “si tan solo Rashi hubiese aceptado a Ieshu-a”, se volvieron comunes todas las mañanas. Más adelante contaré con detalle las ridículas enseñanzas que se nos dieron.

Tan aburridas se volvieron dichas clases que en lugar de escribir lo que se nos dictaba, optamos por jugar futbol o carros en la computadora mientras “el shaliaj” daba sus charlas. En una ocasión un compañero fue traicionado por el subconsciente y grito “gooool” en plena clase, los demás nos reímos mucho porque sabíamos que no le estaba prestando atención a lo que estaban enseñándonos.

La clase era hasta mediodía, debido a que era necesario almorzar. A veces se hacia 30 o 40 minutos más allá de la hora estipulada porque “el shaliaj” se inspiraba en sus falsas enseñanzas y como no sentía hambre, pensaba que nosotros tampoco. Muchos decidíamos no ir a almorzar porque sabíamos que la comida seria la misma que se había recalentado en el desayuno, y que seguramente, veríamos en la cena.

A propósito de las enseñanzas, un día se nos dijo que nuestro nivel espiritual había bajado y que ya no se sentía “la ruaj” a la hora de las clases. Más ridícula no puede ser tal idea.

También recibimos otras clases que eran acomodadas en el horario, a saber, hebreo, danza hebrea, y una que otra clase del seudo jajam, quien nos visitaba de manera ocasional, pero que se perdió del mapa, en especial el segundo año.

Llegadas las 5 de la tarde debíamos ir a trabajar. Es decir, dar de comer a los animales, limpiar los jardines, limpiar el jardín de la casa del “shaliaj”, limpiar la huerta que tan solo producía vegetales tan podridos como las enseñanzas que estábamos recibiendo, y hacer lo que al seudo líder se le ocurriera, incluso lavarle el carro.

A las 6 pm podíamos tomar un baño y prepararnos para la cena. Ya sabíamos que íbamos a comer así que no nos afanábamos. Muchas veces salimos, de manera escondida, a la tienda del pueblo para comprar esas sopas que se preparan añadiéndoles agua tibia. Eso era mil veces mejor que la comida recalentada que nos estaba esperando.

Luego de la cena y de lavar platos, podíamos quedarnos en las habitaciones o en la casa de estudio haciendo cualquier cosa. Se suponía que después de la cena hasta las 9 y 30 pm debíamos estudiar. Cosa que hicimos muy pocas veces porque preferíamos hablar cualquier asunto, ver televisión o ir a jugar en las computadoras.

Aclaro que algunas de las libertades que nos tomamos fueron gracias a que “el shaliaj” se mudó de la seudo yeshiva, y así no tuvimos el ojo vigilante del seudo líder de manera permanente. Pero mientras estuvo con nosotros, la yeshiva fue un infierno.

Finalmente, creo que fui uno de los pocos que estuvo cubierto hasta la coronilla del excremento mesiánico ofrecido por AMI, uno que supo cómo es estar ahí, y uno de los pocos que sabe con detalle cómo es en realidad ese ambiente donde se preparan los seudo lideres mesiánicos. Así que para ti que te disfrazas de judío, y que eres tan solo eso, un disfraz, te digo que lo que estás viviendo no es nada emocionante, que están manipulándote. En palabras de mi Moré, te están vendiendo “espejitos”, falsedad, engaño. Y lo peor de todo es que lo sabes. Yo lo supe, pero el miedo a la desaprobación fue mayor, el miedo a aceptar que no era judío era más grande. Era más cómodo seguir viviendo una mentira. Y por eso es que al leer esto piensas cosas como: “a mí no me va a pasar”, “voy a tener cuidado”, “yo sí tengo alma judía”, etc.

Desiste de tanto engaño. Detén la mentira. Vive siendo quien en realidad eres. No robes, no usurpes, no engañes en el nombre de Ieshu. Aquí hay Luz, Paz, Libertad, Verdad. Te invito a renunciar a la idolatría de Ieshu que profesas y volverte amigo de Dios.

17 pensamientos en “Estuve ahi – Un dia común en la seudo yeshiva – Parte IV”

  1. hola soy veronica soy de argentina realmente es terrible lo ke pasaste todo ese tiempo yo tambien estuve con estos mesianicos 2años gracias al cielo ke sali de ese lugar cuesta mucho salir de toda esa suciedad pero el CREADOR nos va  ayudar a despojarnos de todo y ayudar a otros a salir de esa oscuridad

  2. Mientras leí… me imaginaba cada secuencia, me rei bastante, sobre todo cuando usaban el shofar grande como despertador, jajaja… y pensar que antes a estos maestros del terror, se les tenia un respeto casi divino por su “sabiduria”, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajjajajaja. Como dice Yehuda… Patanes!!!

    Bienvenida Veronica, bienvenida a Fulvida. Espero que podamos verte seguido por aqui, un gran saludos desde Buenos Aires. Plop!
    bendicion y exito!
    Andres.

  3. Lo que describes son viejas tecnicas de lavado de cerebro. Alguien me comento hace poco de su esperiencia en la vida monastica, hay muchisimas similitudes con lo que tu dices. El cristianismo es lider en manejar toda esta basura. El psicólogo León Festinger de la Universidad de Stanford, acuño el termino “disonancia cognitiva “, para definir la tensión que se acumula al tener dos pensamientos que no concuerdan entre si, tomar una decisión errada cuando los factores nos indican lo contrario o el actuar en contra de nuestra ética. Esto es usado para asegurar una fidelidad y cuestionarse en una potencial decisión de abandonar la secta o grupo. El psiquiatra profesor de Harvard y Yale el Doctor Robert Lifton habla de código secreto en grupos cerrados, controlan la información dándole un aire de misterio y crean esa imagen de respeto ilimitado, pues el que tiene la información en cierta forma tiene el control, según Lifton esta técnica llega a ser muy importante pues permite ir variando las creencias en función de los intereses del grupo. La neuróloga de la Universidad de Oxford Kathleen Taylor dice que “cuando algo provoca una reacción emocional, el cerebro se moviliza para lidiar con ello y dedica muy pocos recursos a la reflexión “. Los estados de dependencia nos transforman en vulnerables y maniobrables, al igual que los estados de tristeza o problemas graves, nos vuelven más susceptibles a aparcar el razonamiento.

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