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Tú cuentas, ¡y mucho!

Alrededor de noventa y tres mil millones de años luz es la extensión del universo, según conocemos actualmente (https://es.wikipedia.org/wiki/Universo#cite_note-2).
Te aseguro que ni tú ni yo nos hacemos realmente a la idea de lo que es significa y representa.
Podemos mencionar la frase, escribir sus ceritos uno detrás del otro, creer que estamos conscientes de su magnitud, pero en verdad no está en nosotros siquiera acercarnos a imaginarnos su impactante enormidad.
Es que, por más millas que tengas recorridas, por más países que conozcas, por más ríos que hayas navegado, por más aventuras extremas que sumes a tu agenda, nunca, jamás de los jamases te aproximarás siquiera a una minúscula porción de lo que esa distancia representa.
Distancia medida en años luz, por lo cual, también nos está hablando de la tremenda antigüedad del universo, hasta hoy sabemos que tiene cerca de 15.000.000.000 de años.
Cifras astronómicas, siderales, inconmensurables, imposibles de presentificar en nuestra experiencia.

Y por encima de toda esa gigantez, excediendo infinitamente su enormidad, inconmensurablemente más inimaginable es el Eterno Elohim.
¿No te parece pedantería y tontera bravucona los que te dicen hablar en nombre de Él, cuando ni siquiera tienen la mínima idea de las cosas más simples y fáciles que Él ha ordenado seguir?
¿No consideras petulante, absurdo, blasfemo, pecaminoso los que pretenden controlarLo por medio de pactitos, recitos, decretitos?

Por otra parte, en toda esa monumental realidad que supera cualquiera imaginación, Él te puso aquí y ahora.
Él te dio vida.
Él te sostiene.
Él se ocupó de darte mandamientos de vida, para que vivas aquí y ahora así como en la eternidad.
Tienes los Siete Mandamientos si eres gentil; tienes los que te corresponden de los 613 si eres judío.
Esa es tu nutrición y la senda de eternidad.
Entonces, ¡eres importante! ¡Eres valioso! De todo el gigantesco universo tiempo/espacio, Dios quiso que existieras y que participaras como Su socio para traer SHALOM al universo.

Por ello, no subestimes tu lugar, tu importancia.
Construye SHALOM, aquí y ahora, a pleno, por medio de acciones de bondad y justicia.

En este momento la santa nación de Israel está en riesgo por el enemigo sádico, malvado, odioso. El imperialismo árabe-musulmán a través de sus fuerzas colonizadoras que se hacen llamar “palestinos” están abocados a destruir el Estado laico de Israel, hogar milenario y actual de la nación judía. También tienen en sus planes conquistar el resto del mundo y decapitar a los “infieles” o convertirlos a su tortuosa fe por medio de cualquier acto violento que se les ocurra.
Sus lacayos que se presentan “progresistas”, así como todos los que se dejan comprar por el inmenso poderío económico del imperialismo árabe-musulmán, son cómplices.
Participan también los medios de DESinformación que omiten la verdad, silencian los hechos, presentan mentiras como verdades, cuentan lo que les conviene, entre otras arbitrariedades asesinas y genocidas.
En este terrible momento, ¿qué puedes hacer tú para ayudar a establecer el SHALOM allí y en todas partes?
¿Cómo demostrarás tu rol magnífico de hijo del Señor?

Bereshit 5776–ETZ JAIM

Comienza con esta parashá la lectura anual de la Torá, por tanto veamos un poquito acerca de este libro sagrado para los judíos, así como para miles de millones de seres humanos. En el acierto o en el error, muchos que no son los herederos ni sostenedores de la Torá, tienen una poderosa afición a ella. Incluso, tanto los cristianos como los musulmanes se presentan a sí mismos como los continuadores oficiales de los judíos, como los poseedores de un pacto renovado. Esto, evidentemente, no es correcto sino una alteración profunda de la realidad; y sin embargo, apunta a una realidad trascendente muy cierta. Ellos en su tremendo error igualmente están anhelantes por encontrar el sendero a la NESHAMÁ, el espíritu, y por tanto a Dios. Pero, en lugar de hacerlo de la manera correcta, caminando con paz y armonía por la senda del noajismo, han inventado cada uno su propio camino grotesco, con la intención de encontrar a Dios, pero perdiéndolo por no acatar Su Voluntad, por no vivir en paz como noájidas.

Pero, ¿qué es la Torá?
Muchos confunden la Torá con un libro de historia, que ciertamente no lo es, aunque contenga algunas narraciones antiguas y particularmente de la milenaria nación de Israel.
Tampoco está para aprender ciencia, aunque haya personas que afirman descubrir revelaciones científicas entre sus líneas (con acierto o error).

Lo que sí podemos afirmar es que la Torá es el mensaje que Dios reveló directamente al pueblo judío a través de Moshé, para que sirva como un manual de vida, según leímos hace pocas semanas: “Ki hi jaieja veorej iameja” – “porque ella es tu vida y la extensión de tus días” (Devarim/Deuteronomio 30:20).
Es así porque contiene reglas que nos encaminan hacia el bien y la justicia. También porque encontramos narraciones que nos sirven como ejemplo de lo que es mejor evitar y aquello que sería inteligente emular.
Cumpliendo con sus normas y aprendiendo de sus moralejas podemos conectarnos con el Eterno y con nuestra propia esencia sagrada, la NESHAMÁ (espíritu), lo cual llena de LUZ nuestra vida.

Entonces, cuando nos encontramos con una MITZVÁ (precepto, orden) no está para proceder como un robot en su cumplimiento, sino también y especialmente para que descubramos como ella nos conecta con nuestra mejor identidad, nos solidariza con el prójimo, nos reúne en un abrazo con el Eterno. Porque el acatar la orden tiene valor en sí mismo, pero el manifestar nuestro mejor potencial cumpliéndola es extraordinario.
Esto ocurre tanto con la TORÁ NOÁJICA con sus Siete Mandamientos para cada uno de los Hijos de las Naciones, como los 613 mandamientos de la Torá que corresponden a la nación judía.

De manera similar cuando estudiamos alguna narración de la Torá, no es para pasar el rato con un cuento, ni para memorizar algún dato, sino para encontrar algún mensaje que nos permita ser más libres, felices, creativos, bondadosos, conectados, promotores de SHALOM.

Por ello, el sabio e inspirado rey afirmó acerca de la Torá: Etz Jaim Hi Lamajazikim Ba” “un árbol de vida es para los que se aferran a ella”. Y agregó Vetomjea Meushar” – “y los que la sostienen son felices” (Mishlei/Proverbios 3:18).
Para los judíos es relativamente sencillo comprender este concepto, pero, ¿cómo se aplica a los noájidas, quienes no son destinatarios de la Torá de Israel, sino poseedores de su propio código sagrado, el de los Siete Mandamientos? Si tienes ideas que sirvan para responder, publícalas en la zona para los comentarios aquí debajo. Gracias.

Entonces, cuando sostenemos la Torá, ella nos sostiene a nosotros, y nos permite encontrar el camino a la felicidad, aquella que se perpetúa y no se degrada en el tiempo.

Ahora que sabemos esto, te propongo que releas algunos de los relatos que están en esta parashá y veas cómo te pueden ayudar para traer luz a tu vida y a la de quienes te rodean. Puede ser la creación, el nacimiento de ADAM (hay dos versiones del mismo hecho), cuando el fruto prohibido fue comido, la pelea de Caín y Ebel, el desarrollo de la familia humana, o cualquier otro del variado contenido. ¡Adelante! Y comparte luego tus aprendizajes, si gustas.

Te deseo Shabbat Shalom umevoraj, con todo lo bueno para ti y tu familia.

Unos momentos memorables en KIPUR

Hace mucho tiempo, desde antes de ser adolescente, que trabajo como cantor, lector de Torá, maestro de judaísmo y en otras actividades litúrgicas/educativas en diversas instituciones judías del país. En la capital y fuera de ella.
Trabajé en todas las comunidades judías de Montevideo. También enseñé en todos los grandes colegios judíos (que funcionaran durante mi vida adulta), y lo sigo haciendo gracias a Dios, en el mayor instituto educativo judío de Uruguay.
También ejerzo como jazán principal en la Comunidad Israelita Sefaradí del Uruguay.
Es un gran honor, placer y enorme responsabilidad participar en estas actividades sagradas.

Desde hace varios años dirijo los servicios de los Iamim Noraim en la Comunidad judía en la ciudad de Paysandú, en el interior de Uruguay, y es precisamente de esto que quiero comentar algo ahora.

De cada oportunidad se puede resaltar alguna experiencia, encontrar enseñanzas, apuntar momentos que sirven para el crecimiento propio y del prójimo. ¡Sí habrá en todos estos años y encuentros cosas para rememorar y de las cuales aprender!
En este momento quiero simplemente testimoniar un pequeño instante al cierre de la Neilá, hacia el final del servicio de Kipur 5776, hace solo unas horas atrás.

La pequeña pero intensa comunidad sanducera estaba acompañando a su ritmo los rezos, siguiendo atentamente las enseñanzas que iba intercalando, participando a su manera para dotar de vitalidad y sentido el encuentro sagrado. Porque la idea no es solamente cumplir con el ritual antiguo, pasando largas horas en la sinagoga y rezando los textos añejos y en apariencia poco conectados a nuestra vida cotidiana actual. Sino más bien dar vida a la tradición, y que ella nos dé vida a nosotros de forma renovada.Porque mi idea es seguir las pautas tradicionales, para permitir que la LUZ de la NESHAMÁ que destella de forma especial en estos días no quede reducida a su mínima expresión y se pierda absorbida por cáscaras rituales y sociales, sino que atraviese las penumbras del EGO y dé poder y conciencia a la vida de los presentes, y a través de ellos también de los ausentes.

En ese rezo final en el salón no solamente había judíos, también concurrieron algunos gentiles, sea que estuvieran conectados por lazos familiares con miembros de la comunidad, o porque tuvieran algún interés en estar allí. Incluso había llegado un pastor evangélico, el cual desde el fondo y en silencio atento y respetuoso siguió con su mirada en el libro de rezos la fonética y supongo que también las traducciones al español. Este hombre se acercó humildemente luego de la havdalá a saludar por el nuevo año y agradecer por las enseñanzas que se llevaba consigo. ¿Quién sabe, quizás esté un paso más cerca del noajismo puro ahora? Sería algo muy bueno, que también este hombre encontrará la senda a su verdadera identidad espiritual gracias a haber estado un ratito en el rezo del Iom Kipur de los judíos. Sería estupendo, para que también pudiera servir para alumbrar a otros que están en la oscuridad a redescubrir el noajismo, la senda espiritual para las naciones. ¿Quién lo sabe? Tal vez Dios dé una mano con esto también…
El día de Kipur, ayudando a judíos y gentiles a encontrarse, a darse cuenta de su auténtica identidad espiritual. Que Kipur sea algo más que unas horas en el templo, y repetidas frases aburridas y fuera de contexto, y un ritual vacío de vida y trascendencia. Que Kipur sirva para lo que originalmente fue creado, el encuentro de uno consigo mismo a través de encontrarse con el Padre Celestial, y así estar en armonía interna y con el prójimo.

Pero no es de esto que quería comentarles, sino de una buena señora de la comunidad, esposa, madre, abuela, bisabuela un pilar de la gran familia judía sanducera. Me habían dicho en Rosh haShaná que estaba bastante enferma y que no vendría, por lo cual me alegré muchísimo cuando entró para el Kol Nidrei, y luego cuando estuvo en el resto de los rezos. Allí estaba, como en los años anteriores, marcando su presencia, participando, ayudando a otros a hacerlo.
Al final de la Neilá, luego del shofar, luego de cantar leshana habá biIerushalaim, antes del arvit y la havdalá, entonamos en esta comunidad el Hatikva, el himno del Estado de Israel.
No sé si se hace en otros lugares, no sé desde cuando lo hacen en Paysandú, pero el hecho es que lo hacemos.
Y allí estaba la doña, cantando a vivo pulmón este himno, con lágrimas en los ojos.
No era dolor, tampoco amargura, ni angustia. Su rostro no indicaba nada de esto.
Me parece que era añoranza por la verdadera patria, y tal vez sano orgullo. No lo sé, estoy suponiendo porque no quise preguntarle.
Lo cierto es que era un llanto suave, noble, que surge desde las entrañas y no busca llamar la atención o manipular para obtener beneficios. Es el otro llanto, aquel que vibra desde lugares remotos y luminosos.
Sí, para esta amiga apreciada Kipur tiene sentido, lo vivió con intensidad.

Espero reencontrarme con ella, su marido, su familia dentro de poco menos de un año. Para celebrar juntos, con bien, salud, prosperidad, alegría, shalom, bendición.
Mientras tanto, los meses que quedan, a continuar construyendo SHALOM a cada rato, fuera y dentro, con acciones de bondad Y justicia.

Ree 5775

Así comienza la parashá:

Mira, pues; yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si obedecéis los mandamientos del Eterno vuestro Elohim que yo os mando hoy; y la maldición, si no obedecéis los mandamientos del Eterno vuestro Elohim, sino que os apartáis del camino que yo os mando hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido…”
(Devarim / Deuteronomio 11:26-28)

Uno de los principios que destaca el judaísmo es que el hombre tiene libre albedrío, que es la posibilidad real de escoger entre el bien y el mal. Varias veces lo manifiesta la Torá y nos recuerda el deber de conocer entre una cosa y la otra, para así poder optar conscientemente, libremente, por el bien, lo cual trae como consecuencia el bienestar y la bendición.

Hay multitud de doctrinas que afirman que carecemos de libre albedrío. Sin él, no se puede exigir responsabilidad por las acciones, porque, ¿qué culpa tiene la persona si reacciona de acuerdo a un programa preestablecido e inmodificable? Sea una conducta generada por instintos o tendencias biológicas; o sea un destino metafísico que opera por sobre la humana voluntad. Si no puede elegir, no puede ser responsable, pero aun así, muchos de esos credos encuentran la excusa para condenar al hombre a sufrir de culpa, a pesar de no contar con mecanismos para escoger otra alternativa.

Pero, el judaísmo tradicionalmente afirma que en verdad SÍ somos responsables, porque Hashem nos ha creado de tal manera que tenemos un cierto control sobre nuestras decisiones y podemos elegir entre el bien y el mal. No tenemos un poder ilimitado, pero en aquello que somos poderosos, es nuestro deber escoger y hacerlo bien.
Por eso, es tan importante instruirnos, aprender, estudiar y esforzarnos; porque se nos pide rendir cuentas de aquello que está bajo nuestro dominio. Y si nos hemos equivocado, existe la TESHUVÁ, hasta el último momento tenemos la oportunidad de escoger el bien, aunque adolezcamos un pasado lleno de errores. Como indica el párrafo citado al comienzo, cada día es ese “HOY” en el cual elegimos hacia qué lado marchamos.

Podemos ser obstinados y profundizar el error, o podemos librarnos de él por medio de la TESHUVÁ. Porque Hashem nos ha dado este regalo gigante, que es el poder arrepentirnos y volver a la senda correcta sin depender de milagros o ángeles, sino solamente comprometernos a dejar lo negativo y dedicarnos a lo positivo.

Por ello, mucho cuidado para no “ir detrás de dioses que no hemos conocido”, que es inventar cualquier justificación para apartarse del correcto camino, usando como excusa “dioses”, que parecen ofrecer soluciones mágicas, respuestas satisfactorias, permisos increíbles, pero que no corresponden a una vida ética/espiritual.

¿Qué podemos y queremos hacer nosotros para elegir bien y disfrutar de sus resultados?

(Publicado originalmente en SERJUDIO.com pero con importantes enseñanzas noájicas, por lo cual fue republicado también aquí).

Un mundo ideal–Ekev 5775

Continúa Moshé recordando capítulos de la historia reciente de Israel. También vuelve a dictar y clarificar muchos de los mandamientos que Dios ya había establecido para los judíos. Por esto, el sefer Devarim es conocido también como “Mishné Torá”, “la repetición de la Ley/Enseñanza”, o Deuteronomio como se le llamó en griego.

Un pasaje notable afirma que las mitzvot forman la Constitución que debe regular la vida individual y colectiva de la nación judía en su país. Es el camino marcado por Dios para establecer una vida de paz, de prosperidad, de entendimiento, de concordia, con los pueblos extranjeros, con los hermanos y consigo mismo.
La Torá no está proponiendo una religión, ni una conducta ritual, sino un plan de vida integral, de perfeccionamiento, de crecimiento, de armonía bajo la sabia y amorosa guía que Él nos brinda.
Según está escrito:

Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os mando hoy, para que viváis y seáis multiplicados, y para que entréis y toméis posesión de la tierra que el Eterno juró dar a vuestros padres.”
(Devarim / Deuteronomio 8:1).

Pensemos un poquito: si todas las personas cumplieran con los mandamientos que les corresponden, ¿no estaríamos ya viviendo en un verdadero paraíso terrenal?
Porque la mayor parte de las cosas desagradables que nos suceden no son causadas por la naturaleza, ni por accidentes imprevisibles. Realmente, los daños que nos sobrevienen son casi siempre debido a la intervención del hombre, ya sea porque actúa erróneamente o porque está incumpliendo con algunas de sus responsabilidades.
¿Habías considerado este punto anteriormente? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad en lo que nos sucede, como individuos y como colectivo?

Entonces, cuando toda la humanidad tome conciencia de que podemos vivir mucho mejor, dedicar nuestra energía y tiempo a cuestiones que contribuyen al bienestar individual y general, ese día estaremos disfrutando de la tan anhelada Era Mesiánica. No como un evento mágico o milagroso, sino como un proceso de crecimiento de la humanidad que lleva a una nueva era de comprensión y acción que es al mismo tiempo buena y justa.

Podemos encontrar expresada esta idea en nuestra parashá:

Y será que por haber obedecido estos decretos, por guardarlos y ponerlos por obra, el Eterno tu Elohim guardará para contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Él te amará, te bendecirá y te multiplicará. También bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano y tu vino nuevo y tu aceite, la cría de tus vacas y el incremento de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Serás más bendecido que todos los pueblos; no habrá hombre ni mujer estéril en medio de ti, ni entre tus animales. El Eterno quitará de ti toda dolencia y todas las terribles enfermedades de Egipto, que tú conoces.”
(Devarim / Deuteronomio 7:12-15).

¿Deseamos que esto sea realidad? ¿Qué podemos y queremos hacer nosotros para contribuir a materializar esta promesa de Dios?

(Escrito originalmente para SERJUDIO.com, republicado aquí por el alto contenido de enseñanzas acordes a la espiritualidad noájica).

Redención de Tzión

Estamos a poco de otro Tishá beAv, el día noveno del mes de Av, cuando recordamos y volvemos a atormentarnos por variados males que acontecieron a la familia judía a lo largo de las generaciones.
Exilios, destrucciones, matanzas, violaciones, incendios, deportaciones, robos, ataques, castigos, atentados, pactos de “aliados” con tremendos agresores, acusaciones infundadas y un sinnúmero de catástrofes que parecieran escoger estas fechas para torturar a los judíos en donde quieran estén.
Aunque, lo cierto es que cada momento del año parece destinado a albergar alguna angustia, sea en lo personal o en lo colectivo.

El remedio a tanto sufrimiento lo brinda el profeta del Eterno, Ieshaiá/Isaías, y no es casualidad que sea lo que leemos como haftará en el Shabat previo al dramático ayuno de Av:

צִיּוֹן בְּמִשְׁפָּט תִּפָּדֶה וְשָׁבֶיהָ בִּצְדָקָה

“Tzión [Sion] será redimida con el juicio, y sus arrepentidos con la justicia/caridad.”
(Ieshaiá / Isaías 1:27)

¿Les suena conocido?
Es el recurrente mensaje de construir SHALOM por medio de acciones concretas de bondad y justicia.
El mundo será restaurado cuando este principio sea comprendido y asumido por todos.
Cuando se deje de lado la palabrería, la cursilería, las buenas ondas huecas, los rituales sin contenido, la maldad en forma de pereza o egoísmo, la religión, toda otra manipulación.
Mientras tanto, seguimos en exilio, sin Templo, desprovistos de SHALOM.

No depende de milagros, de ni rezos, ni de buena fe, ni de adorar a rabinos como si fueran manifestaciones celestiales; tampoco de saberse de memoria pasajes de libros, o vestirse de formas curiosas, o de indagar en misterios que a poco de investigados pierden toda credibilidad.
No depende de magia ni de fe, sino de un hecho simple y concreto: construir SHALOM con acciones de bondad y justicia.

En tanto no sea ésta la realidad, el mundo seguirá exiliado; cada uno de nosotros padeciendo, aunque tengamos algún tipo de éxito o anulemos nuestra conciencia con todo tipo de anestesias o estimulantes tóxicos.

Ten presente las palabras del profeta, mejor aún, estudia todo el capítulo de Ieshaiá, siempre con la guía apropiada de verdaderos maestros de Torá.
Entonces, verás por ti mismo las cosas desde la perspectiva que Dios ha declarado a través de Su portavoz.
Tendrás en claro que deberás librarte de toda esa religiosidad y superstición, de desbloquear tu NESHAMÁ para empezar a vivir plenamente, aunque estés restringido y limitado.

Redimamos a Tzión, a nuestro corazón.

(Escrito originalmente para SERJUDIO.com, con enseñanza también acorde a la espiritualidad del gentil).

El secreto de la prosperidad divina

Estimado profesor Ribco:

Este es un comentario, seguido por la solicitud de su opinión, por lo que no estoy seguro de si éste es el canal apropiado para presentarlo, en todo caso aquí va:

Recientemente, una conclusión asombrosa y al mismo tiempo simple, me sorprendió al reflexionar sobre los sacrificios y las fechas del calendario judío.

Cada sacrificio requería un animal sin defectos. Durante algunas fechas, en cada día podían darse unos 30 sacrificios de novillos, macho cabríos y corderos, todos cuidadosamente seleccionados. Esto hace unos 210 animales propicios en una semana.

Me pregunté cómo hacían para obtener tanto ganado en condiciones físicas apropiadas, y la respuesta lógica es: tenían que tener un sistema agroalimentario regido por altísimos estándares de calidad, tanto para los animales como para los vegetales utilizados para la alimentación de éstos.

Entonces, por lógica, tenían una ganadería y unos cultivos de calidad que constituían la prosperidad del pueblo.

Conclusión sorprendente!: Con el objetivo de mantener el estándar requerido para las ofrendas a D-s, el pueblo se comprometía con un sistema de trabajo que necesariamente generaba riqueza y prosperidad. Así, sin magia ni milagros, el servicio honesto y comprometido a D-s, obliga a un trabajo cuidadoso que eleva la calidad de vida de las personas. Lo interesante es que se invierte el paradigma al cual uno está acostumbrado: las religiones con su pensamiento mágico: llevan a esperar el milagro que genere el bienestar con la prosperidad incluída… mientras que el pueblo Judío, usaba la vía contraria, creaba prosperidad y un éxito diferenciado de los otros pueblos, casi “accidentalmente” al tratar de mantener los estándares en el camino hacia el servicio a D-s.

¿Es correcta esta apreciación?

Muchas gracias por su opinión.

Un saludo cordial.

Gerardo Lacouture.

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Héroes de Entebbe

Hace pocos días, a principios de julio, recordamos otro aniversario de aquel hecho heroico y milagroso, el rescate en Entebbe.
A fines de junio de 1976, terroristas musulmanes, de los apodados palestinos, junto a otros camaradas del horror, habían secuestrado un vuelo comercial, lo desviaron al aeropuerto cercano a la capital de Uganda.
En instalaciones del aeropuerto retuvieron a los más de cien rehenes y demandaban la liberación de asesinos terroristas presos.
Un comando de la Saieret Matkal fue la encargada de realizar la “Operación Trueno”, en un vertiginoso trabajo profesional y cuidadoso lograron rescatar a las víctimas y herir al feroz enemigo, no solamente en su orgullo.

Una de las películas inspiradas en este incidente, “Raid on Entebbe” (1977) cierra con un emotivo reencuentro de los secuestrados y de los heroicos combatientes, de fondo suena una versión de la famosa “Hine ma tov umanahim” – “Cuan bueno y cuan agradable es el encuentro entre los hermanos”, palabras del inspirado salmista (Tehilim/Salmos 133:1), quien también supiera ser un valiente soldado y defensor de los débiles, el rey David.
También suena antes en la película, cuando el avión los está llevando rumbo a la operación, como un llamado de atención, de despertar la conciencia.
No estaban destinados para matar, ni para destruir, ni para hacer daño; aunque tuvieran la preparación y el entrenamiento.
Por el contrario, su misión era de rescate, de vida, de libertad.
Su tarea era permitir al inocente retornar al hogar, que la paz se estableciera en la tierra como en los cielos.
Porque se entrenan muy duramente para alcanzar la paz, y por ello tienen el poder para controlarse y no usar sus armas de destrucción perfectamente adiestradas y practicadas. El uso de las armas, de la fuerza destructiva, es un paso posterior, cuando no queda otra alternativa posible. En eso consiste el entrenamiento intenso de los maestros en las artes marciales, en las ciencias de la guerra. En usar el poder para encontrar el autocontrol, el propio dominio, vencer a las bajas pasiones sin dejarse arrastrar por soluciones facilistas. Sí, también son expertos en instrumentos de daño y muerte, pero no es para hacer uso de ellas que se ejercitan con tanta paciencia y esfuerzo.

Los héroes de la Saieret Matkal debían hacer su parte para equilibrar lo que el malvado estaba trastornando.
Y, si por desgracia para lograrlo debían matar, destruir o dañar al corrupto y culpable, pues lo harían.
Porque es el diálogo, la Comunicación Auténtica, la mejor manera de negociar, de compartir, de componer los asuntos. Sin embargo, hay personas que no están dispuestas, que solamente pretenden arrasar con los demás, sin tener consideración alguna a nada. Solamente quieren tener la razón, ser los que dominen, los que quedan al final del cuento. Gente que no está dispuesta a comunicarse ni a pactar sinceramente. Entonces, como mecanismo necesario de defensa, el entrenamiento en batallas de los combatientes de la paz entra en funcionamiento es su modo agresivo.

Algo así ocurrió hace milenios con otro héroe de la nación judía, con Pinjás el Cohén.
Debió realizar un acto violento, el cual habitualmente rechazaría, pero que fue necesario para poner las cosas en su lugar.
Lo movía el amor a Israel y a Dios, no el odio, resentimiento, egoísmo o alguna maldad.
Su deseo era que hubiera SHALOM y al no poder obtenerla por medios pacíficos, tuvo que recurrir a lo que tuvo para lograrlo.
Para asegurar que esa infracción de la conducta habitual no se hiciera típica, para que no se repitiera sin motivo el acto violento, es que Dios selló con él un BRIT SHALOM, una alianza de paz.
Que sus motivos sean el SHALOM y sus modos también lo sean.
Que solamente recurra a la parte agresiva de su entrenamiento cuando no tiene otra alternativa.

Así todos nosotros, si queremos ser constructores de SHALOM, actuar con bondad y justicia en todo momento.
A veces el balance se debe correr hacia el lado de la bondad, a veces del rigor; siempre manteniendo la meta del SHALOM.

(Publicado originalmente en SERJUDIO.com)

Turistas en el muro

Te hablaré de una de las habituales presencias en el Muro Occidental, también conocido como “de los Lamentos”. El famoso “KOTEL”. Es un trozo pequeño de la muralla que rodeaba al complejo del santo Templo del Eterno en Ierushalaim. Ni los enemigos de Dios e Israel, ni los elementos naturales, lograron derribarlo, allí permanece erguido, como monumento a la Presencia y a la presencia milenaria de los dueños de esa tierra: los judíos.

Los curiosos turistas, nunca faltan por allí, ¡y que siempre estén!
Es probable que solamente deseen checar en su lista este sitio de interés. Se encuentra en los itinerarios publicados online o impresos, es parte de los tours que están organizados, ningún guía dejará de pasar por él. ¿Será como la torre Eiffel en París, como el Empire State en Nueva York, como las Pirámides en Guiza, o el Partenón en Atenas?
Sí, comparte con estas referencias turísticas esa condición de atracción para el inquieto excursionista.

Te apuesto a que se tomarán la infaltable selfie, o algún vecino parará a tomarles la fotito obligatoria; es esa junto al mástil con la bandera del Estado de Israel, con la pared de piedra milenaria al fondo. Habrá otra más tocando las piedras. Otra abrazando al muro, o como desfalleciendo ante él. Y sí, estará también la panorámica desde la explanada tomando el conjunto de la estructura. Alguno que otro también sacará la foto desde el mirador que está justo en frente, o en las escalinatas rumbo a él. Quizás quien vaya o venga por el “shuk” tenga un panorama no tan habitual, como de aquellos que vienen por el lado del barrio judío, y sonría al toparse de pronto con la imagen del sitio santificado y tome allí la foto para publicar en su red social favorita.

Ya está el paseo, al cual se le pudo sumar el entrar a la parte techada y por ahí quizás se hizo el tiempo para pasear por los túneles que ponen de manifiesto su gran presencia bajo tierra.

Tal vez agregarán algunas de las habituales actividades de los visitantes del lugar, sea que éstas tengan algún sentido trascendente o no. ¿Qué le importa eso al turista?
Meterá a presión el papelito con los pedidos a Dios, como si fuera una especie de Papá Noel celestial a la espera de cartitas de sus hijitos para saber qué desean y concederles milagrosamente las peticiones.
Otros, por ahí, tienen un sentimiento encontrado con esta práctica. Por una parte saben que Dios no precisa de estas cuestiones, Él sabe mejor que uno mismo lo que pasa por nuestro interior; por ello, es superficial y excesivo poner una notita dirigida al “Kotel” para comunicarnos con el Padre Celestial. Pero, por otra parte, quieren ordenar sus pensamientos/emociones, para ello las plasma por escrito, en ese trocito de papel que luego será introducido en las rendijas del querido muro. Es como un mecanismo para priorizar ideas, para aclarar puntos en su vida, y una manifestación de confianza en que uno hará con responsabilidad su parte en tanto sabe que Dios siempre hace la que a Él corresponde.

Luego, quizás se apile junto a una muchedumbre bailoteadora para dar giros alrededor de algún niño que celebra su bar mitzvá, o algún otro evento festivo.
Tendrá en mente reflexionar con la frente pegada a las rocas, dándose así un tiempo para sustraerse a las cosas exteriores. O será solo una pose, algo que los demás hacen y hay que hacer.

Por ahí se le ocurre que es buena idea rezar, sea el rezo obligatorio y fijado por los Sabios, o una espontánea manifestación religiosa y/o espiritual.

Hasta tal vez se coloque tefilín, si es judío. No faltará el amable señor que los ofrecerá para que el interesado (o no) cumpla con este precepto para los judíos.

No olvidar que también hay gente que está solicitando caridad, algunos para instituciones, otros para asuntos personales. Estos pedigüeños profesionales no se abalanzarán en tropel sobre el visitante, sino que estarán a un lado, esperando la consideración de quien quiera aportarles algo. Algunos colectan diariamente billetes en fajos de buen tamaño, otros tal vez no saquen ni para un pan viejo y un poco de sal. Como sea que fuera, el turista también puede ser solidario, aquí ante el Muro, o en otra oportunidad, siempre ofreciendo de su dinero para el beneficio del prójimo, sin esperar nada a cambio.

Si el turista está escoltado por algún guía, sea certificado o no (es importante estar BIEN acompañado), probablemente tenga la ocasión de aprender algunas cosas interesantes, sobre el pasado lejano, el más reciente y la actualidad. ¡Anímese a aprender, es algo bueno, querido turista en este mundo!

Como es turista, encuentro dudoso que se declare a su mujer amada allí y le proponga matrimonio ante la Presencia del Eterno. Pero no puedo saberlo, quizás sabe de esta moda y le parezca pintoresca y oportuna para realizar.

Pero, en verdad no sabemos que hay en la mente de cada uno. Por ahí sus ideas son mucho más intensas que la actitud manifestada.
Tal vez sus emociones sean profundas, insospechadas, con una conexión con aspectos que ni siquiera advierte en su vida cotidiana.
Quizás su NESHAMÁ encuentre un canal para hacer llegar la LUZ a rincones que hasta ese momento habían permanecido en oscuridad, o penumbras.
¿Cómo saberlo?

En ese un punto de encuentro con la historia de la espiritualidad, tantas cosas suceden a cada instante.
¿Qué pasará contigo cuando lo visites la próxima vez?

En febrero 2016, si Dios quiere, nos encontraremos allí para un evento noájico.
Tendremos ocasión de ser curiosos turistas o algo más.
Pero solo lo podrás saber, o experimentar, si estás allí. Podrá ser dentro de este encuentro único o en otra ocasión, como sea que fuera, que sea para construir SHALOM.

Nejushtan: la serpiente en el estandarte

Mucho se ha hablado de la serpiente de bronce sobre el estandarte (Bemidbar/Números 21:4-9). A veces se han dicho cosas brillantes, con enormes enseñanzas y aplicaciones prácticas. En ocasiones fueron fantasías sin pies ni cabeza, pero elogiadas y buscadas por muchos (como las que equiparan el hecho a un personaje mitológico colgado de un madero y que salva mágicamente a sus seguidores). Esta vez quiero presentar otra idea, de la cual no soy el autor pero tristemente no tengo referencia del origen de la misma.

La serpiente simboliza lo natural, así como también lo pasional y falto de la mesura intelectual.
Por su parte el palo usado como estandarte, con su línea recta claramente definida, marca lo artificial, aquello que proviene de la acción modificadora del hombre, y que se vincula con el razonamiento, con el procesamiento sofisticado mental.
Como sabemos, en la naturaleza no se presentan líneas rectas, sino tan solo como obra del hombre.
Entonces, la representación metálica de la serpiente venenosa está haciendo referencia a ese mundo natural, carente de reglas humanas, desprovisto de espiritualidad, en donde los instintos comandan. Mientras que el estandarte está para simbolizar la acción que proviene del hombre y perfecciona lo ya creado, dotándolo de sentido, de trascendencia, de pensamiento de conexión con el plano espiritual.

No es casualidad que los faraones usaran un prototipo de tefilín de cabeza mucho antes que aquel ordenado por Dios en la Torá para el uso del judío.
Una de las enormes diferencias está en que el aparato sagrado faraónico tiene una serpiente sobre la frente, como si el instinto comandara el pensamiento, como indicando que la cabeza es sirviente del deseo. Así era la cultura en Egipto, en donde se empleaban sus grandes recursos intelectuales para someter a las masas a las fantasías religiosas, en donde la perversión estaba en el trono, oprimiendo al espíritu detrás de escombros que ocultaban su LUZ.

Pero, los tefilín judíos son de cuero de animal que ha sido trabajado para adquirir una forma definida, marcada por precisos reglamentos, con una perfecta forma cúbica, en donde prevalecen las líneas rectas marcadas. No se deja al hombre librado a sus pasiones, ni se lo somete a la ceguera del inconsciente, sino que se le dota de poder para refrenar sus deseos, se le fortalece para que sea el pensamiento iluminado por el espíritu quien se haga cargo y decida.

Entonces, ¿qué podemos aprender de la estatua de serpiente ardiente/venenosa que se ha enroscado en el estandarte y puesto a la vista de los judíos para curarlos de la mordida?
Podría ser que el hombre está formado por ambas naturalezas, la natural y la humana, la pasional y la mental, y que cada una tiene su respectivo lugar y función.
Cuando aprendemos a mantener la armonía apropiada, bajo la luminosa guía celestial que proviene del espíritu, entonces hay paz en nuestro interior, salud, bendición para compartir con el entorno.
Pero, cuando nos dejamos dominar por una sola de nuestras dimensiones, y especialmente es la más primitiva y menos evolucionado, entonces estaremos cayendo en conflictos, en altercados, en toxicidad, en enfermedad y muerte.

Es siempre el momento correcto para levantar la vista y buscar la dirección divina, la cual está en la Torá para los judíos y en los Siete Mandamientos para las naciones.
Entonces, con esa guía sagrada tomar las decisiones correctas de manera racional, sopesada, crítica. Haciendo uso del motor que es la dimensión emocional.
De esa forma, encontramos una existencia de mayor plenitud.

(Texto escrito para SERJUDIO.com, pero que contiene importantes enseñanzas provechosas para los noájidas).