Hacia el camino del éxito: El orden y el noájida

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Uno de los temas más interesantes, por lo menos para quien suscribe estas líneas, con respecto al mundo, tiene que ver con la evolución, es decir, con ese proceso de cambio continuo que se da día a día, que nos permite adaptarnos a las circunstancias y que nos ayuda a continuar seguir viviendo. Es un proceso muy interesante pues tiene como objetivo el avance, la mantención de la energía cinética, donde inclusive en nuestros momentos de descanso en realidad lo que estamos haciendo es recuperando energías para seguir avanzando.

A la par de este avance están esos principios de verdad, justicia y caridad que guían al mundo, principios que van de la mano con el orden, la claridad, la completez y la puntualidad para hacer las cosas bien por medio de una buena organización, una vista clara y fija de la meta a seguir, una compleción correcta y precisa de las tareas necesarias para llegar a esa meta y que se haga de manera puntual.

Son esas cosas las que hacen que avancemos, cuando nos ponemos a observar la naturaleza podemos ver que no hay un caos sino una serie de tareas ordenadas, por eso se habla de causalidad y no de casualidad, pues si la casualidad fuera el principio imperante en las relaciones en el universo, entonces sí podríamos hablar de un caos ya que no existiría el mundo como lo conocemos. Montesquieu hablaba de la necesidad de las reglas y normas en cualquier universo para que exista; no estaba nada lejos de la realidad, el proceso lógico y matemático que guía al Universo, es el producto de un sistema ordenado, entonces como seres humanos que somos, no podemos sustraernos de ese acomodo del sistema porque de lo contrario estaríamos yendo en contra del sistema mismo y como dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar en el tiempo y en el espacio estaríamos ante un verdadero caos y una inevitable desaparición de nosotros mismos.

Todo en nuestro sistema lleva un orden, un árbol o una planta engendró una semilla; esa semilla cayó al suelo o fue plantada por un agricultor, quien a su vez preparó la tierra de labor; la semilla fue cubierta por tierra y comenzó a germinar; luego salió un minúsculo tallo que comenzó a crecer; ese tallo continuó su crecimiento hasta que alcanzó a ver la superficie y así hasta que alcanzó cierto tamaño; luego floreció y llegó un agente polinizador y polinizó otras plantas pero a su vez dio fruto y el agricultor lo tomó; vamos a simplificar el proceso un poco y vamos a asumir que lo tomó para su consumo personal, pues las cosas se complicarían aun más si lo metiéramos dentro del complejo proceso de intercambio de bienes; entonces ingirió el fruto que fue masticado; en ese proceso las papilas gustativas de la lengua detectaron el estímulo y por medio de un complejo proceso donde se incluye la respiración, el cerebro del agricultor procesó el dato y se dio cuenta que tenía sabor a manzana; luego el agricultor envió el producto después de un proceso inicial de descomposición física por medio del masticado y el fruto triturado fue enviado través del esófago y éste producto masticado cayó al estómago, donde comenzó el proceso de digestión; pasado el proceso de digestión se desechó lo que no servía que iba para el intestino grueso y los ingredientes que fueron absorbidos por el intestino delgado y digo no servía entre comillas porque los desechos sólidos servirán como fertilizante, una vez que sean descompuestos, para que se repita el ciclo.

Obviamente el proceso se ha simplificado muchísimo porque hay muchas otras cosas que no se incluyeron, pero se puede ver de manera sencilla cómo es que el sistema no carece de orden sino que más bien está claramente delineado, todo está pensado para ser reutilizado, para que siga su función aunque no bajo la forma anterior, la manzana descompuesta y depuesta por el agricultor se convierte en fertilizante, los nutrientes de la manzana servirán para alimentar al agricultor, la pectina limpiará las arterias, lo cual hará que su flujo sangúineo se mantenga constante, al ser el cerebro el órgano que más sangre requiere, entonces esa sangre limpiada por la pectina le permitirá oxigenar al cerebro y de ahí el resto del cuerpo tendrá un “comandante” que le dirija en tanto que esto permite que el cerebro pueda tomar las ideas y desarrollarlas. No sabemos si tal vez esa pectina que limpió las arterias vaya a servir para que en el momento que esa sangre corría a un pulso normal significara que ese hombre haya decidido ver que podía mejorar su herramienta de trabajo.

Este es tan solo un ejemplo simplísimo pero no por ello sencillísimo, comparado con la vasta complejidad que existe en el Universo, que nos permite ver cómo es que algo tan mundano como arrancar una manzana de un árbol puede llevar un proceso tan bien pensando y poco apreciado, porque justamente ahora antes de escribir estas líneas estaba comiéndome unas galletas con un vaso de leche y no reparé en todo el proceso que lleva el cuerpo para realizar esta hazaña cotidiana que no fue sino hasta que comencé a analizarlo que me di cuenta de lo importante que es y cómo es que a esas pequeñas cosas de la vida que en realidad son grandes, ya que son las que nos mantienen vivos, no les ponemos atención.

La experiencia de los seres humanos se encuentra en compartir ese conocimiento que adquirimos, re-descubrimos o creamos para el bienestar de todos los seres humanos. Queramos a o no, la mayoría de las personas beneficiamos a nuestros coetáneos con nuestro actuar apegado a la ley y no me refiero a la ley creada por los hombres sino a la ley de la naturaleza. Permítaseme dar un ejemplo, aunque ese agricultor fuera la persona más egoísta y sembrara para sí mismo, el solo hecho que está sembrando hace que ese manzano sirva para dar cobijo y abrigo a gran cantidad de especies, desde las lombrices que mueven y oxigenan la tierra, hasta los pájaros que anidarán en el manzano y demás insectos como abejas y avispas que servirán como agentes polinizadores de ese manzano, y por más que el egoísta agricultor no quiera compartir su fortuna de tener un manzano que da fruto, los agentes polinizadores se encargarán de llevar el polen a otras  latitudes para que así se polinicen otros manzanos que florearán, darán fruto y a otras personas alimentarán. Entonces ni el más astuto de los seres humanos, por más granuja y egoísta que sea podrá ser tan egoísta como para no ayudar a otro aunque no quiera.

La forma en que este planeta ha sido diseñada deja entrever que aun el más egoísta si quiere ocupar un lugar en el tiempo y en el espacio tendrá que ayudar, aunque nunca se entere de ello, al resto de seres en el sistema para que éste continúe, podríamos inclusive hablar de una caridad forzosa pero que al fin y al cabo es caridad. El orden que tiene el sistema es muy claro y preciso pero también puntual, pues todo se da a su debido tiempo, ni antes ni después.  El noájida consciente de su identidad lejos de ir en contra del sistema más bien ayuda a su crecimiento, pues a través del respeto de las Siete Leyes Universales está siendo un miembro de equipo y no un egoísta patán.

A decir verdad, es interesante ver cómo es que esas leyes noájidas en realidad son lógicas y cómo es que el rehusarse a seguirlas implica la extinción. Vamos a poner un sencillo ejemplo. Como seres humanos que somos buscamos crear, en teoría somos seres de construcción, no de destrucción, pues la destrucción implica involución y ésta a su vez extinción. No nos queremos extinguir, bueno, al menos la mayoría de las personas y animales no lo querrían. La prohibición del robo es extinción, porque no solo es el hecho de robar o hurtar sino que eso lleva un daño ínsito contra la víctima y contra el ladrón. La víctima porque pierde lo robado o hurtado y el ladrón porque lo que se robó es algo que no le pertenecía, entonces no creó sino que destruyó. Mecánicamente se robó un artículo X, digamos que un teléfono. Despojó al dueño del teléfono, se ensució el espíritu por haberlo hecho y aparte de ello ha cometido un tipo de homicidio espiritual, pues la persona a quien le robó ese teléfono va a tener que sacar de su tiempo nuevamente para conseguir los activos necesarios para reponerlo, quizás ese tiempo lo pudo haber utilizado para otra cosa, para pasar un rato con la familia, para meditar, etc. He aquí un sencillo ejemplo de cómo el desorden que se crea cuando se violenta un mandamiento puede engendrar una serie de consecuencias negativas y atribuibles al ladrón.

Nuevamente se puede ver que el sistema tiene un orden, el orden de engendrar, desarrollar, reproducir y fenecer, pero todo vuelve a su origen, a esos elementos básicos que se combinan para dar forma a nuevas cosas y seres que volverán a cumplir el ciclo, solo que cada vez que lo hacen es de manera más compleja y, no sé, pero pareciera ser que un poco más elevada espiritualmente. Entonces no sé si podríamos hablar de procesos circulares o de procesos espirales más bien.

Lo que sí no se puede negar es que existe orden y que si nos basamos en proporciones, entonces ese orden del universo aplica también para nosotros. El orden como tal es uno de los elementos conformadores del universo, la Tierra está ordenada, entonces ¿qué haría suponer que nosotros estamos exentos de ese orden?

A través del orden se engendra pero a través del desorden se aborta porque como hemos logrado ver, ese proceso espiral, porque en realidad no podríamos hablar de círculos per se, va aparejado con la mantención de la energía cinética que permite el movimiento, el movimiento hacia adelante, así como la Tierra rota hacia el Este todos los días y logra mantener a través de la fuerza centrífuga que crea esa gravedad que nos mantiene a todos asidos a ella y que permite que se den el resto de procesos que acaecen en el tiempo y en el espacio tridimensional, de igual manera nosotros debemos de seguir rotando hacia el Este, pero para poder hacerlo requerimos de organización, de claridad, de completez y de puntualidad.

Quizás el primer paso es ver a nuestro alrededor para determinar si las cosas están en orden, empezando por nosotros mismos. ¿Quién guía mi vida, mi EGO o yo? En un sistema ordenado yo debería guiar mi propia vida, no mi EGO ni mi ego y podría ser que ésta sea la premisa mayor que permita dilucidar el resto de situaciones, procesos, eventos y cuestiones que rodean nuestro entorno.

Que pasen una excelente semana y que estén muy bien.

5 pensamientos en “Hacia el camino del éxito: El orden y el noájida”

    1. Con gusto Lel. A decir verdad te tengo que decir que nosotros ocupamos buscar el orden porque nuestras vidas están desordenadas por el EGO. El orden está presente pero no lo vemos por estar cegados por nuestros propios EGOs. No creo que la Creación produzca desorden ni caos sino que me parece que el desorden y caos lo producimos nosotros. Pero siempre hay campo para mejorar y es lo que hay que hacer. Reinventarnos como individuos y como raza, para tomar ventaja de las herramientas que se nos han dado y a la vez elevar lo que está a nuestro alrededor.

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