Como muchas veces anteriores, un noájida pretendÃa bucear en Torá, apropiarse de los mandamientos que el Eterno ordenó a Israel, con la sempiterna excusa de tener la sensación de que siete mandamientos son poca cosa. Como si el noájida se quedara en el jardÃn de infantes mientras que los que cumplen los mandamientos de la Torá están a nivel universitario.
Y, por supuesto, a esta queja amarga se sumaba el ya conocido estribillo de “los malos judÃos que no permiten que la Torá sea para todos por igual”.
La respuesta a este planteo repetido también fue reiterativa.
No son los judÃos los que determinaron que fueran siete los mandamientos fundamentales y que estos fueran patrimonio espiritual de los gentiles.
Como tampoco fueron los judÃos los que vetaron el estudio irrestricto de Torá para los gentiles.
Fue el Eterno.
Él y nadie más.
Por tanto, no es una cuestión de discriminación, sino de adecuación al patrimonio y legado espiritual que el Eterno dispuso para cada cual.
No hay que dejarse llevar por fatuos sentimientos de minusvalÃa, sino que la persona debe adherirse fuertemente al Padre Celestial por medio de la conducta de lealtad hacia Él. Y esto se logra cumpliendo con los mandamientos que Él ha dado para cada cual, de acuerdo a su propia esencia espiritual.
Ya que tanto quiere profundizar en Torá, ya que tanto demanda mayor carga en mandamientos… al menos podrÃa empezar siendo humilde y prudente y no criticar al Creador por Sus pautas que con Amor y SabidurÃa ha dispuesto.
En lÃneas generales, el noájida que siente sabor a poco con los siete mandamientos universales, es aquel que no se ha tomado con responsabilidad y rigor su conocimiento cabal y su cumplimiento cotidiano.
Habitualmente es el que está en huida de su identidad, o la rechaza por ignorar el enorme valor que ésta tiene.
Pretende descubrir en “ismos” (incluido el judaÃsmo) aquello que el Eterno le ha conferido, pero teme reconocer en su interior.
AsÃ, por ejemplo, se sumerge en cualquier religión, doctrina o superstición, y la encuentra estupenda, siendo que similar, pero limpio de idolatrÃa, tiene en el noajÃsmo.
AsÃ, por ejemplo, se erige en férreo avasallador del legado de la Torá que es exclusivo de los judÃos, con la excusa de no sentirse excluido, cuando en los hechos el Eterno le ha provisto de su propio “maná” espiritual, que le da vida y eternidad, sin necesidad de arrebatar lo que es peculiar de los judÃos.
NumerosÃsimos son los reglamentos derivados de estos siete mandamientos fundamentales.
Éstos son idénticos a mandamientos que están establecidos como imperativo en la Torá para los judÃos.
La única diferencia es que para los judÃos tienen carácter de obligatoriedad, en tanto que para los noájidas son opcionales, aunque sumamente recomendables.
Asà por ejemplo, “no mentir” no es uno de los siete mandamientos universales, pero es un reglamento que se deriva de uno de ellos, en total paralelismo con el mandamiento para los judÃos al respecto.
Que no haya sido dictado como mandamiento para los noájidas no quiere decir que éstos puedan licenciosamente mentir, sino que han de procurar que sus sociedades lo establezcan como parte de su cultura y normativa.
De hecho, para el estudioso no es novedad, que cientos de mandamientos de la Torá tienen precedentes en épocas anteriores.
La famosa “Ieshivá de Shem y Ever”, no era otra cosa que una Facultad de Derecho, fundada y fundamentada en los mandamientos noájicos.
En esta Facultad se desarrolló el código legal noájico, en estricta consonancia con el mandamiento fundamental de establecer cortes de justicia.
Este código en buena medida posteriormente serÃa refrendado en la Torá por el Eterno, como mandamientos para los judÃos.
Por ejemplo, la ley del levirato ya era conocida y aplicada por los patriarcas (Bereshit/Génesis 39), pero no constituÃa un mandamiento para los noájidas, aunque siglos más tarde quedará fijada como mandamiento para los judÃos.
Algo similar podemos decir del diezmo, costumbre extendida por Shem (también conocido por su tÃtulo monárquico como Melkitzedek), pero que serÃa mandamiento más tarde, para los judÃos.
Similar con el respeto a los padres, con el entierro de los difuntos, amparar a los necesitados, dar cobijo a los extranjeros, etc.
En parte por esta razón es que los noájidas tienen a su disposición decenas de los mandamientos de la Torá (para cumplirlos sin carácter de obligatoriedad), ya que eran practicados por los noájidas previamente a la entrega de la Torá a Israel.
En parte por esto mismo, hay ciertos mandamientos absolutamente vedados para los noájidas, que son privativos de los judÃos, ya que no tienen un origen en los sabios noájidas (de la Ieshivá de Shem y Ever), sino que fueron entregados explÃcitamente por el Eterno a Israel en exclusividad.
Mandamientos tales como Shabbat, tefilÃn, circuncisión, talit, mezuzá, entre otros.
Resumiendo, el noájida tiene un capital inmenso para invertir en su perfeccionamiento, sin necesidad de indagar en tradiciones ajenas. Aprender y aplicar lo que corresponde a su propia esencia espiritual es lo que habilita al noájida a crecer y ser socio en la construcción del Shalom.

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rquezada
Es muy acertado esto, los siete mandamientos universales tienen una profundidad tan amplia que en verdad implica un trabajo arduo con uno mismo y una responsabilidad grande para con la creación del eterno. Estudiarlos lleva mucho tiempo mas vivir a plenitud estos incluye una transformación interna que puede llevar años pero las satisfacciones son enormes. Que bueno que podemos acceder a los siete que ya es algo realmente profundo y valioso.
Juan Pablo
http://fulvida.com/identidad/jasidei-umot-ha-olam
http://fulvida.com/identidad/noajismo-y-valores-familiares