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La senda del guerrero espiritual

Encontramos en la Torá que Iaacov Abinu amaba a Rajel Imenu, pero no era así con su primer esposa Lea Imenu, a la cual no amaba tanto ni tampoco consideraba atentamente.
No está sugerido, sino explícitamente redactado:

“Iaacov [Jacob] se unió también a Raquel [Rajel], y la amó más que a Lea. Y trabajó para Labán otros siete años.
Viendo el Eterno que Lea era menospreciada, le concedió hijos.”
(Bereshit / Génesis 29:30-31)

“Y dijo Lea: ‘Elohim me ha dado un buen regalo. Ahora me honrará mi marido, porque le he dado seis hijos.'”
(Bereshit / Génesis 30:20)

¿Es extraño que ese fuera el sentimiento de Iaacov por Lea?
Recordemos que ella participó activamente del engaño, cuando Labán le dijo que ocupara el lugar de su hermana al momento de desposar a Iaacov.
Ella podría haber dicho algo, insinuado alguna cosa para advertir a Iaacov, pero escogió callar y hacerse pasar por otra hasta que las luces de la mañana develaron su verdadera identidad.
Sí, Iaacov bien podría estar resentido con ella.
Igualmente la perdonó, se mantuvo a su lado, fue un marido digno, aunque no expresara amor ferviente, sin embargo está escrito que “la amo”, aunque no tanto como a aquella que verdaderamente amaba, que era Rajel. Mantenían contacto íntimo y una relación habitual, ¿qué tan diferente a la de tantos matrimonios monógamos de la actualidad?
Hablando de Rajel, ella también fue cómplice del engaño en la noche de bodas, sea por temor al padre o piedad por su hermana, lo cierto es que tuvo una participación en la tramoya contra su pretendiente, aquel que le había dedicado fielmente siete años para merecer desposarla (y luego dedicaría otro tanto más).

Por otra parte, tal parece que en el idioma de la época del Tanaj cuando un hombre tenía más de una esposa, aquellas que no eran la principal se denominaban como “despreciada” (Devarim / Deuteronomio 21:15), aunque no hubiera en realidad menosprecio, ni maltrato, ni rechazo ni cualquier otro sentimiento vil hacia ellas. Pero, al existir una que ocupaba el lugar principal, por el motivo que fuera, las otras necesariamente estaban en una situación secundaria.
Es triste que haya sido así, por eso alegrémonos que ahora (y desde hace milenios) en el judaísmo se prioriza la monogamia así como la estricta fidelidad matrimonial de ambos cónyuges.

Con cada nombre que Lea ponía a sus hijos, vemos en el texto de la Torá que ella amaba a su marido, lo deseaba, requería su presencia, y en parte por ello se dolía de esa distancia emocional que los separaba.
Sí, también la competencia con su hermana, la preferida. Sí, también le dolía, sea porque anhelaba para ella a su marido, sea porque no quería estar en desventaja con su hermana. Como fuera, el marido era un atractivo para ella, alguien a quien “conquistar”, para ser amada y amar.
¡Qué difícil que es el humano!

Y en estas relaciones atormentadas, encontramos:

“Viendo Raquel [Rajel] que ella no daba hijos a Iaacov [Jacob], tuvo envidia de su hermana y decía a Iaacov [Jacob]: -¡Dame hijos; o si no, me muero!
Entonces se encendió la ira de Iaacov [Jacob] contra Raquel [Rajel], y le dijo: -¿Estoy yo en lugar de Elohim, que te privó del fruto de tu vientre?”
(Bereshit / Génesis 30:2)

Sí, es difícil ser humano. Estamos tan limitados. Aunque tengamos confianza en el Eterno, recemos, seamos bondadosos y justos, aunque nos dediquemos a construir SHALOM, las limitaciones nos recuerdan nuestro carácter pasajero, nuestra impotencia.
A veces estallamos, cuando el EGO se dispara con sus respuestas automáticas e inconscientes.
En oportunidades podemos dar un paso atrás, al darnos cuenta de que “hemos metido la pata”. Porque existe la TESHUVÁ, el arrepentimiento sincero.
Y en esta ocasión parece que estamos ante el EGO de ambos, una sintiéndose morir por no ser parte de la conformación de la nación de Israel, pero también por cosas más cotidianas, como la incapacidad de dar a luz, como estar en desventaja con respecto a su hermana.
El otro por no tener empatía por el dolor de su esposa. ¿De qué sirve mencionar a Elohim si no se vive de acuerdo a Su Voluntad? ¿De que sirve llenarse la boca de alabanzas, amenes y aleluyas cuando se es incapaz de demostrar humanidad hacia el prójimo, y especialmente a la propia esposa, quien sufre por su circunstancia?

A pesar de tanto drama, tan real y sincero, tanto Lea como Rajel podrían haber expresado su descontento hacia su marido, tal como sentían desprecio verdadero, hacia su padre y que está explicitado en Bereshit/Génesis 31 del 14 al 16.
Pero no lo encontramos, por el contrario, es una familia que se está construyendo con altibajos pero con el compromiso de permanecer unidos.
Y sin embargo, tampoco encontramos que Iaacov se esforzara por contener las disputas entre sus mujeres, o el descontento que generaba con sus preferencias manifiestas.
¿Será que no sabía cómo hacerlo? ¿Acaso él tenía experiencia con mujeres, o algún sicólogo o asesor a mano para consultar? ¿Tal vez eso era lo corriente en su época y lugar?
¿Tal vez ni siquiera tenía conciencia de lo que estaba sucediendo? ¿Acaso él estaba todo el día en casa para saber qué pasaba tras bambalinas?
¿Habría alguna otra explicación para esto? ¡Seguramente que varias más!
Quizás algo en su propia crianza, con sus conflictos con su hermano, con su obediencia permanente a su madre, con su engaño a su padre, con su cautela para no ser maldecido en lugar de actuar por derecha para ser bendecido (Bereshit/Génesis 27:12).

La Torá no quiere que tengamos imágenes fantasiosas de nuestros antepasados, ni oculta eventos relevantes pero que pueden mostrarlos en sus puntos oscuros.
Ciertamente escoge la Torá el relato fiel, sincero, aunque pueda incomodar.
Porque nuestros ancestros son personas, no personajes mitológicos; personas comunes, aunque destacadas.
Por ello vemos estas narraciones con ojos compasivos, comprensivos, atentos, no buscando señalar y acusar, ni pretendernos superiores en algún aspecto.
A diferencia de los inquisidores religiosos, debemos encontrar en estas historias las enseñanzas que nos motive a construir SHALOM, con acciones concretas de bondad y justicia, siendo leales al Eterno.
La Torá nos está enseñando que tenemos nuestra tarea por hacer, y tendremos altibajos. Caeremos en situaciones de impotencia y responderemos desde el amargo EGO. Saldremos victoriosos, pero luego también caeremos bajo las insinuaciones del EGO. Porque somos humanos y como tales debemos vivir. Sin depender de milagros, sin esperar que una mano mágica nos rescate o nos sostenga en todo momento. Porque no es ese el camino espiritual.
El camino espiritual está esbozado en estas palabras:

“Él (ángel) le dijo: -No se dirá más tu nombre Iaacov [Jacob], sino Israel; porque has contendido con Elohim y con los hombres, y has prevalecido.”
(Bereshit / Génesis 32:29)

El hombre espiritual deberá contender, luchar, contra Elohim (Dios, dioses, ángeles, jueces, líderes, seres con poder) y contra hombres comunes, y prevalecer en la lucha.
Porque no está en la pasividad mortuoria de la fe religiosa la respuesta, sino en la conciencia del Eterno, la certeza y confianza en Él, a la que se le debe sumar la acción de construcción de SHALOM.
Como un gran, pequeño, personaje nos lo mostró en su momento:

“Entonces David dijo al filisteo: -Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. Pero yo voy contra ti en el nombre del Eterno de los Ejércitos, Elohim de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado.
El Eterno te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré. Te cortaré la cabeza y daré hoy los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a los animales del campo. ¡Y toda la tierra sabrá que hay Elohim en Israel!
También todos estos congregados sabrán que el Eterno no libra con espada ni con lanza. ¡De el Eterno es la batalla! ¡Y él os entregará en nuestra mano!
Aconteció que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando al encuentro de David, éste se dio prisa y corrió al combate contra el filisteo.
Entonces David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada en su frente, y éste cayó de bruces en tierra.
Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, golpeó al filisteo y lo mató. Como espada no tenía en su mano, corrió David, se puso sobre el filisteo, y tomando la espada de éste, la sacó de su vaina y lo remató cortándole la cabeza con ella. Cuando los filisteos vieron muerto a su héroe, huyeron.”
(1 Shemuel / I Samuel 17:45-51)

Ésta, y no otra, es la forma de ejercer el verdadero poder.

(Texto original para SERJUDIO.com, compartido aquí por sus importantes enseñanzas para la vida espiritual del noájida).

Hogar y familia

Este texto ha sido escrito originalmente para SERJUDIO.com, pero contiene importantes enseñanzas que hacen a la edificación espiritual de los noájidas.

En la parashá Jaiei Sará encontramos, básicamente, dos grandes temas:

  • la adquisición por parte de Avraham, primer patriarca de los judíos, de la parcela de tierra que serviría como lugar de reposo funerario para él y su familia directa; y
  • la travesía del siervo fiel de Avraham para conseguir esposa apropiada para el hijo del patriarca, Itzjac.

Son, en apariencia, temas triviales, estrictamente privados, limitados a la importancia de cada familia.
¿Dónde quedaron esas manifestaciones majestuosas del Eterno, creando el universo, ordenando mandamientos, permitiendo las catástrofes mundiales que cambiaron el devenir de la humanidad?
¿Dónde ese Dios que postula a un hombre para que sea padre de una gran familia, y lo acompaña en sus trayectos, y le da fuerzas para vencer en grandes guerras internacionales?
¿O las negociaciones empecinadas para tratar de rescatar ciudades enteras de calamidades gigantes?
¿O las tribulaciones de confrontar los propios miedos, los sentimientos, las esperanzas ante las promesas de Dios?
Sí, ¿dónde quedaron esas tremendas enseñanzas y promesas, en estos relatos tan prosaicos y familiares?

Lo cierto es que todo ello, y mucho más, se encuentra en los dos temas de la parashá.
Porque, recordemos las promesas del Eterno para con nuestro patriarca:

“Yo haré de ti una gran nación. Te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”
(Bereshit / Génesis 12:2-3)

    Y:

    “A tu descendencia daré esta tierra.”
    (Bereshit / Génesis 12:7)

    Comencemos por la tierra.
    Avraham no estaba esperando una mágica concesión de la tierra prometida, por el contrario, él estaba trabajando a pleno para materializar la promesa.
    No era un espectador pasivo esperanzado en recibir dones celestiales, sino que se encargaba de adquirir la tierra para sí y para su posteridad.
    Porque Avraham podría haber dicho que simplemente le tocaba tener fe, dejar todo en manos de Dios, ¿o acaso no era el Eterno quien le había prometido la tierra?
    Pero, eso parece que no era el pensamiento ni la conducta del primero de nuestros patriarcas.
    Avraham sabía que para que la tierra fuera realmente de su descendencia, él tenía que hacer de su parte lo necesario.
    No es casualidad que cuando los judíos retornaron a su hogar, sea hace cosa de un siglo atrás como en las otras oportunidades anteriores, no estaban esperando el milagro, sino que realizaban los pasos necesarios para ser socios en la materialización del mismo.
    Si no sabes o no recuerdas de lo que te estoy comentando, sería bueno que repasaras un poco de la historia del pueblo judío para entender la propiedad original y legal que tenemos para con la tierra de Israel. Mal que le pese a ciertas religiones e ideologías, Israel es parte sustancial del pueblo judío, no solamente por gracia divina sino por derecho humano, hoy y siempre.

    Sigamos con la descendencia.
    Avraham no esperaba que fuera Dios quien se encargara de otorgar hijos a su hijo, que una paloma preñara mágicamente a una chica para que su estirpe se continuara.
    El patriarca sabía claramente que la familia se construye y precisa de atención, intención, esfuerzo, dedicación, respeto, amor, tolerancia, negociación, diálogo, etc. Y sí, también puede que se precise un poco de ayuda celestial, pero no podemos quedarnos acomodados en el sofá esperando a que Dios haga de casamentera y luego de partera y niñera.
    Por ello, Avraham evaluó la contingencias y peligros que habría para la continuidad de su naciente familia si la pareja de su hijo no era la adecuada. Es muy fácil marchitar la plantita si no se cuida con esmero y pasión. Entonces, el larguísimo y repetitivo relato del encuentro de la esposa idónea para Itzjac nos pone en evidencia el cariño y atención que debemos involucrar en la edificación de un hogar en donde irradie la santidad.

    Vemos como los dos temas de aparente superficialidad son realmente baluartes de la identidad del judaísmo, con su hogar y su familia.
    Tenemos tanto por aprender, como también por des-aprender.
    Tanto para hacer en la tarea de establecer hogares individuales y colectivos que sean los idóneos para la continuidad del judaísmo.

    No depende de la fe, ni de milagros, ni de buenas intenciones, sino de acciones concretas sustentadas en el conocimiento correcto.
    Cuando Israel, la familia, habita en paz en la tierra; es entonces que todos los pueblos de la tierra pueden llegar a la plenitud de la bendición que les depara el Eterno.

    ¿Llenas tu botella para dar de beber un sorbo a tu hijo?

    El muchacho Ishmael, hijo de Avrahram, estaba a punto de morir a causa de la sed.
    Él y su madre egipcia, la esclava Agar, habían consumido toda el agua de su botellón y ahora solo les quedaba esperar la torturante muerte en el desierto.
    Allí, a un paso de distancia estaba la fuente de aguas frescas, pero por algún motivo sus ojos estaban incapacitados para verlo. Así pues, sumergidos en la impotencia estaban entregados a su mortal destino.
    Pero, Elohim tenía otros planes para el quejicoso joven, quien debería vivir y convertirse en padre de un poderoso y pútrido imperio.
    Por lo cual, el enviado del Señor abrió los ojos de la sierva y se percató que a su alcance estaba la salvación.
    Entonces:

    “Entonces Elohim abrió los ojos de ella y vio un pozo de agua. Ella fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.”
    (Bereshit / Génesis 21:19)

    Pareciera que la acción de la madre es la correcta.
    Parece ser toda bondad y atención por su hijo.
    Aparenta ser un pasaje que aprueba la conducta de la mujer, y sin embargo… leamos nuevamente el versículo.
    ¿Encontraste el tremendo error de la esclava?
    ¿Tomaste conciencia de su escasa orientación espiritual/ética?
    ¿Comprendiste la enseñanza para que tú no seas como ella?
    Lo hiciste… ¿no?

    Para los que no lo han captado, les paso a explicar.
    Ella llenó el botellón con agua y entonces dio a su hijo moribundo para beber.
    A ver si lo entiendes, el muchachito estaba muriendo a causa de la sed, pero ella no corrió a salvarlo sino que primero llenó el odre con el agua.
    ¿Ahora lo entendiste?

    No se ocupó de salvar al hijo de la muerte, sino que primero prefirió llenar la botella.
    Llenarla.
    Cuando, lo primero que debiera haber hecho era dar de beber al muchachito.
    Tal vez porque temió que el pozo desaparecería nuevamente.
    O supuso que el milagro no duraría, si Dios juzgaba con estricta justicia.
    O que podría precisar el agua para más tarde y era mejor aprovisionarse ahora.
    O quizás así era ella, una acaparadora, materialista, egoísta negativa, más preocupada en obtener ventajas que en cuidar a su hijo.
    O quizás estaba realmente trastornada por su EGO.
    O vaya uno a saber la verdadera respuesta.

    Hay padres que actúan de manera similar.
    Con la excusa de proveer de bienestar a sus familias, desaparecen de la vida de ella. Sus hijos ni los ven. O solo un ratito, escaso y sin contenido.
    Entonces los padres adquieren bienes materiales carísimos, de acuerdo a las posibilidades o muy por encima de ellas, para callar sus conciencias, para comprar lealtades, para hacerse con el cariño a cambio de objetos… como si eso fuera amor o respeto.
    Tanto que dicen querer a sus hijos, pero no tienen idea del daño que les hacen con su ausencia, con su falta de presencia, con sus compras compulsivas lava culpas.
    Llenan los odres con cosas preciosas o superfluas, y olvidan salvar a sus hijos de todos los modos de muerte que existen.

    Entonces, la moraleja podría ser: da a tu familia lo más importante, no solamente lo necesario.
    ¿Qué te parece?

    El camino de Dios para ser feliz

    Avraham permaneció sentado cuando el Eterno se le apareció (Bereshit / Génesis 18:1).
    Quizás porque estaba a tres días de haberse circuncidado, dolido, afiebrado, cansado, agotado.
    Tal vez por ser un anciano de 99 años, que estaba padeciendo de terrible calor que caía a plomo aquel mediodía sobre el encinar de Mamre.
    El hecho es que allí estaba apostado el patriarca de la futura familia judía, en su asiento a la entrada de su morada.
    La aparición fue en una visión profética, tal vez por ello Avraham no atinó a incorporarse.
    Aunque, según nos trae Rashi de Bereshit Rabá, fue el Eterno quien le dijo que se quedara quieto, que no debía levantarse.
    Pero al rato, aparecen tres vagabundos.
    Entonces la acción toma un ritmo frenético, ya que Avraham corre, se apura, repite la Torá los vernos que muestran la prisa del anciano para recibir y agasajar a estos extraños que se convirtieron en sus huéspedes.
    En ese frenesí de generosidad el patriarca olvida su dolor, ya no está enfocado en su padecimiento, hasta la fiebre se evapora mientras se dedica a obrar con bondad hacia el prójimo.
    Pasó el sufrimiento y se abren nuevas esperanzas, la puerta de un mejor futuro. Todo envuelto en esas acciones desinteresadas de construcción de SHALOM.
    Es evidente, al menos para mí, que el mensaje sagrado no invoca a la fe, ni a la pasiva contemplación de la deidad o cuestiones metafísicas, tampoco a encerrarse en la reunión de “santos” para alabar y adorar, ni siquiera a atragantarse con palabrería acerca de Dios o religiosidad. El mensaje es claro: ponte en marcha, involúcrate, sé activo, deja las excusas e impotencia, pon tu poder en construir SHALOM. Entonces, las verdaderas puertas del bienestar y de la bendición se abrirán ante ti para tu regocijo aquí y en la eternidad.

    No es casualidad que este pasaje concluya con la siguiente descripción:

    “Entonces el Eterno dijo: -¿He de encubrir a Avraham [Abraham] lo que voy a hacer, (18) habiendo de ser Avraham [Abraham] una nación grande y poderosa, y que en él han de ser benditas todas las naciones de la tierra?
    Porque Yo le he escogido y sé que mandará a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino del Eterno, practicando la justicia y la bondad, para que el Eterno haga venir sobre Avraham [Abraham] lo que ha hablado acerca de él.”
    (Bereshit / Génesis 18:17-19)

    El camino del Eterno que todo hombre puede guardar es practicar justicia y bondad, de forma de recibir y disfrutar las bendiciones del Eterno.
    Así pues, construye SHALOM y deja la religión para los que se abandonan a la idolatría, incluso aquella de disfraza de santidad espiritual.

    Abraham, el patriarca

    Abraham NO FUE:

    • el primer judío, los judíos descienden de Yehudá, quien fue uno de sus bisnietos;
    • el primer israelita, los israelitas descienden de Israel, quien fue su nieto;
    • el primer hebreo, ya que los hebreos descienden de Eber, quien fuera padre de su tatarabuelo;
    • el primer monoteísta, hubo multitud de personas anteriores a él que lo fueron, así como otros que eran sus contemporáneos;
    • el primero en recibir la Palabra de Dios directamente, porque antes otros también fueron contactados por el Eterno;
    • el padre de las religiones monoteístas, porque el camino espiritual repele las religiones.

    Abraham SÍ FUE/ES:

    • el primer agnóstico, pues él supo entender que existía una deidad pero fue incapaz de definirla hasta que tiempo después fue enseñado por gente que mantenía la tradición monoteísta original, además luego recibió el mensaje directamente de parte del Eterno;
    • el primer patriarca de los judíos, ya que su linaje sagrado se continuó a través de Itzjac, luego Iaacov y más adelante los padres de las tribus de Israel;
    • el primero en circuncidarse como señal de la alianza eterna que Dios había sellado con él y su descendencia;
    • el primero en predicar abiertamente el monoteísmo en contra de la religión opresora;
    • el primero en recibir la promesa que la tierra de Israel sería para sus descendientes, los judíos, por siempre;
    • el primero sionista espiritual realizador, dispuesto a dejar todo por morar en la tierra que estaba en armonía con su ser, y laborioso para que quedara como herencia bendita para su descendencia;
    • el primero en confrontar respetuosamente a Dios en busca de lo que él creía justo y misericordioso;
    • un activo noájida, consciente de su identidad espiritual, ferviente en el cumplimiento de los siete mandamientos para las naciones, promotor incansable de ese pacto sagrado y eterno entre Dios y todos los hijos de las naciones.

    A ti que te gusta tanto la religión

    La religión NO es camino espiritual, sino una construcción social basada en el EGO.
    Está diseñada para mantener al hombre en estado de impotencia, sometido, esclavizado, atontado, engañado, aparentando la vida espiritual y por eso apartado de ella.
    Cuantas más limitaciones absurdas, más prohibiciones agobiantes, mayores amenazas terribles, más miedo y represión, es como mejor sirven a su finalidad esclavista. Aunque parezca extraño, los acólitos son más fanáticos y leales cuanto más enajenadas y prohibitivas sean las imposiciones religiosas.
    Esto lo conocen, o intuyen, los clérigos de todas las religiones, por lo cual hacen uso y abuso de las herramientas del EGO para seguir ostentando su falso poder por medio de enajenar el poder de sus rebaños.
    A veces el engaño es más complejo, porque otorgan libertades extremas, dejan libre al ser para que se desate a gusto pero al final siempre habrá tropiezo, impotencia, desesperación, angustia, culpa y por tanto caerá todo el peso del EGO para entrampar a su víctima.
    La religión, cualquiera de ellas, es una trampa.

    Noajismo y judaísmo NO SON religión, sino modos de vivir la identidad espiritual que corresponde por Voluntad Divina de cada uno.
    Pero, tristemente hay multitud de personas que confundidas llevan a esta conexión sagrada los modismos, rituales, lenguaje, pensamiento, doctrinas propias de religiosos. Entonces, verás masas de gente que hace del judaísmo y/o del noajismo una feria religiosa, con todas las cadenas abusivas, restricciones fuera de contexto, palabrería, misticismo, ritualismo, legalismo impropio a la Ley, fanatismo, irracionalidad, promesas mentirosas, fantasías de súper control, e incluso hacer del Eterno un dios más, un monigote como si fuera una deidad falsa.

    Porque, el EGO en su escasa potencia igualmente se las ingenia para ser poderoso.
    ¿Qué mejor manera de adoctrinar que hacerse pasar por santo?
    Entonces, vemos gente disfrazada de lo que no es ni debe ser, predicando con apariencia de santidad doctrinas que son absurdas, prometiendo la magia universal a cambio de ciertos pactos, insistiendo que la fe es la clave para la salvación, promoviendo ideas y vivencias que se presentan como sagradas y en verdad son mentira y estafa.
    Y sin embargo, prosperan y se extienden como un rápido cáncer.
    La gente los aplaude y elogia, compran sus libros y comparten sus clases, crecen en poder y son aprobados por doquier.
    Cuando, en verdad, en la triste verdad, solamente comercian y abusan; confunden y van liquidando de a poco el poder y la eternidad de aquellos que les siguen.
    Y esto no es algo reciente, no tiene la culpa la New Age y sus tonteras absolutamente peligrosas.

    Por ello, tenlo bien en claro: NO a la religión, en todas sus caras y caretas. Tanto la politeísta como la monoteísta, la endulzada como la monástica, la bochinchera como la silenciosa, la que usa simbología judía como la plagada de paganismo. De todas ellas apártate ya.
    De esa manera, estarás preservando tu vida del mal.

    Pero, SÍ a la espiritualidad, como ella es en verdad. Es decir, conocimiento de los mandamientos que aplican a cada uno, conducta adecuada a ellos, en lo que pudiera resumirse como una constante construcción de Shalom por medio de acciones de bondad y justicia.
    El resto, el bailoteo, memorizar versos, repetir como lelo palabras de “sabios”, congregarse a aplaudir como descerebrado, dar dinero a mansalva a gente disfrazada, estudiar textos “religiosos” que Dios no solicita (y dudosamente apruebe), sumergirte en rituales que no te pertenecen, obligarte a acciones que no son parte de tu diera espiritual, entre otras conductas deben ser evitadas por completo.
    ¿Es lo que yo, un humilde maestro, enseño?
    ¿Es una idea revolucionaria de este modesto maestro?

    Los profetas de la Verdad, aquellos del TANAJ (el mal llamado “Antiguo Testamento”) no se cansaban de decirlo, una y otra vez. Similar mensaje, casi idéntico.
    Permíteme que en esta oportunidad te cite a Irmiá, en una parte de uno de sus capítulos:

    “La palabra del Eterno que vino a Irmiá [Jeremías], diciendo:
    (2) ‘Ponte de pie junto a la puerta de la casa del Eterno y proclama allí esta palabra. Diles: Oíd la palabra del Eterno, todos los de Yehudá [Judá] que entráis por estas puertas para arrodillaros ante el Eterno.
    (3) Así ha dicho el Eterno de los Ejércitos, Elohim de Israel: Corregid vuestros caminos y vuestras obras, y os dejaré habitar en este lugar.
    (4) No confiéis en palabras de mentira que dicen: ‘¡Templo del Eterno, templo del Eterno! ¡Éste es el templo del Eterno!’
    (5) Porque si realmente corregís vuestros caminos y vuestras obras, si realmente practicáis lo justo entre el hombre y su prójimo,
    (6) si no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, y si no vais tras dioses ajenos para vuestro propio mal,
    (7) entonces os dejaré habitar en este lugar, en la tierra que desde siempre y para siempre di a vuestros padres.
    (8) ‘He aquí que vosotros estáis confiando en palabras de mentira que no aprovechan.
    (9) Después de robar, de matar, de cometer adulterio, de proferir falso testimonio, de ofrecer incienso a Baal y de ir tras dioses ajenos que no conocisteis,
    (10) ¿vendréis para estar delante de mí en este templo que es llamado por Mi nombre y para decir: ‘Somos libres’ [para seguir haciendo todas estas abominaciones]?”
    (Irmiá / Jeremías 7:1-10)

    A tantos se aplican en la actualidad estas palabras.
    Los vemos abundar en nuestro entorno, por las redes sociales, tal vez incluso en el espejo.

    Por ello, vive como constructor de SHALOM, con una actitud y conducta constante llena de pensamientos/palabras/acciones de bondad y justicia.
    Cumple tu parte, la que te corresponde.
    Sé feliz.

    Apuros que matan

    Si la mujer (Eva) hubiese esperado un poquito, la humanidad hubiera obtenido el derecho a comer del árbol del conocimiento, del bien y del mal.
    Pero la mujer se dejó llevar por buenas intenciones, se apuró, provocó que el otro tropezara y listo… para afuera del huerto del Edén y a soportar todo tipo de dramas.
    Sin tan solo hubiese tenido paciencia y acatado el orden, pero no…

    Sarai y Avram tenían la promesa directa de parte de Dios de que serían padres y muchos descendientes provendrían de su estirpe.
    Pero, Sarai se apuró y ofreció a su marido que tuviera hijos con su criada, la egipcia.
    Da esa relación surgió Ishmael, del cual proviene la rama revoltosa e incordiosa que agrede, manipula, extorsiona, asesina, decapita, esclaviza, abruma, humilla, compra fidelidades con sus petrodólares, atenta contra la paz, se hace pasar por víctima, demanda respeto sin hacerlo con otros, viola, atormenta, exige que los “infieles” sean eliminados o los fuerza a su religión, conquista, patotea con su imperio…
    ¡Sarai, sin tan solo hubieses esperado a que se cumpliera la promesa Divina en lugar de inventar trucos para lograrla!
    Cuán diferente sería nuestro mundo, ¡cuánto!

    Vaierá 5776-Decisiones y resultados

    (Publicado originalmente en SERJUDIO.com, con enseñanzas muy adecuadas para la espiritualidad noájica).

    Han pasado tres días desde que Avraham, de 99 años de edad, se circuncidara y se encontraba muy adolorido sentado a la puerta de su casa. Ve a tres vagabundos parados cerca, por ello corre para brindar alegre hospitalidad a estos desconocidos. Así era nuestro primer patriarca, un hombre atento, activo, generoso, dispuesto a ofrecer ayuda y beneficios a próximos y lejanos.
    Él ignoraba que los visitantes eran en realidad mensajeros de Hashem, cada uno con su particular misión. Uno estaba para sanar a Avraham de las heridas de la circuncisión, el segundo para anunciar el próximo nacimiento del hijo de Sará y el tercero era el encargado de destruir las vecinas ciudades perversas de Sedom, Amorá, Adma y Tzevoim.
    Así pues, Avraham, sin percatarse, quedó restaurado en su salud mientras servía a sus invitados. En tanto, Sara ríe cuando escucha el anuncio que ella parirá un hijo a sus 89 años y siendo largamente estéril. Dentro de unos meses reirá la gente el enterarse que los dos ancianos han sido padres, cuando nadie lo esperaba. En parte por esto el nombre del segundo patriarca de los judíos, Itzjac, que deriva de “tzjok”, risa.
    ¿Eran risas de amargura, de sincera alegría, de burla, de qué? ¿Todas las risas son iguales?

    Faltaba que se cumpliera la tercera misión de los ángeles, que Hashem revela a Avraham. Éste sabe de la maldad terrible de esas personas, pero igual desesperadamente intercede ante Hashem para que no las destruya. Ambos negocian y acuerdan que si hay al menos diez personas justas todos se salvarán, pero ni siquiera se llegó a esa cifra. Por lo cual, el desastre vendría pronto. Solamente Lot, sobrino de Avraham, y su familia tendrían la oportunidad para escapar a tiempo.
    Tensos momentos se produjeron en la noche previa a la destrucción, con la turba rodeando la casa de Lot, dispuestos a maltratar de cualquier forma a los extranjeros, quienes seguían siendo hombres comunes y corrientes a la vista de la gente.
    Finalmente, una lluvia de azufre y fuego bombardea la perversa zona, en tanto Lot, su esposa y dos de sus hijas escapan. Tenían prohibido mirar para atrás, sin embargo la mujer de Lot lo hace y queda transformada en estatua de sal.
    ¿Cuáles serían las moralejas de estas historias?

    Luego, la parashá continúa con varios relatos, entre los que se incluye el nacimiento de Itzjac y también cuando Hashem le ordena Avraham para que eleve en Su honor a su hijo Itzjak, de 37 años. Avraham no estaba de acuerdo, no quería hacerlo, no entendía qué estaba sucediendo, pero cumpliría las órdenes del Dios que había hablado con él y prometido la tierra de los hebreos así como abundante descendencia que habitaría allí en paz y prosperidad.
    Avraham ató a su hijo al lugar del sacrificio, elevó el cuchillo para matarlo, entonces, un enviado de Hashem lo detiene, pues, ha superado exitosamente la dura prueba.
    Avraham hace sonar el Shofar, extraído del animal que sacrifico en lugar de su hijo.
    ¿Cómo explicar todo este suceso? ¿Habría alguna relación con la historia de la destrucción de las ciudades malvadas?

    TESHUVÁ de vida

    Deseo peguntar sobre el pasaje de Bereishis 3:22 Continua el tema del arbol de la vida. Parece que Adam es unico en poder obtener la inmortalidad a pesar de que comio del arbol del bien y del mal. Entiendo que por eso Hashem manda a protéger el arbol de vida . Favor de ampliar un poco sobre el primer ser humano y su capacidad de alcanzar la inmortalidad. Shalom Ubrajot !!!!!!!
    Eduardo T.
    (Enviada a SERJUDIO.com y republicada aquí por contener enseñanzas oportunas para la espiritualidad noájica)

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    La posición de Noaj

    Muchos se toman el tiempo y la energía para criticar a Noaj/Noé, tildándolo de egoísta, poco interesado en ayudar al prójimo, satisfecho con estar a salvo él, entre otras cosas.
    Sin embargo, la Torá nos dice: “Noaj [Noé] era un hombre justo y cabal en su generación; Noaj [Noé] caminaba con Elohim.” (Bereshit / Génesis 6:9).
    Era un TZADIK cabal, un verdadero hombre justo, pues caminaba con Elohim.
    Que en la práctica significa que: “Y Noaj [Noé] hizo conforme a todo lo que Elohim le mandó; así lo hizo.” (Bereshit / Génesis 6:22).
    ¿Te das cuenta de que menciona dos veces que él hizo lo que Elohim le ordenó? Bien pudiera haberse dicho una sola vez, pero adrede la Torá hace está repetición, en parte para que aprendamos que se considera TZADIK completo a Noaj por estar estrictamente apegado a lo que Dios le ordenó. No añadía, no quitaba, sino que era detallista en no cambiar nada de lo que le fuera ordenado. Ni siquiera, según consta en el relato, tuvo alguna sugerencia para que el Eterno mitigue el castigo, o incluya a otros en la salvación. No, así no era Noaj. Él recibía, él cumplía ciegamente, con fidelidad obtusa, sin cuestionamientos (al menos que nosotros los escuchemos).
    Y esto merece elogios, pues era lo correcto y necesario en su época, así como en varias más. Pues se  encontraba en un estado tan precario que era imposible apartarse siquiera un milímetro del trazo dispuesto por el Eterno. Se debía ser riguroso, TZADIK en toda la dimensión de la palabra, y no JASID (bondadoso, en su sentido original y no en el modernoso).
    Y si nos tomamos el tiempo para aplicar la sabiduría, advertimos que se está mencionando a Dios como Elohim, es decir, su faceta de Juez, de Rey y no del que prodiga misericordias como una madre atenta.

    Sabemos que muchos siglos más tarde los profetas del Eterno proclamaron que la senda del leal a Él debe ser la conjugación sabía entre JESED y TZEDEK, bondad y justicia. Esa es la manera de construir SHALOM, la paz, la completud, el estado de armonía saludable.
    Noaj estaba inclinado solo hacia uno de los componentes, no tenía margen para más, o quizás él no estaba entrenado para salir de ese modo de ser que había adquirido y representaba: ser extremadamente justo.
    Pero nosotros podemos hacer el esfuerzo para encontrar el balance, ser un poco como Noaj, un poco como Abraham, para así cumplir nuestra parte como constructores de SHALOM.

    Como sabes, los gentiles han sido mandados por el Eterno Elohim para vivir de acuerdo a la Torá Noájica, que consta de siete mandamientos.
    Son obligatorios para TODOS los seres humanos, a excepción de los judíos que tienen 613 en lugar de solo 7.
    Aquel que gentil que vive de acuerdo a los mandamientos noájicos sin dudas es un TZADIK, un justo.
    Pero, si quiere alcanzar un grado más, estaría bueno introducir también la adecuada participación del JESED, bondad.
    Entonces, al mandamiento de no adorar dioses ajenos se le puede complementar con saber que el Eterno Elohim existe, rezarle solamente a Él, estudiar acerca de noajismo y compartirlo.

    Al mandamiento de no blasfemar (maldecir a Dios), pudiera sumársele alabarLo, ayudar a que otros lo conozcan y participen en Sus alabanzas, difundir el noajismo y dar una poderosa mano a quienes se dedican a enseñarlo.

    A no asesinar, agregar dar vida a hijos y educarlos en la senda del SHALOM, adoptar en caso de no poder concebir y educarlos, ayudar a los necesitados, contribuir activamente con los que benefician realmente al prójimo.

    A no relaciones sexuales ilícitas, llevar una vida de familia benéfica, en la cual hay respeto, amor, colaboración.

    A no robar, ser caritativo, ser solidario, apoyar con dinero a organizaciones tales como SERJUDIO.com y FULVIDA.com (o similares), alimentar al hambriento, cobijar al desamparado, alentar al abatido.

    A no comer parte de animal con vida, enseñar el respeto al ambiente, luchar para que la vida de los otros seres sea respetada y solamente sean usados con fines provechosos realmente, evitar el gasto innecesario de los recursos, educarse en ciencia.

    A que haya sistema de justicia, se le puede añadir el fomentar los valores espirituales, el respeto a la ley, la responsabilidad ciudadana.

    Son algunas ideas que permiten fortificar a la persona y la sociedad, que el legalismo y la formalidad no sean la única cara de la persona, sino que también reluzca su bondad cuando ésta es realmente provechosa y no opera como cómplice o impulso para el mal.