El valor de la vivencia

El valor de la vivencia

Vale preguntarse si para hablar de la vida noájida cada idea deba ir acompañada de un versículo del Tanaj que sustente lo que estamos planteando. Existe la tendencia de creer en algo o todo, si y solo si, está acompañado de algunos versos bíblicos o citas de Sabios Judíos. ¿Por qué? Vestigios religiosos, no hay más.

Se tiende a menospreciar aquellas ideas planteadas desde la vivencia, pero carentes de un texto del Tanaj que “demuestre” que es verdad. La gran mayoría de nosotros dependemos de versículos que avalen lo que otros plantean respecto de la vida noájica. Si tiene sustento bíblico, entonces es verdad, si no lo tiene, entonces es tan solo una simple y pobre vivencia de algún emocionado noájida de esos que se ven pasar constantemente.

Ejemplo: Si quiero hablar del valor de un maestro para la vida, puedo hacerlo citando aquella máxima del Talmud: “hazte de un maestro…”, y le sumo una pequeña explicación de lo que dijeron los sabios acerca de esa frase. O más bien “noajizo” la frase.

O puedo hablar del importante rol que ha desempeñado mi maestro desde hace aproximadamente cuatro años, contar cómo me ha ayudado, mostrar los resultados de seguir sus consejos, enseñar por qué ante una decisión lo primero que hago es consultarle, y más.

Alguno creerá que es la manipulación del maestro que quiere hacer ver a sus discípulos sus grandes capacidades para ayudar a otros.

Otro ejemplo seria hablar de la importancia de dar caridad. Si quiero persuadir a otros a que aparten algo de su dinero y lo donen a una buena causa, debo presentar una larga lista de argumentos bíblicos y judaicos para demostrar que lo que planteo es verdad, y que por tal razón es bueno hacerlo. ¿Por qué? Religión.

Pero si quiero hablar acerca de lo grandioso de la caridad, sin depender de citas bíblicas, entonces no tendré muchas oportunidades de que me crean. No importa que presente un estado de cuenta basado en “Antes de dar caridad – Luego de dar caridad”. Incluso podría mostrar fotos que enseñen cómo vivía cuando no practicaba la caridad, y fotos desde que la practico. Aun así no me creerían.

Incluso muchos osarían creer que el maestro me mandó a pedir dinero porque su bolsillo está roto. (En lo personal, comencé a dar caridad luego que lei que los grandes millonarios del mundo la practican y la aconsejan a todo aquel que desee aumentar sus ingresos. No lo hice porque “la biblio o rabino tal lo dijo”).

Va a ser obvio que si fundamento mi práctica con algunas frasecitas, entonces tendré más posibilidades de hacer que otros hagan lo sugerido. Es para pensar.

Otra tendencia que se deja ver constantemente es aquella que menosprecia las máximas de algún personaje nacido de entrañas gentiles y que nada tiene que ver con lo judío. Puedo citar a Henry Ford, Simón Bolivar, Aristóteles, Mao, etc, y saber que a muchos les costará comprender sus palabras como consejos para aplicar a nuestras vidas.

Pero si cito a Maimonides, Rashi, Rabi Akiva, Hillel, Najman, o algun otro sabio judío, entonces puedo tener la seguridad que mi idea será bien vista. ¿Por qué? Religión.

Y es que la religión (sea cual sea) condiciona a sus seguidores a hacer todo lo que se les ocurra basado en su libro sagrado o en las palabras de los personajes significativos de su haber.

Como noájida que ha procurado purgarse de cualquier parásito proveniente del consumo de la comida podrida de las religiones, me he visto en la diaria y constante obligación de comprender mi identidad espiritual basado, mayormente, en las experiencias cotidianas, en lo real, en la práctica, en el constante ejercicio y mejoramiento de los 5 planos de mi existencia.

Es una dura tarea desaprender y aprender un sinfín de pautas que permitan al alma gentil desarrollarse a plenitud, de manera balanceada.

Para muchos podría sonar ofensivo saber que para ser noájida pleno no es necesario andar pendientes de Dios, o lo que es, espiritualizar hasta la taza de café. Y para eso no me baso en mi pobre percepción de la vida. Me baso en prestar atención a aquellos que siempre han andado con Dios a lo largo de la historia. Explico: entra a una página judía y cuenta cuántos artículos se tratan de Dios, y cuántos se tratan de la vida, de ser mejor persona, de vivir con los pies en la tierra, sabiendo que todo lo que se hace en Esta Vida repercutirá para la Otra.

Ser noájida no es sinónimo de ‘endiosar’ al noajismo. Quien así vive, aun a sabiendas de su identidad, tiene la gran labor de dejar de creer que está en una religión. Y es que se puede ser noájida, creer que se es libre de las religiones, y al mismo tiempo creerse parte de LA RELIGIÓN VERDADERA.

Si hay algo que debemos y podemos aprender del judaísmo es que este nunca se ha mostrado como una religión. Quienes ven al judaísmo como religión son aquellos propios o ajenos que nunca se han comprometido a pleno con su identidad espiritual. (Saber que el noajismo existe no es sinónimo de estar comprometido con él).

Lo cierto es que mientras más nos comprometemos con nuestra identidad, menos la veremos como una religión en la cual nos inyectamos una dosis de “religiosina” y ponemos cara de santos, y salimos a la calle a dejar una estela de estrellitas mientras caminamos.

La vivencia, la praxis noájida, el diario vivir, lo que hacemos, tiene tanto o más valor, peso y autoridad como cualquier frase, versículo o máxima que podamos aprender y repetir a otros para demostrar que no somos del común. Mientras esas vivencias estén basadas en principios eternos, entonces tienen peso.

Pasar de lo teórico a lo práctico, sin caer en falsas espiritualidades, sin creernos algo más que humanos, es una responsabilidad que cada uno debe decidir si asumir o dejarla de lado.

Tenemos 5 planos por explotar, por vivir, por experimentar. En cada plano podemos hacer grandes cosas que repercutan en pro de la vida de quienes nos rodean. Pero si no salimos de la mentalidad de “si no está en la biblia, entonces no es verdad”, o “si no lo dijo algún sabio entonces no lo creo”, “si el moré no lo dice entonces quien lo diga es un mentiroso”, el noajismo no pasará de ser un bebé que falla cada vez que intenta levantarse, o una moda que depende de con qué pie nos levantamos ese día.

Por tal razón nos corresponde vivir noájidas, y contar a otros qué hacemos con nuestra vida, cómo lo hacemos, para qué, con qué fin, sin que eso signifique imponer a otros nuestras prácticas, pero que tampoco lleguemos a pensar que quien cuenta lo que hace con su identidad sufre de déficit de atención y requiere que le den aprobación ajena. O incluso creer que miente y que nos quiere embutir su embuste.

Y también nos corresponde aprender a apreciar aquello que otros (basados en su esfuerzo, basados en su constante asesoría con el maestro que se hicieron para la vida) intentan ayudarnos a ver a través de sus experiencias.

Personalmente estoy más abierto a aprender de aquellos que hablan desde lo vivido que de aquellos que hablan desde una frasecita sacada de algún libro por demás ajeno. Y lo hago entendiendo que aquel que cuenta lo que ha hecho, lo hace con el único propósito de enseñar a otros que ser noájida comprometido con la vida, vale la pena.

Aprecio los versículos, aprecio las frases judías, jasidicas, etc, las respeto, PERO amo y admiro el gran valor de muchos para dejarlas donde deben estar y comenzar a vivir su identidad, y hablar desde ella.

Finalmente,

¿Será que tienes algo qué contarnos basado en tu vida noájida o acaso sabes que eres noájida pero aun no has empezado a vivir el noajismo? Si no tienes nada bueno que contar, si lo que tienes para decir es algún cliché o algún texto modificado que encontraste en una página judía, entonces no has comenzado a vivir la grandeza de ser noájida, o si sospechas que dependes de lo bíblico para creer en el consejo de otro, ya es momento de asumir el compromiso de vivir tu identidad y ocuparte de los 5 planos de tu existencia.

¿Lo harás? ¿Nos contarás?

Recuerda, somos constructores de shalom. Un constructor CONSTRUYE. Y contar lo vívido es una forma de construir shalom.

Nota: No tengo ningún versículo que de peso a lo anteriormente expuesto. Si lo crees, bien, si no lo crees, bien.

Aclaratoria: el texto no es un ataque a los estudios y exposiciones sustentadas con versículos y fuentes judías, para muestra ver los artículos que he traducido al respecto, y cuya aprobación ha sido dada por el Profesor Yehuda. Como dicen por ahí: “el que tiene ojos para ver…”

16 pensamientos en “El valor de la vivencia”

  1. Que bueno jona!!! Si papa, por supuesto que yo estoy de acuerdo… que bueno ver que somos varios los que pensamos asi… sin enmarañamientos, sin volvernos biblio-dependientes (sabemos que toooooodo eso es importante, y aqui no hay animos de desacreditar nada de eso) pero Hashem quiera que esta linea de pensamiento la empecemos a tener todos…
    Practica, practica, practica… eso es lo que queremos ver en un noajida…

  2. El que tiene ojos para ver (me refiero a los lectores) verá que estas palabras surgen de un Noajida que vive a pleno su vida, su identidad y disfruta de la dicha de ella. Las palabras y los pensamientos del Profe son muy buenas y llenas de riqueza, Dios quiera que sigamos su ejemplo y nos volvamos merecedores de disfrutar lo que nos compete. Saludos Compañero!

  3. Siempre me pareció que son las vivencias personales las que nos dan conocimento de cosas profundas, por ejemplo, yo aprendí que el Eterno siempre estaba atento a mí  cuando vivía en un lugar donde el basurero pasaba cada quince días…yo estaba en la ventana de la cocina cuidando que los perros no rompieran mis bolsas (que eran bastantes) mentras pensaba: el camión  no pasa y me van a romper las bolsas!, y yo con mi espalda maltrecha… No acabé de pensar eso cuando escuché el ruido del camión de la basura… Y las lágrimas empezaron a caer de mis ojos…. En ese mismo instante comprendí que nada escapa de Su visón, aunque sean cosas tan pequeñas como la basura acumulada.
    No hubo versículos ni frases del Talmud, sólo la plena confianza de que todo esta bajo su control y el corazón rebozante de, sí,  Shalom.

  4. La semana pasada falleció el hijo de una amiga ( a decir verdad una hermana), en circunstancias terribles. Durante el viaje a su casa, pensé en todas las cosas que el momento «ameritaba» : las condolencias, las frases adecuadas etc. Pero al llegar lo único que pude hacer fue abrazarla y llorar juntas.
    La acompañamos de mañana a hacer algunos trámites, luego nos quedamos (junto con mi esposo) en su casa para recibir llamadas e informar acerca de dónde se realizaría el entierro y demas servicios, mientras ella  y otro amigo fueron a la morgue.  Al mediodía había tal cantidad de gente ( madres de compañeros del fallecido, maestros, algunos vecinos) hablándole, diciendole que tenía que pensar en sus otro hijos, que no llorara, que no se lamentara, qué  no hiciera y qué hiciera…. Pero ¿que se le puede decir a una madre que ha perdido a su hijo en plena adolescencia? ¿como se puede mitigar el dolor? Mientras tanto seguían dando consejos inútiles… Y yo me sentía mal al ver tanto ir y venir de palabras, sin que me saliera ninguna menos inútil que las anteriores.
    Se hizo la hora de llevar el cuerpo al cementerio (algo que aún me tiene inquieta ya que ella es judía y han puesto a su hijo en un nicho) algunas madres se arremolinaron en torno a ella para repetir la misma letanía: No Llores. Al salir le dije: «Tenés todo el derecho de llorar, de sentir dolor(pensé que negarle eso era negarle lo único que estaba a su alcance hacer en esas circunstancias) Vos sos judía aunque no quieras, y tu hijo también, no va a estar desamparado»
    En el cementerio, se hizo un pequeño (no se como llamarlo ¿responso?) en la capilla, me situé de espaldas a los santitos y todas esas cosas, pero no pude estar allí dentro mas de segundos; por lo que salí, he hice mi propio rezo pero no me salían las palabras, lloré ante el Eterno durante  todo «el mitín», afuera a la luz del sol. No podía estar dentro de la capilla escuchando a ese hombre con cuellito blanco. Todavía me sentía con el deber de decirle algo positivo, pero no sabía que.
    Pasado todo eso fuimos a la casa, me ofrecí para quedarme esa noche para acompañarla y que no estuviera sola. Al recorrer el pasillo para entrar a la casa, ella me pregunta: Clau a vos que te interesan esas cosas…¿dónde está Nahuel? ¡decime que todo no se termina así! Allí hablamos, las palabras que antes no encontré salieron solas… simples.
    En realidad esto no es una vivencia Yo – los demás, es una vivencia Mi amiga – yo; creí que como noajida debía darle respuestas; consolarla más que los demás; llevarle Shalom en palabras  cuando yo creía que era el «momento»;  pero la vida como noajica es mas simple que dar respuestas, es la simpleza de recibir llamadas sin estar en el centro de la comitiva, es callarse cuando no hay nada que decir, o estar para que te encuentren en el momento de necesidad y ser útil tanto para lo «chico» como para lo «grande»; cada cosa en su debido momento.
    Al final fue mi amiga la que me centró en mi identidad, y me hizo ver que las pequeñas cosas que hacemos por nuestros semejantes nos acercan más a lo que somos: descendientes de Noaj.
    Y les puedo asegurar que el haber encontrado la dimensión de las pequeñas cosas, me hizo disfrutar doblemente el encuentro del Sépetimo día  pasado en la casa de Andrés.
     

  5. Clau, ahora que lo veo mas en detalle, realmente es conmovedora la situacion. Ante un echo asi, lo mejor es lo que hiciste, solo estar… y hablar cuando te lo pidieron… Lo que dice jesse es cierto, de a poquito taria bueno que tu amiga contacte con el more, ya que es judia, para que rece por la elevacion del alma de su hijo, y de a poco que valla retornando a sus origenes.
    Un abrazo clau y otro para rodrigo.
    Andres,

  6. Este tipo de vivencias, llegan hondo en nosotros mismos y nos recuerdan hechos pasados similares. No hay un comportamiento único, hay un comportamiento respetuoso y que cada persona desarrolla, en momentos significativos. Y se vive bien, con alguien que sabe estar y que habla con sinceridad, sin repitir conductas y palabras como una cotorrita (con perdón).

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