Haciendo memoria

¿Quién de ustedes se acuerda del sitio sernoajida.com?

Se podria decir que fue “el hermanito menor de serjudio.com”, “el segundo hijito del moré”, luego creció un poco y se convirtió en fulvida.com.

Cada semana tenia un aspecto nuevo: Arcoiris en el fondo, logo con arcoiris o sin arcoiris, nuevas secciones, RaP, etc.

Sernoajida fue la primera semilla que se sembró en este amplio terreno llamado la internet. Una semilla que fue germinando, echando raices, creciendo, fructificando, intentando dar respuestas preguntas como: ¿qué es noajismo?, ¿es noajismo una nueva religión?, ¿cómo reza un noajida?, ¿cómo celebra las fiestas un noajida?, ¿qué son las 7 leyes?, ¿es el noajida un hijo de Dios?, ¿Dios oye las oraciones de un noajida?, ¿es salvo el noajida?, entre otras.

Parecen preguntas sencillas de responder hoy en dia, pero en aquel entonces habia que meditar y consultar las respuestas para que satisfacieran al lector. No era fácil.

Tambien abundaban las preguntas de los falsos judio-mesianicos que se disfrazaban con nombres falsos y se hacian pasar por gente interesada en el noajismo. Era fácil detectarlos por su lenguaje tan marcadamente religioso. Preguntas como: ¿Yeshu el mesías?, ¿Nuevo testamento veráz?, ¿Conversión al judaísmo?, ¿Noajida come cerdo?, etc.

Creo que se establecieron buenos cimientos puesto que todo se hacia bajo el cuidado del Moré Yehuda.

Finalmente, ¿valdria la pena leer, re-leer, re-visar las primeras publicaciones que dieron vida a este sitio? si es así, ¿por qué?

¿Qué verdad podriamos extraer de algunos de esos textos para compartir ahora? ¿O es que ya lo sabemos todo?

Adelante, están invitados.

Resp. 279 – De pecados, dogmas ajenos y redención

azul0305 nos consulta:

1- Sabemos que los mandamientos están para honrar a D-S, honrar la vida.
2- Me pregunto existen los pecados como tal?
3- En el catolisismo existen los pecados beniales y mortales.
4- Siete pecados capitales. Cómo es esto acá?
No me queda claro este tema.
azul0305

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Las cosas buenas

Cierto día, un anciano de la tribu, le entregó al más joven un sobre, sellado por los cuatro lados, de manera que no había forma de liberar lo que dentro había; el anciano además le dijo: no habras este sobre que te entrego sino hasta que hayas escalado hasta el cima de aquel Tepuy y veas la Orquidea que nadie ha visto. El joven partió en su cayuco recorriendo el río hasta llegar a una isla casi al anochecer del primer día, amarró su hamaca a dos palos de Moriche y se tendió sobre ella colocando el sobre a la vista; repasó todo lo que había escuchado del viejo de la tribu y vió nuevamente el sobre, iluminado por la luz fría de la luna llena, atrayendole sobremanera, pidiendo a ruegos que le destapara, y el joven, luchando contra su instinto, vacilando, intentando levantarse, cerrando de momento en momento los ojos, se quedó dormido, y hubo pasado la noche sin abrir el sobre, pero el Tepuy le era lejano y a lo mejor no llegaría sino hasta después de otra noche en la Selva. Despuntó el alba y metió el sobre en el mapire que llevaba, colocó su vitualla en la canoa y siguió su viaje por el río. Seguir leyendo Las cosas buenas

Una comunidad de Luz

Hace más de tres mil años una nave encayó encima de los Montes Ararat, y ahora vuelven a ella los descendientes perdidos en el mundanal, en la profanación, para limpiarse y reconstruir la barca que los llevará a buen puerto; ahora vuelven unos pocos, ciñendose bien de coraje para enfrentar la gran marea que se levantó en medio de su embriaguez, ahora retornan a la claridad de la sobriedad, ahora han visto su desdicha, su plan venido abajo, su buena intención llevarlos al foso de peligro, ahora regresan de un camino desolado y entran seguros por la puerta ancha en busca de la verdadera Verdad, aquella a la que hay que reverenciar, porque es Una y Única, y tiene nombre aunque no es circunstancial, y Es aunque no ha sido Creado, sino que de Él emana todo cuando existe y Él será cuando todo termine, sencillamente permanecerá (como dice el Adon Olam). Ahora vienen curados, conscientes, haciendose espacio entre sus congéneres, formando sociedad antes que ver morir a los que alrededor esperan por Luz que les guíe. El Camino Noajida está trazado, su senda es vital, la brújula es la numinosidad con la cual se actúe y el valor que se le de, el fin es la reparación, es la promesa de continuar viviendo refinadamente en un mundo más allá a este, un mundo real y no sólo uno holográfico que nos sirve temporalmente. Seguir leyendo Una comunidad de Luz

La hija del rey detrás de sus máscaras

La hija del rey estaba acostumbrada a todos los placeres. No conocía privaciones, solamente placer y goce.
De tanto bien gratuito, ella ya no tenía noción de la bondad que su padre le proveía constantemente.
Todo lo bueno, lo excelente, le era por completo insípido.
Pero además, cuando se detenía a reflexionar en su situación, se sentía un tanto disgustada, o quizás humillada.
Ella veía a los demás hacer algún esfuerzo para alcanzar alguna compensación, alguna retribución por sus actos.
Pero ella, no hacía nada, solamente recibía y recibía gratuitamente, constantemente, sin gusto sin satisfacción real.
El rey, que además de poderoso y bondadoso, era sabio, decidió darle a su pequeña hija un remedio para su absoluta falta de sentido de vida.
Por lo que la llevó a una apartada tierra, en donde la dejó al cuidado de una familia muy humilde, gente que con penurias alcanzaba a producir su sustento.
Al comienzo la niña real no entendía nada de lo que estaba sucediendo.
Ni podía compartir sus sentimientos, pues el idioma le era por completo ajeno.
Atinaba solamente a llorar, a revolverse, a buscar un poco de cariño y nutrición de parte de su nueva familia.
De a poco ella fue aprendiendo a comunicarse, a expresarse, a vincularse, a actuar de una manera diferente.
En el fondo sabía que no pertenecía a ese lugar, que ella era un princesa, que su padre era un poderoso rey, que podía tener todos los bienes en un santiamén; pero la realidad actual era otra, y así vivía, añorando otra vida pero haciendo lo necesario para vivir ésta que tenía.
La niña fue creciendo, las experiencias, la liviandad de la memoria, vaya uno a saber qué, le fue desdibujando su recuerdo, ya no sabía tan claramente quien era en realidad. A veces le parecía un sueño, una fantasía infantil, el creer que era de otro lugar, que era una princesa.
Cuando llegó a adulta, ya ni siquiera le cruzaba por la mente esa pueril imaginación, y si alguien insinuaba que ella era una princesa, se reía sinceramente, pensando en lo tonto de esa suposición.
Se llenó de máscaras, de identidades que le cubrían su verdadera identidad, de nombres, de roles, de lugares, de deseos. Se cubrió con innumerables ropajes y disfraces, todos los cuales eran parte de su vida actual, pero que solamente servían para encubrir a su verdadera identidad, a esa más profunda, a esa que solamente podía ser escuchada en la más estática de las quietudes.
El tiempo siguió pasando.
Ella era sus máscaras, era aquella que luchaba por no ser.
Hasta que un buen día, no sabemos cómo, fue el encuentro con el padre, con el rey.
El le confirmó su verdadera identidad, le reveló su Yo Auténtico.
Le costó horrores a la hija del rey desprenderse de esos otros yoes, de esas caretas que tapaban su cara.
Es que ella ya no tenía ni remota idea de quien era en su esencia más perfecta.

El rey es el Eterno.
La hija del rey, es nuestro espíritu puro, intachable, eterno.
La familia que la adopta, es nuestra familia que nos concibe, engendra, cría, sostiene en Este Mundo.
Las máscaras son esas cosas que hacemos en la vida, que suponemos que son nuestra identidad, pero que solamente están tapando nuestra esencia más exacta, la espiritual.

Tenemos chance de reencontrar el camino a nuestro ser.
Podemos encontrar esa tenue voz que nos habla desde nuestro interior.
La chispa divina que nos conecta constantemente con el Eterno.

Es cuestión de irnos despojando de esas falsas identidades, que fuimos aprendiendo a llamar “yo”.

La hija del rey aprende a cocinar

La hija del rey estaba acostumbrada a todos los placeres. No conocía privaciones, solamente placer y goce.
De tanto bien gratuito, ella ya no tenía noción de la bondad que su padre le proveía constantemente.
Todo lo bueno, lo excelente, le era por completo insípido.
Pero además, cuando se detenía a reflexionar en su situación, se sentía un tanto disgustada, o quizás humillada.
Ella veía a los demás hacer algún esfuerzo para alcanzar alguna compensación, alguna retribución por sus actos.
Pero ella, no hacía nada, solamente recibía y recibía gratuitamente, constantemente, sin gusto sin satisfacción real.
El rey, que además de poderoso y bondadoso, era sabio, decidió darle a su hija un remedio para su absoluta falta de placer, a causa de recibir de balde todo, a causa de tener todo.
Por lo que le buscó un hombre que la desposara, junto al cual la joven hija del rey aprendería el valor del bien, se instruiría en degustar lo bueno y quitaría el peso de la vergüenza de su ser.
Encontró un joven muy activo, atento, dispuesto a complacerla. Pero la cualidad especial que lo distinguió, a ojos del rey padre, era que el joven provenía de una familia extremadamente pobre.
El rey puso una cláusula en el contrato matrimonial, por la cual se estipulaba una mínima suma de dinero para la pareja, sin acceso a la ingente fortuna en su poder.
Fue la fiesta de esponsales, pasaron a convivir y el joven trató de darle dicha y felicidad.
Pero dependían del trabajo del joven, ya no de la inmensa fortuna del rey.
Él joven la proveía de todo lo que alcanzaba con su trabajo, no pasaba hambre ni angustias, pero lejos estaban las épocas de plenitud, de delicias constantes, de todo lo bueno al alcance de la mano.
Por supuesto que la hija extrañaba aquella vida ociosa y casi perfecta en el palacio, pero ahora encontraba que su pan era más sabroso, especialmente el pan que ella misma amasaba y horneaba para su marido.
Llegó el día en el cual la hija visitó al rey en su palacio.
Ahora los manjares eran degustados completamente, integralmente. Ya no pasaba vergüenza por recibir del padre, ya no estaba desganada ante los placeres.
Por el contrario, ahora sabía, comprendía, se compenetraba del valor de cada bondad, del dulce sabor de cada gozo.
Pero inigualable placer le dio cuando su padre elogió el postre que ella misma había preparado, sin la calidad del chef del palacio, pero con todo el esfuerzo y amor del que desea agradar a quien ama.

El rey, es el Eterno.
La hija del rey es nuestro espíritu.
El marido pobre es nuestro cuerpo terrenal.
Cuando el espíritu se funde con el cuerpo, durante el período de vida terrena, es cuando el espíritu aprende el valor del bien perpetuo que recibirá en el Paraíso, es cuando actúa de modo tal de obtener su gratificación sin humillación.

Venimos al mundo a trabajarlo, a construir Shalom, a ser siervos leales del Padre Celestial.
Venimos al mundo para aprender a gozar de lo permitido.
Venimos al mundo para adquirir placer sin humillación, merecido, justo, a través de nuestras acciones.

El secreto de la vida eterna…

En un puedblo cercano a Pekín vivía un hombre al que nda le faltaba: juventud, dinero, placeres. Pero no era felíz, quería obtener la vida eterna para que los goces que se había proporcionado fueran infinitos.

Un día, estaba sentado cerca de un arroyuelo mirando los peces que saltaban en la superficie, cuando se le acercó un anciano. – Qué quieres buen hombre’ -inquirió.

-Yo sé lo que tu deseas y puedo satisfacerlo.

– ¿Cómo lo sabes?

-Tus ojos jóvenes son transparentes para los míos viejos y cansados.

-¿Tienes tú el secreto de la vida eterna?

-Sí

-¿y qué es lo que pides para revelarlo?

-Sólo tu alma

-Anciano, eres un necio. Puesto que mi alma está dentro de mi cuerpo, viviendo yo eternamente nunca podrías obtenerla.

-Eso no debe interesesarte, cumple tu parte del pacto y yo cumpliré la mía.

-Bein, sea. Mi alma es tuya, contestó el joven riendo a carcajadas.

El anciano le entregó un plano diciéndole que en el sitio marcado con l cruz, sí cavaba un hoyo no muy profundo, encontraría una caja de madera de sándalo y, dnetro de ella, un pliego dnde estaba revelado el secreto. Luego, sin agregar palabra, se alejó por el camino flanqueado de juncos que bordeaba el arroyo.

Es noche el joven durmió plácidamente y al día siguiente emprendió el camino. Después de tres luns y tres soles llegó al sitio indicado. Cavó ansiosamente pues temía heber sido objeto de una burla; al cabo de media hora aprareció ante sus ojos una caja de perfumda madera. Dentro de la caja había una hoja de papel de arroz atada con una cinta de seda roja. Desató el pequeño nudo y con ojos ansiosos leyó: “Para bien o para mal la eternidad está más allá de la vida. El hombre elige”. Un instante después el pacto se había cumplido.

OJALÁ SEPAMOS ELEGIR, D-S, NOS DA TODAS LA POSIBILIDADES, ESTÁ EN NOSOTROS.

No es mio el cuento. Pero lo comparto, a mí me hizo bien. Shalom.

Frente a los elogios

”Que los elogios no te sean un trampolín, sino una escalera”

Cuando uno recibe muchos elogios, así sean merecidos, debería evitar caer en soberbia, la cual es un pésimo habito; y tener la humildad como para poder utilizar esos elogios para ganar confianza y seguir creciendo en su persona en sus 5 planos.

Así, puede suceder al que uno al recibir elogios eleve únicamente su ego, como ”saltando de un trampolín”, con lo cual luego queda en el aire, sin nada que sostenerse, sin fundamentos; por lo que cuando cae, se golpea fuerte.

O puede usar esos elogios para ganar confianza y crecer, es decir, los toma de manera humilde, como ”subiendo por una escalera”, pues por más que se eleve más lentamente que con el trampolín, lo hace fuertemente apoyado en peldaños, fundamentos o base sólida con la cual justificar su crecimiento, sin temor a caer.

Por lo tanto, cada vez que nos feliciten o elogien por algún logro, no hagamos alarde de tales cosas, mejor que sea siempre con la finalidad de ganar confianza y creer en nosotros mismos y alimentar nuestra autoestima, de esa manera querernos más y no afear nuestra alma con soberbia.

Espero les haya gustado la frase. Shalom.

Sebastián.